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Encuentro
“Soberanía, cultura y ciudadanía: Resistir a la ocupación y el
sectarismo”,
EEUU pretende destruir la
identidad de Iraq para someter a su pueblo “Estados Unidos y sus aliados saben, como saben y han sabido todos los invasores que en el mundo han sido, que destruyendo los signos de identidad de un pueblo se trabaja por su desaparición. Y si además, como hacen ahora, asisten impávidos cuando no colaboran con los asesinatos de quienes pueden transmitir esos signos, es decir, su cultura, aceleran a pasos agigantados la desaparición de la identidad del pueblo, del pueblo mismo como comunidad, como nación. Y es así como parece que creen que conseguirán hacerse con las riquezas de Iraq, venciendo una resistencia que lucha denodadamente por salvarse de la desaparición.” Hace tres años, cuando ignorando el clamor de cientos de miles de ciudadanos de todo el mundo, el “Trío de las Azores”, capitaneado por el presidente de Estados Unidos, inició una guerra injusta, cruel e ilegal contra Iraq, lo hizo, sin ningún rubor, basándose en la tenencia por parte de Iraq de armas de destrucción masiva. Sabían que no las había porque habían oído los testimonios de los expertos de Naciones Unidas. Sin embargo intentaron —y en parte lo consiguieron— convencer al mundo de que era su deber invadir y destruir Iraq para salvarnos, a nosotros los occidentales, de la destrucción y de la muerte. Cuando los ciudadanos de este país y de muchos otros salimos una y otra vez a la calle para mostrar nuestro rechazo a la guerra, teníamos conciencia de que la destrucción y la muerte serían precisamente lo que conseguiría la intervención, pero no de los occidentales sino precisamente de los iraquíes, aunque a cambio enriquecería las empresas de los aliados del siniestro trío de las Azores. Lo que no sabíamos, ni ellos, en su cúpula de poder y engreimiento, ni nosotros, que luchábamos contra una decisión que se habían tomado mucho antes de que se pusieran en juego el argumento de las armas de destrucción masiva, es que además de la destrucción y la muerte, la guerra sería inacabable, como lo demuestra este cuarto aniversario, ni que se desestructuraría la sociedad entera; se destruirían todos los signos de identidad de un pueblo y de su cultura como los museos, las bibliotecas, las universidades y las escuelas; se encarcelaría sin juicio y sin respetar sus derechos civiles y políticos a cientos de miles de ciudadanos iraquíes cuyo único delito es la lucha contra el invasor (como lo fue, por ejemplo, nuestra Agustina de Aragón, por citar la heroína resistente que más gustaría a uno de los tres componentes del trío de las Azores), se los torturaría, escarnecería y humillaría. Crímenes y pretextos Tampoco sabíamos que los escuadrones de la muerte tendrían carta blanca para asesinar a decenas de catedráticos, profesores, bibliotecarios y libreros; que los soldados de la llamada Coalición gozarían del mismo privilegio de encarcelar y torturar que siguen utilizando hoy con cualquier pretexto, ni que se crearía una situación tan cínicamente insegura y peligrosa que obligaría a dos millones de ciudadanos iraquíes a elegir el camino del exilio si no querían ser encarcelados o asesinados como sus colegas. Menos aún sabíamos que se exacerbaría la lucha entre comunidades para esgrimir el pretexto de una guerra civil alimentada por el invasor y justificar con ello la violencia de las tropas de ocupación y su permanencia en el territorio. Nadie podía imaginar tampoco que las víctimas alcanzarían varios centenares de miles de ciudadanos, ni que Estados Unidos encontraría en Iraq el segundo fracaso de toda su historia, al no poder ganar una guerra como no pudo ganar la de Vietnam, por más que alargara, como lo hicieron entonces, su permanencia en el país sin sentido alguno. Estados Unidos y sus aliados saben, como saben y han sabido todos los invasores que en el mundo han sido, que destruyendo los signos de identidad de un pueblo se trabaja por su desaparición. Y si además, como hacen ahora, asisten impávidos cuando no colaboran con los asesinatos de quienes pueden transmitir esos signos, es decir, su cultura, aceleran a pasos agigantados la desaparición de la identidad del pueblo, del pueblo mismo como comunidad, como nación. Y es así como parece que creen que conseguirán hacerse con las riquezas de Iraq, venciendo una resistencia que lucha denodadamente por salvarse de la desaparición. Un guerra de hoy Para esta guerra injusta, cruel e ilegal no hay justificación posible. Como no la hay viendo el dolor y la destrucción que se ha inflingido a un pueblo que ya llevaba muchos años de sufrimiento político y económico. Contra esta guerra seguimos estando como lo estábamos cuando se inició. Y aunque nos duele haber tenido tanta razón, queremos recordar a los que afirman que la guerra de Iraq pertenece al pasado —como afirma cierta prensa acusándonos de mirar al pasado—, que nuestras acciones no son contra una guerra que ya tuvo lugar, sino contra una guerra que sigue más viva que nunca, por más que las noticias que nos lleguen estén manipuladas a favor de unos intereses que no se nos hace difícil saber cuáles son ni de dónde proceden. ¿Quien queda en el mundo que no se dé cuenta de la brutalidad que se está cometiendo con este país, que se traduce en más violencia, no sólo en el campo de batalla sino en el mundo entero? ¿Quién queda que no entienda que fuimos blanco de la brutalidad del terrorismo todos los países que un día estuvimos oficialmente a favor de esta guerra? Y aunque hemos asistido con profundo alivio a la retirada de las fuerzas españolas de Iraq, por una cuestión de justicia y de solidaridad, seguiremos exigiendo la retirada del resto de tropas de ocupación del territorio iraquí también porque nos anima el deseo de vivir en paz con una parte del mundo cuya cultura ha sido y es tantas veces menospreciada en aras de una superioridad moral que —si tal vez un día tuvimos la inocencia de creer que realmente existió— esta guerra anula.
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Encuentro "Soberanía, Cultura y Ciudadanía: Resistir la Ocupación y el sectarismo" * Rosa Regàs es escritora. En la actualidad es Directora de la Biblioteca Nacional. Este texto fue presentado por la escritora al Encuentro organizado por la CEOSI con el apoyo de la UAM y la colaboración de la Escuela Julián Besteiro y BibliotecAlternativa “Soberanía, cultura y ciudadanía: Resistir a la ocupación y el sectarismo”, celebrado en Madrid el 17 de marzo de 2007 Álbum de fotos del seminario
Apertura del encuentro. De izquierda a derecha, Ángel Gabilondo, Rector de la Universidad Autónoma de Madrid; Juan Mendoza, Director de la Escuela Julián Besteiro, y Carlos Varea, coordinador de la CEOSI.
Cierre:
Preservar la memoria colectiva: el expolio cultural de la Humanidad en
Iraq. Córdoba Zoilo, profesor de Historia Antigua y Medieval,
junto a Inmaculada Vellosillo, profesora de Ciencias de la Documentación
de la UCM.
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