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La clase dirigente de EEUU prolonga la ocupación

El gobierno Bush mantiene a 100.000 contratistas operando en Iraq

Ismael Hossein-zadeh*

Asia Times (www.atimes.com), 17 de enero, 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 8 de febrero, 2007
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde

"La clase dirigente estadounidense es reacia a sacar las tropas estadounidenses de Iraq. Esta desgana o 'dificultad' en abandonar Iraq no proviene tanto de sacar 140.000 soldados fuera de ese país como de sacar a más de 100.000 contratistas del gobierno. Como escribió recientemente Josh Mitteldorf de la Universidad de Arizona, '[...] Hay muchas empresas haciendo una fortuna, y no queremos que ese grifo de dinero se cierre, incluso si es dinero que se ha tomado prestado, el cual nuestros hijos y nietos tendrán que volver a pagar'."

"El complejo militar-industrial podría hacer que el gasto militar se desviara no hacia las necesidades de seguridad militar sino hacia la red de industrias armamentísticas, cabilderos y representantes electos."
Dwight D. Eisenhower

"Sólo hay dos cosas por las que debemos luchar. Una es la defensa de nuestros hogares y la otra la ley de derechos humanos. La guerra por cualquier otra razón es simplemente un fraude."
General Smedley D Butler

 

Ni el Grupo de Estudio de Iraq [1], ni ningún otro estamento crítico con la guerra de Iraq están apelando a la retirada de tropas estadounidenses de ese país, hasta el extremo de que el Grupo de Estudio de Iraq y el nuevo Congreso estadounidense parecen pretender aportar simplemente algún realismo a la política sobre Iraq: sus modificaciones previstas no parecen ser más que un cambio en los dirigentes de la maquinaria de guerra estadounidense, sin cambiar su destinatario ni sus objetivos: el control de la política y la economía de Iraq. A la luz de los hechos de que hasta ahora casi todas las facciones de los círculos dirigentes, incluidos La Casa Blanca y los propios instigadores de la guerra neoconservadores reconocen el fracaso de la guerra de Iraq, ¿por qué, entonces, bloquean la idea de la retirada de tropas de ese país?

Quizás el camino más corto para una respuesta relativamente satisfactoria sería seguir el rastro del dinero. Nadie está perdiendo [dinero] en Iraq. En realidad, mientras las guerras elegidas por el gobierno Bush han supuesto muertes innecesarias, la destrucción y el desastre para millones [de personas], incluidos muchos estadounidenses, también han supuesto la fortuna y la prosperidad para quienes se benefician de la guerra. En el fondo del rechazo a la salida de las tropas de Iraq está la falta de voluntad de quienes se aprovechan de la guerra para renunciar a ganancias venideras y botines de guerra.

Especuladores de la guerra

Las empresas contratadas por el Pentágono constituyen la aplastante mayoría de esos especuladores de la guerra, entre las que están no sólo gigantes de la industria como Lockheed Martin, Northrop Grumman y Boeing, sino también complejos entramados de más de 100.000 contratistas [2] y subcontratistas de servicios como ejércitos privados o empresas de seguridad y firmas de reconstrucción [3]. Esas empresas tanto de deconstrucción como de reconstrucción, cuyos beneficios provienen fundamentalmente del Tesoro estadounidense, se han aprovechado extraordinariamente de las guerras emprendidas por el gobierno Bush.

Un antiguo refrán dice que las guerras en el exterior son con frecuencia la continuación de las guerras en casa. Según esto, las recientes guerras de EEUU en el exterior parecen ser en gran medida el reflejo de las luchas internas sobre los recursos nacionales o las finanzas públicas. Los detractores del gasto social están utilizando el creciente presupuesto del Pentágono (combinado con drásticos recortes en la sanidad) como una forma cínica y tortuosa de redistribución de los ingresos nacionales destinados a la sanidad. Como esta combinación de incremento del gasto militar y descenso en la inversión en la sanidad genera una gran diferencia en el presupuesto federal, ello justifica, por tanto, la drástica rebaja en el gasto público no militar, una perspicaz e insidiosa política de dar la vuelta a las reformas del New Deal [4], una política que, casualmente, se inició con la presidencia de Ronald Reagan.

Entretanto, están dejando al margen al pueblo estadounidense de un debate sobre las graves consecuencias de una prematura retirada de tropas estadounidenses de Iraq: el empeoramiento de la atroz guerra civil, la justificación de la "democracia en ciernes", el consiguiente e importante golpe al poder y al prestigio de EEUU, y otras cuestiones similares.

