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Rüdiger Göbel entrevista a Mahammad Haded y Mohammad Awad*

Faluya: "Todavía hoy se siguen encontrando cadáveres bajo los escombros de las casas destruidas"

Junge Welt, suplemento de final de semana, 26 de febrero de 2005
IraqSolidridad (www.nodo50.org/iraq) 15 de marzo de 2005
Traducción del alemán al inglés de John Catalinotto (IAC, EEUU)
Traducción para IraqSolidaridad de Beatriz Morales

"El hospital de Faluya está separado de la ciudad por el Éufrates.. Entre las siete y las ocho de la tarde los soldados ['marines'] estadounidenses rodearon y ocuparon el hospital, de doscientas camas. En aquel momento todavía había 30 pacientes en el hospital. A pesar de que no había resistencia ni se estaba tratando a ningún resistente, los médicos y el personal del hospital, unas 22 personas, fuimos arrestadas inmediatamente: nos arrojaron al suelo, nos ataron y luego nos interrogaron. Nos dijeron que teníamos que evacuar el hospital, tanto de pacientes como de personal [sanitario]. Después, el hospital fue arrasado; incluso fue destruido el instrumental médico."

Pregunta: Hace dos semanas, el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfel, abandonó [Iraq] en su avión después de una visita a las tropas de ocupación en Bagdad y unas pocas horas después llegaba a la Conferencia de Seguridad en Munich. ¿Cuánto tiempo tarda un iraquí del Iraq ocupado en llegar a Alemania?

Mahammad J. Haled (MJH.): Tuvimos que ir en un coche colectivo desde Faluya a Bagdad y ahí a la embajada Alemana a solicitar el visado. De ahí tuvimos que hacer en taxi los 1.000 kilómetros que hay hasta Amán, la capital de Jordania. Con las líneas aéreas jordanas volamos a Francfurt/Main. Con todo ello estuvimos tres días en camino.

P.: Faluya tenía 360.000 habitantes antes de la invasión estadounidense. ¿Cuánta gente sigue viviendo en la [llamada] 'Ciudad de las mil mezquitas' tras haber sufrido sucesivos bombardeados y asediado?

MJH.: En primer lugar, en Faluya había sólo cien mezquitas Hoy la ciudad está completamente en ruinas. Faluya es nuestro Dresde [1]. Unas 5.000 familias, esto es, de 25.000 a 30.000 iraquíes, permanecieron en la ciudad en noviembre durante la principal ofensiva estadounidense contra Faluya; el resto de los habitantes había huido. Algunos han vuelto después -calculamos que aproximadamente el 20% de la población [original] de Faluya.

P.: A finales de diciembre el ejército estadounidense afirmaba que una de cada tres viviendas en Faluya había sido destruida a consecuencia de la ofensiva principal.

MJH.: Esta afirmación se refiere exclusivamente a las casas destruidas por las bombas. Apartamentos y casas que no fueron destruidas directamente por las bombas estadounidenses fueron destruidas después. Los muebles fueron hechos añicos. Además, muchas casas fueron incendiadas a propósito; hasta escuelas y hospitales fueron destruidos. Los estadounidenses avanzaban de casa en casa. Las casas devastadas eran marcadas con una "x".

P.: ¿Cuántos iraquíes fueron asesinados durante la ofensiva estadounidense?

MJH.: Todavía hoy se siguen encontrando cadáveres bajo los escombros de las casas destruidas. Una cantidad desconocida de cadáveres fue arrojada por el ejército estadounidense al Éufrates. El ejército estadounidense anunció que 1.200 personas habían sido asesinadas. Nosotros mismos recuperamos y enterramos más de 700 cadáveres. Más allá de esto, no podemos dar datos correctos.

P.: Según los militares estadounidenses, los cadáveres eran exclusivamente de 'terroristas', esto es, de resistentes. Los civiles habían resultado ilesos. ¿Es ésta su experiencia?

MJH.: Tenemos innumerables fotos e incluso películas en las que se puede ver quiénes fueron asesinados en Faluya. Invito a todo el mundo a que venga a nuestra ciudad y se hagan su propia composición de la situación. Les pondré en contacto con niños que tuvieron que ver como sus padres eran tiroteados por los estadounidenses. Y le pondré en contacto con hombres que vieron como sus hijos y sus mujeres eran asesinados.

