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Crónicas de Iraq IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 14 de junio, 2005 Traducción del inglés para IraqSolidaridad de Sinfo Fernández "Um Dhia tiene 56 años. El 31 de diciembre de 2004, su hijo Dhia, que comercia con ovejas, fue a Nayaf, que está a unos 200 kilómetros al suroeste de Bagdad, para ultimar un negocio. Nunca volvió. Cinco días más tarde, su madre, su padre, su tío y otros dos allegados suyos de Nayaf fueron a preguntar por él por las comisarías de esta ciudad. Ninguno de ellos regresó, a excepción de los dos familiares más lejanos. Una semana más tarde el resto de la familia estuvo preguntando por los garajes si había habido algún accidente en la autopista o cualquier explosión en Nayaf. Lograron averiguar que todos ellos habían sido arrestados." Abu Amr es padre de varios niños [1]. Una noche asaltaron su casa tras destrozar la puerta y decenas de guardias nacionales iraquíes ocuparon la casa.
Empezaron a golpearle y a insultarle delante de toda la familia. Le ataron las manos, le pusieron un saco en la cabeza y aprovecharon para llevarse muchas de sus pertenencias: un arma personal para la que tenía licencia, pequeños electrodomésticos de cocina, como un exprimidor, y hasta un plato con dulces, entre otras muchas cosas. Fue conducido a un primer centro de investigación [2]. Pensó que le liberarían a más tardar en dos días. La habitación donde le metieron tenía unos 15 metros cuadrados. Había allí de 35 a 40 detenidos.
Un convicto de terrorismo, liberado Abu Amr no podía dormir; encontró una rendija entre los ladrillos y se mantenía de pie junto a ella para poder respirar algo de aire fresco. A la tarde siguiente le llamaron para interrogarle. Le taparon los ojos y le ataron las manos. Cuando preguntó dónde podía sentarse le golpearon. Le exigieron que diera nombres, pero no sabía nada. Le dijeron que habían encontrado nombres en su cuaderno de notas. Cuando lo negó, le golpearon de nuevo. Uno de los policías preguntó al oficial que quería para cenar: "¿Quozi, biriani o masguf?" [nombres de platos típicos iraquíes]. "Quozi", dijo el oficial. Resultó que los nombres representaban diferentes tipos de torturas. El "quozi" supone atar las manos a los pies, insertando entonces una barra de hierro entre ellos para colgar de ese palo al prisionero boca abajo.
Abu Amr estuvo esperando junto al resto de detenidos, más de 45 personas hacinadas en la misma celda. Uno de ellos, era un anciano con de 63 años y había otro con problemas de corazón. Pocos días después, le llamaron de nuevo. Le quitaron la venda de los ojos y dijeron: "tu eres una buena persona":
El oficial de investigación dijo a Abu Amr que había confesado haber fabricado equipo para los coches-bomba.
Dos meses después, Abu Amr fue trasladado a una nueva prisión, la famosa "Sección Quinta" en Kadimiya, [barrio de Bagdad]. Era una prisión bien conocida durante el depuesto régimen, donde se llevaba a los prisioneros políticos. Ahora se llama "Sección Quinta" y se supone que está controlada por fuerzas especiales de la policía iraquí; pero según Abu Amr está controlada por los estadounidenses. Le metieron en una celda de dos por dos metros, con otros dos prisioneros. La celda no tenía ventana, ni inodoro, ni agua. Tenían que orinar en una botella y poner los deshechos defecados en un saco. Los golpes y las humillaciones constituían una rutina. Fumigaban la celda con pimienta, con lo cual tuvieron los ojos irritados durante tres días. Algunos prisioneros eran mantenidos allí durante 15 meses. Sin abogados, sin visitas, sin contacto con nadie. Dos meses más tarde, Abu Amr fue llamado de nuevo por el juez, quien le dijo que no se había encontrado ninguna evidencia que probara que era culpable.
