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Detenidos en el país cautivo (II)

Testimonios de prisioneros iraquíes en las prisiones estadounidenses en Iraq

Imán Ahmad Jamás*

Bagdad, 30 de mayo, 2005
IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq), 7 de junio, 2005
Traducción del inglés para IraqSolidaridad de Sinfo Fernández

"Vi cómo los soldados estadounidenses se burlaban de los prisioneros iraquíes que estaban torturando. Vi a miles de personas inocentes retenidas en la cárcel por razones que desconocían. Vi personas muy ancianas en prisión, una de ellas había nacido en 1919. Vi un niño de diez años. Vi mujeres, una de ellas, de 23 años, obligada a dar vueltas en la prisión delante de todo el mundo con solo la ropa interior: todo su crimen era que su marido era un oficial. Vi personas confinadas en soledad. Vi torturas psicológicas, humillaciones, desesperación, malos tratos y pésimas condiciones de estancia durante dos años."

Poco tiempo después del ataque de marzo pasado contra la prisión de Abu Ghraib, cientos de familias, principalmente de Bagdad, marcharon portando fotografías, documentos, banderas, pancartas en una protesta de tres días organizada por el Partido Islámico [1], historias demasiado tristes, preguntas sin respuesta y muchas lágrimas. El motivo, no se permitían visitas en las dos prisiones más grandes del país, Abu Ghraib y Camp Bucca [en Um Qasr, al sur de Basora]. Pero por todo Iraq, muchos prisioneros no tenían derecho a recibir visitas jamás.

Historias de madres y esposas

Muhammad Naif Arrak, un muchacho de 17 años, fue arrestado cuando iba al instituto por la mañana. Se encontraba cruzando la autopista con más gente cuando se produjo un ataque a un convoy militar. Todos los que se encontraban cerca fueron arrestados.

Su madre va cada día a Abu Ghraib para preguntar por él. Nunca consigue respuesta alguna. Las familias que iban a preguntar por sus seres queridos eran rechazadas por los guardianes de la prisión con gases lacrimógenos.

"Sólo quiero saber cómo está. Me muero cada vez que pienso que mi muchacho está en esa prisión horrible. Sólo es un estudiante de secundaria. Su padre se muere, por favor, ayúdenme."

Shatha tiene arrestadas a cuatro personas de su familia: su marido, dos de sus hermanos y un sobrino. Dos de ellos son adolescentes. Fueron arrestados dentro en su casa en Daura [un barrio de Bagdad] cuando toda la zona fue asaltada y registrada en enero pasado. La familia no sabe nada de ellos desde entonces.

Suhib Muhammad Amín, de 49 años, padre de cinco niños, está en la cárcel desde hace casi dos años. Su mujer no ha podido verle desde el pasado mes de marzo. No sabe por qué le arrestaron, ya que no encontraron nada cuando asaltaron la zona y registraron la casa. La familia no cuenta con ingresos económicos desde entonces. Pero esto no es lo que preocupa a su esposa: "Su salud no es buena", dice, llorando amargamente:

"No lo dice porque no quiere preocuparnos. Pero pude ver que no estaba bien, cuando se lo llevaron caminaba bien y cuando le vi en la prisión iba sostenido por otros. Su pierna estaba escayolada, le pregunté por qué y no me contestó. Pero no podía andar. Quiero saber cómo está ahora, quiero que salga de la prisión. Sus niños no van bien en el colegio. Le necesitan. Yo le necesito. Estoy muy cansada y aturdida. Incluso aunque esté lisiado o mutilado quiero que vuelva, por el bien de su familia."

Yamal y Tahir

Yamal Bedri está enfermo como consecuencia de un derrame cerebral. Le operaron pero desde entonces padece epilepsia. Su hijo, un estudiante de la Facultad de Ciencias, Jálid, está también enfermo, tiene piedras en los riñones. Ambos necesitan tratamiento continuo. Los dos están en Camp Bucca desde hace seis meses. No les permiten tener visitas.

-¿De qué están acusados?, preguntamos. "No lo sabemos, los soldados dijeron que tenían informes negativos sobre ellos. Registraron la casa pero no encontraron nada, ni siquiera un casquillo de bala. Estamos muy preocupadas por ellos", dicen su mujer y su madre. "Sólo necesito saber cómo están, si les están dando sus medicinas o no".

