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Las ambigüedades de la nueva ley del petróleo abren las reservas energéticas a su privatización

¿Controlarán las grandes compañías extranjeras el petróleo de Iraq?

Christian Parenti *

Alternet (www.alternet.org), 6 de marzo, 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 9 de abril, 2007
Traducido para IraqSolidaridad por Consuelo Delgado

“Frente a esta visión de desintegración general, un pequeño grupo de políticos iraquíes se pasó un año haciendo el borrador de la nueva ley de hidrocarburos en secreto. Desde el exterior intervenían la empresa consultora estadounidense ‘BearingPoint’, así como las embajadas británica y estadounidense, y el ministro estadounidense de la Energía, Samuel Bodman, que al parecer mostró las primeras versiones del borrador de la ley a varias de las grandes empresas petroleras. Para añadir más presión, el FMI ha hecho que la aprobación de una ley de hidrocarburos liberalizadora sea una condición para cancelar alrededor del seis por ciento de la deuda pendiente de Iraq.”


Un paracaidista de EEUU protege una instalación petrolera cerca de Kirkuk

La guerra y la corrupción han paralizado la capacidad de Iraq de exportar petróleo, pero eso no impide los esfuerzos de las grandes compañías para controlar y sacar beneficio de lo que queda. La bonanza petrolera del Iraq de la posguerra sigue siendo un espejismo. El país tiene las segundas, o terceras, mayores reservas del mundo, y ello hace que el petróleo sea el eje y el principal motor de su economía. Así, en marzo de 2003 Paul Wolfowitz aseguró ante el Congreso [de EEUU] que Iraq “[…] financiaría su propia reconstrucción y relativamente pronto”. Los estrategas estadounidenses predijeron que la producción de petróleo iraquí se triplicaría hasta llegar a la escalofriante cifra de seis millones de barriles diarios en torno a 2010.

Sin embargo, la guerra, la corrupción, las luchas sectarias y el crimen generalizado han reducido el sector petrolero —en su día poderoso— a un zombi industrial: aún en pie, funcional, pero básicamente muerto.

A pesar de esto, las grandes petroleras y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han presionado a Iraq para que apruebe una ley de hidrocarburos enteramente de libre mercado, que permitiría a las compañías extranjeras obtener grandes beneficios del petróleo de Iraq. Se acaba de publicar un borrador de la ley; el Consejo de Gobierno iraquí lo ha aprobado y enviado al Parlamento de Iraq para su debate y aprobación en marzo [1].

Confusión generalizada

Pero ¿están las grandes compañías petroleras realmente preparadas para su victoria total en Iraq? Semejante resultado es difícil de imaginar, al menos a corto plazo, dada la probable oposición de los iraquíes y, sobre todo, de la espiral de caos: Iraq es una sociedad en ebullición sin un verdadero Estado al que dirigirse. Muchos políticos han huido de Iraq y rara vez se arriesgan a volver a Bagdad, por lo que puede ser difícil conseguir un mínimo quórum parlamentario. Controlar y aprovecharse del petróleo iraquí ha sido el objetivo de las grandes compañías petroleras, pero ellas no escriben la historia sin que les importune el impulso de los acontecimientos y los planes de la competencia.

Tampoco la ley de petróleo propuesta sirve simplemente Iraq en bandeja a los gigantes del petróleo. Un analista afincado en Londres, que esperaba una ley más descentralizada y de libre mercado, la definió como “[…] absolutamente confusa”. Sobre las cuestiones clave de la inversión extranjera y la descentralización regional frente al control centralizado, la ley es vaga pero no del todo mala. En términos generales, reafirma el control estatal sobre el petróleo y une al centro sunní y al sur shií de Iraq con el norte kurdo mediante la creación nuevamente de una única Compañía de Petróleo Nacional Iraquí que, a su vez, distribuirá los ingresos del petróleo en las regiones en función de su población. Esto podría ayudar a atenuar el conflicto sectario.

Pero la ley deja en el aire muchas cuestiones problemáticas [2]. Todos los detalles importantes los deja para una resolución posterior emitida por un nuevo Consejo Federal del Petróleo y del Gas que controlará el primer ministro y que, en la práctica, evitará su paso por el Parlamento. Y mientras la ley declara una serie de objetivos económicos genéricamente nacionalistas, no establece ningunos mínimos para la participación del Estado ni limita la cantidad de beneficios permitidos a las compañías extranjeras.

