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Crónicas de Iraq

Acudir a una reunión sobre Derechos Humanos o... una mañana en Bagdad

Sabah Ali*

Bagdad, 4 de enero, 2006
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 12 de enero, 2006
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Felisa Sastre

"Atravesar el puente, incluso a pie, no fue algo sencillo. Las alambradas de púas dejaban poco espacio para pasar, y hacerlo a través de armas apuntándote no resultó una experiencia agradable. Una mujer gruesa, de unos cincuenta años, echaba pestes y respiraba con dificultad. Dos todo terreno estadounidenses venían de la dirección contraria -donde se encuentra la Zona Verde- seguidos de una coche con las ventanillas tintadas y otros tres todo terreno."

Las reuniones sobre Derechos Humanos me resultan siempre interesantes, pese a todo, aunque sólo sea porque en esas reuniones se pone de manifiesto el apoyo a gentes que lo necesitan desesperadamente. Y ahora, en Iraq, hay millones de ellas. Por esa razón, decidí acudir a una de esas citas, aunque se me había invitado con poco tiempo.

Como de costumbre, ningún taxista estaba dispuesto a llevarme a Karj, [como se denomina a] la zona oeste de Bagdad, donde se encuentra la estación de autobuses para Alawi. Las calles están atascadas, decían. Eran las ocho de la mañana y necesitaba llegar a la estación antes de las ocho y media. Le dije al cuarto taxista que le pagaría lo que me pidiera. Menos de tres minutos después, estábamos en la plaza de Al-Tahir. El puente de Al-Yumhuriya estaba cortado por vehículos estadounidenses. En la plaza cercana de Sinak, a un minuto de distancia, el puente estaba también cerrado. La plaza se había convertido en una aglomeración de coches parados. Centenares de personas jóvenes y ancianas, hombres y mujeres, cruzaban el puente a pie. Decenas de vehículos militares y de policía permanecían atascados con soldados y guardias [nacionales iraquíes] que apuntaban sus armas en todas direcciones, bloqueando las calles y los puentes más que de costumbre. Decidí cruzar el río a pie. El taxista me cobró 3.000 dinares (algo más de dos dólares). Las tarifas de transporte se han duplicado o triplicado tras la última subida de los precios de los carburantes [1].

Pregunté a un policía que estaba en una parada y fumaba con expresión ausente qué estaba pasando. "No lo sé" me contestó, encogiendo los hombros, mientras echaba humo. "¿Ha habido una explosión?", volví a preguntar. "¡No!", dijo con seguridad.

Atravesar el puente, incluso a pie, no fue algo sencillo. Las alambradas de púas dejaban poco espacio para pasar, y hacerlo a través de armas apuntándote no resultó una experiencia agradable. Una mujer gruesa, de unos cincuenta años, echaba pestes y respiraba con dificultad. Dos todo terreno estadounidenses venían de la dirección contraria -donde se encuentra la Zona Verde- seguidos de una coche con las ventanillas tintadas y otros tres todo terreno.

"Eso es por lo que bloquean las calles -dijo la mujer gruesa-: están protegiendo a sus señores". La mujer sudaba y se ponía la mano en el pecho. "¿Se encuentra bien?, ¿necesita ayuda?", le pregunté. Ella se inclinaba por encima de la valla del puente, hacia el río. "Es el corazón", respondió jadeando. A la derecha, en dirección al puente Ahrar, se elevaba una enorme nube de humo negro. Así que se trataba de una explosión.

La parte central del puente estaba cortada por más alambradas de púas y varios coches y camiones de policía. Algunos policías tomaban posición de tiro sobre el suelo. Unos hombres discutían con un oficial que trataba de explicarles algo. "Estas son las normas -repetía-. no estamos en una situación normal, como saben, la hermana de ministro del Interior ha sido secuestrada, y hoy se está llevando a cabo una gran operación militar y policial de búsqueda". Los hombres estaban muy interesados en discutir sobre lo inútil que resultaba la operación y las técnicas empleadas.

Delante de mí, una mujer vestida con un abrigo negro de piel, y una larga cola de caballo castaño, discutía con dos jóvenes sobre salarios y pensiones. Parecía segura y bien informada. Me sentí contento al ver una mujer iraquí tan diferente del sombrío estereotipo que se ofrece hoy día de las mujeres iraquíes. Pero la voz me resultaba familiar y al pasarlos la reconocí. Es una pintora o escultura, conocida por haber robado pinturas y obras de arte del Museo de Arte Moderno tras la ocupación de Bagdad el 9 de abril de 2003.

