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Desplazados y mortalidad: una aguda crisis humanitaria Global Policy Forum (VII) *
Global Policy Forum (www.globalpolicy.org),
junio
de 2007 “La violencia y la creciente pobreza han provocado un movimiento de población sin precedentes en Iraq. En abril de 2007 se habían desplazado más de cuatro millones de iraquíes, alrededor del 14 % del total de la población nacional. De esa cifra, en torno a 1,9 millones de iraquíes eran desplazados internos y más de 2,2 millones habían emigrado a otros países. ACNUR habla de su ‘[...] creciente preocupación por el rápido deterioro de la situación humana’.”
Se calcula que un 54% de la población iraquí vive por debajo del umbral de pobreza, con menos de un dólar al día y, de ellos, el 15 % vive en extrema pobreza
“Os
ayudaremos a construir un nuevo Iraq, próspero y libre” En marzo de 2003 la invasión de Iraq por la Coalición [dirigida por EEUU] produjo muchas muertes de civiles, pero no provocó una gran crisis humana ni migraciones en masa. Pronto, sin embargo, las operaciones contra la resistencia, incluidos los ataques masivos a ciudades como Faluya, Nayaf y Tal Afar, condujeron a un considerable aumento de la mortalidad y a grandes desplazamientos, que afectaron a cientos de miles de personas [1]. También el desempleo y la pobreza se incrementaron espectacularmente a medida que las instituciones del Estado se deterioraban o desaparecían. A comienzos de 2006 los enfrentamientos sectarios empeoraron y la violencia entre comunidades produjo un incremento de muertos y heridos, así como nuevos desplazamientos a gran escala. El sistema de ayuda internacional no ha sido capaz de responder a los crecientes retos humanitarios. Las ONG humanitarias se han retirado hace mucho tiempo y los gobiernos donantes han permanecido al margen. Las agencias internacionales de ayuda se han enfrentado por sí solas a graves problemas para llegar hasta los iraquíes en peligro y para reunir fondos para una crisis cada vez más profunda [2]. Los desplazados La violencia y la creciente pobreza han provocado un movimiento de población sin precedente en Iraq [3]. En abril de 2007 se habían desplazado más de cuatro millones de iraquíes, alrededor del 14% del total de la población nacional. De esa cifra, en torno a 1,9 millones de iraquíes eran desplazados internos y más de 2,2 millones habían emigrado a otros países [4]. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) habla de su “[...] creciente preocupación por el rápido deterioro de la situación humana” [5]. La Agencia para los refugiados prevé que muchas personas vulnerables que aún no ha huido terminarán abandonando sus casas en un futuro próximo a medida que la violencia y la lucha entre comunidades aumente [6]. Muchísimas personas necesitan urgentemente ayuda, alimentos y un techo. La magnitud del problema y la dificultad de llegar hasta los desplazados hacen muy ardua la tarea del sistema de ayuda internacional. Las operaciones de la Coalición Desde 2003, muchos iraquíes se han visto desplazados debido a las operaciones militares de la Coalición estadounidense. Estas operaciones, que incluyen intensos bombardeos aéreos y terrestres, han obligado a los habitantes a abandonar en masa sus hogares. Más de 200.000 personas huyeron durante los ataques de Faluya en 2004 [7], y cientos de miles más se desplazaron con los ataques a otras ciudades. Muchas familias no han podido regresar [a sus hogares] debido a la inseguridad existente, a las continuas ofensivas militares, a la falta de agua, electricidad y servicios sanitarios y porque han destruido sus viviendas y lugares de trabajo [8]. Según las estimaciones del Proyecto de reconstrucción de Faluya, a comienzos de 2006, alrededor de 65.000 personas de esa ciudad seguían desplazadas [9]. La violencia sectaria Mientras que en 2006 las operaciones militares obligaban a la gente a dejar sus casas, la principal causa del desplazamiento [actual] ha pasado a ser la violencia sectaria, especialmente en Bagdad. ACNUR calcula que unas 730.000 personas han huido de sus hogares entre febrero de 2006 y marzo de 2007 debido a la violencia sectaria [generada] tras el ataque al santuario al-Askari en Samarra [10]. Los iraquíes se han visto amenazados por su