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El escuadrón de la muerte del Cuerpo de Marines:
Grupo 27, la "Escuadra sucia"

Tarmiya: la agonía silenciosa*

Tribunal de Bruselas, 14 de abril, 2005
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 10 de mayo, 2005
Traducción para IraqSolidaridad de Sinfo Fernández

"N. se señaló la oreja izquierda. 'Me sajó hasta aquí, degollándome'. N. se pasó el dedo alrededor del cuello hasta la oreja derecha. 'Me mantuve de pie, me puse la mano en la abertura de la herida. Podía tocarme la garganta. Sentí como la sangre caía a mi pecho a través de los dedos. Vi que estaban degollando también a B. El ['marine'] gordo colocó su bayoneta en la garganta de B. y se la cortó, y después puso la bota en el cuello de B. y tiró de su cabeza hacia atrás rompiéndole el cuello. B. estaba muerto'".

Tarmiya es una pequeña ciudad situada en la orilla occidental del río Tigris, a unos 60 kilómetros al norte de Bagdad, famosa por sus bellos paisajes, por sus gentes pacíficas y hospitalarias y por el proyecto acuífero Karj, que suministra agua potable a Bagdad [1]. Durante los dos últimos años en las noticias apenas ha aparecido referencia alguna sobre la ciudad. Pero una terrible historia acerca de tres hombres jóvenes degollados hizo que nos desplazáramos hasta el lugar.

Cuatro puestos de control estadounidenses, con decenas de soldados, tanques y vehículos blindados, registro minuciosos de coches y personas, un instituto de industria totalmente destruido, un cementerio de tractores agrícolas y toda la tensa atmósfera que vivimos durante el camino nos avisan que Tarmiya ya no es la tranquila ciudad que conocimos. Sin embargo, ese día no había soldados estadounidenses en su interior. La comisaría era una especie de fortaleza militar, cubierta de impactos de bala, rodeada de sacos terreros y alambradas de espino. No se veía ningún policía. Ningún cristal en las ventanas, sólo sacos terreros. En los muros, pintadas alabando la resistencia y condenando a los espías.

Tarmiya está constituida por una calle principal, con muchas calles secundarias y una plaza con el mercado central y, por supuesto, el complejo del proyecto del abastecimiento de agua.

'No tenemos por qué temer nada'

N., el hombre al que queríamos ver y por el que habíamos hecho el camino desde Bagdad, se negó a hablar con nosotros, y por razones bien justificadas. Su vida corre peligro. Pero sintió que era demasiado cruel enviarnos de vuelta. "Dios nos protegerá", dijo, decidido a contarnos su historia.

N. tiene alrededor de veinticinco años y es padre de dos niños. Es trabajador en una granja avícola. Tenía en el cuello una profunda herida de oreja a oreja, con puntos de sutura en ambos sitios.

-"¿Qué te ocurrió en el cuello?", le pregunté.

Una tarde, hace unos dos meses, se apresuró a regresar a su trabajo tras varias ráfagas de disparos que le habían obligado a permanecer en casa. Cuando llegó a la granja, su amigo B., que estaba tomando el almuerzo, le preguntó: "¿Por qué has venido? Los estadounidenses están por todas partes rodeando los huertos".

"No he visto nada", contestó N., "pero de todas formas no tenemos por qué tener miedo, pueden venir, preguntar, registrar, lo que quieran, no tenemos por qué escondernos". N. salió fuera a mirar. Vehículos blindados estaban rodeando la granja. Cuando le vieron, le apuntaron con las armas. No se movió. Sabía que cualquier movimiento haría que le mataran. También había más de diez soldados a pie.

-"Nos ordenaron que levantáramos las manos. Lo hicimos. Nos ordenaron que entráramos en la granja. Seis de ellos fueron con nosotros, todos con gafas negras, muy bien constituidos. Uno que era bastante alto y gordo, se quitó las gafas y me las lanzó a la cara. No me moví, no bajé las manos. Les oí registrando la granja, rompiendo cosas. Uno de ellos, que sostenía una gran ametralladora (los iraquíes la llaman PKT), me preguntó si había armas. Le dije que no. Iba y venía una vez y otra preguntando por las armas, le dije que no teníamos armas. Me golpeó con la culata en la mejilla izquierda, entonces me abrió la boca y me metió el rifle dentro. Después empezó a golpearme en el pecho, diciendo que había armas en la granja. Le dije que podía sacar los pollos y registrar el lugar. Se puso como loco y me golpeó de nuevo muy fuertemente. Entonces me levantó hasta ponerme muy cerca de su cara y se quedó mirándome a los ojos. Yo también le miraba. Después de un largo momento, sonrió y sacudió la cabeza.

