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Representantes republicanos y demócratas convergen en sus críticas a la estrategia de Bush en Iraq

Continuar la guerra, evitar el colapso de la ocupación

Bill Van Auken *

 World Socialist Web Site (www.wsws.org), 27 de junio de 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 5 de julio de 2007
Traducido del inglés para Iraq Solidaridad por Felisa Sastre

“A la vista de lo que claramente aparece como un catastrófico fracaso del intento estadounidense de conquistar Iraq, el esquema de la nueva política bipartidista empieza a surgir en oposición al rumbo actual adoptado por el gobierno Bush. Se trata de una política diseñada para continuar la guerra y el colonialismo estadounidense en Iraq, en toda la región de Oriente Medio y en el mundo, al mismo tiempo que tratan de distraer y contener el extendido sentimiento popular contra la guerra del pueblo estadounidense.”


Una encuesta de opinión revela que sólo el 30% de los estadounidenses apoya la guerra en Iraq, el índice más bajo de todos los tiempos, y que dos tercios quieren que la retirada de las tropas estadounidenses se inicie de inmediato. Protesta en Santa Mónica (EEUU) contra la guerra en Iraq

El lunes [25 de junio] por la tarde, en un sorprendente giro político, uno de los congresistas republicanos más veteranos advirtió desde el estrado del Senado [de EEUU] que la ofensiva militar del gobierno Bush en Iraq estaba condenada al fracaso y atentaba contra los intereses estratégicos de EEUU en la región y en el mundo [1]. Al día siguiente, un segundo senador republicano hizo una declaración similar.

El senador Richard Lugar de Indiana, el republicano más importante en el Comité de Relaciones Internacionales del Senado y ex presidente del mismo, ha sido un firme partidario de la guerra de Iraq y votó en contra de las tentativas de los demócratas de atenerse a la reciente ley de financiación de la guerra, en la que se proponía un calendario para una retirada parcial de tropas estadounidenses de Iraq. Su discurso del lunes, en el que exigió una reducción de las fuerzas estadounidenses en Iraq, resultó todavía más inquietante para la Casa Blanca puesto que otros dirigentes republicanos, que habían expresando sus reservas sobre la escalada militar en Iraq, habían insistido en que la revisión y un posible replanteamiento de la política estadounidense deberían esperar hasta septiembre, cuando el general David Petraeus, comandante en Jefe de Iraq, y Ryan Crocker, embajador estadounidense en Bagdad, presentaran un informe al Congreso sobre los progresos [realizados].

El martes, siguiendo el ejemplo de Lugar, George Voinovinc, otro senador republicano por Ohio, adoptó una postura similar en una declaración pública a la que acompañó de una carta dirigida a la Casa Blanca: “[…] No debemos abandonar nuestra misión pero tenemos que iniciar una transición en la que el gobierno iraquí y sus vecinos desempeñen un papel más relevante en la estabilización de Iraq”, escribía Voinovich a Bush.

Haciéndose eco de las declaraciones de muchos senadores demócratas y candidatos presidenciales, Voinovivh sugirió que amenazar con la retirada podría resultar útil para presionar al gobierno iraquí y a los Estados árabes vecinos. El senador declaró a los periodistas que una vez que “[…] sepan que somos sinceros, creo que un repentino temor de Dios se abatirá sobre ellos y se dirán ‘tenemos que implicarnos en este asunto’.”

John Warner, veterano senador republicano por Virginia, advirtió ante el Comité de la Fuerzas Armadas del Senado, que Lugar y Voinovich no serían los últimos senadores republicanos en oponerse públicamente a la estrategia de la escalada militar [en Iraq]. Tras la interrupción de actividades del largo fin de semana del 4 de julio, “[…] se escucharán una serie de declaraciones de otros colegas”, afirma.

Rápido empeoramiento

El cambio experimentado por un grupo de senadores republicanos, señalado en el discurso de Lugar, constituye otro indicio de que la debacle desencadenada por la intervención estadounidense en Iraq está empeorando rápidamente y de que grupos significativos de la elite dominante en EEUU temen que pueda provocar resultados catastróficos.

Los altos mandos militares estadounidenses en Iraq han empezado a expresar abiertamente su frustración ante la imposibilidad de desplegar un número suficiente de soldados iraquíes, entrenados y leales al gobierno [de Nuri al-Maliki] apoyado por Washington, para mantener la seguridad en todos los ámbitos, mientras se produce un [nuevo] aumento de tropas de EEUU con el envío de otros 30.000 soldados más al país [2].