Tales consideraciones son secundarias para los prósperos negocios de quienes especulan con la guerra y, más en general, para el aliciente o las perspectivas de controlar la política y la economía de Iraq. Los poderosos beneficiarios de los dividendos de guerra, quienes frecuentemente son indistinguibles de los políticos que impulsaron la invasión de Iraq, han estado robando cientos de miles de millones de dólares en virtud de la guerra. Por encima de cualquier otra cosa, es la búsqueda y la salvaguarda de esos cuantiosos robos de guerra lo que está manteniendo a las tropas estadounidenses en Iraq.

Debido a que el papel que juega el petróleo está analizado en profundidad por muchos otros investigadores y escritores [5], este artículo se centra en las empresas contratadas por el Pentágono, y en su doble vertiente de principales fuerzas impulsoras de la guerra contra Iraq y de ser el principal obstáculo para de retirada de ese país.

El aumento de los capitales de las principales empresas contratadas por el Pentágono se puede valorar, en parte por el aumento del presupuesto del Pentágono desde que el Presidente George W. Bush llegó a la Casa Blanca. [El presupuesto] ha aumentado casi un 50 por ciento, desde los casi 300 mil millones de dólares en 2001 hasta alcanzar prácticamente los 455 mil millones de dólares en 2007. Estas cifras no incluyen el presupuesto de seguridad interior, que es de 33.000 millones de dólares sólo para el año 2007, ni el coste de las guerras en Iraq y Afganistán que muy cerca de los 400 mil millones de dólares.

Las grandes empresas contratadas por el Pentágono han sido los mayores beneficiarios de estas ganancias inesperadas. Por ejemplo, un estudio llevado a cabo en 2004 por el Centro para la Integridad Pública reveló que en el período 1998-2003, el uno por ciento de las empresas más grandes obtuvo el 80 por ciento de todos los contratos de defensa estadounidense. Las diez [mayores] empresas consiguieron el 38 por ciento de todo ese capital. Lockheed Martin encabezaba la lista con 94 mil millones de dólares, Boing iba en segundo lugar con 81 mil millones de dólares, Raytheon fue la tercera, un poco por debajo de los 40 mil millones de dólares, seguida por Northrop Grumman y General Dynamics con cerca de 34 mil millones de dólares cada una [6].

El impresionante resurgimiento de estas empresas de armamento se ha reflejado en el continuado aumento del valor de las acciones o de los valores en Wall Street:

"[...] Las acciones de las empresas de defensa estadounidenses, que casi se han triplicado desde el inicio de la ocupación de Iraq, no muestran signos de caída [...] Todas las empresas de defensa -con muy pocas excepciones- han ido extremadamente bien con un crecimiento de las ganancias de casi dos dígitos [...] La percepción de que las empresas constructoras de barcos, aviones y armamento están creciendo a pasos agigantados ha llevado las acciones de los mayores contratistas del Pentágono, Lockheed Martin Corp., Northrop Grumman Corp. y General Dynamics Corp., a los valores más altos de todos los tiempos [...]" [7].

Los mayores beneficiarios de dividendos de guerra incluyen no sólo a los gigantes de la industria tales como Northrop Grumman y Lockheed Martin, sino también a todo un complejo de empresas de servicios relativos a la guerra que han florecido alrededor del Pentágono y del aparato de seguridad interna para aprovecharse de la bonanza de los gastos públicos del Departamento de Defensa.

Una industria altamente ventajosa y de rápido crecimiento, que se ha desarrollado al margen de la tendencia del Pentágono de satisfacer a las empresas privadas con dinero de los contribuyentes, basada en la práctica cada vez mayor de subcontratar muchos servicios realizados tradicionalmente por el ejército a empresas privadas:

"[...] En 1984, casi dos tercios del presupuesto de contratos [del Pentágono] iba destinado a productos en lugar de a servicios [...] Para el año fiscal 2003, el 56 por ciento de los contratos del Departamento de Defensa se realizaron por prestación de servicios en lugar de por productos."

Es más, esos servicios no están limitados a tareas relativamente simples o cotidianas ni a trabajos tales como servicios de intendencia y sanitarios, o de mantenimiento de edificios. Más aún, los contratos incluyen "[...] servicios altamente sofisticados, de naturaleza estratégica y muy cercanos a cuestiones esenciales que, por buenas razones, el gobierno solía realizar por sus medios. El Pentágono incluso ha contratado empresas para asesoramiento en la contratación de empresas" [8].

Empresas de mercenarios y de 'reconstrucción'

Los contratos de seguridad privada, una industria lucrativa y en rápido ascenso, es un buen ejemplo de la política de subcontratación del Pentágono. Esas empresas funcionan en la periferia de la política exterior estadounidense entrenado "fuerzas de seguridad" extranjeras o "en la lucha contraterrorista". A menudo esas empresas militares privadas están formadas por personal retirado de fuerzas especiales que buscan vender sus conocimientos militares al Pentágono, al Departamento de Estado, a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o a los gobiernos extranjeros.