-'Eres duro y fuerte', dijo. 'Eres uno de los que ha puesto la carga explosiva en la carretera'.

- 'No, tan solo soy un trabajador de la granja', contesté."

De oreja a oreja

- "Todo el tiempo se mantuvieron en posición de ir a disparar. En ese momento, me empujaron y dijeron 'adiós', sacando sus bayonetas y restregándolas contra sus manos. El jefe del grupo fue hasta el vehículo y volvió y dijo a los demás que nos llevaran.

"B. estaba a una cabeza de mí, y el arma se apoyaba en mi espalda. Un soldado dijo 'Ali Baba', yo le respondí 'no'. Nos llevaron hasta el interior del huerto, estaban buscando algo. Más tarde me di cuenta de que lo que estaban buscando era un lugar oscuro y escondido. La espesura era perfecta con los emparrados y los plataneros. Nos hicieron sentarnos espalda con espalda. El jefe del grupo se colocó junto a mí y el gordo al lado de B. Me sujetó las manos en el suelo por detrás con su bota. El resto adoptó la posición de disparar. Me agarró por el cuello. Comprendí que iban a matarnos. Con una mano me agarró por el pelo y tiró de mi cabeza hacia atrás. Vi la bayoneta en la otra mano bajando hasta mi cuello. La pasó por aquí."

N. se señaló la oreja izquierda. "Me sajó hasta aquí, degollándome". N. se pasó el dedo alrededor del cuello hasta la oreja derecha. "Me mantuve de pie, me puse la mano en la abertura de la herida. Podía tocarme la garganta. Sentí como la sangre caía a mi pecho a través de los dedos. Vi que estaban degollando también a B. El gordo colocó su bayoneta en la garganta de B. y se la cortó, y después puso la bota en el cuello de B. y tiró de su cabeza hacia atrás rompiéndole el cuello. B. estaba muerto".

"El otro me pateó, me tiró al suelo y puso su bota sobre mi cuello. Las arterias estaban cortadas y manaba la sangre. Su bota fue a la herida abierta. Empezó a apretar muy fuerte. El que mató a B. vino y se subió encima de mí. Los dos estaban encima de mí y entonces me apuñaló por aquí". N. señaló su espalda, en el lado derecho. Se veía una cicatriz fruto de una herida profunda.

- "Yo yacía de espaldas y les vi arrastrando a B. y arrojándole al arroyo, entonces me arrastraron a mí, me patearon y me lanzaron. Caí encima del cuerpo de B.

"Tras unos momentos, se marcharon y yo decidí salir del arroyo porque quería que la gente supiera lo que nos había pasado. El arroyo estaba rojo. Pensé que iba a morir pronto. Tenía que contarle a alguien lo que había sucedido. Iba a oscurecer pronto, tenía que moverme. Pensé que si me veían de nuevo me dispararían. Recuerdo que me gustó la idea. Deseaba desembarazarme de mis sufrimientos. Me las arreglé como pude para salir del arroyo y caminar unos diez metros y entonces caí al suelo. Me apoyé en una palmera y quedé inconsciente. Cuando me recuperé intenté caminar de nuevo, pero me caí de nuevo y vi que habían incendiado el huerto. Esa fue la razón por la que el dueño de la granja vino y me vio. Le dije lo que había ocurrido con B. y le pedí que fuera a verle. Hice lo que pude para contarle lo que había ocurrido, sentía que me estaba muriendo. Pero él salió corriendo para conseguir un coche. No me di cuenta de que otro coche había parado junto a mí y que un joven que conozco me estaba metiendo en él. Vimos un coche de policía yendo veloz para traer medios para apagar el fuego. Se estaba reuniendo mucha gente, incluida mi familia. El hospital no quiso aceptarme porque decían que necesitaba una operación complicada, por eso tuvimos que ir hasta Bagdad."