Había, y hay todavía, resistencia en Iraq y también en Faluya. La resistencia a la ocupación es legítima y acorde con las Convenciones internacionales. [Por el contrario], en ningún caso es legal bombardear civiles. No se le permite ni a los estadounidenses ni a quienes se oponen a la ocupación. Muchos iraquíes opinan que los ataques a civiles no son responsabilidad de la resistencia, sino que a la larga están detrás de ellos los estadounidenses y los servicios secretos de los países vecinos. Algo similar ocurre con Musab az-Zarqawi, con cuya existencia los estadounidenses justificaron el ataque a Faluya. ¿Dónde está hoy en día az-Zarqawi? Es un fantasma que se las arregla para aparecer exactamente donde puede ser utilizado. Da lo mismo que sea en Kirkuk, Mosul, Tikrit, Samarra, Ramadi, Bagdad o Basora: dondequiera que haya resistencia, az-Zarqawi se las arregla para emerger ahí donde es útil [a los estadounidenses].

P.: La ofensiva principal de EEUU contra Faluya, bautizada con el nombre de 'Amanecer', empezó en la noche del 8 de noviembre [de 2004]. En esa ocasión el asalto comenzó con la ocupación del Hospital Central de la ciudad. ¿Cómo vivió usted el ataque estadounidense?

MJH.: El hospital de la ciudad está al Este, separado de ella por el Éufrates. Entre las siete y las ocho de la tarde los [marines] estadounidenses rodearon y ocuparon el hospital, de doscientas camas. En aquel momento todavía había 30 pacientes en el hospital. A pesar de que no había resistencia ni se estaba tratando a ningún resistente, los médicos y el personal del hospital, unas 22 personas, fuimos arrestadas inmediatamente: nos arrojaron al suelo, nos ataron y luego nos interrogaron. Nos dijeron que teníamos que evacuar el hospital, tanto de pacientes como de personal [sanitario]. Después, el hospital fue arrasado; incluso fue destruido el instrumental médico.

P.: ¿Se estaba tratando en el hospital a algún resistente?

MJH.: Pregunte usted a los estadounidenses. Las tropas estadounidenses estuvieron dentro [del hospital], buscaron en cada rincón y nos preguntaron una y otra vez dónde se escondía los resistentes. Pregúnteles a cuántos encontraron y arrestaron. Si hubieran encontrado a alguien de la resistencia en el hospital, nunca nos habrían puesto en libertad a los médicos.

Al mismo tiempo que se ocupaba el hospital, empezó el bombardeo de la ciudad. Podíamos oír las detonaciones con toda claridad. Fueron atacados hasta los coches que trasportaban heridos. Primero los habitantes trataban de traer a los heridos al hospital con sus coches; pero se disparaba a todo lo que se moviera en la ciudad.

Finalmente establecimos un hospital de campaña en la parte Este de Faluya. En principio era solo una clínica para pacientes externos. Dimos a los estadounidenses la ubicación exacta del edificio. Dos días después fue bombardeado, así que también se perdió este puesto de emergencia. Finalmente establecimos una segunda clínica de emergencia, que no era funcional. Prácticamente no teníamos nada en ella. Estaban cortados el agua y la electricidad, y no funcionaba el teléfono.

Las condiciones eran catastróficas pero aun así operamos allí a 25 heridos. Pero no teníamos medicinas y las heridas se infectaron. Por razones prácticas, los heridos descansaban en sus lechos de muerte: quienes tenían heridas de gravedad estaban perdidos. Buscamos en los alrededores voluntarios para que nos ayudaran a limpiar y a quitar los restos de sangre. Mi hijo de 13 años estaba entre los que ayudaron.

Al cabo de siete días fui a ver a los estadounidenses. Quería organizar el transporte de nuestros pacientes. Pero primero fui arrestado por los soldados del ejército iraquí, [la Guardia Nacional,] todos ellos shi'ies y kurdos [2]. Finalmente pude hablar con un responsable del ejército estadounidense. Le pregunté si podíamos trasladar a nuestros pacientes al hospital. Primero no me creyó y me dijo que no quedaba nadie en Faluya, que todo el mundo había huido. Le pedí que se me permitiera conducir un coche con una bandera blanca por las carreteras y reunir en la mezquita a los habitantes que quedaban. En una hora había recogido a unas 50 personas de sus casas, unas diez familias. Dos días después había 200 iraquíes en la mezquita. Algunos me dijeron que los soldados estadounidenses habían disparado a propósito a las familias, incluidas aquellas que llevaban banderas blancas. Incluso en la mezquita tuvimos que instalar una pequeña clínica para pacientes externos. Buscamos medicinas en las casa de los alrededores -nada especial, unos pocos tranquilizantes.

