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Crónicas de Iraq

Al-Qaim (y II): Otro Faluya

Sabah Ali*

Bagdad, 20 de junio de 2005
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 5 de julio, 2005
Traducción del inglés para IraqSolidaridad de Beatriz Morales

"Abu Omar estaba herido y sangraba. Abrió la puerta de al lado de su madre y la empujó fuera, estaba sangrando. Salió del coche y empezó a gritar a Waddhah. Siguieron disparando sobre Abu Omar y su madre aunque ya ambos estaban fuera del coche, en el suelo. El Dr. Ali y dos de nosotros tratamos de llegar hasta ellos, pero era imposible. Abu Omar se arrastró hasta estar más o menos a un metro de la clínica; conseguimos meterlo dentro. Su madre seguía tirada en el suelo fuera del coche. El niño empezó a correr hacia nosotros, le dispararon y cayó al suelo. El coche empezó a perder gasolina; gritamos a la madre que se alejara arrastrándose y ella trató de hacerlo. Logró arrastrarse unos metros, pero entonces siguieron disparándola hasta que murió. El coche empezó a arder."

Dedicado a Naciones Unidas, documentadamente

Mientras escribíamos este informe, el Dr. H al-Aalusy, director del Hospital General de al-Qaim, hizo una petición de ayuda el 20 de junio de 2005 a la comunidad internacional pidiendo que se levantara el asedio militar impuesto por los soldados estadounidenses y británicos en al-Qaim y en las zonas vecinas, y que se permitiera a las ambulancias evacuar a los heridos. También hizo un llamamiento a estas tropas para que acabaran con el baño de sangre y permitieran que los civiles tuvieran acceso al agua, la electricidad y la ayuda médica. El Dr. al-Aalusy afirmó que miles de familias están sepultadas bajo los escombros y que la ayuda médica no puede llegar a ellas, y confirmó además que la mayoría de las bajas eran civiles, mujeres y niños.

Los relatos que nos contaron en el Hospital General de al-Qaim [1] reflejan parte de este cuadro. Al-Qaim se está convirtiendo en una ciudad de muerte. Antes del actual ataque los francotiradores estadounidenses eran el problema principal. La mayoría de las víctimas de las que oímos hablar o que vimos lo habían sido por disparos de francotiradores que ocupaban las casas después de retener a toda la familia en una habitación o, simplemente, de evacuarla.

Pero el edificio principal y el más peligroso es el edificio de la aduana. Al-Qaim es una ciudad fronteriza [con Siria] y el edificio de la aduana se levanta en la calle principal. Está ocupado por los soldados estadounidenses, quienes disparan a los civiles que están en la calle en la que se encuentran el mercado y el grupo de clínicas. Muchos tenderos, civiles, mujeres y niños fueron asesinados por las balas de estos francotiradores.

Shokor Mahmud

Shokor era el único hijo de una viuda pobre; tenía dos hermanas pequeñas. Acababa de cumplir 20 años y estaba recién casado. Su mujer, Sara, de 16 años, está embarazada de un mes. Trabajaba en una zapatería por 50 dólares al mes. Su padre murió en los años ochenta durante la guerra irano-iraquí. Tuvo que dejar el colegio en quinto para ayudar a su madre a mantener a la familia. Su familia vivía realmente de la caridad y de pequeños negocios, vendiendo chucherías, limpiando, etc.

El 21 de mayo de 2005, a las 5 de la tarde fue al mercado. Los francotiradores le dispararon en el pecho y murió instantáneamente: le había disparado al corazón.

Subhi, el tío de Shokor y su suegro explica lo ocurrido:

"A las 17:45 hubo seis disparos desde el edificio de la aduana, cinco personas resultaron heridas y Shokor fue asesinado. Estaba paseando, comiendo frutos secos con sus amigos y e iba desarmado."

-¿Quién le disparó? -le preguntamos.

-Los estadounidenses. Ocuparon toda la zona: el tribunal, el banco, la gasolinera, las tiendas... todo. Disparan a todo el que ande por ahí.

-¿Por qué?