afiliación religiosa o su profesión. Milicias sectarias y grupos armados han atacado las mezquitas, los mercados y los pueblos de sus rivales. Los barrios mixtos se han ido polarizando cada vez más. Las minorías y los profesionales Las comunidades minoritarias están especialmente en peligro. Los informes parecen indicar que la persecución religiosa ha llevado al desplazamiento de cristianos, turcos, asirios y sabeo-mandeos, entre otros. Los sabeo-mandeos, una comunidad muy antigua, han disminuido desde los 13.500 en 2001 hasta apenas 4.000 en 2006 [11]. La mitad del millón y medio de asirios que vivían en Iraq antes de 2003 han abandonado el país y los 750.000 restantes se están trasladando hacia “zonas seguras” en Zako y el norte de Nínive [12]. Muchos cristianos han huido a Siria y Jordania, y un número significativo también ha buscado refugio en la región iraquí del Kurdistán [13]. Los palestinos refugiados en Iraq tienen que hacer frente a condiciones de vida muy difíciles y son víctimas de continuas amenazas y ataques. Los medios de comunicación palestinos informan de que se han producido más de 655 ataques contra palestinos y han muerto al menos 186 [14]. En Bagdad, los palestinos temen en extremo por su vida y han expresado su deseo de marcharse en cuanto sea posible [15]; pero para muchos palestinos abandonar Iraq no es una opción, ya que no poseen documentos válidos para viajar [16]. ACNUR calcula que alrededor de 850 palestinos de Iraq están atrapados en la frontera con Siria [17]. Un grupo de 365 viven en tierra de nadie, entre las fronteras de Iraq y Siria, y se niegan a regresar a Iraq al mismo tiempo que el gobierno sirio les ha denegado su entrada [18]. Países vecinos como Jordania, Kuwait, Arabia Saudí y Siria se niegan a admitirlos [19] y el regreso a los territorios palestinos no es una alternativa. Sólo alrededor de 15.000 de los 34.000 palestinos que se calcula que había en Iraq [antes de la invasión] permanecen en el país [20]. Muchos profesionales se han convertido en un objetivo [militar] debido a su trabajo; es el caso de académicos, educadores, profesores, médicos, periodistas, políticos, abogados y jueces [21]. A muchos los han arrestado, secuestrado, matado o forzado a huir para proteger su vida y las de sus familias. Según el Ministerio de Sanidad iraquí, entre abril de 2003 y mayo de 2006 han asesinado a 102 médicos y a 164 ayudantes sanitarios y, en los dos últimos años, han secuestrado a unos 250 médicos [22]. Según el índice de datos sobre Iraq de la Brookings Institution, desde 2003 hasta finales de marzo de 2007, 2.000 médicos iraquíes han sido asesinados y unos 12.000 han abandonado el país [23]. El efecto negativo de la violencia ejercida contra los profesionales ha afectado sustancialmente a los sistemas educativo, judicial y sanitario del país. Los desplazados internos Se calcula que desde los bombardeos de Samarra unos 730.000 iraquíes huyeron de sus casas hacia otros lugares de Iraq, y ACNUR calcula que ahora el ritmo [de los desplazados] ha aumentado hasta llegar a los 50.000 al mes [24]. La mayoría de estos desplazados internos han buscado refugio en casas de familiares o en mezquitas, en edificios públicos vacíos o en campamentos de tiendas [25]. Con escasez de alimentos, servicios sanitarios, educación y empleo, los desplazados internos viven en condiciones muy míseras [26]. Los edificios públicos son especialmente insalubres; a menudo están abarrotados de gente, carecen de agua potable, de una higiene adecuada y de unos servicios básicos en condiciones lo que favorece en especial las enfermedades infecciosas [27]. Además, sus ocupantes están constantemente bajo la amenaza de ser expulsados sin que se les proporcione un alojamiento alternativo. A menudo, los que viven en campamentos tienen que elegir entre estar lejos de las operaciones militares o de otros objetivos [de la ocupación], o estar cerca de centros educativos y sanitarios. Familiares y conocidos han alojado a sus parientes desplazados y comparten con ellos sus limitadas provisiones, pero según ACNUR esto ha creado una “[…] creciente tensión entre las familias por la escasez de recursos” [28]. Las agencias de ayuda humanitaria se enfrentan a grandes dificultades para auxiliar a los desplazados internos. Las