Por ejemplo, MPRI, una de las empresas más grandes y más activas que "[...] ha entrenado ejércitos en todo el mundo mediante contratos con el Pentágono", fue fundada por el ex Jefe del Estado Mayor Carl Vuono y otros siete generales retirados. Las fortunas de esas empresas de entrenamiento militar, o las actuales empresas de mercenarios, como esos industriales de herrería militar, se han disparado gracias al recrudecimiento de la guerra y al incremento del militarismo con Bush. Por ejemplo, "[...] El precio de las acciones en el mercado de valores de L3 Communications, [empresa] que pertenece a MPRI, se ha duplicado" [9].

Mientras las empresas de fabricación contratadas por el Pentágono, como Lockheed Martin, hacen sus fortunas mediante la producción de recursos para la muerte y la destrucción, también han creado beneficiosas oportunidades para las empresas de servicios como Halliburton que, como buitres, siguen el rastro del humo de la destrucción y montan su negocio para la reconstrucción.

Por ejemplo, en el mismo mes, octubre [de 2006] en el que las fuerzas estadounidenses perdieron un número record de soldados en Iraq, e Iraq perdió muchos más ciudadanos, Halliburton anunció que en el tercer trimestre sus ingresos habían aumentado un 19 por ciento, hasta los 5,8 miles de millones de dólares. Esto incitó a Dave Lesar, presidente y director ejecutivo de la empresa, a declarar: "[...] Este ha sido un trimestre excepcional para Halliburton". Jeff Tilley, analista que investiga para la Halliburton, de igual manera señaló: "[...] Iraq ha sido mejor de lo esperado [...] En conjunto, no hay nada que cuestionarse realmente o nada sobre lo que ser escéptico. Creo que los resultados son muy buenos".

Esto llevó a muchos críticos a señalar con desprecio que cuando por la misma época el vicepresidente Dick Cheney declaró ante el comentarista político Rush Limbaugh que "[...] si miras la situación [en Iraq] en su conjunto lo están haciendo extraordinariamente bien", debía esta hablando de Halliburton [10].

Las empresas de servicios y de reconstrucción son con frecuencia denominadas "mafias de la reconstrucción", no sólo porque obtienen generosos contratos de sus cómplices políticos, a menudo sin concurso, sino también porque habitualmente cumplen sus contratos por encima y reducen lo que se han comprometido a hacer. Por ejemplo, un informe de investigación sobre Iraq, llevado a cabo sobre el terreno y financiado por el Instituto de Estudios del Sur, titulado "Nueva investigación revela fraude en la reconstrucción", demostraba que a pesar de "[...] los miles de millones de dólares gastados, [en] elementos clave de la infraestructura de Iraq (plantas generadoras, cambios de líneas telefónicas y sistemas de alcantarillado y tratamiento de aguas residuales) o no se han arreglado o se ha hecho tan deficientemente que no funcionan".

El informe, llevado a cabo por Pratap Chatterjee y Herbert Docena y publicado en Exposure, la publicación del Instituto, revela además que Bechtel, la mayor empresa contratada por el Pentágono, "[...] ha aportado decenas de millones para arreglar las escuelas iraquíes. Sin embargo la mayoría no se han tocado y varias escuelas que Bechtle afirma haber reparado están patas arriba. Una escuela "reconstruida" se inundó por desbordamiento del alcantarillado".

El informe señala también que de los 2,2 miles de millones de dólares en contratos de reconstrucción con Halliburton, la empresa sólo ha invertido el diez por ciento en "[...] cosas fundamentales para la comunidad, invirtiendo el resto en servicios para las tropas estadounidenses y en la reparación de oleoductos. Halliburton también ha invertido alrededor de 40 millones de dólares en la búsqueda sin resultados de armas de destrucción masiva [11].

El botín de guerra y la devastación de Iraq han resultado tan atractivos que un número increíblemente elevado de los que especulan con la guerra han creado negocios en ese país para obtener una parte del botín. Según informaba The Washington Post el 5 de diciembre de 2006, "[...] según el primer censo del ejército sobre el crecimiento de la población de civiles operando en el campo de batalla, hay alrededor de 100.000 empleados contratados por el gobierno [estadounidense] operando en Iraq, ello sin contar las subcontratas, un total que se aproxima a la fuerza del ejército estadounidense [en Iraq],".

