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Milicias y escuadrones de la muerte, la estrategia de la ocupación para dividir el país
 

Destruir Iraq por el terror
 

Imán A. Jamás *

IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org/), 17 de abril de 2008
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por
Beatriz Morales Bastos
 

“Es tan atroz como misterioso, especialmente porque nadie reivindica estos atentados. Una vez más, no se investigan y ni siquiera se cuestionan. La pregunta sigue siendo ¿a quién favorecen estas matanzas generalizadas? Y la única respuesta lógica que tenemos es: a la propia ocupación estadounidense o a cualquiera de servicios de inteligencia y regímenes extranjeros que se beneficiarían de la destrucción de Iraq como país unificado.”


Menores iraquíes detenidos por grupos parapoliciales en 2006. La cifra de detenidos bajo control de las autoridades colaboracionistas iraquíes es desconocida

Ya se llamen milicias sectarias, grupos paramilitares, escuadrones de la muerte, mercenarios, bandas criminales o elementos delincuentes dentro las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes, no importa cómo se llamen o cuáles sean sus diferencias, ahora controlan Iraq y lo están convirtiendo en tierra de nadie. Se afirma que las autoridades estadounidenses de ocupación y sus agentes iraquíes en el gobierno son absolutamente incapaces de controlar estos grupos, pero lo cierto es que cada vez son más fuertes, funcionan mejor y están más organizados, y que están consolidando su control en el norte y sur de Iraq, haciendo de la división del país una realidad de hecho.

Actuando de forma independiente o como parte de las fuerzas de seguridad del gobierno iraquí, entrenadas y equipadas por Estados Unidos, estas bandas siguen cometiendo las peores de las atrocidades cinco años después de la caída del Estado de Iraq. Han desmantelado la sociedad y las instituciones públicas; han robado el país, secuestrado, torturado y asesinado brutalmente a miles de iraquíes; han echado a millones de iraquíes de sus casas [1] y aterrorizado a sus ciudadanos.

La pregunta sigue siendo por qué y cómo es posible que hayan cometido todos estos crímenes y por qué en todos estos años no se han investigado o perseguido judicialmente.

La propaganda de la invasión

La propaganda que precedió y acompañó a la invasión estadounidense creó el mito de que la ocupación haría justicia a los shiíes y a los kurdos que habían estado perseguidos por los sunníes durante el régimen anterior o incluso a lo largo de la historia, y que la palabra “sunní” —incluso la palabra “árabe”— estaba relacionada con el régimen anterior y el partido Baaz, y después con lo que se llamó indistintamente “insurgencia”, “resistencia” o “terrorismo”. ¿Recuerdan el [llamado por el Pentágono] “Triángulo Sunní”  [Bagdad y oeste y centro-norte del país]? Entre los iraquíes se creó una nueva división entre quienes se suponía que aceptaban la ocupación, porque serviría a sus intereses, y quienes la rechazaban porque iba en contra de sus intereses. Por supuesto, este mito se acabó desvaneciendo, pero los partidos sectarios y las autoridades de la ocupación crearon el germen de la segregación sectaria.

Desde los primeros días de la ocupación estadounidense bandas (entonces) desconocidas llevaron a cabo ataques en grupo contra instalaciones del Estado, las bibliotecas, los museos; destruyeron documentos oficiales de los Ministerios y de otras instituciones; saquearon y después quemaron edificios gubernamentales mientras los soldados estadounidenses observaban complacientemente, sumado todo ello a la destrucción previa de edificios por los bombardeos. Estas bandas desmantelaron sistemáticamente la infraestructura industrial de Iraq y la vendieron como chatarra a Irán. El pueblo iraquí estaba demasiado conmocionado y perplejo como para preguntarse qué estaba ocurriendo y por qué, y lo consideró el resultado del caos provocado por la ausencia de autoridad: no podían imaginar que ninguna milicia sectaria hiciera tales cosas…

En el verano de 2003 un periódico del Consejo Supremo Islámico de Iraq (CSII) [hasta 2007, Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq)] publicó listas con los nombres, previamente seleccionados, de personalidades iraquíes para ser asesinadas, listas que además se colgaron en internet. Todos ellos eran o bien altos cargos del Estado iraquí o, simplemente, conocidos científicos, académicos, diplomáticos, escritores, artistas, etc. La mayoría eran sunníes.