operaciones de NNUU están, en su mayoría, dirigidas desde Amán y Kuwait. La falta de seguridad y las restricciones impuestas por los militares han impedido llegar hasta las personas que necesitan asistencia y protección. Las fuerzas de la Coalición han negado el acceso hasta las comunidades de desplazados a los grupos de ayuda locales [29]. Los grupos de ayuda son también víctimas de la intimidación por parte de las milicias por ayudar a familias desplazadas de otras creencias religiosas [30]. Los refugiados en los países vecinos Además de los 1,9 millones de desplazados internos, más de 2,2 millones de iraquíes han buscado refugio en otros países. Al menos 1,2 millones de iraquíes han huido a Siria y unos 750.000 a Jordania. Asimismo, hay más de 100.000 iraquíes refugiados en Egipto, 54.000 en Irán, 40.000 en Líbano, 10.000 en Turquía, unos 200.000 en los Estados del Golfo Pérsico y alrededor de 200.000 han huido a Europa, Estados Unidos [EEUU] y Nueva Zelanda [31]. Un informe de ACNUR señala que en 2006 las solicitudes de asilo de los iraquíes en países industrializados aumentaron hasta el 77%, convirtiendo a Iraq en el primer país de solicitantes de asilo en 2006 [32]. En los países vecinos, las tensiones van en aumento ya que los servicios públicos están desbordados por el elevado número de refugiados. Siria se ha vuelto más restrictiva; ahora cobra la asistencia sanitaria y ha reducido la duración de los visados de entrada de seis a tres meses, lo que obliga a los refugiados a salir del país para renovarlos [33]. Líbano ha cerrado sus fronteras a los refugiados iraquíes y las autoridades libanesas han incrementado las detenciones por residencia ilegal, forzando a los refugiados a elegir entre la cárcel o la deportación [34]. Jordania, preocupada por el riesgo de inestabilidad, ha endurecido sus leyes de inmigración y ahora exige que los iraquíes posean un nuevo tipo de pasaporte [35]. La nueva medida ha aumentado la sensación de inseguridad experimentada por muchos iraquíes en Jordania. Amán ya ha cerrado sus fronteras a los hombres jóvenes, lo que empuja a las familias a separarse [36] y dificulta la asistencia de los niños iraquíes a los colegios públicos [37]. [La ONG] Refugees International informa de que en algunos casos los responsables de aduanas han emitido visados de tránsito que expiran a los pocos días, con lo que abocan a los iraquíes a la deportación [38]. Una crisis de larga duración y de graves consecuencias Cientos de miles de desplazados iraquíes —tanto dentro como fuera del país— necesitan ayuda de manera acuciante: alojamiento, sanidad, educación, asistencia legal, alimentos y medicinas. ACNUR pronostica que la crisis humana de Iraq durará años [39]. La agencia de NNUU está especialmente preocupada porque los desplazamientos perdurarán en el tiempo y prevé que para la mayoría de los desplazados internos: “[...] Esto no es un desplazamiento temporal” sino “[...] un desplazamiento permanente” [40]. Este desplazamiento tiene consecuencias que traspasan las fronteras del país, pues afecta a Siria, Jordania, Egipto, Turquía, Irán y a otros países de fuera de la región. En enero de 2007, ACNUR hizo un llamamiento solicitando 60 millones de dólares para financiar sus programas durante este año [41], un aumento significativo con respecto a los 29 millones de dólares de 2006. Sin embargo, “[…] incluso los 60 millones de dólares no dan para mucho” [42], advierte Andrew Harper, director de las operaciones [humanitarias] de ACNUR en Iraq. Cubrir todas las necesidades humanas de Iraq a largo plazo supondría manejar “[…] cientos de millones de dólares, si no miles de millones”, y añade: “[…] Ésta es una operación [humanitaria] que va a tener que durar años” [43]. La mortalidad El índice de mortalidad en Iraq ha aumentado sustancialmente desde la invasión. Las encuestas demográficas y el balance de muertos —para lo que se utiliza la información diaria de la prensa, los datos de los depósitos de cadáveres y de los hospitales y los estudios epidemiológicos— demuestran que la población iraquí ha pagado un altísimo precio. Desde marzo de 2003, se ha privado del derecho a la vida a muchísimas personas. Los gobiernos de EEUU y Reino Unido han insistido públicamente en que ellos “[…] no contabilizan los