Castigo colectivo

-"¿Por qué hicieron eso?", pregunté a N.

-"No lo sé. No sabía que había habido un ataque contra ellos y que ese ataque tuvo lugar lejos. Lo que realmente no entiendo es por qué volvieron para mutilar nuestros cuerpos. Desde luego no me encontraron, pero encontraron el cuerpo de B. Le sacaran los ojos, le destrozaron el rostro y la mandíbula sólo somos trabajadores."

-"¿Por qué crees que lo hicieron?"

- "Quizá querían acusar a otros de haberlo hecho, quizá querían aterrarnos, enviar un mensaje a toda la zona, mostrar su fuerza. Ahora la gente tiene realmente miedo de moverse libremente o quizá es un castigo colectivo. Se quedaron seis días en los huertos y la gente no podía ni acercarse a ellos."

-"¿Esas cosas suceden aquí?"

-"Fuimos los primeros, pero después escuché que dos conductores jóvenes habían sido también asesinados y mutilados en la carrera principal, uno de ellos tenía el cuerpo abierto y le habían arrancado los intestinos y se los habían colocado alrededor de la cabeza, y al otro le habían sacado el corazón y se lo habían arrojado sobre el hombro."

-"¿Puedes describir a las tropas?"

-"Sí, eran del Cuerpo de Marines. La gente dice que se llaman el Grupo 27, la "Escuadra sucia". Llevan gafas negras, no eran muy altos, pero eran grandes, muy fuertes y de constitución robusta. Iban armados hasta los dientes, más que los soldados normales, con mucha munición, incluso con un lanzador de proyectiles a la espalda. Había un pequeño dibujo en sus pechos, un símbolo. No puedo recordarlo. Pero recuerdo muy bien a su jefe; tenía los ojos verdes y no era muy alto.

-"¿Cómo te sientes ahora?"

-"Muy débil, no puedo caminar solo o durante mucho rato, la mejilla derecha está insensible, veo borroso con el ojo derecho."

-"¿Por qué crees que mataron a tu amigo pero te dejaron a ti con vida?"

-"No me dejaron con vida; pensaban que yo estaba muerto después de ponerme la bota en la herida y lanzarme al arroyo."

-"¿Quieres presentar una demanda?"
-"¿De qué serviría? Me enviarán a su base militar y eso es una pérdida de tiempo. Mucha gente fue a quejarse y no recibieron respuesta alguna."

-"¿Qué pasó con los otros? Habíamos oído que erais tres."

-"B. no era de Tarmiya, su familia vino aquí hace años para buscar trabajo. Después de que le mataran regresaron a su ciudad. Pero puedes ver a la familia de K."

Un bebé en la casa

K. era un campesino, casado, con siete niños, un chico y seis chicas. La casa parecía muy modesta, demasiados niños, mujeres de negro y un anciano, el padre de K. La madre, que trabaja como limpiadora en la escuela para niñas de Tarmiya, nos contó la historia.

-"Aquella tarde hubo un tiroteo, K. se fue rápidamente en bicicleta para ver como estaba su familia. Le dije que no fuera; me contestó que los niños estaban solos en la casa y que estaba preocupado por ellos. Vivía con su familia a diez minutos de distancia. Yo mandé a su hermano tras él. Pocos minutos después, el hermano volvió y me dijo que los estadounidenses habían detenido a K."

El hermano era pequeño, pálido y muy delgado.

-"¿Estás enfermo?"

-"Sí, tengo problemas con los riñones. Vi a los estadounidenses parando a K. Les dijo que tenía un bebé en casa, queriendo indicar que quería ver si los niños, que estaban solos, se encontraban bien pero se lo llevaron. Empezaron a disparar intensamente por encima de nuestras cabezas, regresé para contar a mi familia lo que había ocurrido."

-"Corrí para hablar con ellos", continuó la madre. "Mi nuera vino conmigo. Oí un disparo de bala. Les vi en las granjas. Cuando me vieron volvieron el tanque hacia mí. Mi nuera me empujó dentro de la granja y nos escondimos allí. Esperamos diez minutos, entonces fuimos a su casa para buscarle pero no estaba allí. Por eso corrí a la Alianza de los Sheijs.