Entre la clase política iraquí hay una confusión generalizada sobre la nueva ley, pero también hay un profundo foco de nacionalismo que se opone a la venta del patrimonio del país. Mis entrevistas con expertos del petróleo, políticos y ciudadanos todos ellos iraquíes, revelaron una visión bastante razonable y equilibrada de la situación: la mayoría cree que la participación extranjera en el sector petrolero podría ser beneficiosa para reavivar una industria maltrecha tras una pesadilla de quince años de guerra, sanciones, más guerra y ahora anarquía; pero ninguno piensa que Iraq debiera esclavizarse a los dictados de la Shell, la BP o la ExxonMobil.

Si al final se lleva a cabo una interpretación de la ley agresivamente liberalizadora y descentralizadora, no está nada claro que ello determine, de hecho, el futuro (si es que hay alguno) del sector petrolero iraquí. “[…] Si se aprueba una ley del petróleo injusta, [ésta] se convertirá en una manzana de la discordia para los años venideros”, dice Kamil Mahdi, un académico iraquí, actualmente en la Universidad de Exeter, en Reino Unido: “[…] Se recordará como algo forzado en el peor periodo de violencia. Sembrará la semilla de la inestabilidad por toda la región”.

Por tanto, ¿qué estipulará realmente la nueva ley del petróleo? ¿Se convertirá en ley y será aceptada por la gente? Y ¿cuáles son las condiciones reales y el potencial de la industria petrolera iraquí?

“[…] La situación es bastante calamitosa y va a empeorar antes de que mejore”, afirma George Orwel, analista petrolero del Servicio de Inteligencia Energético. Orwel estudia la industria petrolera iraquí desde Nueva York mediante contactos telefónicos con todo tipo de interlocutores, desde ministros en Bagdad hasta ingenieros en los pozos petrolíferos de Basora. Él y otros analistas pintan un cuadro horriblemente desolador.

Sabotajes y corrupción

Antes [de la imposición del régimen de sanciones aprobado por Naciones Unidas en agosto de 1990 tras la invasión a Kuwait y] de la Guerra del Golfo de 1991, el sector petrolero del país producía hasta 3,5 millones de barriles diarios; pero después de cuatro años de ocupación, Iraq sólo ha conseguido en los últimos tiempos y momentáneamente una producción de 2,1 millones de barriles al día, y rara vez logra exportar más de 1,5 millones de barriles al día. La producción actual de petróleo en Iraq se concentra en el norte y el sur. Pero desde la invasión dirigida por EEUU, la producción en los campos del norte se ha suspendido casi por completo debido a los constantes sabotajes: se han registrado 400 ataques importantes en los oleoductos que conectan los campos de Kirkuk con la refinería de Baiji, y los que unen ambos con el puerto turco de Ceyhan. El pasado año, los ataques a las instalaciones petroleras y a los empleados mataron a 289 personas e hirieron a 179 [3].

El ministerio del Petróleo —controlado por el gobierno shií— está enfangado en la corrupción. Un burdo trabajo de archivo, una escasa contabilidad, poca inversión y una pérdida endémica de cerebros marcan la tónica. Muchos de los ingenieros del petróleo y geólogos de Iraq han huido. “[…] La mayoría de esos hombres están escondidos en ciudades sunníes, conduciendo taxis o han huido al extranjero porque estaban en las listas de los escuadrones de la muerte”, afirma el ingeniero jefe Abdulá, de la provincia de Saladino.

El año pasado, el ministerio del Petróleo asignó 3.500 millones de dólares para proyectos tales como la reparación de oleoductos, pero debido a la pésima seguridad y a una falta de técnicos y gestores especializados, el ministerio sólo gastó, hasta agosto de 2006, 40 millones de dólares. El trabajo se encomendó a la Compañía Estatal de Proyectos Petroleros, controlada por el ministerio, que ha asumido la responsabilidad de las construcciones, prospecciones y reparaciones ahora que [las empresas] Halliburton y Parsons, a los que se han pagado miles de millones [de dólares], pero que han hecho bien poco, han huido.

