“No llevarán a
juicio a Tareq Aziz: lo dejarán morir bajo arresto”
Entrevista a
Badie Aref Izzat, abogado de Tareq Aziz
Dahr
Jamail *
Uruknet (www.uruknet.info),
16 de abril de 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org),
21 de mayo de 2007
Traducido para IraqSolidaridad por Beatriz Morales Bastos
“Es increíble que aquellos a quienes los
estadounidenses hicieron regresar a Iraq están empezando a comportarse
de una forma que hace que los estadounidenses parezcan más civilizados y
mejores que ellos. Estas personas son una verdadera desgracia para el
país.”

Tareq
Aziz durante una comparecencia ante el tribunal especial iraquí en 2006
Badie Aref Izzat es el abogado del ex-viceprimer ministro y ex ministro
de
Asuntos Exteriores iraquí,
Tareq Aziz, y actualmente es el coordinador del equipo de abogados de la
defensa en el juicio de al-Anfal, [relativo al] empleo de armas químicas
[por parte del gobierno iraquí] contra los kurdos en Halabja en 1988.
Hace poco, el ejército estadounidense lo sacó precipitadamente de Iraq
después de que hubiera sido amenazado por el juez iraquí en el juicio
por acusar a los iraníes, en vez de al régimen de Sadam Husein, de haber
gaseado a los kurdos [1].
Izzat se licenció en la Universidad de Bagdad en 1963 y fue viceministro
de Información de Iraq. Posteriormente, tras mantener desavenencias con
el régimen de Iraq, abandonó el país en 1972 para dedicarse al ejercicio
privado de su profesión. "[…] Consideraba que el ministerio de
Información manifestaba los puntos de vista del Partido Baaz en vez de
los del pueblo iraquí y por eso me fui. Debo decir que yo era miembro
del Partido Baaz y abandoné el partido en 1969 porque no compartía los
mismos puntos de vista sobre las principales cuestiones respecto a
Iraq".
Dahr Jamail [P.]: ¿Por qué se encargó de defender a personas
pertenecientes al régimen anterior?
Badie Aref Izzat [R.]: ¿Por qué me encargué de defender a
personas pertenecientes al régimen anterior? Si hubiera sido por un
golpe de Estado o un cambio de régimen interno, probablemente no hubiera
aceptado el trabajo. Seguramente no hubiera defendido los símbolos del
régimen anterior. Sin embargo, este país fue invadido por una fuerza de
ocupación, por un poder extranjero que no tenía derecho a hacerlo y creo
que es mi deber defender a las personas que representan al régimen
anterior.
De hecho, lo creo tan firmemente que actúo en nombre de 15 de los
detenidos —probablemente yo tenga el mayor numero de representados—, y
no voy a cobrar nada por mis servicios.
P.: ¿Qué le ha parecido trabajar en este juicio?
R.: Para mí ha sido inquietante desde el principio. Cuando
asistía a las sesiones preliminares me di cuenta de que el juez
instructor empleaba más tiempo en las cuestiones políticas que en las
legales y ello explica por qué yo empleé el mismo tiempo en las
cuestiones políticas que en las cuestiones legales.
El problema empezó cuando inicié la defensa de Tareq Aziz, ex viceprimer
ministro, ex ministro de Asuntos Exteriores y el cristiano de mayor
rango en el [depuesto] gobierno y que, como es sabido, era partícipe de
muchos secretos del régimen anterior. El hecho de que yo defienda a
Tareq Aziz, así como a los demás, causó gran inquietud al actual
gobierno. Por esta razón han tratado de callarme y de echarme.
Me
encontraba en una situación doblemente peligrosa [2]. Mi vida
estaba amenazada por las milicias, por los fanáticos religiosos en Iraq,
y por quienes se oponían al régimen anterior. Y, al mismo tiempo, el
tribunal intentaba librarse de mí puesto que yo era una de las personas
que estaba exponiendo la falta de garantías del juicio ante el público
en general, dentro y fuera de Iraq.