Tahir Abdul Amir iba conduciendo con un amigo por Kadimiya [un barrio de Bagdad] cuando un convoy estadounidense fue atacado. Todos los hombres que estaban en la zona fueron arrestados el 17 de noviembre de 2004. La familia le buscó por todas partes, pero no encontraron ni rastro de él. Se envió un curioso correo electrónico a la familia donde decía que Tahir estaba vivo y que estaba arrestado en el Aeropuerto [internacional], pero no consiguieron saber nada más sobre él ni tampoco el coche apareció. Ningún número, nada. Su hijo sabe que los estadounidenses cogieron a su padre. "No sé nada más sobre él, quiero ver a mi padre" dice el hijo de Muhammad Tahir, de cinco años de edad.

Abu Ahmad, de prisión en prisión

Abu Ahmad, que ha pasado los últimos dos años en diferentes prisiones estadounidenses en Iraq, se negó a descubrirse la cara o dar su nombre real: "Si hubieras visto lo que yo vi en las prisiones estadounidenses, harías lo mismo".

-¿Qué viste?

-Vi cómo los soldados estadounidenses se burlaban de los prisioneros iraquíes que estaban torturando. Vi a miles de personas inocentes retenidas en la cárcel por razones que desconocían. Vi personas muy ancianas en prisión, una de ellas había nacido en 1919. Vi un niño de diez años. Vi mujeres, una de ellas, de 23 años, obligada a dar vueltas en la prisión delante de todo el mundo con solo la ropa interior: todo su crimen era que su marido era un oficial. Vi personas confinadas en soledad. Vi torturas psicológicas, humillaciones, desesperación, malos tratos y pésimas condiciones de estancia durante dos años. Una vez hasta encontramos una lagartija en la sopa. No quiero volver allí por nada del mundo

Abu Ahmad fue arrestado en la calle con bastante gente más. Llevaba mucho dinero encima: negocia con coches. Le confiscaron el dinero, el coche y nunca se lo devolvieron. Le mantenían con las manos atadas y la cabeza encapuchada. No supo de qué le acusaban hasta que le hicieron el cargo de haber hecho estallar un coche-bomba. Pasó meses en la prisión del Aeropuerto, en Camp Bucca, pero cree que Abu Ghraib fue lo peor.

En Camp Bucca, la situación era muy difícil, el calor, las tiendas de campaña de plástico, la mala comida, el escaso tabaco, las tormentas de arena [2]. Se colocó un cartel sobre las tiendas que decía "Bienvenido al zoo". Protestaron y quitaron el cartel. Sus guardianes se llamaban Crimy, Yackson y Martina (según la pronunciación). Uno de los prisioneros tenía soriasis, la piel ulcerada y sangrante.

"Hicimos huelga de hambre para que las autoridades de la prisión le llevaran al hospital. Una comandante lo vio y ordenó que fuera enviado al hospital. Nos dimos cuenta más tarde de que lo habían colocado en la denominada 'tienda del silencio', que era una tienda de aislamiento."

En Camp Bucca había 10 campos, dice Abu Ahmad. En cada campo había 20-25 tiendas, en cada tienda metían una media de 25 prisioneros. El traductor, un anciano egipcio llamado Abu Nasser, era el portavoz del comandante. Era un gran lire.

Pero la agonía auténtica llegó en Abu Ghraib. Tras tomarles las huellas dactilares y del iris [3], daban un número a cada prisionero y lo enviaba a las jaulas, que los estadounidenses llamaban "gansis" (según la pronunciación). Había ocho, y en cada una había 20-25 tiendas. Las condiciones eran terribles, frío y humedad en invierno, poco agua en verano, y mala comida, que provocaba disentería en muchos de los prisioneros.

El agua era insalubre. Una vez los prisioneros le invitaron al guardián a que bebiera de ese agua horrible y se negó. La comida estaba podrida, "[] olía tan mal que ni los animales se la podrían comer"; los huevos hervidos estaban azulados. Dejarles sin comida era un castigo colectivo habitual. A muchos prisioneros no les permitían tener visitas.

"A todos los que acusaban de yihad, aunque no fuera verdad, les torturaban. Vi a uno de ellos, que era muy anciano, obligado a ponerse ropa interior de mujer de color rojo y a dar vueltas de esa forma delante de todos los prisioneros. A otro le obligaron a acostarse con una mujer soldado; se negó, pero fue torturado hasta que se acostó con ella, entonces ella le violó colocándose un cinturón con algo que semejaba un miembro viril. Cuando regresó todavía iba sangrando.

