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Dos entrevistas con H. C. von Sponeck, ex Coordinador Humanitario de Naciones Unidas en Iraq

 

“No podemos permitirnos el lujo de no actuar”

 

Silvia Cattory *

 

Red Voltaire (www.voltaire.net), 19 de marzo de 2007

IraqSolidaridad (www.Iraqsolidaridad), 5 de julio de 2007

Traducido del inglés por Red Voltaire y revisado por Paloma Valverde


“El enfrentamiento sectario que existe ahora en Iraq lo ha generado una guerra ilegal; las amenazas contra el gobierno de al-Maliki son el colmo de la indecencia [cuando EEUU dice]: ‘Si no restablece la seguridad en Iraq nosotros, los estadounidenses, reconsideraremos hasta qué punto vamos a seguir apoyándolo’. ¿Qué es eso? ¿Quién impuso ese tipo de condiciones? ¿Quién es responsable de este caos y del actual enfrentamiento sectario?”

 


"Todos los problemas que hoy existen en Iraq se pueden rastrear hasta el momento en que se produjo ese acto ilegal de invasión de un país en violación de la legalidad internacional "afirma von Sponek. En la foto, unos niños iraquíes observan el cadáver de una persona asesinada por paramilitares

 

Hans Christof von Sponeck, nacido en Bremen en 1939, trabajó durante 32 años en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Nombrado por Kofi Annan en 1998 Coordinador Humanitario de Naciones Unidas (NNUU) en Iraq, con rango de Secretario general adjunto, von Sponeck presentó su renuncia en marzo de 2000 como protesta por las sanciones que hundieron al pueblo iraquí en la miseria y el hambre. Cuando habla sobre el sufrimiento soportado por los iraquíes —un pueblo que él conoció muy bien y aprendió a querer— lo hace con pena y amargura. En esta entrevista, que concedió a Silvia Cattori, von Sponeck hace un llamamiento a los dirigentes políticos responsables de la catástrofe.

 

Para Hans von Sponeck, ex secretario general adjunto de NNUU, el organismo —lejos de cumplir con el respeto a la legalidad internacional y la consolidación de la paz— actúa en sí mismo como un elemento de injusticia. Así, las sanciones impuestas sobre el Iraq de Sadam Husein provocaron un desastre humano, mientras que tratados como el de la no proliferación de armas nucleares se utilizan para garantizar el dominio sobre ciertas potencias y amenazar a otras. Ha llegado el momento de cambiar el sistema por completo.

 

Silvia Cattori [P.]: En su libro ‘Autopsia de Iraq’ [1] usted acusa al Consejo de Seguridad (CS) de haber traicionado la Carta de NNUU. ¿Podría usted darnos ejemplos concretos en los que la Secretaría general de NNUU se comportase de forma condenable?

 

Hans C. von Sponeck [R.]: El CS está obligado a someterse a la Carta de las NNUU y no puede olvidar la Convención sobre los Derechos del Niño ni las implicaciones generales de esas convenciones, máxime cuando el CS sabe que las condiciones en Iraq son inhumanas, que las personas de todas las edades sufren tremendos problemas —no debido a un dictador sino por las políticas que acompañan el programa Petróleo por Alimentos, a causa de las excepciones humanitarias— y decide no hacer nada, o no hacer lo suficiente, para proteger a la población de las consecuencias de su política. En ese momento se puede afirmar que el CS es culpable del gran incremento de la tasa de mortalidad en Iraq.

 

Un ejemplo incontestable [del aumento de la tasa de mortalidad durante las sanciones] es que en la década de los 80, bajo el gobierno de Sadam Husein, UNICEF demostró que 25 de cada 1.000 niños menores de cinco años morían en Iraq por diferentes causas. Durante los años de [aplicación de] las sanciones, desde 1990 hasta 2003, se produjo un brutal aumento de la tasa de mortalidad, desde los 56 niños por cada mil menores de cinco años [muertos] a principios de los años 90 hasta los 131 por mil menores de cinco años al inicio del nuevo siglo. Ahora cualquiera puede fácilmente comprender que [el incremento de la mortalidad infantil] se debió a las sanciones económicas; por tanto queda fuera de toda duda que el CS prefirió ignorar las consecuencias de sus propias políticas en Iraq, políticas sometidas a la presión ejercida por los principales implicados, especialmente EEUU y Reino Unido.

