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El plan de Bush: provocar la guerra civil

Mike Whitney*

ZNet, 15 de enero de 2005
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 20 de enero de 2005
Traducción para IraqSolidaridad de Paloma Valverde

"El fracaso de Faluya significa que el proyecto de destruir el resto de las ciudades iraquíes es remoto. Es más, el éxito dependerá del aumento del número de tropas estadounidenses y del desarrollo a largo plazo de una estrategia para 'progresivamente'establecer la seguridad. La otra única opción es desviar la atención de las tropas de ocupación haciendo que la inestabilidad se extienda. Una guerra civil serviría a los intereses a corto plazo de la Administración [Bush], pero podría también provocar una revuelta en toda la región. Es un riesgo que ninguna persona mentalmente sana siquiera pensaría. La determinación de seguir adelante con las elecciones del próximo 30 de enero demuestra que la Administración [estadounidense] no ha modificado sus estrategias temerarias y de mentiras que han llevado su proyecto al borde del precipicio."

La administración Bush está llevando a Iraq de forma intencionada hacia la guerra civil. Las elecciones son meramente un catalizador para prender la llama de lo que podría ser un levantamiento social total. Esto explica la extraña insistencia en [que se acuda a] votar cuando la seguridad es prácticamente inexistente y un apenas 7% de la población puede siquiera identificar a los candidatos, un dato que ha sido entresacado del periódico bagdadí del propio [Iyad] Alawi, al-Sabah. [El secretario de Defensa estadounidense Donald] Rumsfeld está utilizando las elecciones como una plataforma desde la que agravar las tensiones entre sunníes y shi'íes para desviar la atención de las tropas [ocupantes.] Es una actuación de locos, que solo revela la desesperación de la situación actual. El Pentágono esperaba confiado un "regalo caído del cielo" y, por contra, se han encontrado a sí mismo metido en una guerra de guerrillas.

Todo el mundo, desde Brent Scowcroft [1] hasta Tom Friedman [2], ha especulado sobre la posibilidad de una guerra civil [en Iraq]. Sus comentarios son más el reflejo de los deseos de la elite estadounidense que de la realidad sobre el terreno. Evidentemente, Friedman quisiera ver matarse a los musulmanes entre sí, pero eso no ocurrirá. Tom [Friedman] aún no se ha enterado de qué va la guerra y de que no va a cambiar. Lo mismo se puede decir de Rumsfeld. Para un secretario de Defensa que considera que "La información poder", Rumsfeld parece absolutamente asombrado por la verdadera naturaleza de la lucha. Parece incapaz de percibir incluso los elementos más evidentes del conflicto o de la psicología que los alimenta. ¿Qué pasó con la máxima militar "conocer a tu enemigo"?

Cuando destruyes el hogar de un hombre y asesinas y arruinas la vida de sus amigos, luchará. Y cuando a un hombre le robas todo lo que tiene, incluida su propia dignidad, le dejas con un único sentimiento: ira. Esta ira es ahora la que anima a la resistencia de una manera que nadie había podido prever. El único superpoder mundial está atrapado en una situación sobre el terreno, como Gulliver, y el alto mando del Pentágono está cada vez mas nervioso.

Conocer al enemigo

La guerra civil puede ser caótica. Instigar los odios sectarios y religiosos tiende a afectar el curso tranquilo de los negocios, como la purga de los enemigos potenciales y la extracción de los recursos vitales. Sin embargo, Rumsfeld casi no tiene opciones; el "divide y vencerás" puede ser todo lo que le quede. Si echamos un vistazo a los tres recientes proyectos imperialistas -Kosovo, Haití y Afganistán- se aplicó la misma estrategia. Los tres Estados han sido desmembrados completamente, entregados a las corporaciones multinacionales estadounidenses y reducidas al control militar o al caos. El resultado establece un precedente con similares resultados en Iraq. ¿Iraq va a ser balcanizado en términos étnicos y religiosos?

