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Carta de un 'marine' desde Faluya

"Esto no era una guerra, ¡era una masacre!"

Marine 'hEkLe'

World Socialist Web Site, 3 de diciembre de 2004
IraqSolidaridad (
www.nodo50.org/iraq), 9 de diciembre de 2004
Traducción para IraqSolidaridad de Paloma Valverde

"Recientes informaciones indican que muchos insurgentes han reaparecido en la ciudad devastada de Faluya. Hemos afirmado tener la situación bajo control y empezamos a desviar la atención a otro problema, la ciudad de Mosul. De repente, tuvimos que volver nuestra atención a Faluya. ¿El departamento de Defensa y la prensa nacional mintió al público y proclamó otra victoria preventiva? No necesariamente. Convencionalmente, ganamos la batalla -¿cómo puede nadie argumentar eso? Destruimos una ciudad entera y asesinamos a miles de residentes. Pero el asunto más importante que tanto el público como el Ejército olvida analizar es que esta guerra, más allá de cualquier sombra de duda, es absolutamente una guerra de guerrilla."

La carta que aparece a continuación es de un marine destinado en Iraq, conocido como 'hEkLe', que transmite vívidamente el terror de las tropas estadounidenses en el asalto a Faluya. Esta carta fue publicada en GI Special, un periódico que se publica en internet y que reúne noticias e información de interés para los soldados y las familias de los militares. En la página www.militaryproject.org se puede encontrar a diario información actualizada. hEkLe y varios de sus compañeros tienen una página web que se actualiza con regularidad con artículos: www.ftssoldier.blogspot.com [World Socialist Web]

Estos son días malos para el Ejército estadounidense en Iraq. Por cualquier lugar que mires más y más soldados están siendo asesinados, mutilados, en violentos enfrentamientos con decididos insurgentes. La insurgencia está aumentando de forma increíble en lugares como Bagdad, Mosul y Baqubah, utilizando técnicas y armas más sofisticadas junto con tácticas de guerrilla bien organizada. Incluso en la arrasada ciudad de Faluya, las fuerzas rebeldes están empezando a reaparecer con una cruel determinación para vencer o morir en el intento. Muchos críticos y expertos políticos han empezado a darse cuenta de que esta guerra, en muchos aspectos, no se puede ganar.

Y ¿por qué alguien puede pensar que es posible una victoria completa? Convencionalmente nuestras fuerzas ganan territorio aquí o allá asesinando a una plétora de civiles, así como de rebeldes a cada nueva frontera conquistada. Sin embargo, como es el caso reciente de Faluya, los combatientes rebeldes han regresado como un enjambre de avispas furiosas, atacando con una feroz violencia. Ocurrió en Faluya durante los dos últimos días del asalto final.

Mi misión era muy diferente de la de los valientes y agotados marines de Infantería y de los marines implicados en los enfrentamientos más importantes. Yo estaba destinado en una misión de escolta, [e iba] acompañado por un pelotón cuya tarea consistía en proteger a una figura de alto rango en la zona de combate. Este oficial, especialmente arrogante, participó en la última batalla con el mismo espíritu que el de un espectador imparcial controlando el último cuarto de un partido de fútbol en un colegio.

Una vez que llegamos al campamento de Faluya ocupado por marines y vimos la artillería disparando contra la ciudad, el hombre de repente se puso como loco para intervenir de forma activa en la batalla que dejaría a Faluya convertida en cenizas. Ya se rumoreaba que todo lo que en realidad deseaba era que le llegara el momento de apretar el gatillo, quizás para demostrar que es el cowboy más duro al oeste del Eúfrates. Tipos como él los hay a docenas en el Ejército: un soldado de carrera que invierte sus primeros 20 años patrullando el muro de Berlín o vigilando la zona desmilitarizada (DMZ, en sus siglas en inglés) entre Corea del Norte y del Sur. Este tipo de gente habría sido feliz sirviendo en la primera guerra del Golfo, pero en realidad todos ellos pasaron muy poco tiempo disparando contra los muñecos [de los entrenamientos de tiro].

Faluya y la "Nueva Guerra"

Para estos jóvenes rudos de gatillo fácil, las últimas dos décadas de hostilidades de la Guerra Fría insertas en una guerra febril de total desolación habían terminado casi por completo con la administración Clinton. Pero esto es la Guerra Nueva, una acción sin fin empaquetada como "la Amenaza Roja" en la que la amenaza comunista de años anteriores ha sido simplemente reemplazada por la "Tensión blanca" de la actual "Guerra contra el terrorismo."

