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Crónicas de Iraq

Yosfiya: los nazis del siglo XXI ya están aquí

Sabah Ali*

Iraq, 20 de noviembre, 2005
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 29 de noviembre, 2005
Traducido para IraqSolidaridad por Paloma Valverde

"Las Brigadas [de al-Huseín] de la policía destrozaron incluso los transformadores, no tenemos luz desde hace 40 días, y, claro, las bombas de agua no funcionan y las depuradoras tampoco. Han matado a nuestros animales, humillado a nuestras mujeres. Preguntaron a las mujeres dónde escondían a los hombres, agarraron a los niños del pelo y les tiraron al suelo. La madre de Riyahd lloraba y les suplicaba que soltaran a su hijo. La golpearon con la culata de la pistola, y al niño le aplastaron la cabeza con un ladrillo delante de ella. Ella también está muerta: cuando encontraron su cuerpo [comprobamos] que le habían arrancado la piel."

Quienes siguen las noticias sobre la ocupación estadounidense de Iraq pueden estar familiarizados con un término utilizado en los medios de comunicación hace dos años: el de "El Triángulo de la Muerte", una zona al sur de Bagdad formada por tres ciudades relativamente pequeñas: Yosfiya, Mahmudiya y Latifiya. Por supuesto esta zona no tiene nada que ver con la muerte, al contrario: está situada en uno de los lugares más verdes, más bellos y más tranquilos de Iraq, llenos de frutales y de huertas, por donde el Tigris y el Eúfrates y muchos afluentes más pequeños discurren plácidamente a través de áreas rurales y de cientos de pueblos pequeños. Además, fue una de las zonas industriales más importantes del centro de Iraq, especialmente de fábricas textiles. Pero ahora está marcada como "El Triángulo de la Muerte" por las tropas estadounidenses, porque allí se enfrentan al mayor número de ataques en la autopista del sur [1].

La población es una mezcla de tribus árabes chiíes y sunníes, por lo demás como en casi todo Iraq. Sin embargo, jamás en la Historia esta zona ha sido testigo de conflictos sectarios. Exactamente después de la ocupación, y durante todo 2004, las noticias de incursiones estadounidenses, detenciones y grandes operaciones militares se han hecho cotidianas allí. Este año, sin embargo, se añadió una nueva dimensión: llegaron historias espantosas de detenciones y torturas, noticias de asesinatos en masa, no solo llevadas a cabo por las tropas estadounidenses, sino también por la policía y unidades del ejército iraquí, [la de nominada Guardia Nacional]. Tales noticias apenas -casi nunca- aparecen en los medios de comunicación más importantes, ni iraquíes ni internacionales.

Camino de Qaragul

Yosfiya casi forma parte del sur de Bagdad, quizás está a menos de 30 kilómetros de al capital. El lugar más grande y más importante aquí es ahora la base militar estadounidense de al-Saqr (El Halcón), que alberga una cárcel a la que llevan a todos los detenidos del sur de Bagdad antes de ser trasladados posteriormente a cárceles mayores como Abu Graib, o Campo Bucca en Um Qasar (cerca de Basora), o a otras prisiones desconocidas. Antes este enorme lugar era la fábrica de autobuses Scania. Esta es la razón por la que los iraquíes llaman al centro de detención la cárcel Scania.

A ambos lados de la autopista se arrojan montañas de basura -nuestro conductor comenta sarcásticamente que en Iraq todo se viene abajo excepto la basura. Detrás hay un desguace de coches, una zona enorme donde los coches estropeados se acumulan para venderlos en un país vecino a precios bajísimos. Para empeorar las cosas, largas colas de coches se paran constantemente aquí para echar gasolina o esperar el paso en los muchos controles militares que hay, o se detienen momentáneamente para dejar pasar a las patrullas militares estadounidenses o iraquíes [2]. Como era de esperar, el camino hacia Yosfiya, que normalmente no llevaría más de 15 minutos, ahora se tarda en recorrer una hora y media como mínimo.

Nuestro destino era una ciudad llamada Qaragul. Pero el conductor nos explica que es imposible llegar a la ciudad porque está sitiada desde hace tres meses por las tropas iraquíes y estadounidenses. "Esa es la cuestión", objetamos, "queremos ver cómo sobreviven los ciudadanos allí". "Por favor, hoy no, créanme, hoy no pueden ir", nos contesta con firmeza.

Nuestra primera parada fue el pueblo de Naser Shneiter, en la parte oriental [de la autopista]. No hay más que 14 casas de granjeros de una misma familia: la familia Naser, una familia chií del clan Beni Saad. En la polvorienta acera, una casa vacía esta destruida, las paredes derruidas, las ventanas rotas, los quingombós secos por no haber podido ser recogido [3], al igual que los algodoneros. Las colmenas y los corrales de los animales están vacíos y abandonados. El conductor nos cuenta que la casa fue asaltada y volada con explosivos, y que detuvieron a dos hombres de la familia; uno de ellos, Nektal Rahman Adaay, fue asesinado durante la detención. La familia, de 12 personas, vive ahora con parientes.