-Esta es la cuestión: ¿por qué? No es un muyahidin [combatiente], ni un fundamentalista; su madre le previno: él era su único hijo, estaba desesperadamente preocupada por su seguridad. Pero esto ocurre a diario, a cualquiera, no solo a Shokor; ahora acaban de disparar a un joven, está en el hospital -refiriéndose a Qusai a quien mencionamos en la primera parte de esta crónica-, queremos saber por qué los estadounidenses están matando a personas que no les amenazan. Controlan y rodean toda la zona, así que para qué matar a civiles, y a ancianas... Los tenderos no pueden abrir las tienda y si lo hacen, no deben asomar la cabeza...

-¿Desde hace cuánto tiempo dura esta situación?

-Desde que ocuparon la gasolinera hace menos de dos meses. Desde entonces han destruido el edificio de agricultura, el banco, el tribunal y las tiendas que están cerca del tribunal. Parece que los atacaron desde algún lugar detrás de la estación. Volaron el edificio.

-¿Los edificios no fueron bombardeados desde el aire?

-No, fueron volados desde dentro. Nuestro problema es que no hay ningún medio de comunicación que informe de estos crímenes. Si cruza el río, vaya al pueblo de Rabot, podrá ver a las tres familias que fueron asesinadas ayer a las 3 de la madrugada. ¡Dónde están los periodistas! En el pueblo de Rabot un misil hizo un agujero de 20 metros en la tierra. Las casas están arrasadas. Vaya al pueblo de Karbala y vea las casas y las familias que fueron bombardeadas. Si están buscando terroristas, ¿por qué bombardean casas? Este es nuestro problema, Quieren destruirnos. Si como dicen están buscando a al-Zarqawi, ¿por qué no lo cogen? Hay miles de soldados por todas partes, aparte de la Guardia Nacional. No costaría ni cinco minutos rodear y controlar al-Qaim. ¿Por qué mataron al gobernador de al-Anbar? Saben que fue secuestrado y saben que lo tenían cerca de Rawa, ¿por qué bombardearon la zona y lo mataron?

Dos meses de campaña

Hace ya dos meses que dura la actual campaña militar en al-Qaim. La gente dice que los soldados estadounidenses sufrieron un grave ataque, que tuvieron muchas víctimas, por eso se espera otra oleada de ataques que llegará pronto [2]. La campaña significa que sitian la ciudad, la bombardean, ocupan muchas casas y edificios, y matan a todo lo que se mueve. Daham, un ciudadano de al-Qaim, nos cuenta que "[...] ocuparon no menos de cien casas durante dos o tres días y luego se retiraron, y están usando los tejados para disparar a las casas de alrededor. Arrestan a la gente colectivamente. Hay miles de detenidos. Cuando ocupan una casa y encuentran un grupo, lo arrestan. De nuevo esto es un grave problema porque esta ciudad es el centro de una zona muy amplia, la gente viene desde pueblos lejanos al médico o a cerrar negocios; se quedan en casa de los familiares. Cuando hay muchos hombres en una casa, la asaltan y los detienen bajo sospecha de terrorismo. Después de los ataques a los pueblos vecinos muchas familias buscan refugio en al-Qaim, y de nuevo se sospecha de ellos. En la casa de Shokor había cuatro familias".

Se trata de una política de intimidación y de humillación. La gente no está segura en sus casas, ni en la calle, en sus coches o en el hospital. No discuten acerca de que se arreste o mate a combatientes, porque la elección de los combatientes es luchar. La discusión se refiere únicamente a los civiles. Una niña de 11 años, Sahar Diyab, resultó herida y se la llevaron los estadounidenses, supuestamente para tratarla. Nunca se la volvió a ver. La familia lleva tres meses buscándola por todas partes. En Rabot se arrestó hasta 12 o 13 hombres de tres familias. Rabot es un pueblo de unos mil habitantes, ahora sólo quedan unas decenas debido a los bombardeos y a los asaltos. Está situado entre el Éufrates y las montañas; los estadounidenses dicen que los muyahidines se esconden ahí y también en Karbala.

Tratando de documentar la destrucción

Tratábamos de sacar varias fotos de los edificios públicos demolidos cuando se nos acercó un coche blanco.

-¿Qué están haciendo? -nos preguntó el joven que lo conducía.

-Sacando unas fotos de la calle.

-¡Pare el coche!

-¡Por qué!