Calles cortadas

Las calles de la otra parte del puente estaban también cerradas. No había coches salvo los vehículos militares. Para ir a la estación Alawi tuve que caminar desde el antiguo edificio del ministerio de Información, la zona 28 de abril, la Zona Verde, el ministerio de Asuntos Exteriores y la sede central de la Unión Democrática del Kurdistán, para encontrarme al final con la estación cerrada. No es necesario decir que todas las calles estaban cortadas. Los coches de la policía, las sirenas, los disparos, las armas, los gritos y los vehículos militares inundaban la atmósfera. A la gente no se le permitía ni entrar ni salir de la estación. Por motivos desconocidos, un policía indicó con un gesto de la mano que salieran los autobuses que esperaban desde hacía tiempo en el garaje. Había una prisa enloquecida. Otro policía corrió rápidamente hacia la puerta del garaje disparando tiros al aire mientras gritaba: "Adentro, todos los coches adentro". La gente estaba muy enfadada: "¿Por qué nos tienen detenidos aquí? ¡Tenemos que salir!", etc. El griterío era enloquecedor. Pero el policía se mantuvo firme. Que ningún coche se mueva. La gente maldecía y todos empezaron a salir de los coches, de los autobuses y del garaje.

"Yo tengo que ir a Faluya", contesté a un estudiante que preguntaba cómo ir a la Universidad. "Si consigue llegar al barrio de Amiriya, allí hay coches que van directamente a Faluya".

Ya eran las diez y la reunión era a las once. No tenía ni idea de cuánto tiempo me llevaría llegar a Amiriya, así que necesitaba un plan. Mi estrategia es llegar a algún sitio donde pueda coger un taxi hasta Amiriya. Me alejé de la estación hacia la calle que lleva a la autopista, pero estaba cortada.

"No vaya a través de Mansur, Yarmuk o Qadissiya -me dijo un policía-. esas zonas están cerradas incluso para los peatones". La hermana de ministro del Interior había sido secuestrada en Qadissiya.

Caminé hacia el Museo Nacional Iraquí. Había una gran pancarta con el retrato de al-Hakim, el presidente del partido del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, colgado encima de un gran agujero toscamente reparado en el arco de entrada del Museo, producido por una granada durante la invasión estadounidense de Bagdad. Muchas otras pancartas colgaban de la destruida estatua en la plaza del museo. La gente se iba reuniendo buscando cualquier medio de transporte. Un coche de policía se acercó: "No se reúnan aquí, es muy peligroso, muévanse", dijeron sus ocupantes, mientras uno de ellos disparaba. Nos dirigimos hacia el puente Ahrar. Estaba decidido a tomar el primer coche donde fuera para escapar de esta trampa.

Un minibús pregonaba que iba a Kadimiya. Salté adentro: "Quiero ir a Amiriya. Por favor, lléveme al lugar más cercano desde donde pueda tomar un taxi". Me pidió el doble de la tarifa.

Las pocas calles sin cortar estaban repletas de filas interminables de coches. "¿Por qué no establecen el toque de queda?" Era la pregunta que se hacían todos. La calle Haifa [2] estaba bloqueada por camiones gigantescos que transportaban enormes bloques de cemento para cerrar o limitar más calles.

"Van a distribuir esos bloques gratuitamente a las familias", dijo el conductor con sarcasmo. "He oído que se los van a dar en lugar de la ración mensual de alimentos", contestó uno de los pasajeros, riéndose. El ministerio de Comercio acababa de hacer público que la ración de alimentos se iba a reducir [3].

La mezquita Buraza, una de las mezquitas chiíes más antiguas de Bagdad, estaba siendo restaurada y ampliada. La calle, una vez más, estaba bloqueada por montones de arena, ladrillos, materiales de construcción..., etc.