El pueblo de los Naser ahora parece completamente abandonado. No se ve ni escucha nada excepto el ladrido de los perros. Quemaron la mayoría de las casas. Estábamos grabando la primera de las casas, la de Huseín, que estaba completamente destrozada y quemada salvo un retrato del imán Ali, cuando un joven cubierto de polvo apareció de la nada y nos preguntó con curiosidad que qué estábamos haciendo. Se quedó muy sorprendido de ver periodistas "por fin" y empezó a contarnos lo sucedido el 5 de noviembre de 2005, el primer día de Ramadán.

Brigadas de al-Huseín

Las fuerzas especiales de la policía iraquí, las denominadas Brigadas de al-Huseín, aparecieron al atardecer. Llegaron una veintena de camionetas llenas de policías. Con anterioridad habían sido atacados con intensidad en la autopista, desde detrás del Proyecto Agua de Yosfiya, al este del pueblo. Decenas de policías resultaron muertos y sus vehículos, quemados. El enfrentamiento duró tres horas. Algunos de ellos se escondieron dentro del pueblo y finalmente pudieron escapar.

Por la tarde, ese mismo día, regresaron más fuerzas [iraquíes] junto con tropas y helicópteros estadounidenses. Evacuaron a sus muertos, asaltaron las casas, asesinaron y detuvieron a los hombres y humillaron a las familias; mataron a las vacas y a las gallinas, destrozaron los patios de las casas y prendieron fuego al pueblo.

"Arrastraron a un hombre de más de 70 años de la familia Abas Oeid, y le golpearon hasta matarle. Otros dos fueron detenidos. Detuvieron a otros dos hombres, Karim Motar, de 50 años, y Riyad Talab Jabar, de 20. Sus cuerpos se encontraron dos días después en Bagdad. Al cuerpo de Karim le pusieron un uniforme de policía. Riyahd estaba desnudo. Ambos habían sido salvajemente torturados: sus huesos, la espalda y los brazos, estaban aplastados. Supusieron que el pueblo ayudaba en secreto a la resistencia", nos explica el joven.

Ali Naser, otro hombre del pueblo, negaba vehementemente que ello fuera verdad:

"Algunos [de los policías] no resultaron muertos, pudieron huir. Pueden testificar acerca de lo que pasó. En realidad se escondieron en nuestras casas y combatieron desde ellas, les dimos protección; algunas familias les ofrecieron té y pan. Dicen que los sunníes combaten contra ellos; nosotros somos chiíes, entonces ¿por qué quemaron nuestro pueblo?" [4]

"¿Puede usted responder esa pregunta?", le planteamos. "No, no puedo, no lo sé. Es por lo que pido al gobierno que venga aquí e investigue. No hemos hecho nada malo, nunca hemos hecho daño a nadie ni violado ninguna ley. Nos están castigando por un crimen que no hemos cometido. Estábamos en medio de un fuego cruzado, esa ha sido nuestra única culpa."

La casa de Ali estaba completamente destruida. La estructura de los techos se había desplomado por el fuego. Había cunas -las cunas tradicionales iraquíes que se mecen-, botes de leche para los bebés, platos rotos, todo convertido en cenizas. Ali no duda en hablar ante nuestra cámara:

"Quiero que el gobierno [iraquí] escuche mi pregunta y me responda: ¿por qué nos tratan así? Las Brigadas de la policía destrozaron incluso los transformadores, no tenemos luz desde hace 40 días, y, claro, las bombas de agua no funcionan y las depuradoras tampoco. Han matado a nuestros animales, humillado a nuestras mujeres. Preguntaron a las mujeres dónde escondían a los hombres, agarraron a los niños del pelo y les tiraron al suelo. La madre de Riyahd lloraba y les suplicaba que soltaran a su hijo. La golpearon con la culata de la pistola, y al niño le aplastaron la cabeza con un ladrillo delante de ella. Ella también está muerta: cuando encontraron su cuerpo [comprobamos] que le habían arrancado la piel.

"Abas era tan mayor que ni siquiera podía andar, ¡cómo podría ser un terrorista! Le golpearon hasta morir en el acto y tiraron su cuerpo a un sumidero. Cuando registraron las casas no encontraron nada que indicara que tenía algo que ver con los terrorismo o con armas; entonces, ¿por qué? El gobierno está haciendo que cada persona se ponga en su contra. Están alentando a que cada persona resista al tratarles tan salvajemente. No tienen piedad. Ahora no nos queda nada, nada."