Esto es lo que los generales están deseando y sus planes ya están en marcha. Los marines desplegaron a los elementos shi'íes de la Guardia Nacional [iraquí] durante el sitio de Faluya con la intención evidente de exacerbar tensiones entre las dos facciones. Los peshmergas [guerrilleros] kurdos fueron utilizados en Mosul con la misma intención. Además, se ha producido una serie de atentados (concretamente los ataques contra los clérigos sunníes en Nayaf y Kerbala) que no se corresponden con el modo de actuación de la resistencia, sino que sugieren una operación clandestina (¿quizás de la CIA?) para provocar las hostilidades. Si a esto añadimos los resultados de las previstas elecciones, que se inclinan claramente hacia los shi'íes, ya tenemos un potencial real para fomentar entre ambos grupos la violencia. Es fácil ver cómo los ideólogos del Pentágono pueden creer que esas provocaciones podrían generar una gran lucha interna. Sin embargo, no ocurrirá.

Sea lo que sea lo que pensemos en este punto sobre los iraquíes, una cosa es cierta: conocen a su enemigo. El elemento de sorpresa o engaño se ha evaporado como las columnas de humo sobre Faluya. Saben quiénes somos y saben lo qué queremos de ellos: destruir su seguridad.

Rumsfeld, finalmente, parece estar empezando a comprender la gravedad de la compleja situación. La situación respecto a la seguridad se ha deteriorado de forma tan dramática que incluso el apoyo entre las clases dominantes está disminuyendo. La semana pasada, los gurús en política extranjera Brent Scowcroft y Zbigniew Brzezinski [3], lanzaron la primera ola de críticas dirigidas a la mala administración de la ocupación. El normalmente circunspecto Brzezinski estuvo especialmente agresivo, bramando que la guerra era un signo de "decadencia moral", un eufemismo que sin lugar a dudas lanzará olas de conmoción y pavor contra los santuarios de poder estadounidenses y los comités de asesores.

James Dobbins de la conservadora Corporation RAND [4] fue igualmente violento, espetando que "[...] lo primero es darse cuenta de que EEUU no puede ganara [de Iraq]". ¿EEUU no puede ganar?, Dobbins probablemente debería haber añadido a su primera observación: "no puede ganar, pero tampoco se quiere marchar". Las elites estadounidenses pueden criticar la administración de la ocupación pero han ligado el futuro de la nación al éxito de la ocupación y no renunciarán fácilmente.

Rumsfeld cambia sus planes

Hay signos de que el recalcitrante Rumsfeld está empezando a captar el mensaje. La semana pasada envío a Iraq al general retirado Gary Luck para que elabore un informe detallado sobre puntos fuertes y vulnerables de las fuerzas [estadounidense]. Cuando Luck regrese comparecerá ante el Congreso y hará un entusiasta llamamiento para enviar más tropas y solucionar el
problema de una vez por todas. Se espera de él que haga un deprimente retrato del fracaso de un Estado que amenaza con desestabilizar toda la región, a menos que EEUU se implique aún más. Tanto el Congreso como los medios de comunicación cumplirán el papel de hacer un llamamiento al pueblo estadounidense para que se mantenga firme frente a una larga y sangrienta ocupación. Muchos creen que el informe del general Luck determinará si Bush solicitará la ayuda al Congreso para reinstaurar el servicio militar obligatorio en época de guerra.

Hacer una lista de las virtudes del general Luck da indicio de que Rumsfeld está escuchando a sus detractores, de que su criterio ya no está por encima del de todos los demás. Su torpeza, en todos y cada uno de los aspectos de la guerra, ha limitado su habilidad para actuar de forma unilateral. O demuestra un cierto grado de cooperación o caerá. Los dos principales y estrepitosos fracasos de la guerra pueden ser achacados directamente a Rumsfeld. El primero, el haberse metido en Iraq "demasiado ligero", sin la suficiente capacidad para asegurar el orden [durante la posguerra]; el segundo que infravaloró a los 400.000 soldados iraquíes, la mayoría de los cuales constituyen ahora la resistencia. El resultado final en Iraq dependerá seguramente y en gran medida de esas dos estúpidas consideraciones.