El informe, realizado por Renae Merle, señala también que "[...] además de las aproximadamente 140.000 tropas estadounidenses [12], Iraq está ocupado por un batiburrillo de empresas. DynCorp International tiene alrededor de 1.500 empleados en Iraq, lo que incluye a unos 700 que están dedicados al entrenamiento de las fuerzas de policía [iraquíes]. Blackwater USA tiene más de 1.000 empleados en el país, la mayoría de ellos en tareas de seguridad privada [...] MPRI, del grupo L-3 Communications, tiene alrededor de 500 empelados cumpliendo 12 contratos, lo que incluye proporcionar mentores para la planificación estratégica, el presupuesto y la creación de una oficina de sociedades estatales. Titan, otro grupo de L-3, tiene 6.500 lingüistas en el país" [13].

El hecho de que los poderosos beneficiarios de los dividendos de guerra florezcan en un ambiente de guerra y de convulsión internacional no debe extrañar a nadie. Lo que sí es una sorpresa es que, en el contexto de las actuales guerras elegidas por EEUU, esos beneficiarios también tengan el poder de promocionar las guerras, a menudo mediante la creación de "[...] amenazas externas a nuestros intereses nacionales". En otras palabras, los especuladores de la guerra se han convertido también en instigadores o en los colaboradores de la guerra [14].

Relaciones político-comerciales indeseables

Lo que sigue es un ejemplo de tales relaciones político-comerciales indeseables, como informaron Walter F. Roche y Ken Silverstein en un artículo del 14 de julio en Los Angeles Times titulado "Los defensores de la guerra ahora se aprovechan de la reconstrucción de Iraq":

- El exdirector de la CIA R. James Woolsey es un prominente ejemplo del fenómeno, mezclando sus intereses comerciales con lo que pretende son los intereses estratégicos del país.

- Neil Livingstone, antiguo asesor del Senado que prestó sus servicios como consejero del Pentágono y del Departamento de Estado y que lanzó repetidos llamamientos públicos para el derrocamiento de Sadam Huseín. Es director de una consultoría, GlobalOptions, Inc., con sede en Washington que proporciona contactos y servicios de consultoría a las empresas que tienen negocios en Iraq.

- Randy Scheunemann, antiguo asesor del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quien trabajó en el borrador de la Ley Liberación de Iraq de 1998 la cual autorizaba el gasto de 98 millones de dólares en ayuda a los grupos iraquíes en el exilio [15]. Fue el presidente fundador del Comité para la Liberación de Iraq. Ahora asesora a los estados del antiguo bloque soviético para establecer sus empresas allí [en Iraq].

- Margaret Bartel, responsable del envío de dinero federal al grupo en el exilio del iraquí Ahmed Chalabi, el Congreso Nacional Iraquí, lo que incluye fondos para el programa de inteligencia de guerra preventiva basado en las supuestas armas de destrucción masiva de Sadam Husein. Ahora dirige una empresa de consultoría en el área de Washington asesorando a posibles inversores para encontrar socios iraquíes.

- K Riva Levinson, una cabildera de Washington y experta relaciones públicas que recibió dinero federal para recabar apoyo, antes de la guerra, para el Congreso Nacional Iraquí. Mantiene estrechas relaciones con Bartel y ahora asesora a las empresas que abren sus puertas a Iraq, en parte mediante sus contactos con el Congreso Nacional Iraquí.

- Joe M Allbaugh, ex director de la campaña electoral a la Casa Blanca de Bush en el año 2000 y quien posteriormente dirigió la Agencia de Gestión de Emergencias Federales.

- Edward Rogers Jr. un asesor de la primera presidencia de George Bush, quien recientemente trabajo en la creación de la empresa New Bridge Strategies and Diligence, LLC [Sociedad de Responsabilidad Limitada] para promover negocios en la posguerra de Iraq.

Hay indicios elocuentes de que esas dudosas relaciones representan más que simples casos aislados o ejemplos sin relación entre sí de algunos individuos sin escrúpulos o delictivos. Las pruebas demuestran que los contratos para la reconstrucción de Iraq se diseñaron mucho antes de la invasión y de que se hubiera iniciado la destrucción de ese país. En un fascinante informe para la revista The Nation, titulado "El surgimiento del desastre del capitalismo", Naomi Klein, describe la estructura del largo "proyecto de reconstrucción" como sigue:

"[...] El verano pasado, en agosto, en el período de calma de los adormilados medios de comunicación, la doctrina de una guerra preventiva del gobierno Bush logró un avance significativo. El 5 de agosto de 2004, la Casa Blanca creó la Oficina del coordinador para la reconstrucción y la estabilización [de Iraq], dirigida por el ex embajador [estadounidense] de Ucrania Carlos Pascual. Lo que se le encomendó fue diseñar minuciosos planes del 'post conflicto' para hasta 25 países que no están, hasta ahora, en conflicto. Según Carlos Pascual, también tendría que coordinar tres operaciones de reconstrucción a gran escala en diferentes países '[...] al mismo tiempo', cada una de ellas con una duración de entre '[...] cinco y siete años'." [16]

Aquí se vislumbran las verdaderas razones o las fuerzas que están detrás de las "guerras preventivas" del gobierno Bush. Como señala Klein "[...] Un gobierno dedicado a perpetuas deconstrucciones preventivas ahora tiene una oficina permanente de perpetua reconstrucción preventiva". Klein también documenta cómo (mediante la oficia de Carlos Pascual) los empresarios diseñaron los planes de reconstrucción en íntima colaboración con varias agencias gubernamentales y cómo, a veces, los contratos se pre-aprobaron y toda la documentación estaba presentada mucho antes de ningún ataque militar:

"[...] En estrecha colaboración con el Consejo de Inteligencia Nacional, la oficina de Carlos Pascual mantuvo a los países 'de alto riesgo' en una lista de 'observación' y organizó equipos de emergencia listos para trabajar en la planificación de la preguerra y para 'mobilizarse y desplegarse rápidamente' una vez que un conflicto se hubiera terminado. Los equipos estaban formados por empresas privadas, ONG y estrategas. algunos, manifestó Carlos Pascual en octubre ante una audiencia en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, tienen contratos 'pre adjudicados' para reconstruir países que aún no están destruidos. Hacer este trabajo por adelantado podría 'ahorrarnos entre tres y seis meses en nuestro tiempo de respuesta'."

Intriga y especulación

No hay modelo de empresa o paradigma empresarial que pueda captar adecuadamente la naturaleza de este tipo de intriga y especulación. Ni siquiera los negocios ilegales basados en los desahucios, corrupción o robo pueden describir suficientemente el tipo de intereses viles de las empresas que acechan tras las guerras preventivas del gobierno Bush.

Sólo un tipo de calculada explotación imperial o colonial, aunque sea una nueva forma de colonialismo o imperialismo, puede captar la esencia de la guerra de especulación asociada a las recientes guerras de agresión de EEUU. Como Shalmali Guttal, un investigador de Bangalore, afirma "[...] Antes teníamos un colonialismo vulgar. Ahora tenemos un colonialismo sofisticado y lo llaman 'reconstrucción'." [17]

Los poderes clásicos, coloniales o imperiales, vagaban por la periferia de los centros capitalistas descubriendo nuevos territorios y agotando sus riquezas y recursos. Hoy, no hay nuevos lugares que descubrir en nuestro planeta. Pero hay muchos países soberanos vulnerables cuyos gobiernos se pueden derrocar, sus infraestructuras aplastar sobre el terreno y como resultado tanto de la destrucción como de la "reconstrucción" se pueden hacer fortunas. Y aquí está el genio de un eficaz mecanismo de mercado parasitario, así como la gran fuerza de empuje detrás de las guerras elegidas, unilateralmente provocadas, por el gobierno Bush.

Pero la nueva forma de agresión imperialista o colonial, inducida fundamentalmente por los poderosos intereses creados de las industrias armamentísticas y de otros negocios asociados a la guerra, no sólo trae la calamidad a los vencidos, sino que es también perjudicial y gravoso para los vencedores, a saber el imperio y sus ciudadanos. Contrariamente a las operaciones militares exteriores de los imperios del pasado, que normalmente obtenían beneficios no sólo para las clases dominantes del imperio sino también, con cuentagotas, para sus ciudadanos, las expediciones del ejército de EEUU y sus últimas operaciones no son justificables ni siguiera sobre la base de beneficios económicos nacionales.

En realidad, la escalada de expansiones y agresiones del ejército estadounidense se han convertido en antieconómicas y en un gasto absurdo [18], puesto que han vaciado las arcas del Tesoro público, socavado el gasto social y acumulando deuda nacional. Analizado desde este punto de vista, la nueva forma de imperialismo quizás se puede denominar imperialismo parasitario.

La especulación con la guerra no es, desde luego, nueva; siempre ha existido a lo largo de la historia de los conflictos. Sin embargo, lo que hace la especulación con la guerra singular y extremadamente peligrosa para la paz del mundo y para la estabilidad, en el contexto de las recientes guerras de EEUU, es que se ha convertido en la mayor fuerza impulsora de la guerra y del militarismo.