Las milicias atentaron tres veces contra mi vida. Quemaron mi despacho,
secuestraron a algunos de mis hijos, asesinaron a uno de mis ayudantes.
Creo que estas milicias están respaldadas por Irán. Tuve mucha ayuda
para liberar a mis hijos secuestrados y conseguí ponerlos a salvo. Éste
fue el peligro más directo e importante que padecí, el que amenazaran a
mi familia, así que los saqué del país.
Desde un principio me di cuenta de que el tribunal intentaba destacar
mis actividades, lo que hago y lo que no hago. Intentaba encasillarme
para poder deshacerse de mí en el juicio; querían librarse de mí como
miembro del equipo de la defensa.
P.: ¿Cuándo empezó a darse cuenta de que este tribunal era injusto?
R.: El primer incidente tuvo lugar hace unos cinco o seis meses.
Durante las sesiones me refería al fiscal como “mi docto hermano”. Esto
provocó las iras del tribunal. El juez dijo que no debía llamarle
“hermano”, sino "señor fiscal". Por este hecho el juez ordenó mi
detención durante 24 horas.
Obviamente, esto causó mucha preocupación a los estadounidenses. Era
bastante embarazoso para ellos, así que tras unas pocas horas en la
cárcel me sacaron y me llevaron desde allí a una de las casas seguras en
la Zona Verde. Los estadounidenses convencieron a los jueces de que
debían liberarme porque sería una vergüenza, así que me pusieron en
libertad.
Detención
P.:
¿Puede describir lo ocurrido recientemente y qué ha motivado que usted
se encuentre hoy en Siria?
R.: El otro suceso ocurrió hace unos quince días. Entré en la
sala del tribunal y alcé la mano para pedir el turno de palabra. Varios
abogados habían levantado la mano antes que yo, por lo que tenían
prioridad, pero el juez me dio inmediatamente la palabra; creo que tenía
razones concretas [para hacerlo]. Cuando un juez empieza a mirar hacia
las galerías superiores —aisladas con cristales ahumados, de forma que
no puede ver qué hay detrás— normalmente significa que hay altos cargos
como [el primer ministro iraquí] al-Maliki u otros. Así que en cuanto
levanté la mano, el juez miró hacia arriba. Me pareció que quería darme
prioridad para poder mostrarles cómo me iba tratar o a penalizar. Desde
donde está situado el juez instructor sí se puede ver a través de los
cristales, pero desde donde estamos nosotros, los letrados, no.
Manifesté que este tribunal y el gobierno iraquí habían aceptado el
argumento de que fue Iraq quien empleó armas químicas contra los kurdos
durante la campaña de al-Anfal. Les dije que tenía pruebas en documentos
y en CD que demostraban que fueron los iraníes, y no los iraquíes,
quienes habían utilizado el cianuro, y que esta documentación procedía
de los propios estadounidenses. En ese momento el juez perdió la calma y
empezó a gritarme que a mi no me correspondía involucrar a Irán, y que
Irán nunca había utilizado armas químicas. Señaló a la defensa y dijo:
“[…] Son ellos quienes usaron las armas químicas contra los kurdos en
Halabja". Estaba tan furioso y tan trastornado que me recordó lo que
alguien me dijo el 1 de marzo, y supe que en aquel momento el juez
estaba en Irán. Deduje que esto era lo que había provocado la enorme ira
del juez.
Según el procedimiento judicial, un juez no puede tener contacto con una
de las partes acusadas de crímenes. [El juez] viajó a Irán cuando, al
menos para nosotros, este país está acusado de estos crímenes; el juez
instructor fue el invitado de los iraníes. Conozco a las personas que lo
vieron viajar de Iraq a Irán el 1 de marzo [de 2007].