La destrucción de Faluya

El asedio de Faluya fue una encrucijada para la ocupación estadounidense. El ala derechista de la intelectualidad insistió en que la resistencia en Faluya sería aplastada por cualquier medio posible; preferiblemente por un ejército superior en número. Faluya, de 250.000 personas [5], ha sido diezmado por los bombardeos aéreos indiscriminados de EEUU y un asalto sobre el terreno ha dejado 700 civiles muertos, el 70% de los cuales eran mujeres y niños.

En el primer ataque contra Faluya, el teniente coronel [del Cuerpo de Marines] McCoy señaló que "no queremos convertir en escombros la ciudad. Eso dará al enemigo más sitios donde esconderse". La orden de McCoy fue ignorada en el segundo asalto, el iniciado el 8 de noviembre. La ciudad ha sido "reducida a escombros" y convertida en "inhabitable", según un informe del Creciente Rojo [iraquí]. La Administración Bush aplicó la "Opción nuclear" a Faluya, destruyendo la ciudad para enviar un mensaje: que la continuación de la resistencia sería tratada en consonancia. El mensaje fue impecablemente rechazado.

Si de algo ha servido Faluya ha sido únicamente para el acercamiento de las fuerzas antiestadounidenses y para aumentar el reclutamiento de miembros de la resistencia. La violencia se ha extendido e intensificado por todo el [denominado] Triángulo Sunní, con un número de asaltos que han aumentado increíblemente hasta llegar a los 75 al día. Faluya ha eliminado cualquier sombra de duda de las mentes de los jóvenes iraquíes de que una postura no violenta es posible. El aplastamiento de una ciudad de 250.000 habitantes confirma, en términos espeluznantes, que la guerra se decidirá en función de la fuerza de las armas. Faluya ha eliminado cualquier "sombra de duda" que pudiera existir con anterioridad.

Los numerosos combatientes luchan desde el asedio [de Faluya] con firmeza. La fuerza de la actual resistencia fue valorada [hace dos semanas] por el jefe de la Inteligencia iraquí, el general Mohammed Shahwani. Shahwani declaró a un periódico saudí que "EEUU se enfrenta a 40.000 combatientes convencidos" y a un apoyo de "entre 150.000 y 200.000 personas". Previsiblemente, la noticia ha sido enterrada por la prensa occidental pero las implicaciones están claras. El Pentágono ha estado engañando, de forma intencionada, al pueblo estadounidense sobre el tamaño y la fuerza de la resistencia (las estimaciones previas estaban entre 5.000 y 20.000 resistentes) [6]. Estas nuevas cifras, que ahora son tenidas en cuenta por muchos de los analistas independientes, señalan una resistencia que es numéricamente mayor que las fuerzas de ocupación y que está completamente preparada para luchar, a sangre y fuego, en una guerra de guerrillas. Esto nos devuelve a la observación de James Dobbins de "[...] lo primero es darse cuenta de que EEUU no puede ganar".

La realidad

El fracaso de Faluya significa que el proyecto de destruir el resto de las ciudades iraquíes es remoto. Es más, el éxito dependerá del aumento del número de tropas estadounidenses y del desarrollo a largo plazo de una estrategia para progresivamente establecer la seguridad. La otra única opción es desviar la atención de las tropas de ocupación haciendo que la inestabilidad se extienda. Una guerra civil serviría a los intereses a corto plazo de la Administración [Bush], pero podría también provocar una revuelta en toda la región. Es un riesgo que ninguna persona mentalmente sana siquiera pensaría. La determinación de seguir adelante con las elecciones del próximo 30 de enero demuestra que la Administración [estadounidense] no ha modificado sus estrategias temerarias y de mentiras que han llevado su proyecto al borde del precipicio.