Esto resulta clave para entender el porqué la clase dirigente estadounidense es reacia a sacar las tropas estadounidenses de Iraq. Esta desgana o dificultad en abandonar Iraq no proviene tanto de sacar 140.000 soldados fuera de ese país como de sacar a más de 100.000 contratistas del gobierno. Como escribió recientemente Josh Mitteldorf de la Universidad de Arizona, "[...] Hay muchas empresas haciendo una fortuna, y no queremos que ese grifo de dinero se cierre, incluso si es dinero que se ha tomado prestado, el cual nuestros hijos y nietos tendrán que volver a pagar" [19].

Se deduce que las tropas estadounidenses no se retirarán de Iraq mientras las voces contra la guerra no vayan más allá de las premisas y parámetros del discurso oficial o de la justificación de la guerra: el terrorismo, la democracia, la guerra civil, la estabilidad, los derechos humanos y demás. Los movimientos contra la guerra tienen que apartarse del discurso tremendamente desviado y del limitado debate sobre esos temas secundarios y despertar la conciencia pública sobre los escandalosos intereses económicos que dirigen la guerra.

Es de vital importancia que la atención pública se aleje del reducido discurso oficial de la guerra -cacareado por los medios de comunicación corporativos y los expertos políticos-, y se vuelva hacia los crímenes económicos que se han cometido a causa de esta guerra, tanto en Iraq como en EEUU.

Ha llegado el momento de plantear un argumento moral para devolver el petróleo iraquí y el resto de las riquezas a los iraquíes. También ha llegado el momento de plantear un argumento moral contra los saqueos del tesoro público estadounidense, o impuestos, a manos de quienes especulan con la guerra. Parafraseando al general Smedley D. Butler, la mayoría de las guerras se pueden terminar fácilmente -no deberían haber empezado nunca- si se eliminan los beneficios que se obtienen de ellas [20].

Notas del autor y de IraqSolidaridad:

1. Grupo de representantes de los partidos Demócrata y Republicano. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Continuidad de la guerra. El Grupo de Estudios sobre Iraq elude un calendario de retirada de tropas y recomienda negociaciones con Siria e Irán | Peter Grier: Grupo de Estudio de Iraq: Ni irse ni quedarse. El Partido Demócrata y la Administración Bush buscan un consenso sobre la continuidad en Iraq | Joe Kay: Demócratas y republicanos: Mantener la ocupación de Iraq. Antes que una retirada o reducción de tropas, se prevé un incremento de hasta 30.000 efectivos [Nota de IraqSolidaridad.]
2. El término contractor, "contratista", puede referirse tanto a empresa (o empresario) contratada por el gobierno como a sus empleados. La cifra tan elevada de 100.000 contratistas debe así entenderse como referida más a personas que a empresas o empresarios. [Nota de IraqSolidaridad.]
3. Renae Merle, "Census counts 100,000 contractors in Iraq", Washington Post (5 de diciembre de 2006). Véase en IraqSolidaridad:
Charlie Cray: El negocio de la guerra. Las diez corporaciones más beneficiadas con la ocupación de Iraq [Nota de IraqSolidaridad.]
4. Paquete de medidas sociales creadas por el presidente T. Roosvelt para paliar los efectos de la gran Depresión (1929).
5. Véase en IraqSolidaridad:
Kamil Mahdi: Nueva ley de hidrocarburos: Sangre y petróleo. El petróleo iraquí pasará a control extranjero y de grupos sectarios colaboracionistas y enlaces relacionados. [Nota de IraqSolidaridad.]
6. The Center for Public Integrity, "Report finds $362 billion in no-bid contracts at the Pentagon" (29 de septiembre de, 2004).
7. Bill Rigby, "Defense stocks may jump higher with big profits", Reuters (12 de abril de 2006).
8. The Center for Public Integrity, "Outsourcing the Pentagon" (29 de septiembre de 2004).
9. Esther Schrader, "Companies capitalize on war on terror", Los Angeles Times (14 de abril de 2002).
10. Steve Young, "What is bad for America is good for Halliburton ... just ask the vice president", OpEdNews.com (23 de octubre de 2006).
11. "War profiteering", Source Watch (a project of the Center for Media and Democracy).
12. Más de 160.000 tras el incremento en 25.500 efectivos determinado por Bush. [Nota de IraqSolidaridad.]
13. Renae Merle, op cit.
14. William D Hartung, How Much Are You Making on the War, Daddy? (New York: Nation Books, 2003); Chalmers Johnson, The Sorrows of Empire (New York: Metropolitan Books, 2004); Ismael Hossein-zadeh, The Political Economy of US Militarism (New York & London: Palgrave-Macmillan, 2006).
15. Aprobada por el Congreso de EEUU durante el mandato de Clinton, marca el inicio de la nueva estrategia de cambio de régimen en Iraq tras el período de sanciones vigentes desde 1990 contra el país, ineficaz para lograr el derrocamiento interno del gobierno iraquí. [Nota de IraqSolidaridad.]
16. Naomi Klein, "The rise of disaster capitalism", The Nation (2 de mayo de 2005).
17. Citado en Klein, ibid.
18. El Pentágono indicaba el pasado mes de enero que el coste mensual de la guerra de Iraq alcanza los 8,4 millones de dólares, el doble de lo gastado al iniciarse la ocupación de Iraq en 2003 (Reuters, 18 de enero, 2007). [Nota de IraqSolidaridad.]
19. Josh Mitteldorf, "Why we're not getting out of Iraq", Contraportada del News (8 de diciembre de 2006).
20. Smedley D Butler, War Is a Racket (Los Angeles: Feral House, 1935 [2003]).