Ali fue a la policía acompañado de otro hombre para reclamar. La policía acusó a los habitantes del pueblo de asesinar a los policías. Ali les intentó explicar lo que nos había contado a nosotros, que el pueblo estaba en medio de un fuego cruzado, que los cuerpos de los policías se encontraron en el pueblo porque lo utilizaron como un refugio y que les habían atacado desde el exterior, desde el Proyecto Agua de Yosfiya, y que no pudieron hacer nada. Es más, la policía le amenazó con detenerle.

En la casa de Ali vivían 24 personas; ahora están dispersados en cinco lugares distintos.

Karima

Ningún hombre de Yosfiya duerme en su casa, no importa si son jóvenes, que estén armados o no tengan nada que ver con la resistencia, porque la policía detiene a cualquier hombre que encuentre.

Las mujeres se enfrentan solas a la situación. En la casa de Hilal, muy adentrada en las granjas, conocemos a Karima, una valerosa campesina, mujer de Hilal y madre de varios hijos. No queda nada en su modesta casa: todo está quemado; incluso destruyeron la harina, el azúcar y el arroz. Karima nos cuenta:

"Intenté salvar algo, pero no pude, no me dejaron. Vinieron en cuatro helicópteros [estadounidenses] y rodearon toda la zona. Me pusieron una pistola en la cabeza y me preguntaron dónde estaban los muyahidines [combatientes]. Destruyeron todo, incluso las medicinas. Dijeron que ayudaba a los muyahidines con las medicinas y las destrozaron. Las tropas de la Brigada Escorpión de la policía habían sido atacadas el día anterior y creyeron que nosotros teníamos información de los muyahidines."

Tres niñas preciosas nos miran y sonríen: Gofran, de diez años; Imán, de siete; y Ayat, de cinco. Eran los hijos de Hamid, el hermano de Hilal, a quien detuvieron hace casi dos años. "No le puedo ir a visitar. Está en Campo Bucca y no me dan permiso para verle", dice Gofran, señalando a su tío. Hamid era cuidador en un colegio; le detuvieron porque la policía creyó que usaban el colegio para esconder a algunos de los extranjeros secuestrados.

En la casa de Abid Ahmad la historia se repite. Las fuerzas de la policía fueron atacadas en la carretera más próxima. Asaltaron la casa, destrozaron los muebles y lo quemaron todo, incluyendo todos los documentos [de identidad] y escrituras de propiedad de las tierras de la familia. Lo peor es que quemaron el coche nuevo que Abid acababa de comprar hacía solo dos meses por ocho millones de dinares, unos 5.000 dólares. Abid mantiene a una familia de 18 miembros, que incluye a su padre, su madre, su hermana y dos hermanos, además de a sus propios hijos. "Tuve que pagar 75.000 dinares solo para poder conseguir nuevos documentos de identidad. Imaginaos", nos indica.

Abid fue a reclamar a la policía. La policía y el juez decidieron que era inocente y que tenía derecho a una indemnización, pero "[...] francamente, no tengo ninguna esperanza de conseguir nada", comenta.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Esta autopista une la capital con el Aeropuerto Internacional. En ella, las fuerzas de ocupación sufren continuos ataques. Desde el triángulo formado por Yosfiya, Mahmudiya y Latifiya, y la zona de Abu Graib se lanza buena parte de los ataques en Bagdad. Véase en IraqSolidaridad, la visita de la delegación de la CEOSI a esta zona en:
Segundo mensaje de la Delegación de la CEOSI en Iraq: Insurgencia y contrainsurgencia al sur de Bagdad. Abu Ghraib
2. Habitualmente los vehículos iraquíes se detienen y dejan pasar a las patrullas acorazadas estadounidenses que, circulando a gran velocidad, advierten y suelen abrir fuego contra los coches o camiones iraquíes que se aproximen excesivamente.
3. Planta de tallo alto que sirve como alimento, además de ser medicinal y textil.
4. Los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes están formados, además de por pesmergas kurdos, esencialmente por milicianos del grupo militar al-Badr, del Congreso Supremo de al Revolución Islámica en Iraq, al que se acusa de utilizar a la policía y la Guardia Nacional como cobertura de escuadrones de la muerte.

Más crónicas de Iraq

Segundo mensaje de la Delegación de la CEOSI en Iraq: Insurgencia y contrainsurgencia al sur de Bagdad. Abu Ghraib

* Texto y fotos enviados por el autor para IraqSolidaridad

Yosifiya, el 'triángulo de la muerte'

Interior de la casa de Ali Naser

Cuna calcinada en la casa de Ali

Restos de comida infantil en la casa de Ali

Ali Naser, en el interior de su casa destruida

Karima, esposa de Hilal

La familia de Hilal

La hermana de Hilal

Imán, Ayat y Ghofran, las tres hijas de Hamid

Imán, hija de Hamid

Ghofran

La casa de Abid Ahmad, asaltada

El coche de Abid, destruido

CEOSI | www.nodo50.org/iraq | 2005