Hace meses, el periodista Andrew Cockburn [7] advertía en Bagdad que EEUU estaba "[...] en peligro de perder la guerra" en Iraq. Desde entonces la situación de seguridad ha ido empeorando con tenacidad y grandes zonas del país están bajo el control de la resistencia. Cada truco promocional que la Administración [Bush] ha utilizado (la Autoridad Provisional de la Coalición, la transferencia de soberanía y, ahora, las elecciones) ha logrado lo contrario de lo que se proponía: continuar con los ataques masivos y fortalecer la resistencia. La maquinaria de guerra de alta tecnología de Rumsfeld ha degenerado en Escuadrones de la muerte [8] y cámaras de tortura, un penoso retorno a las guerras medievales. Los dirigentes civiles, borrachos de prepotencia y avaricia, nunca se dieron cuenta de la resistencia que se perfilaba en el horizonte. Ahora se enfrentan diariamente al trauma y a la muerte sin tener un plan definido para el éxito. La misión iraquí es como un todoterreno del siglo XXI atrapado y cada vez más enterrado en la arena del desierto. A medida que se aproxima la fecha del 30 de enero hay cada vez menos señales de que las cosas puedan mejorar.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Asesor de seguridad de los presidentes Ford y Bush (padre). Actualmente dirige una empresa de consultoría económica entre cuyos clientes se encuentran las grandes empresas de telecomunicaciones, energía, aeronaves, etc, etc.
2. Columnista internacional de The New York Times.
3. Asesor durante la década de los 60 de las administraciones Johnson y Kennedy es actualmente Consejero del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
4. La corporación RAND se define a sí misma como "una organización sin ánimo de lucro cuya finalidad es la investigación y el análisis para aportar soluciones efectivas a los retos a los que se enfrentan el público y los sectores privados en el mundo entero".
5. Según estimaciones locales, Faluya podía contar con hasta medio millón de habitantes antes del asalto de noviembre.
6. Véase en IraqSolidaridad, Carlos Varea: Balance de la resistencia iraquí en diciembre de 2004:
La Administración Bush en 'Fantasilandia': Dos informes internacionales dan por fracasada la actual estrategia de EEUU en Iraq, mientras el jefe de Inteligencia iraquí cifra en 200.000 el número de insurgentes
7. Periodista especializado en Oriente medio y autor del libro Out of the Ashes: The Resurrection of Saddam Husein.
8. Véase en IraqSolidaridad, Michael Hirsh, John Barry y Mark Hosenball:
"Opción El Salvador" para Iraq - El Pentágono estudia enviar fuerzas especiales para la creación de Escuadrones de la muerte iraquíes

English 'World Socialist Web Site'

English ZNet

La Administración Bush en 'Fantasilandia': Dos informes internacionales dan por fracasada la actual estrategia de EEUU en Iraq, mientras el jefe de Inteligencia iraquí cifra en 200.000 el número de insurgentes

"Opción El Salvador" para Iraq - El Pentágono estudia enviar fuerzas especiales para la creación de Escuadrones de la muerte iraquíes

* Mike Whitney, residente en Washington, es analista de política de Oriente Medio, contribuyendo con sus textos a revistas como 'Palestine Chronicle'. El artículo original en inglés ha sido publicado en 'ZNet' el 15 de enero.

Creciente ansiedad en los círculos dirigentes de EEUU sobre la debacle de Iraq

Patrick Martín

World Socialist Web Site, 14 enero 2005
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 25 enero 2005
Traducción para IraqSolidaridad de Sinfo Fernández

"Poniendo de manifiesto la creciente preocupación dentro de la élite gobernante de que la política de la Administración Bush en Iraq está abocando al desastre, el 'New York Times' publicaba un largo editorial el miércoles 12 de enero pidiendo el aplazamiento de las elecciones del 30 de enero para tratar de evitar el colapso político en el país ocupado. [...] Este editorial es sólo el más importante, entre los que incluyen comentarios y advertencias dentro del 'establishment' político y de medios de comunicación estadounidenses, sobre el peligro de que el régimen de ocupación de EEUU en Iraq pueda derivar, en cuestión de semanas, en una violencia incontrolable."