English Texto original

Carlos Varea: Continuidad de la guerra. El Grupo de Estudios sobre Iraq elude un calendario de retirada de tropas y recomienda negociaciones con Siria e Irán

Peter Grier: Grupo de Estudio de Iraq: Ni irse ni quedarse. El Partido Demócrata y la Administración Bush buscan un consenso sobre la continuidad en Iraq

Joe Kay: Demócratas y republicanos: Mantener la ocupación de Iraq. Antes que una retirada o reducción de tropas, se prevé un incremento de hasta 30.000 efectivos

Charlie Cray: El negocio de la guerra. Las diez corporaciones más beneficiadas con la ocupación de Iraq

Kamil Mahdi: Nueva ley de hidrocarburos: Sangre y petróleo. El petróleo iraquí pasará a control extranjero y de grupos sectarios colaboracionistas

* Ismael Hossein-zadeh es profesor de economía en la Universidad Drake de Des Moines (Iowa) y autor del libro recientemente publicado 'The Political Economoy of US Militarism'.


Los ejércitos de los guardaespaldas

36 empresas de seguridad oficiales y otras 200 sin licencia trabajan en Iraq

Maad Faiad

Al-Sharq al-Awsat (www.aawsat.com), 12 de enero, 2007 / Al-Fanar Boletín de Prensa Árabe (www.boletin.org) / IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 8 de febrero, 2007 - Traducido del árabe por Al-Fanar Boletín de Prensa Árabe

"Es muy común ver vehículos blindados rodeados de camiones abarrotados de agentes armados de la seguridad privada que cortan el tráfico y disparan en todas las direcciones paralizando la circulación e infundiendo el terror entre la gente."

Un grupo de mercenarios de la empresa 'Zapata Engineering' en Iraq

La seguridad privada es un fenómeno generalizado en Iraq aunque en Bagdad tiene un carácter especial. De un fenómeno normal, emergente, ha pasado a ser, desde hace dos años, lo que se puede calificar como un "fenómeno de tribus": un nuevo tipo de tribus iraquíes cuya importancia depende de las personalidades a las que protejan y escolten. 36 empresas de seguridad registradas oficialmente y más de 200 sin licencia trabajan en el ámbito de seguridad privada en Iraq

Proteger a políticos [iraquíes] ya no es la única tarea de la seguridad privada. Existen hombres de negocios y empresarios que se han rodeado de escoltas. Hoy en día, es muy común ver vehículos blindados rodeados de camiones abarrotados de agentes armados de la seguridad privada que cortan el tráfico y disparan en todas las direcciones paralizando la circulación e infundiendo el terror entre la gente. El comportamiento de cualquier grupo de escoltas depende esencialmente de la identidad y de las órdenes de la persona a la que protegen.

No todos los escoltas son iraquíes. En la actualidad, muchas compañías extranjeras de seguridad privada operan en Iraq ofreciendo sus servicios a políticos y empresarios.

Según Reuters, la semana pasada el presidente del Parlamento iraquí, Mahmud Mashhadani, informó que una comisión de seguridad especial va a contratar los servicios de una compañía de seguridad sudafricana que va a asumir las operaciones defensivas del presidente y de los miembros del Congreso de los Diputados iraquí. Dicha declaración provocó el enfado de los parlamentarios que prefieren que "los representantes del pueblo" estén protegidos por los aparatos de seguridad gubernamentales.

'Impedir la infiltración'

El periodista Muhanad Abdelchabar, portavoz del presidente del Congreso de los Diputados, declaró en una llamada telefónica [de Al-Sharq al-Awsat], que "[...] el presidente del Parlamento comunicó la toma de dicha medida tras haber sufrido en persona un intento de asesinato. Hay aspectos técnicos de seguridad que no entran dentro de las responsabilidades del presidente del Parlamento. Son, de hecho, aspectos que entran en el marco de las responsabilidades de la comisión de seguridad entre cuyos miembros figuran los ministros de Interior y de Defensa, y el vicepresidente del Congreso de los Diputados, Jaled Atiya".