 

P.: ¿Cómo pudo el CS eludir su responsabilidad al no considerar el hecho de que esas sanciones permitirían a las superpotencias abusar de su posición y perseguir únicamente sus objetivos de guerra cuando se adoptaron otras resoluciones como, por ejemplo, la 1559, cuyo objetivo principal era dar a EEUU e Israel la cobertura para futuros ataques militares? ¿Significa eso que el CS y la Secretaría General de NNUU, obligada a defender a la población, se convirtieron en los máximos responsables de las catástrofes humanas?

 

R.: Yo diría que sólo los ignorantes, o aquellos que no pueden aceptar la derrota, seguirán argumentando que el drama humano en Iraq no se debió fundamentalmente —no exclusivamente, pero sí en gran medida— a una política errónea, a una política de castigo. Al pueblo iraquí se le castigó —a pesar de que era absolutamente inocente— simplemente por haber aceptado el gobierno de Bagdad.

 

P.: Nuestros dirigentes políticos, que están presentes en todas las instancias internacionales, sabían perfectamente que esas sanciones tendrían consecuencias desastrosas. ¿Quiere esto decir que con su silencio consintieron que asesinaran y murieran de hambre civiles inocentes?

 

R.: A menos que la comunidad internacional tenga mala memoria, no podemos olvidar que,  fuera por silencio, por conveniencia, o por apoyo, hubo una intención deliberada en la creación del tipo de condiciones que prevalecieron en Iraq durante los 13 años de sanciones. Por tanto, hay diferentes grados de responsabilidad, de responsabilidad política. El primer ministro de Reino Unido y el presidente de EEUU y sus gobiernos no fueron los únicos responsables, también hubo otros: España e Italia jugaron un papel de apoyo que implica que sus gobiernos del momento son también responsables. Aznar en Madrid y Berlusconi en Italia son igual de responsables por haber contribuido al desastre humano que se produjo en Iraq. Ellos no aceptarán esa responsabilidad, pero las pruebas están ahí.

 

P.: Si el problema fundamental es la manipulación del CS por parte de EEUU y si EEUU sigue perpetrando crímenes con el pretexto de que tiene un mandato de NNUU, ¿Qué se puede hacer para corregir esa situación inaceptable?

 

R.: Creo que esta es una cuestión muy importante y fundamental para el debate acerca del tipo de organización de NNUU que necesitamos para proteger a la comunidad internacional o a los 192 Estados miembro frente al peligro de otros gobiernos que abusan de su autoridad, de su información, de sus finanzas y de su poder para favorecer sus propios intereses yendo en contra de los intereses de la paz, la justicia y los intereses de la humanidad.

 

Iraq, bajo ocupación

 

P.: ¿Cómo reaccionó usted ante la ejecución de Sadam Husein y de la del resto de acusados condenados a muerte por un tribunal creado por EEUU?

 

R.: En primer lugar, no me sorprendió. Ese era el objetivo final de los que están en el poder en Bagdad y de quienes ocupan Iraq. Es imposible defender a Sadam Husein pero sí podemos condenar el hecho de que el proceso fuera una farsa y no un juicio justo. Era un tribunal que, bajo una apariencia de respetabilidad, ocultaba la decisión predeterminada de una condena a muerte. Sadam Husein, como cualquier otra persona, tenía derecho a un juicio justo pero no lo tuvo. A pesar de que tenemos una legislación internacional, a pesar de que las naciones europeas, EEUU y Canadá, así como otras naciones, no dejan de expresar que pretenden mantener la justicia, en realidad no lo hacen y, ese hecho evidente me preocupó.

 

P.: Usted escribió al presidente Bush para pedirle la liberación de  Tareq Aziz. ¿Tuvo alguna respuesta?

 

R.: No obtuve ninguna respuesta. Escribí esa carta porque conocí a Tareq Aziz [2]. Mi predecesor [Denis Halliday] y yo mismo sabemos que es una persona con la que tuvimos una relación cordial, una persona que —a pesar de lo que se lee en los grandes medios de comunicación— se preocupaba del pueblo iraquí; una persona que estaba dispuesta con ganas de estudiar propuestas para mejorar el programa de asistencia humanitaria.

 

Desde nuestro punto de vista, desde mi punto de vista, se trataba de una persona correcta. No puedo juzgar lo que  Tareq Aziz hizo en Iraq fuera del ámbito de mi responsabilidad, pero todo lo que pido es que una persona, que está enferma, aunque no sea más que por razones humanitarias, se la trate con dignidad, se le autorice a tener tratamiento médico y tenga un juicio justo. Tareq Aziz merecía y merece que se le trate según lo establecido por el derecho internacional, las Convenciones de La Haya y de Ginebra. Me molesta el hecho de que casi tres años después de que se entregara voluntariamente a las fuerzas de ocupación, aún no hay sido acusado y de que todavía esté en prisión cuando necesita urgentemente atención médica.

