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Tarmiya: la agonía silenciosa (y II)

Desamparo y terror

Tribunal de Bruselas, 26 de abril de 2005*
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 26 de mayo, 2005
Traducción para IraqSolidaridad de Sinfo Fernández

"La vida se ha vuelto muy difícil, especialmente para los campesinos de esta pequeña ciudad. Viven aterrorizados. Trabajar en las granjas y en los huertos se ha convertido en una actividad muy peligrosa. El regadío, que necesita ser controlado a diferentes horas del día, especialmente por la mañana temprano y por la noche, es extremadamente arriesgado. La cosecha, por la que los granjeros esperan todo el año, se ha perdido."

Una de las partes más penosas de la agonía está representada por las mujeres desamparadas que los hombres dejan atrás. Las tres mujeres del hogar de K. sobre las que escribimos hace unas semanas [1], eran un ejemplo. Sana y Farra son otro. Dos mujeres jóvenes, con dos historias distintas pero la misma agonía silenciosa.

Tarmiya, como casi todas zonas rurales iraquíes, es una ciudad muy conservadora. Las mujeres raramente trabajan fuera del hogar, quizá sólo como profesoras en colegios de niñas, eso es todo. Es una vergüenza para los hombres de la familia, para la tribu, incluso para el barrio, que un familiar femenino tenga que seguir una causa, o algún asunto y menos aún, categóricamente, a la puerta de una base militar estadounidense. Esa es la mayor humillación que pueden imaginar. "Si tuviera que elegir entre la ejecución y que mi mujer tenga que venir a preguntar por mí a una prisión estadounidense, yo elegiría la muerte", me dijo uno de ellos.

Sana y Yasim

Sana es la esposa de un hombre con problemas mentales, Yasim. La gente en Tarmiya le llama "Yasim el loco". Fue separado del ejército iraquí hace 15 años. Sana me mostró un grueso expediente con informes médicos, facturas de doctores, medicinas, etc., que indican que Yasim sufre melancolía crónica, problemas de personalidad e impotencia. Yasim fue arrestado por las tropas estadounidenses hace nueve meses; está en la prisión de Camp Bucca [cerca de Um Qasr], con el número "xxx".

El 28 de junio de 2004 Yasim estaba viendo un partido de fútbol en su casa cuando [los soldados estadounidenses] asaltaron la casa y se lo llevaron. Su padre, que estaba muy preocupado por la seguridad de sus hijos en la prisión, fue a hablar con los militares tratando de explicar que Yasim estaba enfermo, pero fue inútil. Sana siente que es demasiado cruel decir que su marido está loco: "tiene algunos problemas psicológicos", ella insiste. "Quiero saber por qué se lo llevaron, registraron la casa y no encontraron nada, él no salía de casa en absoluto, estaba todo el tiempo durmiendo", nos indica.

-"¿Cómo vives ahora?", le preguntamos.

-"Mi familia me mantiene. Los estadounidenses se llevaron todos los documentos de Yasim, no puedo obtener su pensión ahora y me han cortado también la ración mensual de alimentos".

-"¿Por qué no vas y les pides los documentos?".

- "No puedo, tengo miedo de los estadounidenses".

Sana va totalmente cubierta con una hijab negra, con velo y guantes. "Si va vestida de esa forma, ellos [los soldados estadounidenses] dispararían contra su bulto a larga distancia", explicó un hombre.

El marido de Afrah, desaparecido

La hermana menor Afrah de Sana está casada con un hermano de Yasim. Cuando arrestaron a Yasim, su hermano trajo a su familia a vivir con Sana.

El marido de Afrah es taxista. Cada día iba por la mañana a Bagdad, al hospital Khadimiya, y esperaba allí a algún enfermo o a su familia para devolverles a Tarmiya. El 2 de octubre de 2004, salió como siempre a las siete de la mañana y nunca más volvió. El padre preguntó por él por todas partes, en las bases estadounidenses, en las comisarías iraquíes, le anunciaron como desaparecido en los periódicos; pero no hay noticias sobre él. (El Partido Islámico ha hecho publica una lista de 1.181 desaparecidos que fueron arrestados pero que no aparecen en los números de las listas de las prisiones.) Incluso el coche desapareció. El marido de Afrah era militar y perdió su trabajo cuando se disolvió el ejército iraquí. Solía recibir 225 dinares iraquíes (unos 150 dólares) cada tres meses. Ahora, tras su desaparición, la familia no cuenta con ningún ingreso.

