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Encuentro “Soberanía, cultura y ciudadanía: Resistir a la ocupación y el sectarismo”,
Madrid, 17 de marzo de 2007

Carta abierta al movimiento contra la guerra
 
Apoyar a la resistencia iraquí como parte de la lucha anti-globalización
 
Hana Abdul Ilah Al-Bayati *


IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 20 de marzo, 2007
Traducción para IraqSolidaridad de Paloma Valverde


“Como otras sociedades actuales, la sociedad iraquí tiene enormes capacidades —un sofisticado legado fundamentado en antiguas civilizaciones y un experto movimiento patriótico. Las fuerzas de ocupación se enfrentan desde el primer día a una decidida resistencia que culmina en un levantamiento de todas las corrientes y organizaciones iraquíes, lo que incluye a aquéllas que defienden los derechos de las mujeres o a la juventud desempleada, las organizaciones de derechos humanos, los sindicatos, los colegios profesionales, las entidades de defensa del medio ambiente, las asociaciones de defensa de los derechos de los prisioneros, y todo el resto de organizaciones culturales y políticas, codo con codo con las comunidades provinciales y tribales y los grupos civiles y de la resistencia armada. Un movimiento nacional popular opuesto a la ocupación y al sectarismo, que se desarrolla tomando diversas formas de lucha: desde la pacífica hasta la resistencia armada.”


La escritora y cineasta iraquí Hana Al-Bayati junto a Jalili Sadaka, presidente de la Comunidad Hispano-Palestina “Jerusalén”.

 

La invasión ilegal y la destrucción de Iraq no es únicamente el mayor crimen de la reciente Historia, es el pecado original del siglo XXI, una degeneración moral. En su guerra contra Iraq, EEUU ha pretendido destruir Iraq como Estado y como nación. El resultado ha sido el diezmo de una clase entera, la clase media secularizada de Iraq, que había demostrado su capacidad para manejar sus recursos de manera independiente para beneficio colectivo. [EEUU] ha asesinado a casi un millón [de iraquíes] al tiempo que obligaba al exilio a muchos millones más. [EEUU] se ha embarcado en lo que debe entenderse el genocidio de una civilización, así en como su propio suicidio moral. En nombre de la democracia [EEUU] llevó al pueblo de Iraq la destrucción a una escala inconmensurable, pero además intentó borrar su identidad, su memoria, su cultura, sus instituciones, su tejido social, sus formas de administración, su comercio y su vida cotidiana.

La fuerza, sin embargo, no se impone fácilmente. La brutalidad del poder y del imperialismo se ha visto definitiva y sorprendentemente expuesta, al mismo tiempo que el proyecto del Nuevo Siglo Estadounidense (The New American Century) finalmente ha fracasado. Las consecuencias para la historia de EEUU y del mundo son concluyentes. El orden mundial que se creó alrededor de sus valores liberales se ha evaporado.

El fracaso de la ocupación

La invasión estadounidense y la ocupación de Iraq es un desastre militar, económico, moral y cultural para los estadounidenses y para el mundo. El fracaso militar estadounidense se ha demostrado por la incapacidad del ejército mejor pagado, de la fuerza más sofisticada del mundo, de derrotar a la resistencia de un pequeño país y a su pobre gente, han hecho inútil la guerra. Aunque los estadounidenses puedan intentar asegurar su presencia en Iraq, no pueden destruir la creencia de los iraquíes de que tienen derecho a vivir como cualquier otro pueblo del mundo, libres e independientes.

La ocupación de Iraq es un desastre económico porque el coste de la guerra ha aumentado para EEUU por encima de cualquier beneficio económico que podrían haber empleado en controlar el petróleo iraquí. Políticamente, la ocupación es un desastre para EEUU porque nadie en el mundo puede argumentar que está jugando un papel progresista. La ocupación es también un desastre moral y cultural para EEUU. Tras el tremendo sufrimiento humano de la Segunda Guerra Mundial —incluidos los estadounidenses— el mundo estableció una legalidad internacional y una ley de derechos humanos que establecieron las bases de las sociedades civilizadas. Los neoconservadores y los imperialistas están intentando destruir esta civilización y sustituirla con la ley de la selva. ¿Cómo puede el mundo —incluidos los estadounidenses— identificarse con una empresa salvaje como es la guerra y la ocupación de Iraq?