-"¿Quiénes son?"

-"Son los sheijs que trabajan con [el anterior primer ministro Iyad] Allawi. Le dije a uno de ellos que los estadounidenses habían cogido a mi hijo. Me contestó que eran ya alrededor de las 16:00 horas, que era demasiado tarde para ir a preguntar y que aquellas tropas eran nuevas y que aún no le conocían a él, por eso tenía miedo de ir en ese momento y que le dispararan. Me dijo que les denominaban las 'Escuadras sucias'."

Una bala en la boca

-"Cuando volví a casa, me dijeron que habían encontrado el cuerpo de K.; le habían disparado en la boca y tenía destrozada la parte posterior de la cabeza. Su cuerpo había sido arrojado al arroyo.

"Testigos oculares dicen que los estadounidenses llevaron a su hijo dentro de la granja hasta unos matorrales, y que cuando salieron ya no iba con ellos. Más tarde, la gente entró en el lugar para buscarle y allí encontraron su cuerpo".

K. es el segundo hijo que esta mujer pierde. Su hijo mayor está en la prisión de Camp Bucca, en el sur, desde hace más de dieciséis meses. Fue arrestado a las cinco de la madrugada mientras se encontraba durmiendo en su casa. Según su padre, asaltaron la casa, la registraron y no encontraron nada, ningún arma, ni tan siquiera un casquillo de bala. Enviaron a todo el mundo fuera. Robaron todo el dinero que estaba en la casa, unos 200 dólares. Rompieron las puertas y los muebles y se llevaron al hijo. "Es injusto, no hemos hecho nada".

-"¿Cómo vivís ahora?"

-"Dios nos ayuda", dijo la madre. "Mi marido está enfermo, no trabaja, Hay 16 niños y cuatro mujeres ahora en la casa. Yo soy la única que trabaja aquí. No puedo recibir el salario del hijo que tengo en la cárcel. Está retirado, pero no tengo autorización suya para conseguir su salario."

-"¿Por qué no?"

-"Está en la cárcel, y la soldado estadounidense no me permite conseguir su firma para la autorización. Cada vez que voy a Um Qasr [donde se encuentra Camp Bucca] gasto más de 150.000 dinares iraquíes [unos 100 dólares] y estoy cansada.

"El hermano de K. me dijo que pidiéramos justicia. Pedimos por los derechos de nuestros hermanos. ¿Por qué han matado de esa forma horrible a N., B. y K.? ¿Cuál fue su delito? No somos más que simples trabajadores"

-"¿Qué hiciste?".

-Me fui a quejar a la comisaría, me enviaron al juzgado, en el juzgado me mandaron a los comités de indemnización No sé dónde ir ahora, no sé dónde están Tengo todos los documentos aquí. Quiero ir ante alguien que me escuche y que intente hacernos justicia."

La viuda de K. dice que depende de Dios para que la ayude a criar a sus niños y a vengar a su marido contra los estadounidenses. Ella es un ama de casa, no tiene ningún ingreso. Sólo cuenta con su familia y su suegra para ayudarla. Una triste mirada de pérdida y desamparo inunda sus grandes ojos negros. Tiene cerca de treinta años. Un bebé de un año estaba mamando de su pecho.

La mujer del hombre encarcelado decidió sacar a los niños del colegio; no puede pagar los gastos. Pero los niños saben y comprenden. El principal problema para ellos es el transporte. El colegio está demasiado lejos para ir a pie. Tienen que ir en coche y no pueden permitírselo. Pero los problemas de las mujeres son aún mayores por diferentes razones.

Nota de IraqSolidaridad:

1. El 21 de abril era derribado por la resistencia un helicóptero en las proximidades de Tarmiya, muriendo en la acción 11 mercenarios (tres búlgaros, dos de Fiji y seis estadounidense), todos ellos empleados de la compañía Blackwater de Carolina del Norte, EEUU.

English Artículo original

* Por razones de seguridad no puede revelarse la autoría de este artículo, persona a quien corresponden las imágenes de vídeo y fotos incluidas. Un portavoz del Cuerpo de Marines ha negado los hechos aquí relatados.

"N", degollado por un marine

El cadáver de "K"

La familia de "K"

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