muertos”, y de esta forma no hay cálculos fiables de las muertes de civiles o de militares iraquíes [44]. No obstante, varios estudios han intentado registrar el número de muertos en Iraq durante la ocupación [contando con las siguientes fuentes]: – Las cifras que da el Ministerio de Sanidad iraquí de los cadáveres llevados a los depósitos y los hospitales [45]. – UNAMI [Misión de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas para Iraq] publica informes periódicos sobre derechos humanos que aportan cifras basadas en “[…] el número de muertos registrados por el Ministerio de Sanidad a partir de las cifras de los hospitales de todo el país y del Instituto Médico-Forense de Bagdad” [46]. – Iraq Body Count, una base de datos pública e independiente, donde se recogen las muertes de civiles reseñadas en fuentes periodísticas de habla inglesa [47]. – El estudio de las condiciones de vida en Iraq [48], un estudio del Programa de Desarrollo de NNUU que evalúa las condiciones de vida en Iraq entre abril de 2002 y abril de 2004 e incluye una sección sobre mortalidad. – La Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins ha financiado dos estudios sobre moralidad en Iraq que se han publicado en The Lancet, la revista médica más prestigiosa de Reino Unido. El primer estudio [49] apareció en 2004 y calculaba el aumento de muertes producidas entre marzo de 2003 y septiembre de 2004 [respecto al período inmediatamente anterior a la invasión]. El estudio Hopkins [50] se publicó en octubre de 2006 y cubría el periodo mucho más largo que va de marzo de 2003 a junio de 2006. Las encuestas Hopkins de 2004 y 2006 son los dos únicos estudios elaborados exclusivamente para analizar [la evolución de] la mortalidad en Iraq desde la invasión [51]. En contraste, el estudio de las condiciones de vida en Iraq —diseñado para analizar las condiciones generales de vida en Iraq [52]— y los informes de UNAMI cubren un amplio espectro de temas relativos a los derechos humanos. Los estudios Hopkins han suscitado controversia porque sus cálculos eran altos y porque identificaban la violencia [de las fuerzas] de la Coalición como la responsable de una gran proporción de muertes. El primer estudio Hopkins calculó que en los 18 meses que van de marzo de 2003 a septiembre de 2004 se habían producido 98.000 muertes más (por encima de la tasa de mortalidad anterior a 2003). El estudio llegaba a la conclusión de que: “[…] la violencia fue la primera causa de muerte” desde la invasión, “[…] atribuida principalmente a las fuerzas de la Coalición” [53]. El segundo estudio Hopkins calculó que desde marzo de 2003 hasta junio de 2006 se habían producido 655.000 muertes de más, una cifra tremendamente alta [54]. La investigación se basó en un amplio muestreo de 1.849 hogares ubicados en 47 puntos diferentes seleccionados al azar que representaban a todas las regiones del país. El estudio preguntaba a los encuestados por las muertes habidas en la familia y verificaba las respuestas pidiendo los certificados de defunción, que se entregaron en el 92 % de los casos [55]. Las conclusiones del estudio mostraron un incremento de las muertes violentas en todos los lugares y un giro proporcional hacia los actos violentos cometidos por fuerzas distintas de las de la Coalición. Sin embargo, la violencia [de las fuerzas] de la Coalición seguía siendo la principal fuente de violencia: un 31 % de todas las muertes [56]. Como era de esperar, ambos estudios Hopkins han sido duramente contestados por la Casa Blanca, Downing Street y muchos otros defensores de la guerra y la ocupación. El presidente Bush rechazó el segundo estudio y afirmó: “[…] No lo considero un informe creíble. Ni tampoco lo consideran el general Casey ni los oficiales iraquíes” [57]. Cuando con posterioridad le preguntaron por el informe, el presidente afirmó que el número de los que habían muerto en Iraq durante la ocupación había sido de “30.000, más o menos”, sin dar ninguna prueba que corroborase esa cifra [58]. Más tarde, Scott McClellan, portavoz de la Casa Blanca, anunció que la cifra citada por el presidente “[…] no era una estimación oficial del gobierno” [59]. Otros críticos, incluidos algunos contrarios a la ocupación, han cuestionado la fiabilidad y la metodología del estudio