Los árabes no son ajenos a los intentos neo-imperialistas de evitar su desarrollo. Recuerdan la sistemática demonización de sus movimientos populares: el derrocamiento del gobierno sirio democráticamente elegido en 1956 por ser comunista, la categorización del presidente egipcio [Gamal Abdel] Nasser como un fascista cuando nacionalizó el Canal de Suez, la criminalización del partido iraquí Baaz, al que se referían como nazi cuando se negó a entregar el control de los recursos de Iraq. Incluso consideran terroristas a los pueblos palestino y libanés que luchan heroicamente contra la ocupación. Conocemos las políticas coloniales en general y en la región en particular. EEUU pretende defender los derechos de una minoría —sean sus demandas justificadas o no— para obtener el control de la mayoría. En Iraq, desde 1991, EEUU instiga a los kurdos y a la Shía a rebelarse [contra el régimen de Sadam Husein], intentando insinuar que aquellos que les gobiernan son sunníes. Cualquiera que tenga honestidad intelectual sabe que el Partido del Baaz no era ni sectario en su ideología ni tampoco lo eran sus miembros.

Los planes israelo-estadounidenses que se basan en crear división entre los árabes de un país, o de [distintos] países, han fracasado. [Primero], en Iraq la política de embaucar a algunos grupos de la resistencia iraquí, o a quienes los apoyan, para dividirlos y aislar la resistencia, ha fracasado completamente. A pesar de las reiteradas declaraciones hechas por [el presidente iraquí] Jalal Talabani —un criminal de guerra—, los grupos de la resistencia están unidos en sus posturas. Segundo, la política de dividir los movimientos iraquíes en shiíes, sunníes y kurdos, se desintegra: muchos movimientos de opinión insisten en la unidad de Iraq [y] muchos más grupos en el sur [del país] se unen a la lucha contra la ocupación y su gobierno local marioneta. La unidad de los turcomanos, asirios y árabes sobre el destino de Kirkuk es un ejemplo que subraya la unidad, como lo es la profunda solidaridad tribal que difunde las exigencias de un amplio frente nacional, las manifestaciones en el norte, e incluso las posturas unificadas en relación con el futuro de la riqueza petrolífera de Iraq.

Iraq ha sido una entidad socioeconómica y geopolítica durante 4.000 años, y no se puede fragmentar. Es la cuna de varias civilizaciones. Estando unida, esta entidad ha demostrado ser capaz de mejorar la civilización y ser una maquinaria para el progreso. Allí, los sumerios inventaron la escritura, los babilonios el Derecho;  tras ellos, los abásidas introdujeron la noción de un Estado de todos sus ciudadanos, abrieron el camino para la unificación de la civilización arabo-musulmana que hasta el día de hoy pervive con orgullo. El pueblo iraquí es la expresión de esta herencia, independientemente de la religión o la étnia a la que pertenezcan. Nunca en la historia dos Estados pudieron convivir en la zona que hoy es Iraq, y siempre ha estado en el interés geopolítico de los pueblos que se asentaron en la cuna de Iraq el organizar juntos un Estado común para sus ciudadanos. Han existido muchos intentos imperiales infructuosos para dividir esta entidad natural. Ninguna forma de agresión, independientemente de lo criminar o vengativa que sea, puede destruir la identidad arabo-musulmana de Iraq. En su intento por destruir esta civilización, el gobierno estadounidense ha llevado el concepto de lo que se conoce como Occidente al caos.

Todas las actitudes racistas y condescendientes que permanecían latentes u ocultas han quedado definitivamente al descubierto. Occidente —y EEUU en concreto— ha quedado al descubierto como una cultura de fuerza. El balance moral que inexorablemente se producirá, cambiará la historia del mundo. La resistencia del pueblo iraquí lo exige.