Afrah tiene tres hijos, una niña y dos niños. El mayor de los niños tiene seis años.

-"¿Cómo vives ahora?".

-"Mi familia me mantiene. La pensión se acabó; estoy intentando conseguir un documento que diga que ahora soy yo la que tengo que mantener a mis niños, así podría conseguir la pensión. Pero es demasiado caro; ya sabes, abogados, transportes y otras cosas. La gente dice que hay muchos desaparecidos en la base militar en Taji que no tienen número y estamos tratando ahora de preguntar allí, pero sin resultado aún".

En nuestro camino a Tarmiya vimos la base militar estadounidense en Taji. Antes de la invasión, la instalación constituían los segundos cuarteles militares más grandes de Iraq. Ahora, en la larga valla militar que los rodea había muchos avisos, quizá uno cada diez metros, que decían "Esta es un área militar. Hay autorización para disparar: no acercarse". La puerta estaba fuertemente guardada por tanques, vehículos blindados, bloques de piedra y muchos soldados. Había muchos hombres iraquíes, quizá cientos, esperando lejos de la puerta.

El proyecto acuífero de Karj

El proyecto acuífero Karj es uno de los más importantes en Iraq. Abastece de agua diariamente al área de Bagdad con 1.200.000 barriles de agua. Tiene ocho estaciones separadas, una torre de 30 metros y tres depósitos inmensos. La gente de Tarmiya conoce muy bien su importancia y por eso protegieron el proyecto durante la invasión. Muchos de sus habitantes trabajan allí. En la primavera de 2003, cuando el gobierno iraquí fue derrocado, la gente de Tarmiya formó equipos para proteger el proyecto. Eligieron a tres o cuatro jóvenes aportados por cada mezquita a los que dieron armas para que lo vigilaran las 24 horas. Tuvieron que luchar con los saqueadores, pero consiguieron protegerlo. También trabajaron para que el agua siguiera fluyendo hacia Bagdad, animando a los empleados a seguir yendo a trabajar al proyecto durante los bombardeos, Recogieron dinero en las mezquitas para poder pagar una parte de los salarios de los empleados. Y estuvieron así durante tres meses, hasta que hubo una estabilidad relativa en el país.

Pero hace pocos meses el proyecto sufrió sabotajes. Hicieron explotar uno de los conductos grandes, que está enterrado a nueve metros bajo tierra, anegando todas las granjas y los huertos de los alrededores. Durante el Eid al-Adha [Fiesta del Sacrificio] y antes de las elecciones del 30 de enero, hubo una carencia de agua muy grave en Bagdad. Los medios de comunicación publicaron muchas declaraciones diciendo que lo habían hecho terroristas. La gente de Tarmiya cree que eso no es verdad y que, probablemente, lo hicieron las tropas estadounidenses. "¿Por qué harían las tropas estadounidenses una cosa así?", preguntamos.

Los habitantes de Tarmiya tienen pocas evidencias sobre quién lo hizo, pero sí las tienen sobre quién no lo hizo: Hace pocos meses aparecieron pegados carteles en las paredes que pedían a los empleados que evacuaran el complejo (queriendo indicar que la resistencia iba a hacerlo explotar). Todas las mezquitas de Tarmiya empezaron a llamar desde los minaretes, pidiendo a quien quiera que estuviera planeando atacar el proyecto que no lo hiciera, que hechos como ese no tenían nada que ver con la resistencia, que esas instalaciones son propiedad del pueblo iraquí, que por razones humanitarias nadie tenía derecho a atacarlas, que la religión prohíbe ese tipo de acciones, y que no se debía perjudicar a los habitantes de nuestra querida Bagdad. Después de estos llamamientos, se envió un mensaje que decía que el proyecto no sería atacado y no lo fue.

Más tarde, las tropas estadounidenses asaltaron el lugar, lo registraron, registraron las casas y arrestaron a los empleados. Al director le obligaron a tumbarse en el suelo y le llamaron Ali Baba. Se sintió tan humillado que desde entonces no va a su oficina y trabaja en una de las estaciones secundarias del proyecto. Arrestaron a 18 trabajadores, asaltaron las casas y robaron 1.300.000 dinares durante los asaltos. No se encontraron armas. Pocos días después abandonaron el proyecto, dejando atrás todos los resultados de sus acciones. Esa misma noche, el proyecto explotó.