Las exportaciones son ahora tan escasas y el flujo de petróleo es tan intermitente que el año pasado el gobierno iraquí pagó más de 100 millones de dólares en comisiones de demora, o en tasas de compensación a los petroleros que estuvieron retenidos esperando a cargar en Basora.

Hasta mediados de 2006, la mayoría de los oleoductos iraquíes no estaban siquiera equipados con contadores en funcionamiento [4]. Al principio de la ocupación, el administrador civil impuesto por EEUU, L. Paul Bremer, se negó a instalar los nuevos [contadores] —¿por qué?, nadie lo sabe—. Ahora, los pocos contadores instalados en Basora no funcionan bien y su mantenimiento se ha pospuesto otro mes más. Hay analistas que calculan los niveles de producción de Iraq sumando la cantidad de petróleo que compran los transportistas internacionales.

El contrabando prolifera con métodos que van desde el uso de convoyes de camiones y de pequeños camiones-cisterna [usados] para legitimar los camiones-cisterna que superan el nivel de carga fijado en los libros y pagan sobornos a los oficiales para que registren a la baja la cantidad del cargamento.

En la frontera kurdo-turca, los camiones-cisterna esperan aparcados en filas de tres y cuatro en paralelo, formando colas de hasta casi 13 kilómetros. Los camioneros se pasan los días jugando a las cartas, bebiendo té y revisando los motores, a la espera de que los superiores paguen los sobornos y falsifiquen los documentos para que puedan pasar. El inspector general del ministerio del Petróleo iraquí calculó recientemente que un conductor de camión de petróleo que esté dispuesto a arriesgarse por las autopistas del país debe contar con pagar unos 500 dólares en sobornos y obtendrá unos 8.400 dólares de beneficio una vez que haya revendido su cargamento en un país más seguro.

El precio subsidiado de la gasolina iraquí, que es menos de la mitad del precio en la región, hace muy rentable la reventa en Jordania o en Siria del combustible iraquí comprado legalmente. Pero según la Oficina contabilidad gubernamental de EEUU, alrededor del 10 por ciento del petróleo refinado en Iraq es robado. Revenue Watch calcula que esto le costó al Estado 4.200 millones de dólares en pérdidas por ingresos en 2005.

Los políticos sunníes acusan a los partidos dominantes shiíes de controlar la mayor parte de este tráfico secreto de petróleo. “[…] El petróleo iraquí se saca de contrabando del país de forma habitual de muy variadas maneras”, afirma un comerciante de petróleo en Amán. “[…] El emir al-Hakim, dirigente del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq [CSRII], se pasa el tiempo en Basora vendiendo petróleo como si fuera suyo. La gente de allí le llama Uday al-Hakim, para indicar que se comporta de la misma forma que Uday Sadam Huseín. Otros comerciantes, como yo mismo, tenemos que hacer los negocios grandes a través de él o contrabandear pequeñas cantidades por nosotros mismos. El petróleo se reparte ahora entre los partidos políticos en el poder.”

La nueva ley del petróleo y el FMI

Dado el grado de violencia que existe en Iraq, es sorprendente que se pueda producir y exportar petróleo. La industria funciona, en parte, por los intentos desesperados de los propios iraquíes que se aferran a cualquier apariencia de normalidad. Un ingeniero del ministerio del Petróleo, que se niega a abandonar el país, ahora vive en su oficina con su mujer.

La creciente violencia implica que casi no haya inversión extranjera en el sector del petróleo iraquí, excepto cinco pequeños contratos entre el gobierno regional de Kurdistán y un grupo de empresas independientes de prospección y perforación. Solamente una de éstas ha tenido éxito: la empresa noruega DNO [que] opera en un pozo cerca de la frontera turca [5].

Frente a esta visión de desintegración general, un pequeño grupo de políticos iraquíes se pasó un año haciendo el borrador de la nueva ley de hidrocarburos en secreto. Desde el exterior intervenían la empresa consultora estadounidense BearingPoint, así como las embajadas británica y estadounidense, y el ministro estadounidense de la Energía, Samuel Bodman, que al parecer mostró las primeras versiones del borrador de la ley a varias de las grandes empresas petroleras. Para añadir más presión, el FMI ha hecho que la aprobación de una ley de hidrocarburos liberalizadora sea una condición para cancelar alrededor del seis por ciento de la deuda pendiente de Iraq.