-Usted limítese a parar el coche -hablaba muy en serio. Paramos.

-Deme la cámara.

-No, ¿por qué iba a hacerlo?

-Entonces tienen que venir conmigo, ¡acompáñenme!

-"No, no lo haremos. ¿Dónde nos quiere llevar? ¿Quién es usted?.

-Limítense a seguirme o denme la cámara

-¡No!

-¿Les conoce alguien en al-Qaim?

-¡Claro, muchas personas!

-Entonces, llévenme a ver a una de ellas!

Lo hicimos y después de que nuestro amigo de al-Qaim confirmara al joven que nos conocía muy bien y que éramos buenas personas, se disculpó:

-Tienen que comprender que hemos perdido a mucha gente aquí, no podemos permitir que haya extraños sacando fotos y, de todos modos, ¿qué hacen aquí?

-Queríamos sacar algunas fotos del tribunal y del banco.

-No las hagan. Estaban demasiado cerca de la aduana; háganme un favor: ¡váyanse de al-Qaim lo antes posible!

No podíamos. Teníamos que conocer a una familia cuya madre había sido asesinada por los francotiradores. Estaba visitando la clínica privada del Dr. Ali al-Ani sobre las 6 de la tarde del día 20 de mayo de 2005 acompañada de su hijo, su nuera y su nieto. El coche fue duramente tiroteado; la madre, Wadha Jasim Hassan, de 53 años, murió y los demás resultaron heridos. El coche ardió.

Lluvia de ámbar

Un testigo del crimen describió lo ocurrido:

"Estábamos esperando nuestro turno en la clínica. Al poco de salir la familia oímos el tiroteo. Tratamos de salir para ver qué ocurría pero el tiroteo era demasiado intenso, como una lluvia de ámbar. Vi Abu Omar (el hijo) y a su madre en los asientos delanteros. Waddhah, de dos años, estaba detrás; la hija seguía en la clínica, trató de salir y recibió una bala en la cabeza. Abu Omar estaba herido y sangraba. Abrió la puerta de al lado de su madre y la empujó fuera, estaba sangrando. Salió del coche y empezó a gritar a Waddhah. Siguieron disparando sobre Abu Omar y su madre aunque ya ambos estaban fuera del coche, en el suelo. El Dr. Ali y dos de nosotros tratamos de llegar hasta ellos, pero era imposible. Abu Omar se arrastró hasta estar más o menos a un metro de la clínica; conseguimos meterlo dentro. Su madre seguía tirada en el suelo fuera del coche. El niño empezó a correr hacia nosotros, le dispararon y cayó al suelo. El coche empezó a perder gasolina; gritamos a la madre que se alejara arrastrándose y ella trató de hacerlo. Logró arrastrarse unos metros, pero entonces siguieron disparándola hasta que murió. El coche empezó a arder".

-¿Había lucha? ¿Fue un tiroteo al azar?¿Por que se disparó a la familia del coche?

-No lo sabemos. No había nada, si no, no hubiésemos podido ir allí. También dispararon a otro coche, un deportivo Kia, y lo quemaron.

Había dos niños dentro, uno de seis y otro de 14; también resultó herido en el muslo. El certificado de defunción de la madre dice que la muerte se debió a "[...] un tiro desgarrador en el abdomen y en el estómago. El bazo, el intestino delgado y el diafragma estaban desgarrados.

Abu Omar recibió dos dañinos disparos en el hombro izquierdo y en el muslo derecho. Sigue en un hospital de Bagdad. Su mujer tiene metralla en la cabeza, necesita una operación muy delicada. El niño perdió dos dedos de su mano izquierda y fue herido en los intestinos. Fue operado y ahora permanece estable.

'Al-Zarqawi cenó en la casa de Aftan'

Cuando durante nuestra visita preguntábamos a las víctimas por qué les habían disparado, oíamos la misma broma: al-Zarqawi estaba ahí, y enseguida había una replica, "No, al-Zarqawi estaba cenando con Aftan". Teníamos mucha curiosidad por saber quién era este Aftan hasta que un joven se ofreció a enseñarnos la casa. No era más que un montón de cascotes.