La gente dice que el ataque fue demasiado sofisticado técnicamente para haber sido hecho por la resistencia. "Sabemos que los combatientes [de la resistencia] no van más allá de poner una bomba en una carretera; es imposible que pudieran cavar nueve metros para enterrar explosivos bajo la gran tubería, especialmente porque las tropas estadounidenses habían estado allí hasta ese momento, entonces ¿cómo había podido hacerlo la resistencia?".

Los habitantes de Tarmiya creen que los estadounidenses necesitaban una excusa para seguir allí y controlar toda la zona. Ahora las tropas ocupan el proyecto y la torre, se colocaron nuevos puestos de control y se intensificaron los que había.

Terror cotidiano

La vida se ha vuelto muy difícil, especialmente para los campesinos de esta pequeña ciudad. Viven aterrorizados. Trabajar en las granjas y en los huertos se ha convertido en una actividad muy peligrosa. El regadío, que necesita ser controlado a diferentes horas del día, especialmente por la mañana temprano y por la noche, es extremadamente arriesgado. La cosecha, por la que los granjeros esperan todo el año, se ha perdido. Tienen que ir a las granjas acompañados por sus familias y probar que no son combatientes. Los ciudadanos tienen que levantar las manos cuando pasan junto a las tropas estadounidenses, lo que consideran muy duro y de nuevo humillante, porque los iraquíes levantan las manos cuando saludan a un amigo, por eso consideran esta señal como un saludo obligatorio a los enemigos y no quieren hacerlo.

A Abu Mohammad, un anciano de unos sesenta años, le dispararon desde la torre cuando iba conduciendo su coche. El sheik J., una de las personalidades ancianas más importantes de la zona, e inspector educativo, fue cacheado de forma humillante; su casa fue registrada y sus muebles rotos. Los soldados estadounidenses le dijeron que estaban buscando a alguien llamado Abdul Ilah y él, sencillamente, no conoce a tal persona.

Las gentes de Tarmiiya están de acuerdo en que las tropas estadounidenses fueron atacadas en su zona, pero eso no significa que los combatientes sean de allí. "Después de atacar, se trasladan, no se quedan aquí", insisten. No tienen derecho a saquear los pueblos. Fueron atacados en al-Ishaqi y durante dos noches lanzaron cientos de bombas sobre el pueblo.

Ahmad Ismael, padre de dos niños, trabaja en la seguridad de los edificios del proyecto acuífero, en las fuerzas especiales creadas tras la ocupación para vigilar las instalaciones públicas. Una tarde iba conduciendo cuando las tropas estadounidenses le dispararon en el cuello:

"Llevaba los indicativos en el coche, estuve haciendo oscilar las luces del vehículo todo el tiempo, conduciendo muy despacio, pero siguieron disparando hasta que el coche volcó. Estaba sangrando, les hacía señales, me estaban mirando con binoculares pero no se movieron para ayudarme. Perdí tanta sangre que pensé que me moría. Empecé a caminar hacia ellos, poniéndome la mano en la herida y sujetando mi tarjeta de identificación en la boca, cayendo al suelo muchas veces hasta que les alcancé; al ver mi tarjeta de identidad llamaron a un doctor, me puso una compresa en la herida y me dejó ir. Tardé 45 minutos hasta que el director del proyecto me llevó en su coche al hospital. Incluso con esa situación bloquearon la carretera y nos retuvieron haciéndonos preguntas."

Ahmad no puede mover ahora su mano derecha, una de las balas salió a través de su hombro y la otra se le quedó dentro. Su hermano mayor fue asesinado hace un año en un tiroteo indiscriminado. Había salido para controlar el regadío en la granja y el disparo le alcanzó el hígado y el intestino.

-"¿Fuisteis a protestar?".

-"¿Para qué? ¿Compensación? ¿Qué podría compensar la muerte de mi hermano o mi mano?"

-"¡No es sólo por la indemnización: es injusto!"

-"¿Y qué es justo?"

Nota de IraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Tarmiya: la agonía silenciosa (I)

English Artículo original

El escuadrón de la muerte del Cuerpo de Marines: Grupo 27, la "Escuadra sucia"
Tarmiya: la agonía silenciosa (I)

* Por razones de seguridad no puede revelarse la autoría de este artículo, persona a quien corresponden las imágenes de vídeo y fotos incluidas.

Sana, esposa de Yasim, encarcelado por los estadounidenses

Afrah, la mujer del hermano de Yasim, desaparecido

Ahmad, inválido de una mano por disparos estadounidenses, perdió a su hermano mayor hace un año también por fuego indiscriminado de las tropas de ocupación

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