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Bush en Bagdad: como un ladrón

EEUU ha perdido en Iraq más de 2.500 soldados, el 80% en combate

Patrick Martin

World Socialist Web Site, 14 de junio, 2006
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 20 de junio, 2006
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Felisa Sastre

"El verdadero objetivo del viaje tuvo mucho más que ver con la política estadounidense que con la iraquí. Bush pretendía sacar provecho de la estela publicitaria provocada por el asesinato de Abu Musa al-Zarqaui, el líder de Al Qaeda en Iraq, y aumentar su apoyo político que se desmoronaba y así como el de los congresistas republicanos que se enfrentan a la pérdida de la mayoría, al menos en la Cámara de Representantes, y posiblemente en el Senado, en las elecciones de noviembre."

Entierro en EEUU de Harrison J. Meyer, un sargento de 'marines' muerto en un ataque de la resistencia en Ramadi en diciembre de 2004 (Foto: AP)

El viaje del presidente Bush a Bagdad ha sido elogiado en los medios estadounidenses y en los círculos oficiales de Washington como una magistral maniobra política. De hecho, el repentino viaje, mantenido en secreto incluso ante el gobierno iraquí que ostenta la soberanía nacional del país ocupado por EEUU, ha sido una demostración tanto de la horrible situación que atraviesa Iraq cuanto del aislamiento político y de la desorientación del gobierno Bush.

Ninguna propaganda masiva puede cambiar la sensación de que algo degradante e incluso ridículo se ha producido a la vista del espectáculo de un presidente estadounidense que llega a la capital de un país extranjero, permanece cinco horas en ella y realiza una serie de apariciones públicas orquestadas y carentes de sentido para, inmediatamente después, aprovechando la oscuridad, salir del país sin haber abandonado en ningún momento la segura y fortificada Zona Verde del centro de Bagdad.

El hecho más llamativo de la visita ha sido que el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, fuera informado de la presencia de Bush en su país sólo cinco minutos antes de que se le llevara a reunirse con el presidente estadounidense. Hasta ese momento se había hecho creer a al-Maliki que iba a la embajada de EEUU para participar en una video conferencia con Bush y su gabinete de guerra, que se encontraban reunidos en la residencia presidencial de descanso en Camp David, Maryland. La ignorancia de al- Maliki sobre la llegada de Bush es una prueba de que el gobierno instalado en Bagdad por los invasores estadounidenses carece de atribuciones esenciales de la soberanía: que no controla ni quién entra en su país.

Si Bush se hubiera presentado de esa manera en cualquier otra capital de un país -con la posible excepción de Kabul, sede de otro de los gobiernos títere de EEUU- su avión o helicóptero hubiera sido interceptado o incluso derribado. Pero Iraq no es un país independiente. Es sólo una provincia conquistada del Imperio estadounidense.

Un 'gobierno' que no gobierna

El gobierno iraquí no gobierna ni siquiera en Bagdad. Es simplemente una delegación del auténtico gobierno: el régimen estadounidense de ocupación, dirigido por el embajador de Estados Unidos, Zalmay Jalilzad, y respaldado por 133.000 soldados estadounidenses.

En su cobertura inicial del viaje de Bush, los medios estadounidenses no suscitaron este tema sino que repitieron como papagayos la afirmación de que al gobierno iraquí se le había ocultado la información por "razones de seguridad". Nadie hubiera esperado que el vuelo presidencial se colocara en Internet, pero el hecho de que no se informara a nadie del gobierno iraquí, aunque sólo fuera al máximo nivel, sólo tiene dos posibles explicaciones, ninguna de ellas muy halagüeña para las pretensiones de la administración Bush.

O bien el gobierno iraquí está tan lleno de opositores a la ocupación estadounidense que el hecho de informar al primer ministro, al-Maliki, al presidente, Yalal Talabani y a sus colaboradores más cercanos hubiera supuesto un peligro para su seguridad, o bien al gobierno Bush le importa un comino la opinión pública mundial e iraquí, de forma que ni se molesta en mantener la ficción de que el gobierno de Bagdad ejerce algún tipo de autoridad real.

La segunda tesis explicaría el gesto ceñudo que mostraba el rostro del primer ministro durante su aparición con Bush. Daba la impresión de sentirse incómodo y consciente de que el presidente estadounidense le estaba tratando como a un invitado en su propio país, una impresión que se agudizó cuando el presidente se inclinó hacia él y le dijo: "Agradezco que haya reconocido que el futuro del país está en sus manos". En verdad, ni el futuro ni el presente están en las manos de al-Maliki, tal como la repentina aparición de Bush ha dejado claro.

El calendario de la visita de Bush parece que se fijó una vez realizada la toma de posesión del nuevo gobierno de al-Maliki, después de su aprobación parlamentaria, lo que ocurría tras siete meses de luchas políticas entre las facciones religiosas y étnicas chiíes, sunníes y kurdas para controlar varios puestos gubernamentales, en particular los tres departamentos relacionados con la seguridad. Bush elogió la formación del gabinete como "muy impresionante", aunque es improbable que el presidente en realidad fuera capaz de identificar a un sólo miembro del gobierno que no fuera al-Maliki.