La plaza Aden es el mejor lugar para ir a Amriya. "Tiene que pagar 6.000 dinares", dijo el taxista. Eran las once y diez. La autopista, misteriosamente, estaba abierta, pero nuestro coche era el único vehículo civil que circulaba por ella. Un enorme convoy estadounidense venía en sentido contrario, y muchos vehículos militares iraquíes y helicópteros estadounidenses patrullaban la ruta. También en Gazaliya había patrullas iraquíes. El taxista tenía miedo y empezó a lamentarse: "Nunca vengo a esta zona de terroristas, pero el diablo me ha tentado en esta ocasión". Empezaron los tiros, muchos disparos, muy cerca. Nos agachamos instintivamente y ocultamos la cabeza en el regazo. El conductor tomó la primera salida de la autopista. Era obvio que ellos nos estaban avisando. En la gasolinera de Amriya esperaba una hilera kilométrica de coches. No había combustible en la gasolinera, pero lo coches esperaban por si llegaba el tanque. Después de la última quinta subida, que duplicaba los precios del petróleo, eran pocos quienes podían comprar gasolina en el mercado negro.

Autopista a Faluya

Finalmente estaba en el coche de Faluya pero la autopista estaba cerrada. Tuvimos que tomar un desvío que pasaba por Shuala, una aldea al norte de Bagdad, irónicamente cercana a Kadimiya. Pero el puesto de control de Shuala también estaba cerrado y nos vimos obligados a tomar otro desvío a través de un camino polvoriento, desierto y peligroso. Una hora después, estábamos otra vez en la autopista, sólo a cinco minutos al oeste de Amiriya. Por cierto, Faluya, normalmente, no está a más de 30 minutos al oeste de Bagdad.

Cuando entré en la sala de la reunión, era casi la una de la tarde. La reunión tenía lugar en una escuela, con estudiantes, clases y todo. La reunión estaba terminando. Un hombre hablaba apasionadamente sobre el problema del petróleo, la corrupción y los hombres desaparecidos en prisión. Su voz se quebró y prorrumpió en sollozos. Otro hombre dio fin a la reunión hablando de las 1.200 familias que habían presentado una denuncia contra Iyad Alawi, el anterior primer ministro, por asesinar a sus seres queridos. El caso lo cerró el gobierno de al-Yaafari, el actual primer ministro. "No veis -concluyó-, nadie nos ayudará: cada uno tiene que resolver sus propios problemas".

De vuelta a Bagdad

Eran las cinco de la tarde cuando llegamos de vuelta a Bagdad. El atasco de tráfico era menor.

En la radio, las noticias hablaban de la historia de la hermana del ministro. Me sentí aliviado. "Ahora él está experimentando la agonía de la gente", me descubrí diciendo. De pronto, me di cuenta de que estaba apoyando una acción terrorista -el secuestro de una mujer-, algo que he condenado durante toda mi vida, y todavía condeno.

Por la noche, el canal por satélite Al-Sarqiya ofreció un programa sobre lo ocurrido por la mañana: el bloqueo de puentes y calles, la cólera de la gente, las colas por el combustible...De nuevo me sentí aliviado. Pero no se hizo mención alguna a la reunión por los Derechos Humanos.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Mike Whitney: Guerra de guerrillas por el petróleo iraquí - Joshua Frank: Crédito del Fondo Monetario Internacional para Iraq
2. Calle céntrica de Bagdad. Ha sido célebre la reciente referencia de Bush a esta calle, en su discurso del día 30 de noviembre de 2005 en la Academia Naval, al comentar que la Guardia Nacional, el nuevo ejército iraquí, había logrado finalmente controlarla.
3. La cartilla de aprovisionamiento alimentario fue establecida por el gobierno iraquí inmediatamente después de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decretara contra Iraq el embargo económico y comercial en castigo por su invasión de Kuwait en agosto de 1990. Elogiada por las propias Agencias Humanitarias del organismo internacional, que siempre defendieron su eficacia y universalidad, la cartilla subvencionaba casi al 100% el precio de los alimentos para adultos -excepto carne- y niños que incluía, además de productos de limpieza, y evitó la hambruna generaliza en el país. Antes del inicio de la invasión de 2003, el ministerio de Comercio, del que dependía su funcionamiento, ante la inminencia de la guerra, distribuyó en los economatos del país los productos correspondientes a seis meses de la cartilla, evitándose así el desabastecimiento asociado al colapso de la distribución derivado de la guerra y la ocupación. De hecho, la cartilla sigue vigente en la actualidad, pese a su parcial monetarización y la liberación del mercado interno.

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Mike Whitney: Guerra de guerrillas por el petróleo iraquí - Joshua Frank: Crédito del Fondo Monetario Internacional para Iraq

* Texto enviado por el autor para IraqSolidaridad

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