Los soldados más jóvenes que se han criado en una época relativamente pacífica interpretan la mentalidad de los más ambiciosos como la de quienes hacen posibles las oportunidades perdidas. Para la generación anterior de pistoleros este es el momento de la verdad, la oportunidad de utilizar todos estos juguetes y [llevar a cabo] a gran velocidad el entrenamiento que ha estado esperando desde la década de los 70 para [hacer] algo tangible y práctico... y este es el maldito momento.

Sin embargo, una vez alcanzadas las primeras líneas de fuego el procedimiento habitual de seguridad era, de hecho, afirmar que la lucha urbana era extremadamente intensa; los vehículos permitidos en la zona de menor blindaje eran los tanques Bradley.

Echando una ojeada a nuestros Humvees blindados [1], este comandante insistía en que nuestra sección podría estar bien [protegida]. Incluso aunque los Humvees blindados sean muy resistentes y casi impenetrables a las pequeñas armas de fuego, normalmente no funcionan igual de bien contra los ataques de misiles y las bombas callejeras, como un tanque fuertemente blindado. Las informaciones desde la zona de guerra indicaban intensos ataques de misiles, y un insurgente armado esperando en cada esquina para alcanzar un objetivo fácil como [son] los camiones.

Al final, al entusiasta oficial no se le permitió penetrar solo en el sector con tres camiones, porque eso sería la muerte segura durante esas peligrosas horas del crepúsculo. Se sugirió que por la mañana, después de que se hubiera terminado el ataque aéreo, él podía ir a la zona para "inspeccionar los daños".

Cuando el sol se estaba poniendo sobre el nebuloso horizonte anaranjado, la artillería estaba golpeando el 12 por ciento restante de la devastada Faluya. Muchas unidades salieron por la tarde para preparar el ataque aéreo a gran escala que estaba previsto que durara hasta 12 horas.

Nuestro pelotón se encontraba sentado en la parte alta de nuestros Humvees aparcados, observando al equipo que manejaba el armamento y controlando el paisaje urbano por la actividad enemiga. Esto se suponía que era una zona segura de operaciones, justo en el límite de la zona de combate. Sin embargo, sin un alambre de espino rodeando la zona y solo con unos pocos y dispersos tanques sirviendo como barrera protectora, uno sabía que si alguien olvidaba cualquier pequeño detalle podría ocurrir cualquier desastre.

Uno soldado me informó que solo dos noches antes un insurgente fue descubierto reptando alrededor de las casas tiroteadas situadas inmediatamente a nuestra izquierda. Iba armado con un lanzagranadas y casi rozando el suelo en su avance hacia la zona. Uno de los tanques le vio mediante la visión nocturna e inmediatamente le disparó. Su cuerpo quedó desmembrado en tres partes. En realidad, aunque estábamos lo bastante a salvo como para poder fumar un cigarrillo y estar relajados, teníamos que estar suficientemente atentos a los alrededores si pretendías hacerlo durante la noche.

Mientras iba transcurriendo la tarde y los ataques continuaban, un nuevo y espantoso bramido inundó el cielo.

Ataques masivos

Los aviones de combate llegaron puntuales e hicieron su gran aparición con una serie de ataques aéreos masivos. Entre las dañinas bombas y la virulenta artillería el cielo parecía como si estuviera en llamas durante varios minutos cada vez. Primero, se veía un resplandor de luz en el horizonte, como un relámpago que alcanza un almacén de dinamita, y después se escucha una explosión fortísima que te puede retorcer el estómago, saltarte el globo ocular y comprimirte los pulmones. A pesar de que esas potentes bombas se lanzaban á una distancia de no menos de cinco kilómetros parecía como si todo estuviera ocurriendo delante de ti.

Al principio, era imposible no estremecerse con cada explosión inesperada, pero después de varias explosiones intensas, los sentidos se vuelven conscientes y las asimilan.

A veces, los aviones sobrevuelan a baja altura, amenazantes, sobre las ciudades y abren fuego con pequeños misiles para una extrema precisión. Esto es lo que parecía que le faltaba a Top Gun, la aclamada película de mayor presupuesto en efectos especiales.

Estos misiles aire-tierra, una especie de botellas cargadas de plutonio, producen un tipo de gemido, como un grito, y después de repente se convierten en inaudibles. Segundos más tarde la colosal explosión podría partir el cielo abierto y golpear de forma devastadora la tierra lanzando llamas y escombros al aire.

Y como siempre, la artillería -alguna veces era mortífera, otras solo [servía] para iluminar la zona y en otros ataques han utilizado fósforo blanco (el napalm moderno).

A veces en las afueras, lejos de las zonas del impacto, se podían oír tanques disparando armas de repetición y haciendo arder sus cañones. Era sorprendente que alguien pudiera sobrevivir a esta masacre. De repente, una transmisión por radio aprobaba la petición de "destroza búnkeres". Aparentemente, había zonas insurgentes que eran impenetrables con artillería. En ese momento, yo no me daba cuenta cuando esos destroza-búnkeres disparaban, pero más tarde me dijeron que las increíbles explosiones masivas eran el resultado directo de ese tipo de "solución final" con misiles.