Aftan era un anciano. El 26 de mayo de 2005, a las dos de la madrugada su casa, que se encuentra en la carretera que lleva a la aduana, fue asaltada con un enorme despliegue de fuerzas, con aeroplanos y vehículos blindados. Muchos soldados invadieron la casa, arrestaron a Aftan y a sus cuatro hijos, registraron las casa y lo destrozaron todo. Cuando se fueron volaron la casa hasta tal punto que no quedó un solo muro en pie. Los cinco hombres continúan en prisión, las mujeres están en casas de parientes...

El problema es que cuando acabaron con la casa de Aftan, asaltaron a los vecinos para preguntarles qué sabían de Aftan. Volvieron a registrar su casa sin encontrar nada interesante, salvo una caja fuerte. El dueño de la casa, que tenía la llave, estaba durmiendo en casa de su segunda esposa en la misma calle. No esperaron a que llagara la llave y volaron la caja. No encontraron más que 25.000 dinares (unos 17 dólares) y documentos personales de la familia. Se los llevaron y arrestaron al único chico de la casa, Husein, que es diabético. Dos días después lo soltaron:

"Me preguntaron qué sabía de mis vecinos y se lo dije; no tenía mis medicinas, tenía los ojos vendados y las manos atadas, sin comida, con agua caliente, malos tratos... Dos días después me desmoroné. Empecé a vomitar y me desmayé. Me dejaron camino de la carretera asfaltada. Me dijeron que corriera y empezaron a disparar. Corrí tan deprisa como pude hasta que me caí cerca de la carretera. Una camioneta me recogió después; me desperté en el hospital Rawa."

Loai, un mártir

Cuando Loai, de 30 años, acabó sus estudios en la escuela de ingeniería y no pudo encontrar un empleo, trabajó como taxista en la autopista de al-Qaim a Bagdad. El 27 de noviembre de 2004 estaba conduciendo entre Falluja y Ramadi para llevar a su madre el hospital de enfermos de cáncer de Bagdad y a otros dos pasajeros. Los soldados estadounidenses dispararon contra el coche, todos los pasajeros murieron y, como siempre, los soldados prendieron fuego al coche para borrar las pruebas.

Loai era el único que mantenía a una gran familia. Aparte de su mujer y tres hijos (el mayor, de ocho años) cuidaba a 15 personas entre hermanos, hermanas, su madre, un padre minusválido -un empleado en la agricultura retirado- y un hermano retrasado mental.

El padre lloraba amargamente:

"Conozco a mi hijo, era muy inteligente y comprometido. Si la carretera hubiera estado cerrada lo habría sabido y habría parado. Lo asesinaron."

Pero la madre estaba orgullosa:

"Lo considero un mártir, es un honor para mí. Lo único que lamento es que no muriera empuñando un fusil y luchando con ellos."

Simples disculpas

El 26 de marzo de 2005 Bahjat llevaba a la novia de su hijo, a la madre y hermana de la chica a una invitación a comer en al-Qaim a las 12 del mediodía. Había un control estadounidense. Paró. Pocos minutos después empezó el tiroteo. La novia, que se había casado hacía unos pocos días y estaba sentada en el asiento delantero junto a su suegro, recibió una bala en la cabeza y murió inmediatamente. Bahjat que estaba conduciendo recibió una bala en el ojo. Después del ataque un oficial estadounidense se acercó a la familia, se disculpó (por el error) y ofreció ayuda para tratar el ojo del hombre. Bahjat rechazó a oferta y las disculpas. Ya le han operado tres veces el ojo y está mejor.

Salah Shaban Askar, un hombre ciego de 50 años y su hijo Omar, de 14 años, volvían el 23 de septiembre de 2004 de la mezquita a casa después de la oración de la tarde cuando fueron disparados en la cabeza y el pecho a 200 metros de su casa. No hubo tiroteo ni lucha, de hecho había una multitud de personas que salía de la mezquita. Según un funcionario de Defensa Civil, que trató de ayudarles y evacuarles, los estadounidenses no permitieron que nadie se acercara a ellos. También dispararon contra él.