Poniendo de manifiesto la creciente preocupación dentro de la élite gobernante de que la política de la Administración Bush en Iraq está abocando al desastre, el New York Times publicaba un largo editorial el miércoles 12 de enero pidiendo el aplazamiento de las elecciones del 30 de enero para tratar de evitar el colapso político en el país ocupado. Con el titulo de "Enfrentando los hechos relativos a las elecciones en Iraq", el editorial argumentaba que mantener las elecciones bajo las condiciones actuales, con la minoría sunní del norte y oeste del país excluida en realidad de las aquéllas, es la receta ideal para "[...] una guerra civil entre musulmanes shi'íes y sunníes que aumentaría la inestabilidad por todo Oriente Medio y daría a los terroristas una nueva región incontrolada que podrían utilizar como base de operaciones".

El periódico, que había apoyado en un principio la decisión de la administración Bush de invadir y ocupar Iraq, al tiempo que criticaba la forma en que se llevó a cabo la ocupación, argumenta que aplazar las elecciones dos o tres meses no sería considerado como una rendición ante los insurgentes iraquíes ­que tanto la Administración Bush como el New York Times describen como terroristas- si se consiguiera integrar a una parte del clero musulmán [sunní] y de los líderes tribales con más experiencia de la región habitada por sunníes en un nuevo gobierno iraquí respaldado por EEUU.

El New York Times señalaba que muchos funcionarios del régimen interino en Bagdad han "mostrado cierto interés en aplazar las elecciones si con ello hubiera posibilidad de conseguir una mayor participación sunní, y se comenta que hay otros que se inclinan por esa opción en privado". El obstáculo principal, se lamentaba el editorial, era el mismo Bush y su inflexibilidad sobre el plazo del 30 de enero, aunque la situación de la seguridad en el triangulo sunní se deteriore.

Un tigre agarrado por la cola

Este editorial es sólo el más importante, entre los que incluyen comentarios y advertencias dentro del establishment político y de medios de comunicación estadounidenses, sobre el peligro de que el régimen de ocupación de EEUU en Iraq pueda derivar, en cuestión de semanas, en una violencia incontrolable.

El pasado miércoles 12 de enero, en un almuerzo patrocinado por la Fundación Nueva América -que está alineada con el ala derechista del Partido Demócrata- dos antiguos consejeros de Seguridad Nacional, el republicano Brent Scowcroft y el demócrata Zbigniew Brzezinski, hicieron graves advertencias sobre las perspectivas en Iraq y la temeridad absoluta que supone la política exterior de la administración Bush.

Scowcroft dijo a su audiencia, compuesta de importantes periodistas y expertos en política exterior pertenecientes a los círculos pensantes de Washington, que el unilateralismo y la arrogancia de la administración Bush estaban enajenándole sus antiguos aliados en Europa y Oriente Medio. Afirmó que la política exterior estadounidense estaba fracasando a la hora de dirigir las implicaciones de la globalización de la economía mundial, que no podían ser controladas por un único poder, incluso con la incontestada superioridad militar de EEUU, para poder disponer del mundo.

Iraq era el punto central del conflicto, dijo, añadiendo: "Con Iraq, hemos agarrado claramente un tigre por la cola. Y las elecciones están convirtiéndose en todo menos en una posibilidad de transformación, y hay un gran potencial para que el conflicto se profundice. En efecto, en la actualidad podemos estar asistiendo a una incipiente guerra civil".

Teniendo en cuenta la estrecha amistad de Scowcroft con Bush padre (redactó con él su memoria sobre la política exterior presidencial), esta advertencia sobre el peligro de una guerra civil es extraordinaria. El antiguo consejero de Seguridad Nacional tanto de Gerald Ford como de George H.W. Bush se opuso a la decisión de ir a la guerra con Iraq por razones tácticas. Cada vez más se ha convertido en el portavoz sobre el peligro de que el fracaso de EEUU en Iraq socave el papel mundial del imperialismo estadounidense. El pasado mes fue destituido de su puesto no retribuido en el gobierno como presidente del Consejo de Inteligencia Exterior del presidente, cuando Bush rehusó nombrarle de nuevo para un segundo mandato.