Una vez liberado, Abu Amr huyó: le horroriza pensar que le vuelvan a detener si regresa a su hogar. Su casa fue asaltada otra vez más por las tropas estadounidenses. Le dejaron un mensaje, que decía en árabe y en inglés: "Sentimos los daños ocasionados a tu casa. Recibimos un chivatazo equivocado. Puedes recuperar tus propiedades y pedir el pago de indemnización en [la base] Falcon (Scania). Por favor, ve a la 'Puerta de la India' para recoger tus propiedades y el dinero". La carta estaba firmada por el teniente Follinsbee. Abu Amr cree que esconde una trampa. El secreto Abu Amr no sabía que ya habíamos interrogado al sheij contra el que había confesado: el sheij N., de unos 60 años, que está huido desde hace meses. Él mismo nos contó su historia:
En la cárcel el hijo de N. se encontró con Abu Amr, al que habían torturado ya de forma terrible y tenía las costillas rotas. Abu Amr le dijo al hijo de N. que no podía soportar la tortura y envió al sheij un mensaje pidiéndole perdón si le veía hablando mal de él en el canal de televisión al-Iraqiya [4]. Le dijo al hijo de N. que su testimonio fue lo que hizo que acusaran al sheij de ser un terrorista. El sheij N. es bien conocido en su comunidad, que es de mayoría chií, por ser un imán muy razonable. Él es sunní, pero predica mejor que cualquier religioso chií sobre la revolución islamista de Husein, [el yerno del Profeta,] de hace más de mil años y sobre los doce imanes chiíes. Los vecinos confirmaron que el sheij se manifestaba siempre contra cualquier conflicto sectario. Fue acusado de terrorismo: "Yo creo que una gota de sangre musulmana es más importante que la Gran Cava. ¿Cómo podría ser yo un terrorista?". Los periódicos escribieron tremebundas historias sobre el sheij, acusándole de historias inmorales y de terrorismo. El hijo mayor del sheij está en la cárcel desde el 27 de septiembre de 2004. Pero esa es otra historia. Este hijo, que trabaja en la universidad, regresaba a casa con algunos amigos cuando fue atacado un convoy estadounidense en el distrito de al-Jihad. Todos los hombres que había en los alrededores fueron arrestados, unos 25 en total. Pasó cinco meses en la cárcel, hasta que el juez iraquí encontró que no era culpable y ordenó liberarle. Pero todavía y hasta este momento sigue en la cárcel. La acusación que han presentado contra él es la de haber pasado delante del convoy estadounidense. El sheij no está enfadado, sino muy triste: "Hay una conspiración contra el islam, tenemos que enfrentarnos a ella. La única solución para Iraq es que los iraquíes estemos unidos contra el enemigo". La mujer del sheij estuvo llorando todo el tiempo durante la entrevista. No puede olvidar el asalto, el ruido, las luces, los registros, el robo de las joyas, del dinero, de los documentos y de los libros. Un oficial llamó a su superior diciendo que la casa estaba limpia, que el sheij no estaba allí, que sólo estaba su hijo. Le contestaron que se llevaran al hijo. Su niña Sara estaba tan aterrada que no podía ni abrir los ojos. "No puedo volver y vivir en la casa de nuevo mientras mi marido y mi hijo no están allí", dice. Su nuera tuvo un aborto debido al susto. La historia de la familia de Um Dhia Um Dhia tiene 56 años. El 31 de diciembre de 2004, su hijo Dhia, que comercia con ovejas, fue a Nayaf, que está a unos 200 kilómetros al suroeste de Bagdad, para ultimar un negocio. Nunca volvió. Cinco días más tarde, su madre, su padre, su tío y otros dos allegados suyos de Nayaf fueron a preguntar por él por las comisarías de esta ciudad. Ninguno de ellos regresó, a excepción de los dos familiares más lejanos. Una semana más tarde el resto de la familia estuvo preguntando por los garajes si había habido algún accidente en la autopista o cualquier explosión en Nayaf. Lograron averiguar que todos ellos habían sido arrestados. La familia pidió a un abogado que les defendiera, aunque tenían miedo de que cualquiera que fuera a preguntar por ellos fuera a su vez arrestado. El abogado les dijo que dos días antes de que Dhia fuera a Nayaf había habido una explosión: según la Ley de estado de emergencia [5], cualquiera que fuera sospechoso era arrestado. Dhia fue arrestado en un control; iba desarmado. Cuando la familia fue a preguntar por él, el oficial de policía les recibió de forma hospitalaria y les dijo que no sabía nada de Dhia; pero cuando se marcharon les siguió una patrulla de policía y fueron arrestados. En la comisaría de Nayf, la madre, el padre y el tío de Dhia fueron torturados. Los mantuvieron en oscuras y frías habitaciones separadas, con las manos atadas. Fueron golpeados y humillados. La madre pidió ver a su hijo: se lo pusieron enfrente lleno de señales de golpes y torturas. Le dio un colapso y tuvo que ser trasladada al hospital. Lo mismo hicieron con el padre y con el tío. Desde el hospital trasladaron a toda la familia en aeroplano al ministerio del Interior en Bagdad. El abogado dijo que no podía hacer nada por ellos porque estaban acusados de terrorismo. Dhia es padre de cinco niños. Su familia, hasta el momento, no sabe nada de él. Pero pueden visitar a sus padres y a su tío. Sin embargo, la madre ha sido trasladada de nuevo a la prisión para crímenes graves de al-Amiriya, [barrio de Bagdad,] porque el centro de detención de mujeres del ministerio del Interior donde se encontraba estaba atestado. Se la mantiene en prisión con otras 20 mujeres, que estaban acusadas de diferentes crímenes. Una de ellas había sido torturada tan gravemente que se había vuelto loca: no paraba de preguntar por su hijo, se desgarraba la ropa y lloraba todo el tiempo, era mayor que Um Dhia. Los hombres permanecen en la misma prisión: 50 en una habitación. Los cuatro hermanos de Dhia han quedado solos. Todos ellos son estudiantes, y están siendo cuidados por otros familiares. El chico más joven, Azir, lleva la tienda del padre. La familia, que nunca mostró interés por la política, está espantada y aterrada cuando hablan acerca de la prisión: "Uno de los hombres había muerto debido a las torturas, había sufrido también abusos sexuales; otro estaba paralizado", dice Aus, el segundo hijo. "En al-Amiriya, un prisionero fue sometido a descargas eléctricas; le hicieron admitir cosas que no había hecho, entre otras que había repartido octavillas", señala Azir, tratando de parecer mayor. Dalfa, de 18 años, es estudiante de la escuela [universitaria] de Comercio: cree que su madre es una mujer fuerte. "Ha adelgazado desde que fue arrestada hace meses. Ahora parece débil y agotada. No habla de la prisión", comenta Dalfa. La hija pequeña, Ala, de 11 años, echa mucho de menos a su madre: "La necesito, pero no me dejan que vaya a visitarla a la prisión". Dalfa piensa que es mejor que la pequeña Ala no vea a su madre encarcelada.