 

P.: Aunque la situación creada por la ocupación en Iraq es aterradora, hay que temer que EEUU utilice la resolución contra Irán para atacar a ese país. La marina alemana —formalmente bajo mandato de NNUU— se encuentra desplegada en el Mediterráneo oriental. ¿Es debido a que usted conocía el grado de implicación de su país en el proyecto de guerra de EEUU por lo que pidió a la Sra. Angela Merkel que se negara a todo uso de la fuerza contra Irán?

 

R.: Exacto. Percibo con claridad que, de forma gradual, Alemania y otros países europeos se están involucrando en la política de poder establecida en Washington por personas ávidas de poder. Esto se agrava porque esas personas ávidas de poder empiezan a constatar que no pueden, por sí mismos, poner en práctica su política de dominación. Por ello, ahora necesitan la ayuda de otros gobiernos y estos otros gobiernos parece que son los gobiernos de Europa Central y de Europa del Este, desde Lituania hasta Reino Unido. También intentan politizar la OTAN para convertirla en instrumento, [una organización] que en gran medida ya es un instrumento de EEUU.

 

No obstante, como cualquier persona normal en este mundo, no puedo aceptar los intentos —apoyados por la canciller Merkel durante la reciente cumbre de la OTAN— de otorgar una misión política a esa alianza militar. La OTAN es un instrumento de la guerra fría; lleva muchos años en busca de una nueva misión, de un nuevo papel. Lo único que sabían los aliados era que tenían una responsabilidad militar pero con el fin de la guerra fría en Europa, esa responsabilidad dejó de existir, ya no era necesaria, así que buscaban con desesperación un nuevo papel [que desempeñar].

 

Personalmente, creo que es extremadamente peligroso que la OTAN se presente ahora como un instrumento democrático al servicio de las democracias occidentales, cuando de hecho es un instrumento en manos de EEUU para llevar a cabo el Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense (The Project for the New American Century). Los neoconservadores estadounidenses de la década de los 90 hicieron famoso este proyecto que el gobierno Bush convirtió en su estrategia nacional de seguridad para el año 2000 y los años posteriores; se supone que la OTAN debe apoyar [a EEUU] para ponerla en práctica. Los responsables políticos que hace poco se reunieron Munich deberían haberlo rechazado. Vladimir Putin, que al menos esta vez no vaciló en hablar claro, expresó abiertamente lo que muchos de nosotros sentimos. Evidentemente todos aquellos que tienen otros planes rechazaron sus sugerencias; sin embargo, las palabras de Putin reflejan una realidad.

 

Estoy convencido de que, debido a esta politización militarizada de la OTAN, retrocederemos no sólo hasta un clima de Guerra Fría entre las principales potencias sino que también nos llevará, y esto es lo trágico, a un aumento de los gastos de defensa en muchos países como China, Rusia y Europa Occidental. Estos gastos ya se han incrementado en numerosos países, lo que no puede más que favorecer el aumento de la polarización entre diferentes grupos en todo el mundo.

 

El mundo, más allá de Europa Central y EEUU, ya no está dispuesto a aceptar una vía occidental que vaya en una sola dirección. El público ya no acepta las exigencias de los poderes económicos y militares del pasado siglo. Esos tiempos se han terminado, y si no tenemos eso en cuenta sólo haremos que las cosas empeoren.

 

Desde mi punto de vista, las palabras claves en este momento son diálogo y diplomacia. Tenemos que acometer esto con un espíritu claramente multilateral, no con la mentalidad de una superpotencia que no es nada, tanto en lo económico, en lo político o en lo moral, por no mencionar en lo ético.

 

Incluso si EEUU sigue manteniendo algo de la esencia de superpotencia gracias a su poder militar, eso no sería suficiente para [lograr] la Pax Americana. La Pax Americana pertenece al pasado y cuanto antes lo reconozcamos en Europa y nos preparemos para una cooperación multilateral, —distinta del tipo de cooperación bilateral o del tipo de cooperación de la OTAN— antes mejorarán las cosas.

 

P.: La OTAN participa en guerras de ocupación —en violación de su propia Carta— y, en colaboración con la CIA, está implicada en operaciones secretas de carácter delictivo. Me refiero al caso de los secuestros [y traslados] de sospechosos a prisiones secretas. Si Europa sigue sometiéndose y aceptando la instalación de los sistemas antimisiles estadounidenses en países miembros de la OTAN, ¿No podría eso llevar a la confrontación, e incluso a la vuelta a los peores días de la Guerra fría?