Todavía a fecha de hoy los soldados estadounidenses rodean el Hospital Central. ¡Los pacientes tienen que llegar a pie! Se dispara a cualquiera que llegue en coche [3].

P.: ¿Por qué permanecieron en Faluya varios millares de personas durante los bombardeos?

MJH.: Por diferentes razones: algunos, por ejemplo, no tenían familia en Bagdad que pudiera darles hospitalidad. Otros sentían vergüenza de tener que vivir en tiendas de campaña como refugiados. Otros hubieran huido encantados, pero no tenía vehículos para hacerlo. Con todo, la mayoría de los que se quedaron simplemente no podían imaginar que los estadounidenses fueran a luchar con semejante ira. No creían que los soldados estadounidenses fueran a bombardear y disparar directamente a civiles y a familias enteras. [Disparar] a los resistentes, sí, pero ¿a personas desarmadas, a mujeres, niños, heridos, ancianos?

P.: ¿Fueron ustedes testigos de alguna matanza?

MJH: No, yo no vi personalmente que el ejército estadounidense perpetrara ninguna. Sin embargo, en una de las clínicas para pacientes externos había dos heridos sobre los que más tarde pregunté a los estadounidenses. Un soldado iraquí me dijo entonces que les habían disparado y enterrado.

Me puse de acuerdo con los estadounidenses y entre las 200 personas reunidas en la mezquita conseguí reunir a un pequeño grupo de voluntarios para retirar los cadáveres de las calles. Había amenaza de que estallaran epidemias y el olor a descomposición era terrible. Estos voluntarios me dijeron después que entre las victimas había muchos mujeres y niños, así como ancianos.

Mohammed F. Awad (MFA.): Yo también me ofrecí voluntario para recoger cadáveres. Como puede suponer, algunos cadáveres llevaban días, incluso semanas, en las calles y en las casas. Muchos cuerpos ya habían sido devorados por los perros. Una considerable cantidad de cuerpos estaban completamente carbonizados -nos preguntamos qué tipo de armas habían utilizado ahí los estadounidenses.

En Faluya vi con mis propios ojos a una familia que había sido disparada por los soldados estadounidenses: el padre tenía cincuenta y tantos años, sus tres hijos tenían entre diez y doce años de edad. En el campo de refugiados una profesora me dijo que estaba haciendo la comida cuando los soldados estadounidenses irrumpieron en su casa de Faluya. Sin previo aviso dispararon a su padre, a su hermano y a su marido. Después se marcharon. La mujer permaneció en la casa con los cadáveres por miedo. Por la tarde vinieron otros soldados que cogieron a la mujer y a sus hijos y se los llevaron fuera de la ciudad. Estas son solo dos de las muchas tragedias de Faluya.

P.: Miles de iraquíes huyeron antes de la toma de Faluya y a día de hoy todavía no han vuelto a la ciudad ocupada por los estadounidenses. ¿Cómo son las condiciones de vida de estos refugiados?

MFA.: Muy, muy difíciles [4]. En primer lugar viven en alojamientos provisionales, muchos de ellos al aire libre. Nos falta leche para los niños y los ancianos no tienen medicamentos. Por parte del Gobierno Provisional de Iyad Alawi prácticamente no hay ningún tipo de ayuda para estas personas. Para qué hablar de los estadounidenses. Dependíamos y dependemos de las donaciones de organizaciones privadas.

Al mismo tiempo hubo una abrumadora y espontánea solidaridad por parte del pueblo iraquí. Muchos de los que habían huido de Faluya fueron acogidos por sus familias o amigos. Innumerables iraquíes de Bagdad y de otras ciudades también anunciaron que podían alojar a refugiados en sus casas. Aproximadamente un mes después de que empezara la ofensiva estadounidense, por fin el Creciente Rojo Iraquí entró en acción y empezó a distribuir ayuda.

P.: ¿Qué estado de ánimo reina hoy en Faluya?¿Son la ira y el odio hacia los ocupantes los sentimientos predominantes, o más bien están resignados y se lamentan de que hubiera resistencia?

MJH.: La población está llena de ira. La gente odia a los estadounidenses. A los estadounidenses en general y no solo a los soldados estadounidenses. Son ocupantes, asesinos y terroristas. Casi cada familia en Faluya tiene que llorar una víctima, ¿cómo se puede esperar que aquí haya otra reacción?