Hopkins. Los autores de la investigación han defendido cumplidamente su estudio y han señalado que el Departamento de Estado de EEUU ha utilizado satisfactoriamente encuestas sobre la mortalidad en [otros] conflictos realizadas por los mismos investigadores y utilizando la misma metodología [60]. Muchos expertos en epidemiología, salud pública y estadística de instituciones prestigiosas, entre ellas el Departamento de Desarrollo Internacional de Reino Unido, han afirmado que este estudio estaba bien elaborado y era fiable y que, a pesar de las difíciles circunstancias [en que se realizó], es sumamente verosímil [61]. Sir Roy Anderson, jefe de los asesores científicos del Ministerio de Defensa británico, defendió el diseño del estudio calificándolo de “sólido” y afirmó que los métodos de la encuesta eran “casi perfectos” [62]. No es éste el lugar apropiado para seguir enumerando los debates en torno a los estudios Hopkins, pero es evidente que no se pueden comparar directamente con fuentes alternativas como Iraq Body Count o el estudio del Programa de Desarrollo de NNUU y UNAMI, ya que [estas fuentes] calculan el número de muertes de formas diferentes y mucho más restrictivas. Iraq Body Count sólo contabiliza a los no combatientes muertos en los enfrentamientos y que hayan sido registrados en al menos dos fuentes periodísticas de habla inglesa [63]. Dada la dificultad de informar sobre el terreno en Iraq, las fuentes inglesas posiblemente sólo informan de una fracción de los que han muerto y probablemente tienden a interpretar a esos muertos como combatientes. A pesar de esas limitaciones, Iraq Body Count calculó que en enero de 2007 murieron entre 54.000 y 60.000 civiles iraquíes debido a las operaciones militares de la Coalición. Las cifras de UNAMI se basan en los datos de los depósitos de cadáveres y en la información que proporciona el Ministerio de Sanidad iraquí. Esto también supone un universo limitado, puesto que muchos de los que mueren no llegan a los depósitos de cadáveres y no se informa de sus muertes a las autoridades. En su informe de derechos humanos de noviembre-diciembre de 2006, UNAMI calcula que durante 2006 fueron asesinados más de 34.000 civiles, con lo cual el promedio anual de civiles muertos es de 94 al día [64]. Tales métodos de “medición pasiva” son útiles pero suministran datos generalmente incompletos, especialmente durante los enfrentamientos y, por ello, probablemente subestiman el verdadero número de muertes, como reconocen el propio Iraq Body Count y otras fuentes de medición pasiva [65]. Además, los estudios de UNAMI y del Programa de Desarrollo de NNUU abarcan periodos de tiempo mucho más cortos. Los críticos han utilizado las diferentes estimaciones [del número de muertes] para argumentar que los resultados de los estudios son inconsistentes. No obstante, todos estos cálculos reflejan una elevada y creciente tasa de mortalidad cada año de ocupación. Sea la cifra de muertos, en el periodo de 39 meses [de marzo de 2003 a septiembre de 2006] cubierto por el estudio de la Hopkins, de 655.000 o 500.000 u otra cifra, la aplastante realidad es que las fuerzas de ocupación no han protegido a los civiles iraquíes de la violencia como obligan las Convenciones de Ginebra [66]. No se ha publicado ni una sola estadística de mortalidad que muestre que el bienestar de los iraquíes haya mejorado desde el comienzo de la operación Libertad iraquí. Las causas de muerte La falta de datos hace difícil saber con precisión las causas del incremento de muertes en el Iraq ocupado, incluidos factores tales como el conflicto armado, el daño a las infraestructuras, las restricciones de agua y alimentos, las enfermedades y los desplazamientos internos. La invasión de 2003 destruyó infraestructuras capitales para el [abastecimiento de] agua, comida y servicios sanitarios, ya de por sí debilitadas por la Guerra del Golfo de 1991 y por los 13 años de sanciones [67]. Sin embargo, la violencia armada es claramente la principal causa de la sobremortalidad desde 2003, ya sea debida a operaciones militares de la Coalición, operaciones de la resistencia o, especialmente desde principios de 2006, a la violencia de las milicias sectarias armadas, de los escuadrones de la muerte y de grupos criminales. El informe de