 

R.: Esto una locura. No hay excusa, y el argumento de Condoleezza Rice según el cual Rusia no tiene de qué preocuparse por los diez sistemas antimisiles instalados posicionados en Polonia y en la República Checa es totalmente falso. Si hoy se pueden instalar 10 [sistemas antimisiles], mañana se podrían colocar 20 más. El solo hecho de que esos sistemas antimisiles estén situados en la frontera de la antigua URSS, o de la actual Rusia, es ya motivo suficiente para apoyar las razones de un enfrentamiento entre Rusia y Occidente, por no mencionar a China.

 

Estamos creando y modelando a nuestro enemigo del mañana. Yo, como muchas otras personas del globo, no puedo aceptar este desarrollo de los acontecimientos. Pero nosotros no contamos, somos débiles, nos consideran ingenuos, nos consideran unos privilegiados, consideran que no tenemos una ‘visión global’.

 

Si vivimos en una democracia, tengo derecho a entender esa “Visión global”, pero nadie me informa. Sólo me piden que me someta a la buena voluntad y a las buenas intenciones de un gobierno como el de Washington. Pero no puedo hacerlo, no podemos hacerlo, porque nos han engañado una y otra vez con su desinformación, con su cruel falsedad, con el poder de la política que sólo sirve a un partido. No puedo aceptar esto y considero que todo ese politiqueo para convencer a los gobiernos checo y polaco de que acepten esos sistemas antimisiles, resulta extremadamente peligrosa y fuera de lugar. No es más que una descarada y atroz política de poder que no necesitamos y contra la cual tenemos que luchar. La paz, el internacionalismo del mañana y la consolidación de las naciones y del progreso, según el espíritu de la Carta de NNUU y de otras leyes internacionales, no tienen necesidad de nada de eso.

 


Rosa Regàs, directora de la Biblioteca Nacional, durante la presentación en Madrid en junio del libro de Hans C. von Sponeck. En la mesa, junto al autor (en el centro), Carlos Varea y Pedro A. Martínez Lillo (foto: BN)

 

Juzgar los crímenes de guerra

 

P.: En febrero usted estaba en Kuala Lumpur para participar en una conferencia sobre crímenes de guerra. En Occidente se produjo una cobertura mediática muy limitada de este evento tan relevante. Si tales encuentros, que denuncian las transgresiones de la OTAN y las violaciones de la Carta de NNUU, se ignoran, ¿Cómo se puede abrir un debate para reformar esos organismos? ¿No tiene usted la impresión de estar predicando en el desierto?

 

R.: No podemos desanimarnos porque los medios de comunicación nos ignoren. La mayor parte del tiempo, cuando los ciudadanos han intentado convencer a sus dirigentes de que cambien de dirección, los han ignorado, ¿Significa eso que tengamos que poner fin a nuestro trabajo? No creo. El hecho mismo de que personas muy realistas, no sólo unos cuantos locos y soñadores sino personas con una visión de conjunto del mundo, personas que entienden los procesos políticos se reúnan para discutir seriamente sobre las situaciones y el abuso de poder, dan una prueba importante de que la conciencia internacional está viva, de que la conciencia internacional existe. Kuala Lumpur no estuvo en las cabeceras de los periódicos; lo que está en las portadas es Hollywood, el sentimentalismo barato y los programas mediáticos de baja calidad como Gran Hermano, que en Londres protagonizan las portadas de los periódicos.

 

El hecho de que la presencia de cinco mil personas en Kuala Lumpur para hablar de que la guerra es un crimen, [cinco mil personas] posicionadas contra los sufrimientos que han causado esas guerras ilegales en todo el globo, no haya aparecido en los titulares es lamentable, pero debe hacer que seamos menos proclives a denunciarlos, porque las víctimas de esos crímenes deben ser conscientes [de que la guerra es un crimen]. Todos y cada uno de nosotros, como individuos, tenemos una responsabilidad que asumir, tenemos que hacernos oír. Además, estoy seguro de que la conferencia de Kuala Lumpur ha aumentado la conciencia en muchos círculos en el mundo, lo que ha de traducirse en una mayor resistencia contra esos políticos egoístas y de miras estrechas que Occidente intenta que sean respetados.

 

No estoy en contra de Occidente, soy un occidental, pero eso no quiere decir que no pueda ver con mirada crítica la forma unidireccional, una vía de sentido único, por la que circula el poder internacional, el comercio internacional, la cultura internacional. Esto, como he mencionado antes, no puede seguir así, ya no se puede tolerar y Kuala Lumpur reunió a todas las personas del mundo que comparten esta opinión. Por ello, estoy seguro que [Kuala Lumpur] ha aportado una conciencia y un deseo de trabajar para que nuestros puntos de vista se conozcan y si eso no está en las portadas hoy y no produce un cambio inmediato, lo hará mañana y si no es mañana será pasado.