Seguí observando el asalto final a Faluya por la noche desde el techo de mi Humvee. Me interesaba escrutar los vastos cielos con las gafas de visión nocturna. Sobrevolando continuamente los enfrentamientos había un grupo de helicópteros de ataque. Los más devastadores eran los Cobra y los Apache con su cadena de lanzaderas de misiles. Gracias a la visión nocturna puede verles rondando alrededor de la masacre, escrutando el suelo con luces infrarrojas que parecían poder alcanzar grandes distancias. Una vez el objetivo era identificado, una serie de explosiones rápidas y secas podían hacer eco en el cielo mientras que del suelo llegaba una serie de "ra-ta-ta-tan" de explosiones, como una serie de tracas lanzadas durante la celebración del 4 de julio.

Más artillería, más tanques, mas armas de repetición, aviones de guerra presagiando la muerte, aviones destruyendo edificios enteros de una sola vez... esto no era una guerra, ¡era una masacre!

Mientras echaba la mirada atrás sobre los ataques aéreos que duraban hasta bien entrada la mañana siguiente, no podía evitar estar a la vez sorprendido por nuestra moderna tecnología al mismo tiempo que indignado por sus métodos.

Esto me pasó varias veces durante el sitio en el que mientras la resistencia de Faluya luchaba cuerpo a cuerpo con las armas arcaicas de la Guerra Fría, nosotros estábamos sobrevolando bien alto por encima de sus cabezas, lanzando la furia de Tor con un poder destructivo y una precisión que bien podría ser nuclear. Era como si los iraquíes llevaran un cuchillo para luchar contra un tanque. Y sin embargo, la resistencia continuaba avanzando, muchos luchando hasta la muerte. ¡Con determinación!

Algunos soldados pueden llamarles estúpidos porque incluso pensando que tuvieran una oportunidad para derrotar al ejército más potente del mundo, pero yo les llamo valientes. No se trata de luchar para ganar una victoria inmediata. Y ¿qué es una victoria convencional en una guerra anticonvencional?

Parece aplastantemente evidente que esto ya no está en manos de EEUU. Redujimos Faluya a escombros. Anunciamos la victoria y dijimos al mundo que teníamos Faluya bajo control total. Nuestro ejército afirmaba que había pocos civiles heridos y una lista de miles de insurgentes muertos. La CNN y las noticias de la Fox en la televisión insistían y celebraban que la batalla de Faluya podría haber pasado a la historia como un éxito completo y un testimonio de la supremacía de EEUU en los campos de batalla modernos.

Sin embargo, tras la calma y cuando los generales se sentaban en sus cómodos despachos fumando los puros de la victoria, en el frente de Faluya nuevamente explotaba el indomable mortero, misiles y pequeños ataques armados sobre las fuerzas de coalición estadounidense.

Retorno de los insurgentes

Recientes informaciones indican que muchos insurgentes han reaparecido en la ciudad devastada de Faluya. Hemos afirmado tener la situación bajo control y empezamos a desviar la atención a otro problema, la ciudad de Mosul. De repente, tuvimos que volver nuestra atención a Faluya. ¿El departamento de Defensa y la prensa nacional mintió al público y proclamó otra victoria preventiva?

No necesariamente. Convencionalmente, ganamos la batalla -¿cómo puede nadie argumentar eso? Destruimos una ciudad entera y asesinamos a miles de residentes. Pero el asunto más importante que tanto el público como el Ejército olvida analizar es que esta guerra, más allá de cualquier sombra de duda, es absolutamente una guerra de guerrilla.

A veces me pregunto si en la Escuela de Oficiales de West Point han estudiado alguna vez la intrincada simplicidad y efectividad de la guerra de guerrillas.

Durante el curso de esta guerra, algunas veces he preguntado a lugartenientes o capitanes elegidos al azar si alguna vez habían echado un vistazo a La Guerra de Guerrillas de Ernesto Che Guevara. Casi la mitad de ellos admitieron que no. Esto para mí es increíble. Tenemos un buen número de guerrillas frente a nosotros y nuestros líderes militares parece que están peligrosamente inconscientes de lo que todo esto significa.

Cualquiera puede decirte que un guerrillero es aquel que utiliza la técnica de ataque-retirada en un intento de romper una fuerza convencional más poderosa. Sin embargo, lo que es más importante en una campaña de guerrilla son las fuerzas políticas que la dirigen. A través de la historia muchas guerrillas han tenido éxito, incluyendo nuestro propio país y su lucha por la independencia.