Se calcula que Iraq necesitaría entre 20.000 y 30.000 millones de dólares de nueva inversión para volver a poner en funcionamiento el sector petrolero. Después de unos préstamos externos iniciales y de soporte técnico de empresas de servicios petroleras, Iraq podría volver a ser autofinanciable y podría atraer de nuevo a sus ingenieros. Pero las grandes compañías de petróleo quieren aprovecharse de la actual debilidad de Iraq para obtener el mayor acceso posible al petróleo iraquí. Y los políticos iraquíes que trabajan en la ley de hidrocarburos —dirigidos por el ministro de Petróleo, Huseín al-Sharistani, un destacado antiguo exiliado [6]— han tomado una posición claramente de libre mercado.

En un correo electrónico que me remitió el ministro Sharistani, me explicó [cuál era] la actitud hacia las compañías extranjeras:

“Abrir el caudaloso sector petrolero iraquí a la inversión de compañías petroleras internacionales de reconocido prestigio con tecnologías de vanguardia y recursos financieros para una rápida explotación de los campos de gas y petróleo a través de licitaciones transparentes que ofrezcan la mejor retribución al pueblo iraquí es algo que ningún partido en el gobierno, ni fuera de él, discute. Incluso bajo el anterior régimen se animaba a este tipo de cooperación.”

Pero a diferencia de otros políticos iraquíes que en los últimos años intentaron reestructurar la industria petrolera iraquí, la comisión de Sharistani tuvo que dar marcha atrás en algunos de los aspectos más controvertidos del borrador de ley. En un principio, el primer ministro nombrado por EEUU, Iyad Allawi, lanzó un plan de privatización total: dar a las empresas extranjeras la propiedad del petróleo del subsuelo. Ese tipo de acuerdo sólo existe en EEUU; en el resto de los países el petróleo es propiedad del Estado, incluso si empresas privadas lo extraen y venden. El plan de Allawi duró lo que el plan fallido de rediseñar la bandera de Iraq (la “nueva” bandera defendida por Bremer era azul y blanca, como la bandera israelí; ondeó un solo día en el verano de 2004). Planes similares para privatizar la industria estatal del aceite vegetal y del jabón se abandonaron silenciosamente cuando unos agresores desconocidos abatieron de un disparo al gerente de la compañía que estaba a favor de la privatización.

El borrador de la ley dejará la propiedad del petróleo en manos del Estado. Pero según diversas informaciones, las primeras versiones de la ley incluían contratos denominados Acuerdos de Participación en la Producción (APP) [7] que permitirían un promedio inusualmente alto de la tasa de beneficio del  25%. Los APP son ampliamente denostados porque a menudo son perjudiciales y [se celebran] a largo plazo. [En cambio], las compañías petroleras privadas prefieren los APP porque les permiten contabilizar las reservas de petróleo en sus libros —aumentando así su valor en los mercados internacionales.

Hace varias semanas, el ministro Sharistani me dijo: “[…] No hay ninguna referencia a los APP en el borrador [del a ley], y nunca ha habido ninguna referencia a ellos en el borrador que el ministro propuso a la Comisión de Energía. El Consejo Federal del Gas y del Petróleo decidirá qué tipo de acuerdo para qué campos [petrolíferos] maximizará los ingresos para Iraq”. En efecto, la nueva ley no menciona los APP y estipula que las empresas tendrán que negociar campo por campo.

La ley reestructurará la industria del petróleo en otros sentidos fundamentales: nombrará un Consejo Federal del Gas y del Petróleo dirigido por el primer ministro para supervisar todos los futuros contratos así como para revisar los acuerdos existentes. Esos acuerdos incluyen los cinco contratos firmados por el gobierno regional kurdo y seis destacados APP firmados entre Sadam Husein y un conjunto de compañías —entre las que destacan Lukoil de Rusia, Total de Francia, la Sociedad Nacional China de Petróleo y Eni de Italia.