Verdadero objetivo del viaje

El verdadero objetivo del viaje tuvo mucho más que ver con la política estadounidense que con la iraquí. Bush pretendía sacar provecho de la estela publicitaria provocada por el asesinato de Abu Musa al-Zarqaui, el líder de Al Qaeda en Iraq, y aumentar su apoyo político que se desmoronaba y así como el de los congresistas republicanos que se enfrentan a la pérdida de la mayoría, al menos en la Cámara de Representantes, y posiblemente en el Senado, en las elecciones de noviembre.

Bush y sus principales colaboradores políticos no han tratado de paliar su caída en las encuestas a base de hacer concesiones ante el crecimiento de la opinión pública contraria a la guerra. Por el contrario, esperaban movilizar a sus bases de ultraderecha utilizando el asesinato de al-Zarqaui para ganar credibilidad con sus nuevas promesas de una victoria militar en Iraq.

Para ello, Bush dio su total apoyo a la operación militar que el gobierno de al-Maliki iba a lanzar el día siguiente, con la movilización de 75.000 soldados iraquíes, apoyados por asesores estadounidenses y aviones de combate, para tomar las calles de Bagdad, establecer miles de nuevos puestos de control y llevar a cabo registros casa por casa en muchos barrios sospechosos de apoyar la resistencia contra EEUU.

Sin embargo, las operaciones de relaciones públicas y la demostración de fuerza no van a alterar la realidad básica de la guerra en Iraq: que no sólo la gran mayoría de los iraquíes sino una creciente mayoría del pueblo estadounidense se oponen con todas sus fuerzas a la ocupación militar estadounidense. En vísperas del viaje de Bush, una nueva encuesta de AP-IPSOS, realizada en EEUU, revelaba que el apoyo a Bush por su gestión de la guerra en Iraq había bajado hasta el 33 por ciento, estableciendo un nuevo mínimo, y que la aprobación de su gestión total era sólo del 35 por ciento, la más baja obtenida por cualquier otro presidente desde que Richard Nixon se viera obligado a dimitir por el escándalo del Watergate.

El gobierno de Bush se sostiene políticamente no por el apoyo popular a la guerra ni por su programa ultraderechista en el interior sino por el desmadejamiento del Partido Demócrata, que es la única otra fuerza importante que apoya la ocupación estadounidense de Iraq. Resulta significativa la reacción de un líder demócrata en el Senado, Carl Levin, de Michigan, a la visita de Bush a Bagdad. El viejo demócrata del Comité de las Fuerzas Armadas alabó el viaje como "[...] una posibilidad de llevar a cabo cambios en los despliegues de este año y continuarlos el próximo."

En realidad, tal como ha subrayado un corresponsal de una cadena de televisión, hay 8.000 soldados más en Iraq que los que había en la última ocasión en que Bush lo visitó -con la oportunista foto del Día de Acción de Gracias, en la que aparecía ofreciendo un pavo a los soldados en el aeropuerto internacional de Bagdad (pavo, que más tarde se supo era de plástico).

Secretismo y cobardía

Las mismas circunstancias estrafalarias, casi infantiles, se han dado en la última operación de relaciones públicas. ¿Por qué, además, ocultarlo, por razones de seguridad, al director de la CIA, al jefe del Estado Mayor conjunto y a la mayoría de los altos funcionarios de la Casa Blanca? ¿También entre ellos existía el peligro de infiltrados de Al Qaeda? ¿Por qué patrullaron los aviones de combate sobre la Zona Verde? La resistencia no tiene fuerza aérea.

La parafernalia del secretismo y las enormes medidas de seguridad son signos de la cobardía frente a los peligros que tienen que afrontar diariamente decenas de miles de soldados estadounidenses y la gran mayoría del pueblo iraquí. Es un rasgo de carácter que a menudo se da entre la gente que, como Bush, disfruta haciendo de matón.

Pero no olvidemos que este mismo presidente -que cuando era joven se valió de las influencias de su familia para no ir a Vietnam- se ha hecho famoso por decir a la resistencia iraquí: "Os expulsaremos". Su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, hizo caso omiso de las preocupaciones de los soldados rasos sobre la mala calidad de sus vehículos blindados contestándoles que "[...] se va a la guerra con el ejército que se tiene".

Ahora, tras la muerte de cerca de 2.500 estadounidenses [1] y de más de 100.000 iraquíes, el comandante en jefe de EEUU ha entrado y salido de Bagdad sigilosamente, como un ladrón.

Nota de IraqSolidaridad:

1. A 20 de junio, EEUU ha perdido ya en Iraq 2.504 militares, de ellos, 1.981 en combate, más dos recientemente desaparecidos en Yusufiyah, al sur de la capital. La cifra de heridos supera los 10.000, siempre según datos oficiales del Pentágono.

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