UNAMI de septiembre-octubre de 2006 señala “[…] un gran número de asesinatos premeditados e indiscriminados” [68], y más adelante sigue diciendo que, “[…] según el Ministerio de Sanidad iraquí, 7.054 civiles fueron asesinados violentamente (durante ese periodo), de los cuales no menos de 4.984 [lo fueron] en Bagdad, la mayoría de ellos como resultado de heridas de bala” [69]. La desintegración del sistema sanitario de Iraq ha sido un factor agravante. Los servicios médicos iraquíes, una vez entre los mejores de la región, se han deteriorado hasta tal extremo que ya no pueden satisfacer las necesidades de la población. Según un artículo de [la revista] British Journal of Medicine, “más de la mitad” de los que han muerto en hospitales de Iraq se podrían haber salvado si hubiera habido personal cualificado disponible y si las condiciones de los hospitales hubieran sido las adecuadas [70]. Muchos médicos iraquíes han abandonado el país debido a la falta de seguridad [71], lo que deja a los hospitales escasos de personal o con médicos que “[…] no tienen la experiencia o los conocimientos adecuados para atender casos de urgencia” [72]. Además, los hospitales y los centros sanitarios carecen del material sanitario básico, lo que incluye equipos y medicamentos [73]. Al inicio de la ocupación, EEUU anunció que reconstruiría y volvería a equipar los hospitales y los centros primarios de salud de Iraq, pero los retrasos, la mala planificación y la corrupción que envuelve los proyectos de reconstrucción han hecho que Washington no haya cumplido esta promesa [74]. Conclusión Iraq se enfrenta a una creciente catástrofe humana con [un número de] muertos y desplazados sin precedente. A partir de abril de 2007, NNUU calculó que hasta ocho millones de personas eran vulnerables y necesitaban atención inmediata [75]. Cientos de miles de iraquíes se han visto obligados a huir de sus casas y cientos de miles más han muerto o han resultado heridos a causa de la violencia. El sistema educativo está desmantelado [76]. El desempleo ha alcanzado el 60% [77] y en julio de 2006 la tasa anual de inflación alcanzó el 70% [78]. Se calcula que un 54% de la población iraquí vive con menos de un dólar al día y, de ellos, el 15 % vive en condiciones de extrema pobreza [79]. El sistema de salud pública se debilita y pierde capacidad [80]. El suministro de electricidad es escaso [81]. Sólo el 32 % de los iraquíes disponen de agua potable [82]. El racionamiento de comida del sistema público de distribución no funciona en ciertas zonas del país, lo que ha dejado a cuatro millones de iraquíes en situación de extrema vulnerabilidad debido a la escasez de alimentos [83]. Entre 2003 y 2005, se han duplicado los casos de desnutrición aguda [84]. La situación de catástrofe humana de Iraq ha alcanzado una cota comparable con la de algunos de los desastres más graves del mundo.
Notas de los autores y de IraqSolidaridad:
1. Véase el capítulo sobre Ciudades, de este mismo
informe, para conocer más detalles sobre los desplazamientos.
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* Texto actualizado por Global Policy Forum tras
su publicación Lista de docentes universitarios asesinados en Iraq durante el período de ocupación . * Séptima parte del informe de marzo de 2007 “War and Occupation in Iraq” (www.globalpolicy.org), elaborado por ‘Global Policy Forum’ como balance de los cuatro primeros años de ocupación de Iraq, y que IraqSolidaridad está editando en castellano en sucesivas entregas, las seis primeras de ellas: Informe de ‘Global Policy Forum’ (I): Las bases de EEUU en Iraq y la nueva embajada en Bagdad Informe de ‘Global Policy Forum’ (II): Uso de armas indiscriminadas y especialmente dañinas en Iraq Informe de 'Global Policy Forum' (III): Detenciones y cárceles: Absoluta indenfensión de los presos Informe de 'Global Policy Forum' (IV): Malos tratos y torturas a prisioneros Global Policy Forum (VI): Matanzas, asesinatos y atrocidades por parte de los ocupantes
www.uniraq.org Informe de la Misión de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas para Iraq (II)Ocho millones de iraquíes, en situación de extrema vulnerabilidad UNAMI *
UNAMI (www.uniraq.org)
1 de enero a 31 de marzo de 2007
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