Brzezinski, demócrata y antiguo consejero de seguridad nacional de Jimmy Carter, hizo una advertencia mucho más fuerte sobre las potenciales consecuencias de la aventura iraquí. Brzezinski, de origen polaco, un halcón de línea dura durante la Guerra Fría, es el autor de un volumen reciente sobre estrategia global El Gran Tablero de Ajedrez, en el que aboga por que EEUU logre una posición dominante en la masa de tierra euroasiática que impida el desarrollo de cualquier rival potencial. Mientras esta idea parece encajar con la doctrina de Bush de guerra preventiva y conquista de Afganistán e Iraq, Brzezinski ha surgido como uno de los más incisivos críticos del establishment de la política exterior de Bush, argumentando sobre la base del punto de vista de los intereses a largo plazo del imperialismo estadounidense.

Al citar la descripción hecha por Rumsfeld sobre la guerra de Iraq de que era "una guerra a la carta", Brzezinski dijo que "[...] ya es un serio revés moral para EEUU: un revés moral tanto por la forma en que se comenzó la guerra, en que se justificó y también por algunos de los atroces incidentes que han acompañado esa forma de proceder. [...] EUU nunca, en toda su historia, se ha visto implicados en una intervención de ese calibre. Es también un revés militar". [Brzezinski] puso énfasis en los cada vez más altos costes de la guerra: "Aunque nuestros objetivos finales sean muy ambiciosos, nunca lograremos democracia y estabilidad sin enviar a 500.000 soldados, gastar 200 mil millones de dólares al año, probablemente tener que llamar a filas y aceptar alguna forma de compensación de guerra. Como sociedad, no estamos preparados para hacer eso".

"La Unión Soviética podría haber ganado la guerra en Afganistán si hubiera estado preparada para hacer todo lo que he mencionado", continuó Brzezinski, "pero ni siquiera la Unión Soviética estaba preparada para hacer eso, porque se llega a un punto en la vida de una nación en que determinados sacrificios no pueden justificarse [...] y sólo el tiempo dirá si EEUU está actuando con sabiduría o se ha resignado a su decadencia cultural". La Administración Bush se enfrenta ahora, en potencia, a desafíos paralizantes para poder recuperar tanto la legitimidad internacional como la unidad interior, dijo, y el gobierno tiene poca credibilidad tanto en casa como en el extranjero: "Nadie nos creerá hoy si declaramos que estamos convencidos de que Irán está prosiguiendo actualmente con su programa de armas nucleares sin una evidencia decisiva que sostenga nuestra posición".

[Brzezinski] citó las encuestas sobre la opinión pública que mostraban, en todo el mundo, una hostilidad abrumadora hacia las políticas estadounidenses, señalando una en particular, en la cual los encuestados expresaban su disgusto por que Iraq no hubiera presentado una resistencia más efectiva ante la invasión estadounidense. "¿Cuál era el significado de la pregunta?", preguntó. "¿Cuál fue la pregunta que se formuló? La pregunta que realmente se formuló es '¿no lamentas que no hayan muerto más estadounidenses?'. Eso nos da en alguna medida la profundidad del odio hacia nuestras políticas".

La estrategia de la Administración Bush en la lucha contra el terrorismo ha sido un fracaso, dijo Brzezinski: "La guerra global contra el terrorismo ha unido a todos los terroristas, a todos los terroristas islámicos y les agrupa al considerarse todos enemigos nuestros. La estrategia no debe consistir en unir a nuestros enemigos y dividir a nuestros amigos. Todo lo contrario".

El significado de estas críticas se demuestra en la audiencia que se reunió para escucharlas, incluidos periodistas importantes como David Sanger del New York Times, Ron Brownstein de Los Angeles Times, Howard Fineman de Newsweek, James Fallows de Atlantic Monthly, Dana Priest del Washington Post y Judy Woodruff de la CNN, así como representantes de Businessweek, UPI, Knight-Ridder, US News &World Report y otras publicaciones.

Unos días después, Sanger publicaba un comentario en el New York Times titulado, "Tema candente: cómo EEUU podría retirarse de Iraq". Hacía alusión a las extendidas discusiones en Washington entre congresistas republicanos y demócratas, entre jefazos militares e incluso entre funcionarios de la administración Bush acerca de la utilización de las elecciones del 30 de enero como una oportunidad para empezar a reducir los efectivos estadounidenses en Iraq.