Mientras tanto, una encuesta de opinión hecha pública el martes por la CNN revela que sólo el 30% de los estadounidenses apoya la guerra en Iraq —el índice más bajo de todos los tiempos— y que dos tercios quieren que la retirada de las tropas estadounidenses se inicie de inmediato. También, por primera vez, una encuesta indica que más de la mitad de los consultados, el 54%, afirma que no cree que la guerra estuviera moralmente justificada.

Las observaciones de Lugar apenas reflejan esos sentimientos populares. Más bien su idea principal es que la actual política estadounidense resulta contraria a los intereses estratégicos del país en la región —entre los que puso en primer lugar las reservas de petróleo [de Iraq] — y que obstaculiza la capacidad de Washington para intervenir en cualquier otra parte del mundo. Dejó claro que no pedía ni la retirada total de las tropas estadounidenses ni siquiera un calendario concreto para una retirada parcial, sino más bien un empleo más equilibrado de la fuerza militar estadounidense y de la diplomacia para conseguir los objetivos esenciales por los que, en primera instancia, se emprendió la guerra. Lugar declaró: “[...] Nuestro rumbo en Iraq ha perdido el contacto con nuestros intereses vitales de seguridad nacional en Oriente Medio y en otras zonas”, y añadió: “[...] Nuestra dedicación continuada a las actuaciones militares en Iraq limita nuestra firmeza diplomática allí y en cualquier parte del mundo.”

El senador republicano calificó de “muy limitadas” las posibilidades de éxito de la “escalada militar” de Bush y advirtió que su fracaso podría precipitar “[...] una retirada mal planificada que repercutiría negativamente en nuestros intereses vitales en Oriente Medio”. Lugar alegó que la escalada militar que se está produciendo desde principios de año sirve para debilitar más que para reforzar la posición estratégica de EEUU en la región:

“[...] A mi juicio, los costes y los peligros de continuar por la vía actual superan los beneficios potenciales que pudieran conseguirse. Persistir de forma indefinida con la estrategia de la intensificación militar retrasará los ajustes políticos que constituyen una oportunidad mejor para proteger nuestros intereses vitales a largo plazo.”

Lugar continuó advirtiendo que las divisiones sectarias en Iraq, cada vez más profundas, el deterioro del ejército estadounidense por el impacto de una guerra colonial en este país y el calendario político en EEUU, unido a la proximidad de las elecciones presidenciales, hacen que las perspectivas de Washington para estabilizar el gobierno iraquí “en un plazo razonable” sean prácticamente nulas.

El centrarse en la imposición de “parámetros” al gobierno iraquí es inútil en gran medida, según Lugar, y tiene poco que ver con los intereses estadounidenses. Por el contrario, añadió, esas imposiciones sirven ya sea como “medio para justificar una retirada al demostrar que Iraq no tiene remedio” o bien “un intento de justificar nuestra presencia militar al mostrar avances frente a unos mínimos objetivos establecidos”. La estrategia de EEUU, añade, “[…] debe ajustarse a la realidad de que las facciones sectarias en ningún caso se van a reducir rápidamente y es probable que se no puedan controlar desde arriba”. Además, advirtió con dureza, que las perspectivas de éxito de la escalada militar estadounidense se habían visto mermadas gravemente por “[…] el cansancio de nuestro ejército”.

“[…] Se ha perdido la oportunidad de seguir utilizando soldados estadounidenses en los países vecinos de Iraq sin perjudicar nuestra potencia militar o nuestra capacidad de responder ante otras prioridades de la seguridad nacional”, declara Lugar, quien hizo hincapié en los crecientes problemas para reclutar tropas, en la mermada capacidad de las unidades de combate estadounidenses y en los agotadores despliegues de relevos en Iraq y Afganistán, que tardan entre 12 y 15 meses [3]. Citó una reciente encuesta que indica que sólo uno de cada 10 jóvenes estadounidenses muestra “disposición a servir” en el ejército de EEUU, el índice más bajo en la historia de estas encuestas. Al mismo tiempo añadió que habida cuenta de que sólo tres de cada 10 jóvenes “[…] reúnen los requisitos físicos esenciales, de comportamiento y académicos para el servicio militar, las consecuencias de seguir desplegando el Ejército son desastrosas”. Las fuerzas armadas estadounidenses, advirtió, “no son indestructibles”.