A los dos días los soldados estadounidenses visitaron a la familia durante el funeral. Se disculparon por el error y dijeron a la familia que presentara una queja y pidiera una indemnización. También arrestaron a algunas personas que habían acudido al funeral. La familia presentó un expediente en dos idiomas explicando lo sucedido y pidiendo una indemnización, con todos los testimonios de la policía, del hospital y de testigos, y con documentación. Esperaron durante meses sin recibir respuesta. Entonces un amigo les trajo su expediente y les dijo que lo había encontrado en la basura de Defensa Civil.

Salah, que había perdido un ojo en la guerra de 1991, deja seis hijas pequeñas, una de ellas con síndrome de Down. Su familia vive ahora de la caridad, la viuda está tratando de conseguir la pensión de viudedad pero le resulta difícil dejar al-Qaim debido a la situación existente ahí y debido a que el transporte es demasiado caro.

"El problema es que no existe una autoridad a quien acudir y pedir ayuda", afirma Qahtan A. Askar, el sobrino de Salah y su yerno. "Todo está destruido, el tribunal, la comisaría de policía, el comité, hasta la mezquita". En la mezquita hay un fondo de ayuda. La familia presentó el expediente para conseguir alguna ayuda. La mezquita fue asaltada y el fondo robado.

La suerte de Mustafá y Alaa

Mustafá, de 12 años, vive en la estación de tren. El 28 de abril de 2005 iba a ver a su amigo cuando recibió el disparo de un francotirador estadounidense. El disparo le desgarró la espalda y el abdomen. Pero tuvo suerte, el tiro fue muy cerca de los huesos de la espalda pero no le hirió, ni tampoco afectó al intestino o el estómago. Fue operado inmediatamente y se encuentra mejor.

Ni un solo centímetro del cuerpo de Alaa Jalid se libró de la metralla. [La niña] tiene tres años y su familia no se cree que haya podido sobrevivir. Pertenece a una familia de 14 miembros. Los hombres, dos hermanos, trabajan como carpinteros en Rawa, situada a una hora al este de al-Qaim. Cuando volvieron a casa el 3 de mayo de 2005 se encontraron a toda su familia muerta o herida. Una granada había entrado en la casa. Había en ella cuatro mujeres y 10 niños. La madre de Alaa, Zeinab, perdió un ojo. Otras dos mujeres tienen las piernas rotas. Cinco de los niños murieron y fueron enterrados ese día. Creyeron que Alaa había muerto también: no era más que un amasijo de carne y sangre; pero sobrevivó. Tenía metralla en los ojos y necesitaba inmediatamente una operación que no se puede realizar en Iraq. Tenía perforado el intestino por múltiples sitios. Ahora no está bien, tiene muchos dolores a causa de la mucha metralla que tiene en la piel y diferentes partes del cuerpo. No puede comer bien y tampoco andar. Sus piernas se están debilitando.

Suad no recibe pensión alguna

Suad Abbass Kadhum, de 40 años, es la viuda de Hamid Abdul Majeed, el empleado de la estación de tren que murió en el mercado el 28 de diciembre de 2004. Dejó cinco hijos; el mayor tiene 16 años y es estudiante de secundaria.

Hamid tenía también un herbolario. Estaba en la tienda cuando empezó el tiroteo en el mercado. Hamid sintió curiosidad y salió a ver qué ocurría. Recibió un disparo. Tardaron mucho tiempo en llevarlo al hospital, cuando pudieron moverlo sus amigos del mercado. El certificado medico afirma que murió de una hemorragia en el cuello, el pecho y el abdomen.

Ahora el problema de Suad es cómo conseguir su pensión porque se quedó sin el salario de su marido al morir éste. Está haciendo lo único que puede hacer, coser. Ni su familia ni la familia de su marido están en mejores condiciones económicas. También es muy peligroso para ella salir de al-Qaim para hacer las gestiones para tratar de conseguir la pensión.

Dhafir: los heridos, sospechosos

Dhafir, de 25 años, estudiante en el Instituto Técnico, recibió un tiro de un francotirador el 20 de agosto de 2004 en el pueblo de Sida. Salía de casa por la tarde con dos de sus primos. Estuvo desangrándose durante una hora y luego la gente de la zona lo llevó al hospital. El doctor dijo que tenía el nervio cortado y ahora tiene el pie inerte. Aunque se lo quemen no lo siente. El tiro entró por el muslo y salió.