 

P.: Voces que, como las del presidente Jimmy Carter y John Dugard, denuncian los crímenes de Israel en Palestina, voces que, como la de Denis Halliday y la de usted mismo, denuncian las violaciones de NNUU en Iraq, todas esas voces están exigiendo respeto, pero son escasas y quienes ejercen el poder pueden marginalizarlas con facilidad. ¿No está usted decepcionado de que apenas casi nadie, o muy pocos, dentro de su ambiente sigan su ejemplo y tomen posiciones contra esos crímenes y abusos cometidos de Estado?

 

R.: Claro que estoy decepcionado. En los últimos tiempos, día tras día espero con ansia que un general estadounidense de peso, que un político estadounidense relevante diga: “Basta ya, no voy a seguir apoyando esta locura, no voy a seguir apoyando la ilegalidad, ya no voy a seguir apoyando políticas que nos han supuesto graves problemas, graves violaciones de todo lo que una persona civilizada debería defender”.

 

Desde luego que estoy decepcionado, pero en vista de lo que ha venido ocurriendo durante las últimas décadas, especialmente en estos años en que Bush ha estado en el poder, no podemos darnos el lujo de no actuar. Hago un llamamiento al movimiento internacional contra la guerra, que debe orientarse para tener, por ejemplo, una red en la que se combinen mejor los esfuerzos, [para conseguir] una mejor coordinación en las declaraciones. Las personas del mundo entero deben unir sus esfuerzos y demostrarse a sí mismos y al mundo en general que tienen la firme intención de no aceptar lo que nos ha llevado a esta situación: un mundo en el que existe un abismo entre los que no tienen nada, y esto supone una abrumadora mayoría de más de mil millones de seres humanos —de los seis mil millones y medio que habitan nuestro planta— que viven con menos de un dólar al día y el 10% más favorecido que vive en un lujo y un bienestar inimaginable.

 

Esto no puede seguir así. Y si alguien que escucha nuestra conversación piensa “he aquí una persona muy ingenua” o “ahí tienen a un comunista —terrible— pidiendo la igualdad para todos”, pues yo le digo: “No, no lo soy”. En primer lugar, no creo ser un ingenuo; en segundo lugar, no soy un comunista en el sentido tradicional. Soy un hombre que, al cabo de 32 años de trabajo en NNUU, ha aprendido a aceptar el hecho de que todos no somos iguales pero que todos nosotros deberíamos tener todos las mismas oportunidades para desarrollar nuestra propia contribución a la paz. No es cuestión de falta de dinero —hay mucho dinero para todo el mundo—, sin embargo, falta el deseo de compartir los recursos y de hacer algo más que contribuir con bonitas palabras a ese magnífico conjunto de organismos establecido después de la Segunda Guerra Mundial por gente honesta. Durante los últimos 60 años, este conjunto de organismos ha intentado establecer las bases para que hubiera más justicia y progreso socioeconómico para todos.

 

P.: Todas esas esperanzas que usted alimenta deben de hacerle sufrir porque usted es muy conciente de que para los pueblos musulmanes, a los que Occidente humilla, lo peor todavía está por venir.

 

R.: Desde luego. No hay un solo día, si lees y ves lo que ocurre en Oriente Próximo, que uno no se sienta avergonzado, que no sienta la humillación que nos golpea cuando ves a esa pobre gente sufriendo de manera atroz, desde Palestina hasta Iraq y también en otras regiones de Oriente Próximo. El lenguaje humano no es, al menos mí, capaz de expresar los sentimientos que me invaden. Es espantoso. Provengo de un país que experimentó y causó esta espantosa Segunda Guerra Mundial. Duró cinco años y todavía hablamos de ella ¿Qué pasa con los muchos años [de sufrimiento] en Iraq: 30 años de dictadura, 13 años de sanciones, y ahora más de cuatro años de ocupación? ¿Cuánto puede soportar un individuo? ¿Cuánto puede soportar una nación? Cuando usted ve —y ahora estoy pensando las universidades que visité en Bagdad, la de al-Mustansiriya, la de Bagdad, el Bagdad College— que esas instituciones que preparan para la vida a jóvenes inocentes, están destruidas por las bombas… Cuando estaba en Iraq, veía a la gente viviendo de forma pacífica e integrada en sus barrios. En esa época jamás escuché una conversación del tipo: “[…] Yo soy shií, tú eres sunní y tú eres turcomano”.