Para terminar, llamó la atención sobre el hecho de que la continuación de los debates partidistas sobre Iraq durante el periodo electoral de 2008, con una Casa Blanca maniatada por un Congreso dirigido durante el próximo año y medio por los demócratas: “[…] Supone un gran peligro para la seguridad nacional estadounidense”. Un conflicto tan prolongado, añadió, “[…] podría aumentar en gran medida las posibilidades de una retirada mal planificada de Iraq o probablemente de toda la región de Oriente Medio, lo que podría dañar los intereses estadounidenses durante décadas.”

Los intereses vitales, en juego

Lugar fue contundente al definir los “intereses vitales en juego” del capitalismo estadounidense:  “[…] La vitalidad de nuestra economía y de las economías de la mayor parte del mundo dependen del petróleo que proviene del golfo Pérsico.”

Alegó que la forma en la que actualmente se está desarrollando la guerra socava esos intereses y exigió al gobierno Bush que cambiara su enfoque desde la creación de un gobierno estable en Iraq, apoyado por EEUU, a la defensa de “[…] los objetivos fundamentales de la seguridad nacional”, que definió como: impedir que Iraq se convierta en un “paraíso seguro” para los terroristas, detener la propagación de las revueltas iraquíes en el resto de la región, proteger las instalaciones petroleras, bloquear el predominio regional iraní y “[…] poner fin a la pérdida de credibilidad de EEUU en la región y en el resto del mundo como consecuencia de nuestra misión en Iraq”. Al mismo tiempo que exponía que el actual aumento de tropas resulta ineficaz para alcanzar esos objetivos, Lugar insistió en que una retirada completa de las tropas iría en detrimento de los intereses de EEUU. En su lugar, propuso una “disminución progresiva” de las fuerzas militares estadounidenses en Iraq junto al nuevo despliegue de las tropas de ocupación estadounidenses hacia las bases en Kuwait o de otros estados vecinos, en el territorio autónomo kurdo y en “[…] lugares fácilmente defendibles en Iraq, fuera de las zonas urbanas”. Pidió también que cesaran “[…] los intentos estadounidenses de interponerse entre las facciones sectarias iraquíes”.

Tal reducción de fuerzas armadas estadounidenses en Iraq es necesaria porque los actuales niveles de despliegue, afirma, “[…] han situado la política exterior estadounidense en una situación defensiva que detrae recursos de otras necesidades de seguridad nacional, incluido Afganistán, y añade:

“[…] En este siglo, EEUU no puede permitirse mantener indefinidamente una actitud defensiva.”

El discurso de Lugar coincide en gran medida con las opiniones expresadas en el artículo de opinión de James Gilmore —candidato republicano a la Presidencia, ex gobernador de Virginia y ex presidente del Partido Republicano—, publicado en el diario The Washington Post la semana pasada. Gilmore apela a la “tercera vía” y se opone tanto al aumento de tropas como a la retirada inmediata del ejército estadounidense, aduciendo que EEUU debe definir sus “[…] objetivos en términos de intereses nacionales y dejar al pueblo iraquí que se ocupe de sus propios asuntos.” Para ello, exige “[…] una meditada y parcial reducción de las tropas estadounidenses y el “[…] nuevo despliegue de las fuerzas restantes de la región a zonas desde donde puedan llevar a cabo de forma más eficiente y efectiva misiones claramente definidas”.  

La Casa Blanca: ‘paciencia’ 

El martes, la Casa Blanca respondió al discurso de Lugar instando a tener mucha más paciencia con las operaciones militares estadounidenses en curso. Toni Snow, portavoz de la Casa Blanca, afirmó que el gobierno “[…] sabía desde hacía tiempo que Lugar tenía reservas sobre la política seguida” y añadió: “[…] Esperamos que los miembros del Congreso y del Senado den una oportunidad para que el plan de seguridad para Bagdad se lleve a cabo”. 

Entretanto, los dirigentes del Partido Demócrata en el Senado loaron el discurso de Lugar como si fuera un héroe. Harry Reid, senador por Nevada y dirigente de la mayoría del Senado, calificó el discurso de “brillante” y “valiente”, augurando que pasaría a la historia como un punto de inflexión en [el desarrollo de] la guerra.