Pero tuvo más suerte que sus primos, que murieron ambos. Hamad, de 60 años, fue disparado en el pecho y el abdomen. Se desangró hasta morir y su único hijo varón, Monim, de 19 años, recibió un disparo en la cabeza y murió instantáneamente. Hamad tenía 11 hijas, todas niñas. Ahora las están cuidando sus tíos.

Los problemas de Dhafir no acaban ahí. Ahora no puede salir, no puede ir a Bagdad para que le curen la herida por miedo a ser arrestado. Los soldados estadounidenses están arrestando a los jóvenes heridos porque los consideran sospechosos de ser combatientes. M.H. Jasim, el tío de Dhafir, fue detenido hace siete meses en su casa. Estaba herido y lo detuvieron por eso. Sigue en Abu Ghraib.

Lo que dicen los abogados

El abogado A.J. era miembro del Comité de Reclamaciones del Consejo Local de al-Qaim antes de que éste se disolviera recientemente. Desde octubre de 2004 él solo ha presentado más de cien reclamaciones a las autoridades estadounidenses en la ciudad. Sus colegas, otros abogados, trabajan directamente con el público, no necesariamente a través del Consejo Local, y tienen más casos. Otros muchos casos no están registrados por diferentes rezones: falta de tribunal, falta de comisaría de policía, falta de seguridad, falta de confianza en que los estadounidenses sean serios acerca de estos casos, y debido a un sentimiento generalizado de desesperación y lo absurdo de toda la situación. Sin embargo, algunas personas se niegan a presentar sus reclamaciones al enemigo.

Según el abogado A.J. sólo tres de estos cientos de casos recibieron una indemnización. Eran casos triviales, como unas mantas confiscadas en la frontera o el de unas piedras de construcción confiscadas No se han indemnizado casos reales de asesinatos, heridos, demolición de casas o de daños a la propiedad.

Lo que están haciendo las autoridades estadounidenses es engañar a la población. El año pasado un oficial -Velasios o Belasios- de la 82 División fue nombrado por esta unidad para que se hiciera cargo de los casos de las víctimas. Tenía un despacho para recibir al público y a los abogados. Recopiló miles de documentos originales de estos casos, con fotos e informes oficiales. Solía leer los casos y decidir cuál recibía indemnización y cuál no. Conseguía las direcciones, supuestamente para contestarles. De pronto el oficial desapareció y con él todos los documentos.

Otro oficial, llamado capitán Fetch, nunca accedió a indemnizar ningún caso. Tenemos copia de unas 40 respuestas de las autoridades estadounidenses y todas ellas contienen las mismas palabras, lo único que cambia es el nombre de la persona que hace la reclamación. Las respuestas están en inglés, llenas de jerga legal que nadie entiende. Todas dicen: "Se desestima la reclamación", sin importar cuál sea ésta. Hay una frase que dice que el reclamante tiene derecho a apelar en Ramadi [la capital de la provincia de al-Anbar] o en Bagdad, que es aún peor, porque si la reclamación no ha prosperado en el lugar de los hechos, ¿cómo va a hacerlo en un lugar que no sabe nada acerca de los hechos? Sin embargo, algunos abogados fueron a Bagdad a apelar y se les dijo que en al-Qaim había una oficina responsable de los casos y que tenían que solucionar los casos allí porque "[...] no tenemos nada que ver con eso", y que esta misma oficina debía presentar la reclamación, lo que es ilógico.

La palabrería es obvia; cuando menos quieren ponerle las cosas más difíciles a la gente para que dejen de presentar reclamaciones: "En mi última entrevista con el funcionario estadounidense -afirma el abogado A.J.- le pregunté si hablaba en serio de las indemnizaciones, y él dijo 'sí, y hay dinero destinado a ello, pero el problema es que usted está trayendo casos de terroristas'. Le pregunté por algunos casos, como el de Malik, el anciano retrasado mental que fue disparado; y por Abid, el hombre tullido que fue disparado delante de su casa; y por Abdul Qadir que fue asesinado por una granada en su casa y sus dos hijos que fueron asesinados dos días más tarde en el funeral de su padre dentro de la misma casa"

-En semejante situación, como abogado, ¿qué aconsejó a estas personas?