Una única Compañía Nacional del Petróleo Iraquí, de titularidad estatal, será reconstituida bajo el control del gobierno central. Este compromiso de volver a centralizar la industria petrolera podría aplacar los temores de los sunníes de que los dejen de lado sin ningún ingreso del petróleo, y como tal representa un serio compromiso de los kurdos. En un orden más general, la centralización podría empujar a las diferentes facciones dirigentes a una especie de cooperación corrupta, minimizando las fuerzas centrífugas de la guerra civil.

Por consiguiente, ¿cómo se recibirá la ley? Incluso los planes más ingeniosos fraguados en la Zona Verde tienen su contrapartida en la anarquía y en el nacionalismo profundamente arraigado del pueblo. Como me dijo un iraquí exiliado dedicado al petróleo, el doctor Mohamed-Ali Zainy, “[…] para nosotros, el petróleo es una cuestión muy sensible” [8].

“[…] La mentalidad política del ministerio se opone a la liberalización”, dice Rafia Latta, un analista del petróleo afincado en Londres que trabaja para Argus Energy. “[…] Estos tipos dirigieron muy bien la industria durante todos los años de sanciones. Fue un trabajo impresionante y ellos están orgullosos de ‘su’ petróleo.”  Los partidos políticos todavía ejercen un considerable poder sobre la cuestión del petróleo y no todos ellos tienen relaciones tan amistosas con las grandes compañías petroleras. Los principales partidos sunníes se oponen firmemente a la liberalización y descentralización, [y es que] ambas cosas podrían permitir al norte y al sur mantener los ingresos [del petróleo] lejos del centro del país, más fuertemente sunní.

“[…] Creemos que cualquier decisión que se apruebe en estas circunstancias excepcionales (…) sería un error”, dice Saleh Mutlaq, del Frente Iraquí para el Diálogo Nacional, un partido sunní [9] que se opone a cualquier movimiento encaminado a la ruptura de Iraq en bloques regionales:  “[…] Además, ello complicará más aún el escenario iraquí y tendrá que hacer frente a un amplio rechazo público por parte del pueblo iraquí”. Un representante del Partido Islámico, una destacada formación sunní, especulaba que el bloque shií de los seguidores de Moqtada as-Sáder se uniría a ellos para oponerse a cualquier ley del petróleo que fuera excesivamente permisiva con las compañías petroleras extranjeras.

“[…] De hecho, nos asusta el tema de la inversión petrolera porque no confiamos en el proceso político que se gestó durante [la época de] Bremer”, asiente Sheik Ghaith al-Temimi, un destacado portavoz de as-Sáder. Él acusa a la mayoría de los políticos iraquíes de “[…] robar el petróleo” y de “[…] colaborar” con la ocupación, pero no se muestra igualmente hostil a la participación extranjera en el sector petrolero. Sus sentimientos parecen resumir la posición de la mayoría de los iraquíes: “[…] Daríamos la bienvenida a cualquier inversión en nuestro petróleo pero con ciertas condiciones. Queremos que nuestro petróleo se explote, no que se robe. Si se llegara a aprobar una ley mala, todo el pueblo iraquí opondría su resistencia” [10].

El Sindicato de los Trabajadores del Petróleo de Iraq se opone profundamente a cualquier movimiento encaminado a la liquidación de los recursos nacionales. El sindicato ha parado la producción del petróleo en Iraq en varias ocasiones y ha hecho un llamamiento a los parlamentarios iraquíes para que rechacen la ley [11].

Muchos ciudadanos iraquíes ahora parecen ver el petróleo como una maldición. “[…] Nos están castigando porque Sadam [Husein] nacionalizó el petróleo iraquí. En los años setenta oí decir a mis profesores del colegio que Europa y EEUU no dejarían que eso quedara sin castigo”, afirma Salim Alwan, un oficial de policía en Faluya.

“[…] Ojalá no tuviéramos petróleo en este país”, dice Numan Hany, un profesor de Mosul: “[…] De esa forma EEUU no habría invadido nuestro país y nosotros hubiéramos vivido junto a los dos grandes ríos [Tigris y Éufrates] y en la tierra en la que vivieron nuestros abuelos con dignidad”.