"Había otro detenido llamado Ala Dambi que tenía sólo un dedo en la mano derecha. Sus hermanas estaban también arrestadas. Estuvieron gritando y llamándole para que las ayudara porque estaban siendo violadas. Las guardianas ponían sus botas encima de la cabeza de los hombres; a los soldados no les importaban tocar a un perro, pero no querían tocar a un prisionero iraquí: se ponían guantes. Colgaban a los prisioneros de las manos que habían atado a la espalda y los perros les mordían. De esa manera, conseguían que muchos de ellos confesaran cosas que no habían hecho. Había una clase especial de confinamiento que se llamaba 'caja fuerte', que no tenía ninguna abertura por ningún lado. Encontré también allí a Muhammad, un niño de diez años, que lloraba todo el tiempo.

"En la fiesta del Eid de 2003 [4] hubo una manifestación para que liberaran a los prisioneros inocentes. Se les disparó con balas reales y de goma. Murieron 13 prisioneros, los heridos fueron llevados al hospital pero nunca volvieron. Los prisioneros que llegaban de otras prisiones, como al-Bagdadi, o la Prisión Disco hablaban de torturas muy graves."

-¿Qué prisiones son ésas?

-Al-Bagdadi era en el pasado la Base Aérea Qadisiya, pero ahora es un centro militar estadounidense. La Prisión Disco es una prisión en Mosul donde los prisioneros son torturados poniéndoles música muy alta, obligándoles a bailar con ella. Pero tras el escándalo de Abu Ghraib, estos "gansis" empezaron a ser vaciadas y los prisioneros fueron enviados a Camp Bucca.

Cuando Abu Ahmad fue arrestado, se le dijo que le iban a hacer unas cuantas preguntas y que le liberarían enseguida. Nunca fue acusado. Un abogado llamado Husein El Libanés venía rutinariamente cada seis meses para formular las apelaciones.

-Esto está bien, ¿no?

-Lo sería si hubiera acusaciones. Pero si no hay acusación, ¡no se puede hacer ninguna apelación! Uno de los prisioneros insistía en que quería un documento con la apelación para poder conocer su acusación. Husein El Libanés le dio un papel cualquiera; el prisionero encontró que el nombre y el número no eran los suyos. Husein le dijo que los borrara y pusiera los suyos. Otro prisionero que tenía un doctorado, al preguntar por su acusación, le dijo el guardián ¿de qué quieres que te acusen? El dijo con sarcasmo "de ser un ladrón", y eso es lo que se puso. Algunos prisioneros tardaban más de un año en conseguir un documento para poder apelar. Tras el escándalo de Abu Ghraib, se podía conseguir cada tres meses.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Inicialmente participante de las instancias iraquíes instauradas por los ocupantes tras la invasión, el Partido Islámico ha ido distanciándose del proceso político interno auspiciado por EEUU desde el asalto estadounidense a Faluya de noviembre pasado. Su presidente, Mohsen Abdelhamid, fue detenido junto a su hijo la semana pasada. Fue liberado unas horas después tras publicarse un comunicado de las tropas de ocupación explicando que se trataba de un error.
2. Sobre revueltas acaecidas en Camp Bucca, véase en IraqSolidaridad:
Matt Kelley: El número de prisioneros iraquíes alcanza los 10.500, según el Pentágono - Nueva revuelta en el campo de detención de Camp Bucca
3. El sistema de identificación ocular es utilizado habitualmente por las fuerzas estadounidenses, por ejemplo para el control de los habitantes de Faluya.
4. Fiesta que se celebra cuarenta días después del final de Ramadán.

Imán Ahmad Jamas: Testimonios de prisioneros iraquíes en las prisiones estadounidenses en Iraq - Detenidos en el país cautivo (I)

Otros textos de Imán Ahmad Jamas publicados en IraqSolidaridad:

Los desaparecidos de Iraq

De regreso a Faluya: Tiendas de campaña sobre los escombros, a la búsqueda de los desaparecidos

Faluya: el 'terremoto' desencadenado por Estados Unidos

Los refugiados de los campamentos de Ahmad bin Hashim y Rahaliya

Campamento de refugiados de Ein Tamor: tristes historias de la continua tragedia de Faluya

* Texto y fotos (relacionadas con el texto) remitidos por su autora a la CEOSI.

Mohammad Naif Arrak

La madre de Mohammad Naif Arrak

Shatha

La mujer de Soheib Mohamad Amin

La mujer de Jamal y madre de Jalid

Mohammad (el hijo de Tahir) con su madre

Abu Ahmad

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