Deberíamos haber aprendido una lección de la lucha de guerrillas con la guerra de Vietnam hace solo 30 años; pero la Historia tiene una forma curiosa de repetirse. La guerra de Vietnam fue un ejemplo perfecto de cómo rápidos y mortíferos asaltos contra las tropas convencionales durante un largo período de tiempo pueden llevar a crear una opinión pública en contra de la guerra y así terminarla. Che Guevara señalaba en su libro La Guerra de Guerrillas que el factor más importante en una campaña de guerrilla es el apoyo popular. Con esto, la batalla está casi asegurada.

Una insurrección victoriosa

Los iraquíes ya poseen varios de los ingredientes para una insurrección con éxito. No sólo tienen lo que parecen ser unas reservas de armas y municiones sin fin, sino que tienen la ventaja de estar inmersos en su medioambiente, ya sea un abarrotado mercado o un bosquecillo densamente poblado de palmeras. El insurgente iraquí ha utilizado esas ventajas al máximo, pero su más importante y relevante ventaja es el apoyo popular de sus compatriotas.

Lo que nuestro Ejército y nuestro gobierno necesita es darse cuenta de que cada error que comete es una ventaja para la insurrección iraquí. Cada vez que un hombre, mujer o niño inocente muere en un acto militar, deliberado o no, la resistencia se hace más fuerte. Incluso cuando un civil inocente muere a manos de sus propios combatientes, ese combatiente es visto como un guerrillero del pueblo, mientras que las fuerzas de ocupación serán a quienes se acuse de ser los responsables finales.

Todo sobre esta guerra es político cada emboscada, cada bomba, cada muerte. Cuando un trabajador de la coalición o un soldado es secuestrado y ejecutado, esto solo añade coraje y justicia al fervor disidente del pueblo iraquí, mientras que encoleriza y desmoraliza al ocupante.

Nuestros medios de comunicación demostrarán también nuestro fracaso. Cada vez que se revela una atrocidad en nuestros periódicos, nuestra idea de la que fue una vez una nación secular se esfuma. Mientras en EEUU aumenta la preocupación por las imágenes de la carnicería y de las muertes violentas de nuestros hijos soldados, su gobierno pierde la justificación para continuar con esa debacle sangrienta. En el momento en que todas estas características son errores inevitables de los poderes convencionales, la campaña de la guerrilla seguramente logrará el éxito.

En el caso de Iraq, la destrucción completa del Ejército de EEUU es imposible, pero mediante la perseverancia la insurgencia nos echará. Esto demostrará el inevitable resultado de la guerra.

Hemos perdido muchos soldados en la batalla final de Faluya y muchos más están gravemente heridos. Parece injusto que incluso tras la devastación que hemos causado en esta ciudad sólo para mantenerla controlada muchos más soldados morirán en vano para mantener esta situación.

Mientras hablaba con él después de la batalla, he visto en sus ojos la mirada de reconocimiento de un explorador. Sus historias de heridas y muertes violentas fueron tremendas. Los sacrificios que él y su pelotón hicieron fueron infinitos. Lucharon cada día sin apenas haber dormido o sin dormir, sin descanso y casi sin comida caliente. Por razones evidentes nunca tuvieron tiempo de enviar mensajes a sus madres para hacerlas saber que todo iba bien. Algunos de los miembros de su pelotón nunca tendrá la oportunidad de tranquilizar a sus madres porque ahora esos soldados están muertos.

La mirada en sus ojos mientras me contaba esas historias era profunda y cansado, incluso perturbada. Describió con detalles precisos cómo algunos combatientes enemigos eran destrozados con bazokas del ejército, a otros les arrancaron la cabeza con balas del calibre 50, otros fueron aplastados por tanques mientras permanecían desafiantes en las estrechas calles disparando un AK 47.

El soldado me contó cómo uno de los sargentos que más admiraba murió delante de él. Estaba protegido detrás de una valla y cuando se levantó para disparar su M4, fue alcanzado en el abdomen por una granada disparada desde un lanzagranadas. La granada explotó y alcanzó de metralla la pierna de este soldado. Me enseñó el lugar en el que un trozo de carne quemada se retorcía en su mulso izquierdo.

Terminó su conversación diciendo que él era simplemente un niño estúpido de California que nunca pensó que alistarse en el ejército le enviaría derecho al infierno. Me dijo que estaba cansado y que quería ducharse. Entonces se alejó despacio cargando su rifle bajo el brazo.

Nota de IraqSolidaridad:

1. Vehículo todoterreno polivalente del ejército de EEUU que reemplazó al jeep de la Segunda Guerra Mundial a partir de la década de los 90.

World Socialist Web Site

www.militaryproject.org

www.ftssoldier.blogspot.com

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