 

Bagdad es la ciudad kurda más grande del mundo, con más de un millón de kurdos; por supuesto, había muchos problemas: había una dictadura, había asesinatos políticos, pero comparado con lo que vemos hoy, no era nada. El enfrentamiento sectario que existe ahora en Iraq lo ha generado una guerra ilegal; las amenazas contra el gobierno de al-Maliki son el colmo de la indecencia [cuando EEUU dice]: “Si no restablece la seguridad en Iraq nosotros, los estadounidenses, reconsideraremos hasta qué punto vamos a seguir apoyándolo”. ¿Qué es eso? ¿Quién impuso ese tipo de condiciones? ¿Quién es responsable de este caos y del actual enfrentamiento sectario?

 

Irán e Israel

 

P.: Los países occidentales condenan a Irán, que ha firmado el Tratado de no proliferación nuclear, por una bomba que no tiene. No condenan a Israel, que no ha firmado ese Tratado y que sí tiene armas nucleares. Entre Israel, que no oculta que está preparándose para una guerra nuclear preventiva, e Irán, que quiere dotarse de una industria nuclear civil, ¿no es Israel quien realmente amenaza la paz mundial mientras que Irán es el objetivo? ¿Cuál es su reacción personal ante esa injusticia?

 

R.: Sólo tengo una respuesta muy directa y es que este es el clásico ejemplo de doble moral. Hemos exigido una zona desnuclearizada. La resolución 687 del CS de abril de 1991 apela, en su párrafo 14, a la creación de una zona desnuclearizada que englobaría todo el Oriente Próximo. Israel ni siquiera ha firmado el Tratado de no proliferación. Irán quizá albergue intenciones contrarias a intereses internacionales a largo plazo, pero Irán todavía no se ha saltado el límite. El-Baradei, director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, no ha dicho que Irán haya cruzado ese límite. Lo único que ha dicho es que Irán no ha revelado completamente, con la suficiente transparencia, sus intenciones y que Irán puso en marcha nuevas centrifugadoras.

 

Sin embargo, qué extraordinaria prueba de doble moral, sin mencionar a Israel y al resto, ¿Qué pasa con Pakistán, con India? El propio EEUU está trabajando abiertamente en una nueva generación de armas nucleares en flagrante violación del Tratado de no proliferación de armas nucleares, del que fue su mentor. Por esto esta doble moral es calamitosa. Si yo fuera iraní diría: ‘Perdonen, tomen sus medidas para poner en práctica lo que ustedes dicen que es la ley y después hablaremos; sentémonos a dialogar como iguales, sin condiciones previas’.

 

Estoy de acuerdo con la exigencia de Irán de diálogo. Creo que es absolutamente correcto hacerlo. Irán dice: “Tenemos un conflicto: sentémonos a hablar. Pero no me digan antes de reunirnos que debo cumplir con determinadas condiciones que ustedes quieren que cumpla. Nosotros iremos, nos reuniremos, hablaremos y pondremos las cartas encima de la mesa”. Y lo que descubriremos cuando analicemos la realidad es un aterrador intento de mantener un doble rasero.

 

P.: ¿Qué mensaje le gustaría enviar a esos dirigentes políticos que no respetan los derechos humanos, que emprenden guerras y violan derechos y la legislación internacional? ¿Qué mensaje le gustaría enviar a quienes se oponen a esas guerras pero que no saben cómo detenerlas y que deploran la inactividad de los partidos políticos?

 

R.: A quienes violan los derechos humanos le diría que han de vivir con su propia culpabilidad y que ¿cómo pueden, una vez visto el daño evidente, vivir con esa carga? [Les preguntaría] ¿No cree que existen formas mejores de proteger sus intereses y, al mismo tiempo, permitir que los demás se beneficien de las oportunidades existentes?

 

A las víctimas, y a quienes se preocupan por ellas, les diría: “No se rindan nunca, hagan todo lo posible, todos vivimos en libertad como individuos sanos para hacer nuestra pequeña contribución por pequeña que sea”. Si nos unimos con ese objetivo, si cooperamos, si nos organizamos, si damos a conocer nuestra opinión a quienes ostentan el poder, habremos hecho algo. Podemos usar nuestros votos —quienes vivimos en países con elecciones libres—: no usemos nuestros votos de forma mecánica. Votar es un acto de gran responsabilidad. Conocer a los candidatos políticos, presionarlos, hacerlos responsables, comprobar sus actos y cuando haya elecciones si no estamos satisfechos, animar a quienes se merecen nuestra confianza a que se presenten. ¿Qué más podemos hacer?

