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Bush busca la ayuda de sus enemigos en Iraq

EEUU abre contactos con Irán y la resistencia iraquí

Gareth Porter*

IPS News, 16 de enero, 2006
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org) 24 de enero, 2006
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Felisa Sastre

"En 2005, algunos funcionarios estadounidenses llegaron a la conclusión de que la política de estadounidense conducía a unos resultados opuestos a sus intereses primordiales. Sus principales aliados iraquíes, los partidos chiíes militantes, estaban alineados con Irán, su mayor enemigo, mientras que las fuerzas estadounidenses luchaban contra las organizaciones sunníes de la resistencia, cuyos intereses a largo plazo son contrarios tanto a los de Al Qaeda como a los de Irán."

Para evitar el fracaso de sus objetivos en Iraq, la Administración de George W. Bush se ha visto obligada a buscar la ayuda de dos de sus principales enemigos: la resistencia sunní y el gobierno de Irán, pero ambas iniciativas no han progresado porque no ha concedido a sus funcionarios capacidad efectiva para negociar.

Funcionarios estadounidenses en Bagdad tratan ahora de establecer contactos con sus dos mayores enemigos con el fin de conseguir su cooperación en la superación de lo que de otra forma parecen ser obstáculos infranqueables para tener éxito en Iraq. En ambos casos, no obstante, la Casa Blanca no se ha mostrado dispuesta a hacer las concesiones necesarias que faciliten un acuerdo beneficioso para las dos partes.

Los responsables políticos de la Administración [estadounidense] han reconocido, al parecer, que sin la ayuda de Irán y de los dirigentes de la resistencia sunní, se enfrentan a una probable espiral de violencia sectaria, a la constante resistencia armada sunní, a la instalación de los terroristas de Al Qaeda y a una predominante influencia política iraní.

En 2005, algunos funcionarios estadounidenses llegaron a la conclusión de que la política de estadounidense conducía a unos resultados opuestos a sus intereses primordiales. Sus principales aliados iraquíes, los partidos chiíes militantes, estaban alineados con Irán, su mayor enemigo, mientras que las fuerzas estadounidenses luchaban contra las organizaciones sunnies de la resistencia, cuyos intereses a largo plazo son contrarios tanto a los de Al Qaeda como a los de Irán [1].

Irán mantiene una enorme y posiblemente decisiva influencia en Iraq gracias a sus estrechos lazos con los grupos político-militares chiíes [2]. El alcance de esta influencia se puso de manifiesto en julio pasado cuando el ministro de Defensa de Iraq, Saadun Dulaimi, en una visita a la capital iraní, intercambió opiniones sobre una posible cooperación militar entre los dos países sobre lo que se volvió atrás ante las presiones estadounidenses.

Sin embargo, el embajador estadounidense, Zalmay Jalilzad, reconoció que podría resultar necesario servirse de la influencia iraní para tratar de conseguir un comportamiento más moderado de los partidos chiíes. Mientras tanto, los funcionarios estadounidenses han llegado a la conclusión -si bien tardíamente- de que las organizaciones sunníes de la resistencia, podrían realmente servir a los intereses de EEUU al acabar con los refugios de terroristas en Iraq, así como limitar la influencia iraní. Han reconocido que los dirigentes laicos y sunitas baazistas de la resistencia se oponen enérgicamente a la ideología y tácticas de la organización de al-Zarqaui y que incluso se han enfrentado en algunas ocasiones con los grupos relacionados con Al Qaeda [3]. Más aún, de la misma manera que los líderes políticos sunníes que se presentaron a las elecciones parlamentarias de diciembre, los dirigentes de los grupos resistentes sunníes se oponen con todas sus fuerzas a la influencia iraní en Iraq. De forma que los sunníes que luchan contra la ocupación son en realidad aliados potenciales.