Unidad en la lucha

Los intentos para estrangular el desarrollo árabe no pueden más que fracasar. Las tres corrientes mayoritarias desarrolladas por las sociedades árabes —nacionalistas, islamistas y de izquierda— son intrínsecamente anti-imperialistas y, por consiguiente, opuestas al diseño regional israelo–estadounidense. Para los nacionalistas, mantener el control de los recursos nacionales para servir al interés general es sacrosanto. Para la izquierda, oponerse a las cadenas internacionales del imperialismo y la globalización es la esencia. Para los islamistas, la resistencia a la ocupación extranjera —como se refleja en el Corán— es una obligación. Actualmente, sus intereses se basan en lograr la unidad en la lucha. Están unidos por su identidad arabo-musulmana. Comparten principios y valores comunes: los recursos naturales, la herencia material y las riquezas de la cultura y la civilización son propiedad del conjunto del pueblo y la totalidad de los ciudadanos constituyen el pueblo; el pueblo es la única fuente de soberanía y de legitimidad constitucional, política y judicial; el gobierno es responsable y debe responder ante todos su ciudadanos; la solidaridad entre ciudadanos —solidaridad entre generaciones, entre los sanos y los enfermos, entre los viejos y los jóvenes, entre los huérfanos y cada ser humano que se encuentre asimismo en un estado de desprotección— debe formar la base de cualquier política social de cualquier gobierno. El interés general es la justificación y el pilar del funcionamiento del Estado, con todos y cada uno de los ciudadanos, libres de cualquier forma de discriminación, compartiendo los frutos de la riqueza nacional y del desarrollo social.

Estados Unidos estableció un plan de confrontación y colisión con la sociedad iraquí cuando liquidó el Estado iraquí destruyendo sus logros y borrando su memoria. [EEUU] era totalmente ajeno a la sencilla verdad de que la sociedad no es un movimiento político o la cabeza de Estado que se puede conquistar, aprehender, sobornar o asesinar; por el contrario, es el conjunto de seres humanos de un país dado. Como otras sociedades actuales, la sociedad iraquí tiene enormes capacidades —un sofisticado legado fundamentado en antiguas civilizaciones y un experto movimiento patriótico. Las fuerzas de ocupación se enfrentan desde el primer día a una decidida resistencia que culmina en un levantamiento de todas las corrientes y organizaciones iraquíes, lo que incluye a aquéllas que defienden los derechos de las mujeres o a la juventud desempleada, las organizaciones de derechos humanos, los sindicatos, los colegios profesionales, las entidades de defensa del medio ambiente, las asociaciones de defensa de los derechos de los prisioneros, y todo el resto de organizaciones culturales y políticas, codo con codo con las comunidades provinciales y tribales y los grupos civiles y de la resistencia armada. Un movimiento nacional popular opuesto a la ocupación y al sectarismo, que se desarrolla tomando diversas formas: desde la pacífica hasta la resistencia armada.

En la lucha contra los poderes militares e imperiales, los iraquíes combaten en defensa de valores alrededor de los cuales una mayoría en el mundo se aúna de común acuerdo. Por el contrario, el brutal grado de fuerza al que se han visto sometidos los iraquíes por los poderes imperiales —desde los sistemáticos asesinatos y violaciones, la profanación de los lugares sagrados y culturales, la destrucción del patrimonio histórico de Iraq, el envenenamiento del paisaje y los ríos de Iraq por las armas [revestidas] de uranio empobrecido, que marcará la vida de las futuras generaciones por cientos, sino miles de años, el terror de una población nacional al completo y su intento de dividir el país en función de criterios que llevan a una guerra civil [y] el expolio de sus recursos— demuestran la decadencia y la absoluta inmoralidad de los planes neoliberales/neoconservadores. La lucha de Iraq es la lucha por la civilización, por la cultura, por la justicia y por impedir que la vida humana se reduzca a la mera producción y consumo. En realidad, el actual levantamiento de los iraquíes no sólo forma parte de una lucha más amplia contra la globalización salvaje y la absoluta libertad de capital: se sitúa en su vanguardia. Es el motivo por el cual los iraquíes se niegan a entregar su soberanía a las corporaciones multinacionales que están destruyendo tan brutalmente Iraq.

Mientras la ocupación es un desastre para EEUU, para la sociedad iraquí es una absoluta catástrofe. Con la ayuda de sus aliados, EEUU ha destruido todo lo que Iraq ha construido en la época moderna. No debe resultar sorprendente que los iraquíes continúen luchando contra la ocupación para restaurar su sociedad. La amplia clase media, concienciada y marginalizada, junto con el empobrecimiento de la clase trabajadora y los jóvenes desempleados que han sido privados de los subsidios estatales, no tienen interés en colaborar con la política estadounidense para crear una clase de amos feudales manchados de sangre. La resistencia es la única vía para la verdadera libertad, democracia, dignidad y el logro de sus intereses, como individuos y como pueblo. El gobierno estadounidense no ha logrado nada salvo destrucción, derramamiento de sangre y mentiras. La resistencia iraquí es democrática en su conjunto puesto que es la expresión espontánea de un pueblo que mantiene en sus manos su destino; es, además, innegablemente progresista puesto que defiende los intereses del pueblo.