Tras el
incidente, el juez miró hacia arriba, hacia donde están los altos cargos
y dijo: “[…] Recuerdo que hace unos meses usted acusó a este tribunal de
ser un tribunal de asesinatos y no de justicia. Esto es un insulto al
tribunal y según el artículo 232 del código penal, eso implica una pena
de siete años de cárcel. Por lo tanto, en primer lugar, le voy a
detener, después le voy a acusar y a encarcelar durante cuatro días”.
Entonces los hujieres y la policía me sacaron de la sala tribunal. Me
esposaron y me privaron de ejercer como abogado de mi cliente, Farhan
al-Jubouri, el ex-jefe de los Servicios de Inteligencia de la región
oriental de Iraq.
Ésta
medida tomada por el tribunal es extremadamente alarmante y peligrosa.
El juez me acusó de algo que se supone que hice hace tres o cuatro meses
fuera de la sala del tribunal. Abusa de su poder como juez al sacar a
relucir este asunto y acusarme de ello en este momento, privándome del
derecho a ejercer la defensa de mi cliente. Esto viola claramente todas
las normas de los procedimientos en los juicios, es una violación de la
legislación iraquí, una violación de todas las convenciones sobre
procesos judiciales, de la justicia y de la imparcialidad. Estoy
preocupado y sorprendido de que ninguno de los equipos de letrados, de
derechos humanos o ningún gobierno hayan movido un dedo para refutarlo y
dejarme solo.
P.: ¿Qué ocurrió después?
R.: De inmediato, en ese mismo momento, aparecieron los soldados
estadounidenses y me rodearon; los estadounidenses parecían
extremadamente enfadados y preocupados por la actitud del juez, ya que
todo eso estaba ocurriendo delante las cámaras, lo que indicaría que
EEUU supervisa la justicia [iraquí]. Obviamente esto supone una bofetada
para los estadounidenses, que constituyeron este tribunal y que dijeron
a los iraquíes que gobernaría el imperio de la ley y la transparencia.
Acabé el día como un abogado detenido, y esto es algo que nunca ocurrió
con Sadam Husein.
Se produjo algún forcejeo y algunos empujones entre los iraquíes y los
estadounidenses, quienes me detuvieron. A pesar de que estoy total y
absolutamente en contra de la ocupación y continuaré estándolo,
personalmente estoy muy agradecido al personal estadounidense que me
salvó de ser asesinado por los iraquíes si me hubieran dejado en sus
manos.
Ashton y
el comandante Thompson supervisaron mi detención. Ambos fueron quienes
iniciaron las negociaciones entre los soldados estadounidenses y las
fuerzas iraquíes, y entiendo que esta negociación se produjo a un nivel
mucho más alto, a nivel intergubernamental, incluso escuché que incluso
al-Maliki estaba implicado en porque quería evitar un conflicto entre
las fuerzas estadounidenses y el gobierno de Iraq.
Puede que yo tenga que comparecer ante el tribunal especial que se
encarga del terrorismo en Iraq. De ocurrir esto, sé que me detendrán en
Iraq junto con terroristas y, lo hemos visto antes, puede que uno de los
presos me apuñale. Entonces dirán que existen diferencias políticas
entre nosotros y encontrarán la excusa para encubrirlo. Alguien que
pertenece al personal estadounidense, con quien tengo una relaciona
cordial, me advirtió de ello. Dijeron que esto podría ocurrir si las
cosas continuaban como hasta entonces.
Puede que fuera más realista suponer que las opiniones expresadas por
los estadounidenses respecto a esta amenaza indicaban un punto de vista
más personal que oficial. Pero de lo que estoy seguro es que ha habido
muchas diferencias entre los gobiernos de Iraq y de EEUU respecto a mi
detención. Considero que fueron el gobierno y el ejército estadounidense
en Iraq quienes discutieron con gobierno iraquí.
P.: ¿Cómo lo trató el ejército estadounidense?