Notas de IraqSolidaridad: 1. No se menciona ningún detalle relativo a nombres, fechas, profesiones y lugares. El testigo estaba deseoso de dar su testimonio pero temía que, si revelaba su identidad, podrían fabricar otra acusación contra él y arrestarle y torturarle de nuevo. [Nota del entrevistador.] Abu Amr significa "Padre de Amr". Los padres y madres en Iraq y otros países árabes adquieren como apodo el nombre de su hijo o hija primogénitos precedido de "padre de" (Abu) o "madre de" (Um). 2. Durante las entrevistas mantenidas por la delegación de la CEOSI a Iraq con asociaciones de derechos humanos y abogados, fueron reiteradas las referencias a centros de detención e interrogatorio clandestinos en dependencias ministeriales de Bagdad, particularmente de los ministerios de Interior y de Defensa. 3. El canal de televisión al-Iraqiya, establecido por los estadounidenses tras la invasión, emite por las noches un programa en el que supuestos miembros de la resistencia arrepentidos, con claros rastros de haber sido torturados, se declaran ante la cámara culpables de graves crímenes. Ver más adelante. 4. Ver nota anterior. 5. Excepto en las provincias kurdas, los sucesivos gobiernos interinos iraquíes vienen prorrogando desde el 7 de noviembre de 2004 el estado de excepción y la Ley marcial en Iraq. |
Testimonios de prisioneros iraquíes en las prisiones estadounidenses en Iraq - Detenidos en el país cautivo (II) Testimonios de prisioneros iraquíes en las prisiones estadounidenses en Iraq - Detenidos en el país cautivo (I) De regreso a Faluya: Tiendas de campaña sobre los escombros, a la búsqueda de los desaparecidos Faluya: el 'terremoto' desencadenado por Estados Unidos Los refugiados de los campamentos de Ahmad bin Hashim y Rahaliya Campamento de refugiados de Ein Tamor: tristes historias de la continua tragedia de Faluya
* Texto y fotos (relacionadas con el texto) remitidos por su autor a la CEOSI. ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]()
Llamamiento de auxilio lanzado desde la Baladrus, Diyala, noreste de Bagdad "En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso, Ahl al-Sunna wal-Yamaa Estos arrestos han afectado incluso a los sheijs de las mezquitas, entre ellos el sheij Yunis de la mezquita Fajr al-Islam, el sheij Nafi' Ali Husein, de la mezquita Dajlakiya, y el sheij Hamdam de la mezquita de Somud. El viernes pasado, [27 de mayo,] el sheij Aqil Ali Jalil, de la mezquita al-Mustafa, fue encontrado muerto con dos balas en la cabeza tras diez días de secuestro. Hay más de cien detenidos que fueron arrestados en el interior de las mezquitas. Los que fueron liberados más tarde cuentan haber sufrido prácticas de tortura. Algunos tenían los hombros llenos de golpes, otros los dedos cortados, algunos habían sido violados, otros estaban desaparecidos y uno de ellos, llamado Ozman, había muerto como consecuencia de las torturas. Varios de los detenidos fueron liberados tras haber tenido que pagar seis millones de dinares iraquíes a un agente de Ali Cable. Durante el tiempo que estuvieron bajo arresto, les robaron de sus casas todos los objetos de valor, joyas y dinero. En el pueblo de al-Fatimiya fueron arrestados todos los hombres de una familia, robándoles el dinero y llevándose hasta las ovejas. Las mujeres tuvieron que marcharse al hogar de sus padres; las casas han quedado vacías y solitarias. Las mezquitas ya no albergan más a gentes rezando; ni siquiera los fieles de los viernes aparecen."
Nota: 1. Referencia al cable eléctrico, utilizado para azotar a los detenidos. |
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