Y le digo que la mayoría de los soldados estadounidenses se sentían bien disparando a los iraquíes. Creen realmente que los iraquíes son terroristas, como los llama su gobierno. Vi a soldados riéndose todos ellos en sus unidades como si estuvieran drogados. Organizaron un carnaval en una mezquita. ¡El lugar de culto fue transformado en una discoteca!

Aunque no lo parezca a primera vista, a largo plazo los estadounidenses han perdido en Faluya. Y si no, ¿qué quiere decir que un Imperio utilice todo su poder, sin ningún tipo de moral, sin escrúpulos, para atacar una pequeña ciudad?: que es el principio de su fin.

P.: Al final de su ofensiva en Faluya el ejército estadounidense ofreció pagar 500 dólares de compensación por cada casa destruida.

MJH.: ¿Qué son 500 dólares? ¡Siquiera bastan para quitar los escombros! La oferta es un nuevo intento de humillarnos. Quieren convertirnos en mendigos. No quiero su dinero. Los árabes y musulmanes tienen principios: prefieren vivir en tiendas de campaña y en libertad que lujosamente y bajo la ocupación.

MFA.: En mi opinión, las fuerzas de ocupación tienen que pagar una indemnización adecuada por el daño físico y psicológico que han sufrido los habitantes de Faluya una vez que los estadounidenses hayan salido de nuestra ciudad y de nuestro país.

El doctor Mahammad J. Haded formaba parte del personal médico del Hospital Central de Faluya cuanto este centro fue tomado al asalto en noviembre de 2004 por el ejército estadounidense; trabaja además en un pequeño hospital en el centro de la ciudad. Fue uno de los pocos médicos que permaneció en Faluya durante el ataque a la ciudad. Por su parte, Mohammed F. Awad es ingeniero civil y desde 2003 ha sido presidente del Consejo Municipal de Zaqlawiya, una ciudad situada a nueve kilómetros al norte de Faluya. Desde el año pasado también es director del Centro de asistencia a los refugiados de Faluya mantenido por el Creciente Rojo en aquella ciudad. Fue uno de los voluntarios que recogió los cadáveres de los habitantes de Faluya asesinados y los llevó a Zaqlawiya para identificarlos. La traducción del alemán al inglés de esta entrevista ha sido realizada por John Catalinotto, miembro del 'International Action Center' (EEUU), que junto con Mahammad J. Haded y Mohammed F. Awad participó en el encuentro público celebrado en Heidelberg el pasado 25 de febrero.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Dresde, ciudad alemana, fue arrasada en febrero de 1945 por la aviación estadounidense y británica cuando estaba llena de refugiados.
2. Bien atestiguado, se trata de peshmergas de las formaciones kurdo-iraquíes UPK y PDK, y de milicianos de la organización al-Bader, rama militar del Congreso Supremo de la Revolución Islámica en Iraq.
3. Véase en IraqSolidaridad la crónica de Imán Jamás sobre su visita a Faluya en:
Imán Ahmad Jamás: Faluya: el 'terremoto' desencadenado por Estados Unidos
4. Sobre la situación de los refugiados de Faluya y el propio asalto a la ciudad puede leerse en IraqSolidaridad:
Las organizaciones de Faluya remiten sendos informes sobre la violación de derechos humanos durante el asalto y ocupación de Faluya y la situación de los refugiados de esta ciudad, así como las distintas crónicas de Imán Jamás traducidas.

Iniciativa de apoyo material a la población iraquí - Campaña de emergencia de ayuda sanitaria a la población de Faluya

Imán Ahmad Jamás: Faluya: el 'terremoto' desencadenado por Estados Unidos

Imán Ahmad Jamás: Los refugiados de los campamentos de Ahmad bin Hashim y Rahaliya - Salam Ismael: Faluya: Por fin, la verdad

Las organizaciones de Faluya remiten sendos informes sobre la violación de derechos humanos durante el asalto y ocupación de Faluya y la situación de los refugiados de esta ciudad

Campamento de refugiados de Ein Tamor: tristes historias de la continua tragedia de Faluya
- Extraños sucesos en Faluya

* Mahammad J. Haded, médico, y Mohammad F. Awad, ingeniero y en la actualidad director de un centro de atención a los refugiados de Faluya, se encontraban en esta ciudad durante su asedio y toma por las fuerzas de EEUU y Reino Unido en noviembre de 2004, un asalto que el Pentágono denominó Operación Amanecer. El pasado mes de febrero daban testimonio de lo vivido en Faluya durante una gira por varias ciudades alemanas. (Véase la reseña al final del texto).

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