Whip Dick Durbin, otro de los senadores de la mayoría demócrata por Illinois que se posicionó en contra de la guerra, alabó el discurso de Lugar, calificándolo de “reflexivo, sincero y honesto”, y afirmó que se situaba en la “mejor tradición del Senado de EEUU.” Instó a demócratas y republicanos a “[…] abandonar el debate sobre Iraq” y a que tomaran en consideración las sugerencias de Lugar como “[…] punto de partida para un debate positivo, un debate que analice el conflicto de manera realista”.

Estas alabanzas de los demócratas hacia Lugar sirven para explicar la auténtica posición política del partido de la supuesta oposición a la guerra de Iraq. El propósito del seis veces senador republicano por Indiana no es el de acabar con la intervención imperialista estadounidense en Iraq ni en el conjunto de la región, sino salvarla. Su argumentación se reduce a apelar a un uso más racional de la potencia militar estadounidense dejando de lado sus intentos de pacificar las ciudades iraquíes o de acabar con los enfrentamientos sectarios para concentrarse en la defensa de los intereses estratégicos estadounidenses y, primero y por encima de todo, en el petróleo. Una de las principales razones esgrimidas para esa política es la necesidad de utilizar las fuerzas armadas de EEUU en cualquier otro lugar entre los que figura, sin duda alguna, una futura intervención militar contra Irán.

Esta es también, en gran medida, la posición demócrata. Más allá de toda la puesta en escena política sobre “el final de la guerra” que el último mes ha acompañado los intentos frustrados de los demócratas en el Congreso para adaptar los calendarios y las condiciones del despliegue militar en Iraq a los 120.000 millones de dólares suplementarios del presupuesto bélico, los términos de las resoluciones demócratas incluyen estipulaciones para una “misión reducida” de las tropas estadounidenses en Iraq. Esto supone “[…] operaciones antiterroristas estadounidenses en Iraq”, el entrenamiento de las fuerzas títeres iraquíes y la protección de los ciudadanos estadounidenses y sus instalaciones, lo que presumiblemente implica [la protección de] los campos petrolíferos gestionados por los estadounidenses, un conjunto de objetivos que, sin duda, mantendría a decenas de miles de soldados en territorio iraquí durante un futuro inmediato.

A la vista de lo que claramente aparece como un catastrófico fracaso del intento estadounidense de conquistar Iraq, el esquema de la nueva política bipartidista empieza a surgir en oposición al rumbo actual adoptado por el gobierno Bush. Se trata de una política diseñada para continuar la guerra y el colonialismo estadounidense en Iraq, en toda la región de Oriente Medio y en el mundo, al mismo tiempo que tratan de distraer y contener el extendido sentimiento popular contra la guerra del pueblo estadounidense.

 

Notas de IraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: "Nueva estrategia para Iraq": Bush vuelve a equivocarse. Fuertes combates en Bagdad anticipan la aplicación del nuevo plan de Bush y Thomas E. Ricks y Ann Scott Tyson: La nueva batalla por Bagdad. El plan de Bush prefigura una intensificación de los combates en las calles de Bagdad .
2. Además de los 21.000 soldados ya enviados en los primeros meses de 2007 (ver nota anterior), otros 28.500 efectivos llegar
án a Iraq este verano con destino Bagdad y sus alrededores (The Washington Post, 29 de junio, 2007).
3. Véase en IraqSolidaridad:
Will Dunham: El ejército estadounidense muestra síntomas de agotamiento. Cinco años de guerra en Iraq y Afganistán ponen a prueba el ejército voluntario en EEUU y enlaces relacionados.

 

Texto original en inglés en:
http://www.wsws.org/

Carlos Varea: "Nueva estrategia para Iraq": Bush vuelve a equivocarse. Fuertes combates en Bagdad anticipan la aplicación del nuevo plan de Bush

Thomas E. Ricks y Ann Scott Tyson: La nueva batalla por Bagdad. El plan de Bush prefigura una intensificación de los combates en las calles de Bagdad

Will Dunham: El ejército estadounidense muestra síntomas de agotamiento. Cinco años de guerra en Iraq y Afganistán ponen a prueba el ejército voluntario en EEUU

* Bill Van Auken, político y militante del Partido Socialista por la Igualdad (‘Socialist Equality Party’), fue candidato presidencial en las elecciones estadounidenses de 2004. Actualmente reside en Nueva York y trabaja a tiempo completo como periodista paraWorld Socialist Web Site

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