R.: El comandante Thompson es el enlace entre la embajada de EEUU
en Iraq y este tribunal. Ashton es miembro del mando [político]
estadounidense en Iraq. Fueron extremadamente cordiales, respetuosos y
amables, y trataron de hacer lo todo lo posible para que no me
entregaran a los iraquíes. El compromiso al que llegaron en la sala del
tribunal fue que me llevarían a una casa segura en la Zona Verde, una de
las más seguras que utilizan los estadounidenses. Estaba al cargo de
soldados ucranianos y de cuatro soldados iraquíes, en cuya custodia
estaba de hecho, aunque realmente estaba bajo arresto estadounidense.
Pensaba que tenía que estar en esa casa durante los cuatro días. No era
una cárcel y de momento era la mejor solución. Me cuidarían, la casa era
cómoda y disponía de comodidades y buenas instalaciones. Durante los
días que estuve allí, los iraquíes empezaron a hablarme en términos
religiosos y fundamentalistas acerca de as-Sistani [ayatolá shií] y de
los diferentes dirigentes religiosos, y discutimos un poco sobre eso.
Después, cuando dije que quería ver las noticias en la televisión, pero
ellos querían ver películas pornográficas, así que les espeté: “[…] ¿Qué
fanatismo religioso profesan ustedes que al mismo tiempo están viendo
esas películas?” Esto creó fricciones entre los guardias y yo. “[…] De
hecho”, continué, “está bien, cada uno puede tener su religión, pero
necesitamos un sistema laico para dirigir este país, no uno religioso”.
Esto les disgustó mucho.
El segundo día estuve muy enfadado preguntándome por qué me habían
detenido Estoy en mi propio país, haciendo mi trabajo, soy una persona
respetuosa. Llegué a la conclusión de que me habían detenido sin razón
alguna, así que me enojé mucho empecé y decidí empezar una huelga de
hambre. Esta idea les preocupó mucho a los estadounidenses y tres veces
al día me venía a ver un médico para vigilar mi salud; de hecho, tenía
la mi presión sanguínea muy alta.
El segundo día también se produjo otro hecho. Los policías iraquíes
recibieron algunas visitas y los estadounidenses se enfadaron mucho,
muchísimo. Trajeron refuerzos, pusieron francotiradores en los tejados y
después a los policías iraquíes les quitaron todos los teléfonos móviles
diciendo que estaban llamando por teléfono a gente para que los vinieran
a visitar. Yo les dije: “[…] No pasa nada, no se preocupen por eso”. Los
estadounidenses me contestaron: “[…] No, están trayendo a personas que
le van a matar”.
Después, los estadounidenses me dieron un poco más de libertad de
manera que pude hacer un poco de ejercicio en el jardín de al lado de la
casa.
El tercer día vino el comandante [Thompson] acompañado de fuerzas
especiales estadounidenses y se quedaron en la casa durante toda la
noche. Me dijeron que me preparara porque al día siguiente iba a ocurrir
algo: “[…] Le vamos a proteger porque tenemos instrucciones de las
autoridades superiores de protegerle ya que mañana ocurrirá algo”.
Salida
para Siria
P.: Por
favor, describa cómo le sacaron de Iraq
R.: El cuarto día todos los soldados iraquíes estaban dormidos,
algo bastante extraño. Los estadounidenses me despertaron y me sacaron
de la casa, Me llevaron en un convoy de vehículos armados y de otro tipo
hasta la zona en la que se suelen reunir los abogados de la defensa para
entrar en la sala del tribunal. Me resultó extraño dejar dormidos en la
casa a todos los soldados iraquíes que se suponía que me habían
arrestado y que me estaban cuidando. No sé si los habrían drogado o algo
así.
Me devolvieron los enseres personales que me habían quitado y me
indicaron que no utilizara el móvil para llamar a nadie de fuera [de la
Zona Verde]. Los estadounidenses dijeron que querían calmar la situación
porque no querían que fuera a más.
Tampoco me permitieron ver a mis clientes que estaban detenidos en otro
centro, el Campo Cropper [en el Aeropuerto Internacional de
Bagdad]. Me sentía ofendido porque no podía verlos, así que decidí
continuar la huelga de hambre. Mi salud empezaba a deteriorarse y los
estadounidenses me controlaban de manera regular. Me dieron un informe
médico sobre mi situación cardiaca en el que explícitamente me decían
que fuera a Alemania a tratarme y que si no lo hacía de inmediato mi
vida podía correr peligro.