Nuevas formas de lucha

Mientras las sociedades occidentales se hacen pasar por democráticas, las acciones en la calle y el consenso popular durante los pasados cuatro años han demostrado que las estructuras occidentales del gobierno político son impermeables a la voluntad popular. A pesar de su fracaso en forjar nuestra confianza en su capacidad para cambiar la historia, el movimiento contra la guerra y anti-globalización, en sus variadas formas de expresión, demuestran que la gente comprende el actual divorcio entre sus aspiraciones y las de los individuos, los movimientos y las instituciones que supuestamente representan y defienden sus intereses. Tenemos que encontrar nuevas formas de lucha y de forma urgente. Mientras su fracaso es total, este gobierno estadounidense no muestra signos de cambiar el curso de los acontecimientos. Iraq y el mundo no pueden esperar hasta noviembre de 2008 [fecha de las elecciones presidenciales en EEUU], porque para esa fecha, el gobierno de EEUU y sus colaboracionistas locales podrían haber asesinado a otro millón de iraquíes más del millón que ya han asesinado desde 2003. Son necesarias acciones mucho más enérgicas, lo que incluye las acusaciones y denuncias contra los dirigentes de Estado responsables de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y crimen de genocidio.

Hemos de apoyar el llamamiento del Dr. Mahatir Mohamad para criminalizar la guerra como una forma de resolver las disputas entre las naciones. Tenemos que apoyar no sólo este llamamiento porque la guerra es un crimen, sino además porque la guerra ha demostrado ser inservible. EEUU no han logrado y no puede lograr sus objetivos incluso si extermina a todas las capas de la sociedad iraquí. Para conseguir detener esta locura, los movimientos contra la guerra tienen que revisar su terminología y rechazar los términos dictados por la ocupación. Debemos condenar la ignorancia que acepta la deshumanización del otro. Debemos rechazar la palabra insurgencia y sustituirla por lo que es: la legítima y legal resistencia contra la brutal ocupación extranjera. La ocupación es una situación de facto, no una situación decidida de jure. Con alrededor de 200.000 tropas extranjeras en suelo iraquí, Iraq no puede describirse sino como un país ocupado. Los detenidos en Iraq tienen que considerarse prisioneros de guerra, protegidos por todos los derechos que les garantiza la Tercera Convención de Ginebra.

Todos nosotros y nosotras tenemos que ser fieles [a Iraq] por las perdidas que este pueblo se ha preparado a soportar por nuestro bien, y exigir la total, incondicional e inmediata retirada de las fuerzas de ocupación de suelo iraquí, junto con la derogación de cualquier ley, tratado, acuerdo o contrato aprobado bajo la ocupación, y la justa reparación y compensación por las trágicas pérdidas humanas y materiales que los iraquíes han sufrido en defensa de la civilización.

Debemos rechazar en su totalidad la cultura del Estado militar-imperial si queremos contribuir a la corriente de resistencia que se levanta en el mundo en defensa de la civilización, la justicia, la independencia y la coexistencia.

Viva el pueblo iraquí y su único representante, la Resistencia iraquí.

 

Encuentro "Soberanía, Cultura y Ciudadanía: Resistir  la Ocupación y el sectarismo"

*Hana Abdul Ilah Al-Bayati (Aurillac, Francia, 1979), es analista y periodista iraquí. Estudió Ciencias Políticas en Londres, especializándose en relaciones internacionales y estrategia militar en la Universidad de La Sorbona. En 2001 inició sus estudios de cine documental. En 2003 dirigió el documental "On Democracy in Iraq", y en 2005 regresó a Iraq donde rodó una película sobre las secuelas de la guerra en Faluya. En la actualidad vive en El Cairo. Es miembro del Comité Ejecutivo del Tribunal 'Brussells', organización desde la que coordina en las últimas semanas la campaña internacional contra la ejecución de mujeres iraquíes acusadas de acciones de resistencia (Nota informativa de la CEOSI: Tres mujeres condenadas a muerte por actividades de resistencia. Una cifra indeterminada de mujeres detenidas por las fuerzas de ocupación y colaboracionistas). Este texto fue presentado por Al-Bayati en el Encuentro organizado por la CEOSI con el apoyo de la UAM y la colaboración de la Escuela Julián Besteiro y BibliotecAlternativa "Soberanía, cultura y ciudadanía: Resistir a la ocupación y al sectarismo", celebrado en Madrid el 17 de marzo de 2007.

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