-Les aconsejé que denunciaran los casos, que le contaran a organizaciones humanitarias e internacionales las violaciones de sus derechos. Pero el problema es que la gente está demasiado cansada y desesperada de haya cualquier cambio, además de los bombardeos, el toque de queda y la difícil situación en general.

-Sabemos que las víctimas no son terroristas.

-¿Por qué cree que los estadounidenses están matando a tantos civiles? -preguntamos a A.J.

-Un prisionero de una cárcel estadounidense le hizo la misma pregunta a un soldado y éste contestó: "sabemos que no sois terroristas, porque los terroristas que nos atacan no permanecen en el lugar del ataque. Pero lo hacemos para que los ciudadanos no permitan a los terroristas que nos ataquen". El prisionero volvió a preguntar: "si vosotros, los estadounidenses, con todo vuestro poderío y vuestras armas, no los detenéis, cómo creéis que vamos a hacerlo nosotros", y la respuesta fue: "por esa razón seguimos disparando, para que los civiles impidan a los terroristas que nos ataquen".

Así pues, no existe error alguno, ni "daño colateral", sino una política de terror e intimidación.

Estos testimonios no son más que unos pocos ejemplos. Hay miles de casos más.

Notas del autor y de IraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Hospital de al-Qaim: Una tragedia casi imposible de describir

2. El 17 de junio empezó el segundo ataques contra al-Qaim. Las noticias estadounidenses afirman que se arrojaron nueve bombas de gran tonelaje sobre la ciudad. El día 20 de junio el Dr. Hamdi al-Aalusy, director del Hospital General de al-Qaim, emitió un mensaje haciendo un llamamiento a los soldados británicos y estadounidenses para que detuvieran el baño de sangre, y a las organizaciones humanitarias e internacionales para que hicieran cuanto fuera posible para ayudar a los civiles que hay enterrados bajo los cascotes, que se permitiera moverse a las ambulancias, especialmente en el pueblo de Kerbala a cinco kilómetros al este de al-Qaim. El Dr. Hamdi volvió a confirmar que la mayoría de los muertos y heridos eran civiles [N. del autor]. El número de muertos de los bombardeos del día 20, fueron según fuetes hospitalarias de al-Qaiam, 13, además de 42 heridos; otros ocho cadáveres habían ingresado con anterioridad, junto a 18 heridos (según nota de Iraqi League, de 21 de junio de 2005) [N. de IraqSolidaridad].

Crónicas de Iraq:

Hospital de al-Qaim: Una tragedia casi imposible de describir

Hadiza (y II): Una ciudad aplastada bajo la ocupación. Francotiradores estadounidenses asesinan indiscriminadamente a los vecinos

'Hadiza (I): La estrategia estadounidense de asalto a hospitales: destruir hasta el punto que reparar sea imposible'

Detenciones arbitrarias, cárceles clandestinas y torturas a cargo de los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes

Testimonios de prisioneros iraquíes en las prisiones estadounidenses en Iraq - Detenidos en el país cautivo (II)

Testimonios de prisioneros iraquíes en las prisiones estadounidenses en Iraq - Detenidos en el país cautivo (I)

Los desaparecidos de Iraq

De regreso a Faluya: Tiendas de campaña sobre los escombros, a la búsqueda de los desaparecidos

Faluya: el 'terremoto' desencadenado por Estados Unidos

Los refugiados de los campamentos de Ahmad bin Hashim y Rahaliya

Campamento de refugiados de Ein Tamor: tristes historias de la continua tragedia de Faluya

* Texto y fotos (relacionadas con el texto) remitidos por su autor a la CEOSI.

Barrio atacado de al-Qaim

Waddhah, de dos años, nieto de Wadha J. Hassan

Wadha J. Hassan, de 53 años, muerta por disparos de estadounidenses

Loai

La familia de Loai; su padre, portando su retrato

Bahjat, perdió un ojo a causa de un ataque estadounidense en el que resultó muerta su nuera

Mustafa, de 12 años, herido por francotiradores en espalda y abdomen

La niña Alaa Jalid, de tres años, herida en todo su cuerpo por la metralla

Suad A. Kadhum, viuda de Hamdi

Dhafir, de 25 años, quedó inválido por disparos de un francotirador; la bala penetró por el muslo

 

 

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