Uno de los estadounidenses me preguntó si quería que me llevaran ante el
juez para pedirle disculpas. Les pregunté: “[…] ¿Por qué? Son ellos
quienes deben pedirme disculpas, no he hecho nada. No pediré disculpas a
nadie por esto”.
Hace nueve días los estadounidenses me dijeron que habían hablado con el
alto juez del tribunal que supuestamente iba a juzgarme por el acto
terrorista. Los estadounidenses preguntaron que si me llevaban ante el
tribunal para la investigación el juez les garantizaría que no me
detendría, ni me juzgaría. Dijo que sí. Le pidieron que lo manifestara
por escrito pero él se negó a hacerlo. Regresaron muy irritados porque
no habían podido tener una confirmación por escrito. Después me dijeron
que estuviera preparado y en estado de alerta porque me iban a sacar de
Iraq en cualquier momento. Me negué y les dije que sacarme no era la
solución. Ellos me contestaron: “[…] No, le vamos a sacar para tener
tiempo de encontrar una solución mientras usted está fuera”.
A las ocho de la mañana un largo convoy de vehículos blindados y de
coches estadounidenses con los cristales ahumados me llevó, junto con mi
equipaje, al aeropuerto. Me dijeron que por razones de seguridad
embarcaría el primero o el último, dependiendo de las circunstancias.
Embarqué el primero y estuve solo en el avión durante aproximadamente
una hora hasta que entraron los demás pasajeros y despegamos con al
menos dos horas de retraso. Era una línea aérea comercial.
Me di cuenta de que los soldados iraquíes estaban bastante molestos de
que yo estuviera escoltado por ese gran contingente estadounidense.
Estaban irritados porque me sacaban del país en vez de entregarme a
ellos. Estaban enfadados porque los estadounidenses habían tomado el
control de la situación.
Personalmente estoy agradecido a Ashton y a Thompson por la forma en que
me trataron. Pero esto no cambia el hecho de que estoy en contra de la
ocupación y seguiré estándolo.
P.: ¿Cuál es su mensaje a la comunidad internacional en relación con
estos hechos?
R.: Me gustaría hacer un llamamiento al presidente Bush y a Tony
Blair para que garanticen mi regreso para defender a mis clientes en
Iraq, de otro modo todas las declaraciones que han hecho acerca de la
libertad y la democracia, de la transparencia y del imperio de la ley
serán una vergüenza no sólo para ellos sino también para el pueblo
estadounidense.
Ahora estoy a la espera de que se tomen las medidas pertinentes que me
permitan volver a Iraq para trabajar. Pero, obviamente, me gustaría que
el gobierno iraquí garantizara mi seguridad.
Hay una clara escisión entre los estadounidenses y los iraquíes, a pesar
del hecho de que los iraquíes son los títeres de los estadounidenses
—estos los colocaron en el poder, los nombraron y les dieron el poder—.
Para mí esto es un hecho que se hace palpable cuando al-Uraiby, el juez
que presidía [el tribunal] manifestó públicamente en televisión: “[…]
¿Dónde está este acusado Badie Aref? ¿A dónde va a huir? Los
estadounidenses no podrán protegerlo ni salvarlo”.
Es increíble que aquellos a quienes los estadounidenses hicieron
regresar a Iraq están empezando a comportarse de una forma que hace que
los estadounidenses parezcan más civilizados y mejores que ellos. Estas
personas son una verdadera desgracia para el país.
El juez Uraiby me dijo públicamente que yo era amigo de los
estadounidenses. Lo dijo a pesar de que él fue uno de los que regresaron
[a Iraq] junto con los invasores. Los estadounidenses estaban furiosos
por lo que dijo y también porque hablaba como un iraní. Es increíble lo
que explícitamente declaró el juez: "[…] Sus amigos los estadounidenses
no lo van a salvar”.