 

Notas de IraqSolidaridad:

1. Editado en 2007 por Ediciones de Oriente y del Mediterráneo. Véase en IraqSolidaridad: Han C. von Sponeck: Las sanciones contra Iraq supusieron una violación consciente del Derecho Internacional. Las sanciones: otra forma de guerra y Carlos Varea: Hans C. von Sponeck detalla el mecanismo de aplicación de un genocidio premeditado. EEUU contra Iraq: del régimen de sanciones a la ocupación.
2. Véase en IraqSolidaridad: Denis J. Halliday y Hans von Sponeck: Llamamiento a favor de un tratamiento adecuado para Tareq Aziz. "Expresamos nuestro dolor por el trato inhumano infligido al Sr. Tariq Aziz".

 

Texto original en inglés en:
http://www.voltairenet.org/

Han C. von Sponeck: Las sanciones contra Iraq supusieron una violación consciente del Derecho Internacional. Las sanciones: otra forma de guerra

Carlos Varea: Hans C. von Sponeck detalla el mecanismo de aplicación de un genocidio premeditado. EEUU contra Iraq: del régimen de sanciones a la ocupación

Denis J. Halliday y Hans von Sponeck: Llamamiento a favor de un tratamiento adecuado para Tareq Aziz. "Expresamos nuestro dolor por el trato inhumano infligido al Sr. Tariq Aziz"

* Silvia Cattory es periodista especializada en Oriente Medio.


 

Dos entrevistas con H. C. von Sponeck, ex Coordinador Humanitario de Naciones Unidas en Iraq (y II)

“El problema al que ha de enfrentarse el mundo es la doble moral del poder”

‘Current Concerns’

Current Concerns (www.currentconcerns.ch), junio 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org
), 5 de julio de 2007
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde 

”Si pensamos que podemos llevar la paz a Afganistán mediante diez aviones de combate ‘Tornado’ o llevar la democracia a Iraq con el despliegue de 170.000 soldados, es que no hemos aprendido nada de la Historia.”

‘Current Concerns’ [P.]: ¿A qué problemas se enfrenta actualmente la población iraquí?

Hans C. von Sponeck [R.]: Evidentemente, la población iraquí se enfrenta a cuestiones de seguridad. Las personas en cualquier parte de Iraq, incluso en la parte iraquí del Kurdistán, temen a diario por su integridad personal. Creo que este es el mayo reto diario para cualquier persona en Iraq, pero resaltaría, además de la seguridad personal, el empleo, la sanidad y la educación.

Todos estos asuntos, que se volvieron de fundamental importancia inmediatamente después de la invasión, ahora, con el actual desarrollo de los acontecimientos en el país, son mucho más relevantes. Lo que durante los años de las sanciones fue un problema —excepto la seguridad— ahora es un problema aún más grave. Ya fueran los problemas asuntos relacionados con el suministro eléctrico, de agua, de saneamiento, de educación o de empleo, ya existían de forma trágica pero hoy son mucho mayores. La gente no se ha librado de la pobreza, pero la inseguridad es el problema que se eleva por encima de todas las circunstancias en las que vive la gente de Iraq.

P.: En su opinión, ¿quien es el responsable del desastre en Iraq?

R.: Podemos discutir esto desde muchos ángulos, pero creo que la única respuesta correcta es que la situación la ha causado una invasión ilegal del país, contraria a la legislación internacional, que llevó a cabo EEUU y sus aliados. Todos los problemas que hoy existen en Iraq se pueden rastrear hasta el momento en que se produjo ese acto ilegal de invasión de un país en violación de la legalidad internacional. En 2003, los estadounidenses hicieron exactamente lo mismo de lo que acusaron a los iraquíes en 1991, cuando éstos invadieron Kuwait. Lo que el 15 de enero de 1991 James Baker dijo a Tareq Aziz en Ginebra: “[…] Si los iraquíes no se retiran de Kuwait serán castigados”, se lo pueden decir hoy los iraquíes a los estadounidenses. Y hoy, la comunidad internacional debería decir a EEUU: “Con vuestra permanencia en Iraq estáis cometiendo un delito penal que debe castigarse”.

En otras palabras, el problema con que el mundo tiene que enfrentarse es la doble moral del poder, algo lo que lo EEUU no quiere renunciar. EEUU exige al mundo que haga cosas que EEUU no quiere hacer de ninguna manera. Esto no es sólo respecto a la adhesión a la Carta de NNUU o a la legalidad internacional en general, sino también a la afirmación de EEUU de que ellos tienen derecho a desarrollar una nueva generación de armas nucleares (las peores armas que el mundo ha visto nunca), mientras que al mismo tiempo negocia con otros países en beneficio de sus propios intereses de forma mucho más dañina, no menos peligrosa, pero sí más dañina.