Los 'ajustes' de Jalilzad

El otoño pasado, Jalilzad presionó, con éxito parcial, para que se hicieran ajustes significativos de la estrategia estadounidense en Iraq en los dos frentes de la insurgencia: el iraní y el sunní. En una entrevista con Newsweek a finales de noviembre [de 2005], reveló que la Casa Blanca le había autorizado a "[] entablar conversaciones con los iraníes" y lo calificó de "un ajuste" político [4]. Pocos días después, Jalilzad declaró a ABC News que hablaría con cualquier grupo resistente con excepción del de Abu Musab al-Zarqaui y de aquellos que todavía eran leales al ex presidente iraquí Sadam Husein.

Dos meses después, una delegación iraquí que se desplazó a Teherán llevó una carta de Jalilzad en la que proponía la cooperación estadounidense-iraní en Iraq. Pero a Jalilzad no se le autorizó a negociar con Teherán. El portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, señaló ante los periodistas que el embajador tenía "[...] una autoridad muy limitada y relacionada exclusivamente con los asuntos iraquíes".

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Manoucher Mottaki, afirmó de inmediato que Irán no tenía intención alguna de negociar con Estados Unidos. Sin embargo, es evidente que Irán está dispuesto a llegar a un acuerdo sobre la forma de estabilizar Iraq a condición de que se pongan también sobre la mesa otros muchos asuntos.

El 4 de mayo de 2003, según un reportaje del diario Financial Times, publicado diez meses después, un diplomático suizo trasladó al Departamento de Estado una propuesta iraní de un "gran acuerdo" que desembocaría en la coordinación de las políticas estadounidense e iraní sobre Iraq, el apoyo a la solución de dos Estados para el conflicto israelo-palestino y el final del programa de enriquecimiento nuclear de Irán, a cambio de la normalización de las relaciones y el abandono de la política estadounidense del "cambio de régimen" [interno en Irán]. Sin embargo, los neoconservadores de la Administración [estadounidense], dirigidos por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, esperaban que el régimen iraní se desmoronaría y la Casa Blanca rechazó la oferta.

A pesar del hecho de no tener nada que ofrecer a los iraníes, Jalilzad continúa buscando la ayuda de Teherán para estabilizar Iraq. El 4 de enero, el periódico Al-Hayat de Londres, citaba fuentes iraníes e iraquíes que aseguraban que Jalilzad había enviado una carta a Irán, a través de una delegación del ministerio de Defensa iraquí, en la que proponía que los dos países coordinaran su política sobre Iraq. Esto quiere decir que la actual política diplomática estadounidense se basa en que la Casa Blanca considera que todavía puede coaccionar a los iraníes para cumplir sus órdenes en Iraq. El gobierno iraní, sin embargo, cree sin duda que, debido a la gravedad de la situación en Iraq, dispone de las mejores bazas en su negociación con EEUU a pesar de las continuas amenazas militares estadounidenses.

El 14 de enero, el presidente Mahmud Ahmedinejad declaró que EEUU trata a Irán utilizando un lenguaje "[...] muy duro e ilegal pero en última instancia ellos nos necesitan más que nosotros a ellos". Esto parecía una referencia a la necesidad que tiene EEUU de Irán para intentar estabilizar Iraq.

La declaración iraní, que se produjo pocos días después de que el líder chií [del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq], Abdul Aziz al-Hakim, rechazara con rotundidad cualquier posibilidad de cambios en la Constitución de Iraq, indica que Irán pudiera haber contando con el apoyo de sus aliados chiíes en Iraq en sus intentos de presionar a Washington para que acepte negociaciones serias con Teherán. Tales negociaciones abordarían los problemas en Iraq y otros asuntos fundamentales relacionados con la energía nuclear y la política estadounidense para el cambio de régimen.

Negociar con la resistencia

La apertura de la Administración [estadounidense] hacia la resistencia sunní ha adolecido de una falta de decisión parecida. El 6 de enero, el diario The New York Times informaba en primera página de que funcionarios estadounidenses habían iniciado "negociaciones directas con la resistencia sobre el terreno" y que estaban "[...] en comunicación con los principales dirigentes de la resistencia a través de intermediarios."