Notas de IraqSolidaridad:

1. El texto dado a conocer de la nueva ley de petróleo puede revisarse (en inglés) en: http://www.revenuewatch.org. Sobre La ley, véase en IraqSolidaridad: Kamil Mahdi: El petróleo iraquí pasará a control extranjero y de grupos sectarios colaboracionistas , Jerry White: El régimen iraquí, listo para entregar las reservas de petróleo a las multinacionales energéticas Nota Informativa de la CEOSI:EEUU insta al gobierno iraquí a liberalizar el sector petrolífero , Ben Lando: La explotación de nuevos yacimientos bloque el acuerdo entre fuerzas colaboracionistas , Kamil al-Mehaidi: El futuro del petróleo iraquí y enlaces relacionados.
2.   Particularmente en relación a la gestión de los recursos aún no bajo explotación (véase en IraqSolidaridad: Kamil al-Mehaidi: El futuro del petróleo iraquí ).

3.  Véase en IraqSolidaridad: Miriam Amie: EEUU considera que la producción de petróleo iraquí permanecerá estrangulada durante años , Mike Whitney: La producción se reduce a menos de la mitad del nivel previo a de la invasión Philip Thornton: El petróleo de Iraq, botín de guerra , Michael Hastings: Instalaciones petrolíferas y oleoductos, a merced de los sabotajes de la resistencia y Las exportaciones de petróleo iraquí alcanzan su punto más bajo en noviembre de 2005 .
4.  Véase en IraqSolidaridad: Iraq firma un acuerdo con 'Royal Dutch Shell' para cuantificar la producción y exportaciones de crudo .
5.  Véase en IraqSolidaridad: Philip Thornton: El petróleo de Iraq, botín de guerra y Miriam Amie: EEUU considera que la producción de petróleo iraquí permanecerá estrangulada durante años .
6.  Véase en IraqSolidaridad: Kevin Zeese: Un plan de dominación del petróleo iraquí elaborado durante décadas
7.  También Acuerdos Conjuntos de Producción (Production Sharing Agreements, PSA en la sigla inglesa). Véase en IraqSolidaridad:
Philip Thornton: El petróleo de Iraq, botín de guerra
y Greg Muttitt: Los Acuerdos de Participación en la Producción y el petróleo iraquí.
8.  Léase por ejemplo: La ocupación de Iraq y la reapertura del oleoducto Kirkuk-Haifa .
9.  La formaciones mencionadas en el texto son las implicadas en el proceso político iraquí impuesto por los ocupantes, caracterizadas como “sunníes” o representativas de los intereses de esta comunidad (véase más adelante la mención al Partido Islámico).
10.  Sobre los enfrentamientos entre las milicias shiíes por el control de la e3xportación del crudo en el sur del país, véase:
Pedro Rojo y Carlos Varea: Las milicias chiíes se disputan Basora, mientras Irán bloquea la negociación con EEUU sobre Iraq y La confrontación entre Reino Unido e Irán en el sur del país
11.  Véase en IraqSolidaridad: David Bacon: Entrevista a Hasan Juma Awad. "Los trabajadores iraquíes del sector petrolífero defenderán el petróleo de su país" .

 

Texto original en inglés en: 
www.alternet.org

Kamil al-Mehaidi: El futuro del 
petróleo iraquí 

Greg Mutti: Los Acuerdos de Participación en la Producción y elpetróleo iraquí

Miriam Amie: EEUU considera que la producción de petróleo iraquí permanecerá estrangulada durante años

Mike Whitney: La producción se reduce a menos de la mitad del nivel previo a de la invasión

Philip Thornton: El petróleo de Iraq, botín de guerra

Michael Hastings: Instalaciones petrolíferas y oleoductos, a merced de los sabotajes de la resistencia  

Kevin Zeese: Un plan de dominación del petróleo iraquí elaborado durante décadas

Pedro Rojo y Carlos Varea: Las milicias chiíes se disputan Basora, mientras Irán bloquea la negociación con EEUU sobre Iraq

* Cristian Parenti es corresponsal del diario ‘The Nation’. Además de autor de infinidad de artículos es autor, entre otros, del libro titulado ‘The Freedom: Shadows and Hallucinations in Occupied Iraq’ (New Press, 2004)

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