El citado portavoz añadió que "[...] en general la Zona Verde, donde se encuentra la sede del Congreso de los Diputados, está protegida por las fuerzas multinacionales. Asimismo, hay ahí zonas protegidas por empresas de seguridad nepalesas, hindúes o ucranianas", y que "[...] los accesos al Congreso de los Diputados están protegidos por una fuerza de nepaleses mientras que el interior del congreso está bajo la responsabilidad del gobierno iraquí".

El portavoz iraquí explica que esta medida de contratar empresas extranjeras sirve "[...] para impedir la infiltración de cualquier terrorista o de personas partidarias de un sector enfrentadas a otro. Además, estos mercenarios inspeccionan a todo el mundo por igual". El jefe de división iraquí, Mohamed Niama, jefe de Operaciones Militares en el ministerio de Interior señaló que "[...] la protección de los responsables del Estado es responsabilidad del gobierno. El Estado ha de destinar un grupo de agentes para la protección de cada personalidad o dejar a los responsables que elijan ellos mismos a su seguridad y que luego pasen la factura al Estado". Añadió que el gobierno contrata varios escoltas por cada ministro y el ministerio de Defensa se encarga de pagarles sus salarios. Pero si un determinado ministro decide llevar más escoltas, su correspondiente ministerio se encarga de su remuneración".

Niama aclaró que este asunto "[...] no está zanjado, especialmente en lo que atañe al número de los escoltas. Un diputado cobra un salario mensual de 13 millones de dinares. De este sueldo se resta el salario mensual de sus escoltas. El diputado es libre de determinar el importe que desea pagarles". "[...] Algunos diputados y ministros, gracias al apoyo económico de sus partidos, contratan más escoltas", dijo Niama señalando también que "[...] el Estado tendría que ofrecer a cada ministro o diputado, o incluso los directores generales, un vehículo blindado. Sin embargo, el gobierno no puede hacer frente a este gasto ya que estos coches cuestan más de 15.000 dólares". El comandante Niama apuntó que "[...] hay 36 empresas de seguridad privada extranjeras e iraquíes registradas en el Ministerio de Interior y más de 200 sin licencia. La mayoría de los propietarios de estas compañías no autorizadas están implicados en actos terroristas. Para nosotros están fuera de la ley mientras no tengan una licencia, y por eso, estamos tomando medidas contra ellas".

"[...] Las armas autorizadas tanto para los guardaespaldas del Estado como para los de las empresas de seguridad privada son un fusil, una ametralladora, [y] un revolver, pero no está permitido el uso de la ametralladora BKC", añadió Niama.

Procedimiento desconocido

Pese a que el jefe militar iraquí explicó el mecanismo de trabajo de los escoltas a los miembros del Congreso de los Diputados, dicho mecanismo no está siendo respetado. Al- Sharq al-Awsat, tras recoger los testimonios de varios diputados y de la ministra de Derechos Humanos, concluyó que ninguno de ellos conocía el verdadero número de sus escoltas y que cada uno seguía unos procedimientos a la hora de contratarlos.

El presidente del bloque kurdo, el diputado Fuad Maasum, afirmó que todos sus guardaespaldas son peshmerga a los que paga el gobierno de Kurdistán, y dijo que había elegido a algunos de ellos porque los conocía personalmente. Añadió que algunos miembros habían sido contratados directamente por los peshmerga y que tenía mucha confianza en ellos pues eran gente con gran experiencia. Maasum dijo también que los salarios de sus guardaespaldas oscilaban entre los 250 y los 350 dólares, y que sólo llevaban armas autorizadas.

El diputado Iad Yamaledin de la Lista Nacional Iraquí aclaró que él mismo elige a sus escoltas y que la mayoría de ellos eran familiares o conocidos en los que confiaba porque su vida estaba en sus manos. Apuntó que, tras elegir a sus guardaespaldas, daba sus nombres al Ministerio de Defensa para que les pagasen desde allí.

Uichdán Salem, ministra de Derechos Humanos, y la que más respeta las órdenes del gobierno, dijo: "[...] tengo 20 escoltas que paga el ministerio de Defensa y el de Interior" y apuntó que ella misma los había elegido por recomendaciones de sus familiares o por conocerlos en persona. La ministra iraquí afirmó que todo esto no servía para nada, y se preguntaba por qué se daba tanta importancia a proteger a los ministros cuando primero habría que proteger a la sociedad.

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