Esta doble moral no permitirá una solución a los enormes problemas que están encima de la mesa. Ya sea en relación con el medio ambiente, la energía o la ayuda al desarrollo, todos esos problemas no se pueden resolver si los estadounidenses en particular y Occidente en general no tienen la voluntad de darse cuenta de que la globalización tiene que significar una mejor distribución de la justicia, y con el deseo de planificar las oportunidades de las personas para que tengan una vida más equitativa, en lo que a sus posibilidades se refiere. Si no reconocemos estos hechos, la polarización de las alianzas seguirá adelante y la vida en este mundo será cada vez más peligrosa.

El papel de Europa y la sociedad

P.: ¿Qué tiene que hacer Europa para ayudar a mejorar la catastrófica situación de los iraquíes?

R.: Lo primero que me viene a la mente es hacer una declaración nítida para vivificar las propias convicciones personales. No podemos decir lo correcto dentro de casa y ser reservados a la hora de influir en los sucesos y decisiones políticas de los demás sobre los supuestos intereses de la alianza, de la lealtad transatlántica, o como lo queramos llamar. Creo que los gobiernos europeos, tanto en el ámbito nacional como en el contexto de la Comunidad Europea, deben hacer saber a nuestros amigos del otro lado del Atlántico que el camino que han elegido es una vía muerta en la cual, en último extremo, sólo se enfrentan a un muro de resistencia.

Tal y como están las cosas ahora, no llegaremos a ninguna parte. Si no reconocemos este hecho, iremos perdiendo cada vez más nuestra capacidad de tomar parte en el proceso de decisión porque aparecerán nuevos y grandes poderes —China, India y otros— que se unirán y se opondrán a esta vía muerta. Si Europa no entiende que tiene una obligación, por los muchos siglos en los que ha disfrutado de ventajas basadas en sus posibilidades de desarrollo, si negamos esto, no nos mereceremos el reconocimiento de ser pioneros en el progreso, la ética y la civilización.

P.: ¿Qué puede hacer el ciudadano de la calle?

R.: En Europa los individuos tienen inmensas posibilidades que son el fruto de su capacidad para obtener información. Tenemos que informarnos nosotros mismos y, por tanto, establecer las bases para formarnos un juicio. Dejar claro a nuestros políticos que hay alternativas a las opciones elegidas, opciones pacíficas, justas y que fundamentalmente pretendan resolver los conflictos. Un tema, por ejemplo, sería revelarnos en la forma en que Europa y la Comunidad Europea, países como Alemania y otros, utilizan toda su capacidad en la lucha contra el denominado terrorismo.  Si pensamos que podemos llevar la paz a Afganistán mediante diez aviones de combate Tornado o llevar la democracia a Iraq con el despliegue de 170.000 soldados, es que no hemos aprendido nada de la Historia. Los individuos tienen que reconocer esto y han de participar en el diálogo político; si es necesario sin ninguna otra motivación más que la motivación más primaria: el mero egoísmo. Creo, no obstante, que esto está más lejos de ser egoísta que lo está el implicarse sólo por nuestros propios intereses. 

En el interés del bienestar de las naciones es por lo que participamos en el diálogo político, basándonos en nuestra propia información. Esto puede parecer muy general, pero en lenguaje sencillo quiero decir que todos vivimos cerca de estos políticos a los que elegimos. Debemos intensificar nuestro diálogo con ellos; debemos esforzarnos para influir sobre esas personas. Este en un largo proceso que requiere darse cuenta de los intereses comunes de los ciudadanos. Debemos agruparnos de forma más efectiva y, de este modo, incrementar la presión sobre nuestros representantes políticos que, a menudo, hacen su trabajo de buena fe, pero que están inmersos en su propia rutina. Como consecuencia podrían llegar a darse cuenta que en el curso de la globalización los temas se han agravado tanto que es necesario mirar más allá de nuestras propias narices para ver los grandes sucesos y corregirlos si es necesario y enfrentarse en su momento a los conflictos emergentes. Cada individuo aquí [en Europa] tiene una oportunidad de hacerlo.

Todos disfrutamos de tremendos lujos, de buena educación, y podríamos tener más posibilidades si quisiéramos. Debido a nuestra situación económica podemos hacer más que nuestros compañeros en África, en partes de América Latina o en Asia, donde tienen que luchar por la supervivencia física. Por tanto, nosotros tenemos la obligación de dar lo máximo de nosotros mismos, no sólo por nosotros mismos y nuestro entorno inmediato, sino por todos, en el espíritu del bien común de las naciones.

 

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