Según uno de los líderes de la insurgencia, el mensaje trasladado a esos grupos es que Washington quería su ayuda en la lucha contra Al Qaeda. Abu Amin, un ex oficial del ejército iraquí que dirige las guerrillas sunníes en Yusefiya [localidad situada al sur de Bagdad], declaró a Times que los funcionarios estadounidenses les preguntaron: "¿Tienen relación con Al Qaeda? ¿Pueden ayudarnos a atacar Al Qaeda? ¿Pueden echar Al Qaeda de Iraq?"

El informe deja claro, no obstante, que los funcionarios estadounidenses no tienen autoridad para ofrecer acuerdo alguno a la resistencia. El líder del Partido Islámico, Tareq al-Hashimi, manifestó a Times que no creía que los nuevos contactos estadounidenses con la resistencia hubieran hecho ningún progreso, ya que EEUU no negociaría la exigencia de la resistencia de establecer un calendario para la retirada [6].

En un artículo posterior en Times, se decía que "[...] los funcionarios estadounidenses e iraquíes creen que los conflictos les ofrecen una de las mejores oportunidades desde que surgió la resistencia en Iraq hace casi tres años". Pero los hechos ponen de manifiesto que la resistencia no cooperará sin una prueba de la disposición de EEUU a negociar con ellos la retirada. "Va contra mis principios cooperar con los estadounidenses", ha declarado un dirigente de la resistencia iraquí.

La Casa Blanca, a pesar de la necesidad que tiene de que los sunníes resistentes e Irán cooperen con ellos, no ha asumido todavía el hecho de que no puede limitarse simplemente a ordenar que esa cooperación se lleve a cabo. Habida cuenta de esta contradicción, puede que se avecinen otros ajustes en la estrategia estadounidense.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Encuentro de la CEOSI con Relaciones Internacionales de la Resistencia Iraquí - A meeting of the Spanish Campaign against Occupation and for the Sovereignty of Iraq and International Relations of the Iraqi Resistance y Carlos Varea: Enfrentamientos entre la resistencia y Al Qaeda en Iraq
2. Véase en IraqSolidaridad:
Loles Oliván: Irán en Iraq, una amenaza a la hegemonía de EEUU y Raghida Dergham: Irán recibe Iraq como un 'regalo' de EEUU
3. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: Enfrentamientos entre la resistencia y Al Qaeda en Iraq
4. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: Una resistencia imbatible. Los planes de EEUU y Reino Unido de salida escalonada de Iraq, el primer paso hacia el reconocimiento de su derrota
5. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: La negociación entre EEUU y la resistencia iraquí

English Texto original
English IPS News

Carlos Varea: La negociación entre EEUU y la resistencia iraquí

Encuentro de la CEOSI con Relaciones Internacionales de la Resistencia Iraquí
- A meeting of the Spanish Campaign against Occupation and for the Sovereignty of Iraq and International Relations of the Iraqi Resistance

Carlos Varea: Enfrentamientos entre la resistencia y Al Qaeda en Iraq

Loles Oliván: Irán en Iraq, una amenaza a la hegemonía de EEUU

Raghida Dergham: Irán recibe Iraq como un 'regalo' de EEUU

Carlos Varea: Una resistencia imbatible. Los planes de EEUU y Reino Unido de salida escalonada de Iraq, el primer paso hacia el reconocimiento de su derrota

* Gareth Porter es historiador y analista de política nacional de seguridad. Su último libro, Perils of Dominance: Imbalance of Power and the Road to War in Vietnam, se publicó en junio de 2005

Tropas de EEUU combatiendo con la resistencia en noviembre de 2005 en Ubaydi (The Guardian)

Un detenido iraquí cerca de Rawa, en la provincia de al-Anbar (The Guardian)

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