Sanger citaba tanto las críticas que Scowcroft hizo sobre Bush el 6 de enero como la respuesta de éste, en la que rechazaba las preocupaciones sobre la posibilidad de que las elecciones condujeran a una guerra civil y declaraba: "Creo que las elecciones serán una experiencia increíblemente esperanzadora para el pueblo iraquí." El escritor del New York Times continuaba: "Pero el optimismo del presidente aparece en notorio contraste, según se dice desde el interior de su administración, con algunas conversaciones que se están manteniendo en la Casa Blanca, el Pentágono y el Congreso. Por vez primera se está cuestionando si es políticamente posible esperar hasta que las fuerzas iraquíes estén adecuadamente entrenadas antes de que el comienzo de la retirada de las tropas estadounidenses se convierta en un desastre".

Divisiones en la élite dirigente

Estos comentarios no significan de ninguna manera que la Administración de Bush vaya a empezar a retirar las tropas de Iraq. Al contrario, los violentos ataques de los insurgentes antes y después de las elecciones del 30 de enero pueden muy bien forzar al Pentágono a enviar más tropas para reforzar la desmoronada posición estadounidense. Estas discusiones revelan claramente las profundas divisiones entre la élite gobernante -que se mantiene en su mayoría muda durante la campaña de las elecciones para evitar dar qué decir al pueblo estadounidense acerca del asunto- sobre cómo abordar la debacle de Iraq.

Mientras Brzezinski, Scowcroft, el New York Times y otros cortan por lo sano; si Bush hiciera lo mismo significaría su aceptación pública de que su política exterior ha fracasado y conduciría, antes que después, al colapso efectivo de su Aministración. La Casa Blanca de Bush difícilmente se conformará con ese destino. Está empeñada en una nueva e imprudente partida de dados, consistente en incrementar la fuerza de las tropas estadounidenses en Iraq, utilizando cada vez mayor devastación y métodos violentos o provocar un nuevo conflicto con otro antagonista potencial, como Siria o Irán.

La facción incondicional a favor de la guerra en los medios de comunicación se ha precipitado a alentar a la administración El columnista de política exterior del Washington Post David Ignatius advirtió sobre la "creciente discusión entre republicanos impacientes en el Capitolio y oficiales militares experimentados acerca de si EEUU necesita buscar una estrategia de salida rápida a una guerra que está yendo muy mal". La página editorial del Post, que se sitúa en el establishment entre los más fervientes seguidores de la guerra, publicó una declaración en la que pedía que las elecciones iraquíes tuvieran lugar en la fecha fijada del 30 de enero.

Las implicaciones de la posición incondicional a favor de la guerra aparecían detalladas en la columna de Ignatius, que pedía que se eliminaran todas las restricciones a las acciones militares estadounidenses en las regiones habitadas por sunníes donde la actividad de los insurgentes está más extendida. "Cada mañana, los insurgentes deben despertarse aterrados ante la idea de que morirán", escribió. "Esta especie de guerra sucia no es en la que me gustaría ver luchar a las fuerzas estadounidenses; es una guerra para las fuerzas especiales iraquíes. Será una lucha brutal, pero es la misma que deberían emprender cada día las autoridades de Arabia Saudí, Egipto, Jordania y Siria contra los yihadistas en sus países. De alguna forma, la intimidación en Iraq tiene que invertirse, para que sean los insurgentes quienes teman por la pérdida de sus vidas".

Así funciona la lógica de guerra de Bush. El pretexto inicial, muy desacreditado y olvidado, fue la supuesta posesión de armas de destrucción masiva de Sadam Husein y los lazos con al-Qaeda (organización que se ha visto fortalecida de forma inconmensurable con la conquista estadounidense de Iraq). Entonces se dijo a la gente que Washington estaba llevando la democracia y la libertad a Iraq. Pero, como Ignatius detalla, la ocupación estadounidense requiere los mismos métodos brutales que los empleados por las dictaduras militares y las monarquías absolutas de las que se sirve Washington como aliados en el resto del mundo árabe.

English Texto original publicado en la web de 'World Socialist Web Site'

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