Hago un llamamiento todo al mundo, a todas las naciones, para que me
permitan volver a Iraq a salvo para continuar mi trabajo con el interés
de proteger a mis clientes. No es justo que a los acusados se les prive
de una defensa legal.
Ahora soy, técnicamente, un fugitivo. El día 16 de este mes [de abril]
se reanuda el juicio y no puedo defender a mis clientes, no puedo verlos
y tampoco puedo volver porque soy un fugitivo. Hago un llamamiento a las
personas decentes del mundo para que, al menos, se den cuenta de que me
impiden hacer mi trabajo para defender a aquellas personas que tienen
derecho a una defensa.
P.: ¿Por qué cree que se ordenó al ejército estadounidenses que le
salvara vida?
R.: Me parece que una de las principales razones es que el
tribunal se inmiscuyó en la integridad de EEUU. Esto molestó a los
estadounidenses lo bastante como para que ahora estén tratando de
arreglar la situación. Tengo la impresión de que los estadounidenses les
obligarán a solucionarlo porque mantenerme fuera del país y mantener a
los acusados sin defensa sería incómodo para los estadounidenses y para
sus aliados, que no pueden permitir que esta situación continúe. Creo
que en este momento están trabajando en ello. A los estadounidenses les
incomodo consentir que se produzca este fiasco.
Una cosa le puedo asegurar: muchos de los miembros del tribunal son
miembros de milicias muy cercanas a Irán y están extremadamente bien
conectados con ese país. [Los miembros del tribunal] actualmente están
pronunciando sentencias muy duras, de manera que las personas se
sentirán amenazadas y pedirán asilo político. Conozco jueces que ya lo
han solicitado en otros países: están tratando de ahuyentarnos.
La
situación de Tareq Aziz
P.:
¿Actualmente, cuál es el estatus [legal] de Tareq Aziz?
R.: Él me anima a que me mantenga firme en mi postura de
desenmascarar el tribunal y de hacerlo con determinación para conseguir
que se imponga el imperio de la ley. Creo que a Tareq Aziz no le
llevarán a juicio. Tareq Aziz tiene demasiada información y poder para
hablar. De hecho quizá recuerde usted que durante el juicio de Sadam
Husein dio algo de información; el juez estaba muy molesto y le dijo que
podía expulsarlo de la sala. Por consiguiente no creo que lo lleven a
juicio; en cambio lo dejarán morir bajo arresto o encontrarán una excusa
para matarlo [3].
Su salud se está deteriorando y está muy mal debido a su edad y a su
estado general. Tiene todo tipo de problemas: cardíacos, hemofilia,
presión sanguínea, problemas en los conductos nasales, etc. [Igualmente]
uno de mis clientes, Fadhil Abbas al-Hamary, que trabajaba en la
industria militar, se está muriendo de cáncer; es un enfermo terminal.
Va a morir en cualquier momento y ni a los iraquíes ni a los
estadounidenses les importa. No se le permite recibir tratamiento y creo
que morirá dentro de muy poco sin que a nadie le importe nada en
absoluto. Creo que es absolutamente inhumano. Unas ocho personas ya han
muerto en prisión debido al cáncer.

Notas de IraqSolidaridad:
1. Véase más adelante. Tareq Aziz
no está procesado por esta causa ni por ninguna otra.
2. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea:
Paramilitares de as-Sáder asesinaron al abogado al-Obeidi.
Cuatro abogados defensores de dirigentes del depuesto gobierno han sido asesinados
3. Véase en IraqSolidaridad:
Ahmed Yanabi:
Entrevista con Badie Issat, abogado de Tareq Aziz
'Ha estado detenido durante tres años sin acusación concreta contra él'
y
Lokman Iskender: “Estoy
convencido de que los estadounidenses se van a retirar de Iraq”.
Entrevista a Tareq Aziz