Incluso antes del inicio de la ocupación, cientos de iraquíes fueron entrenados por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense y por agentes especiales del ejército estadounidense, en algún lugar de Europa del Este o en Estados Unidos, unidades que debían acompañar a las tropas invasoras como unidades paramilitares y ayudar en la guerra contra la resistencia.

Estas unidades de agentes formaron el núcleo y los mandos de las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes después del completo desmantelamiento de las fuerzas originales. La mayoría de ellos eran shiíes y kurdos relacionados con los principales partidos traídos a Iraq por la ocupación: el CSII, ad-Dawa, los dos principales partidos kurdos [la Unión Patriótica del Kurdistán y el Partido Democrático del Kurdistán, liderados por Talabani y Barzani, respectivamente] y las milicias de Alaui y de Chalabi, que trabajaban bajo supervisión directa estadounidense.

Cuando en junio de 2004 se establecieron las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes, sus integrantes fueron exclusivamente elegidos de entre los componentes de estas milicias, especialmente de la Organización Badr, la rama del CSRII entrenada por Irán [2], que constituyó los comandos del Ministerio del Interior —y, especialmente, las Brigadas Lobo— y los peshmerga [guerrilleros] kurdos. A la milicia de Moqtada as-Sáder, conocida como Jeish Al-Mahdi, El Ejército del Mahdi, se le encomendaron los Servicios de Protección de las Instalaciones [3], a pesar de que se unieron a la policía como soldados rasos a finales de 2005 y, especialmente, en 2006. Otros comandos de brigadas policiales tales como Serpiente, Escorpión, Trueno, Tigre, etc., son sólo diferentes denominaciones para fuerzas similares.

Los peshmerga, sin embargo, son distintos. Conocidos como los “libertadores del Kurdistán”, apoyaron a las tropas de ocupación estadounidenses en 2003 y también en [los asaltos a] Faluya [con] más de 100.000 miembros de la milicia que servían en las fuerzas del gobierno regional de Kurdistán. Secuestraron a miles de árabes, turcomanos y miembros de otras minorías desde Mosul, Kirkuk y de cientos de pueblos hasta ciudades más pequeños del norte de Iraq, y los encerraron en multitud de cárceles secretas (de las que sólo se conocen cinco: Suleimaniya, Arbil, Shaqlaua, Dahok y Aqra), aunque los peshmerga se niegan a admitirlo. Entrenados por cientos de agentes de elite de los servicios de inteligencia israelíes [4], los cuatro batallones peshmerga controlan Mosul tras llevar a cabo una brutal limpieza étnica en Kirkuk y en otras muchas ciudades del norte del país. 100.000 familias árabes fueron obligadas a abandonar Kirkuk, con lo que, una vez más, cometieron diferentes tipos de violaciones graves de los derechos humanos. Testigos presenciales de una tremenda explosión acaecida en Mosul el pasado mes de enero, en la que murieron decenas de familias y cientos de personas resultaron heridas, afirman que los peshmerga estaban detrás de dicha explosión [5].

Los iraquíes estaban conmocionados por las técnicas extremadamente brutales que la policía iraquí y las tropas estadounidenses utilizaban para localizar a lo que ellos llamaban la “insurgencia”. En Kirkuk, por ejemplo, una mujer de unos sesenta años fue violada sucesivamente por trece milicianos kurdos; al sur de Bagdad quemaron un pueblo entero, detuvieron a los hombres, los torturaron y mataron porque en un lugar cercano un convoy estadounidense había sido atacado, etc. No obstante, es muy importante enfatizar que, en interés de ambos, los estadounidenses y sus agentes iraquíes, la reputación de [actuar con] extremada brutalidad se atribuyó deliberadamente las milicias sectarias y étnicas más que a los estadounidenses: por un lado para provocar tensiones sectarias y por otro para poner un rostro más humano a la ocupación. Incluso después [de lo sucedido] en Abu Graib la familias estaban muy preocupadas por saber si sus hijos habían sido detenidos por los estadounidenses y no por las fuerzas iraquíes.

Agudizar las susceptibilidades

En lo político se tomaron decisiones para agudizar las susceptibilidades de discriminación entre los iraquíes: la creación inicial [por EEUU] de un Consejo de Gobierno [en 2003] basado en la representación sectaria y étnica; con la decisión de convocar las elecciones para el gobierno de transición en 2004, convocatoria que justificó el ataque contra Faluya; con la aprobación de una nueva Constitución [en el verano de 2005] centrada en la fragmentación sectaria —no en la unidad como ciudadanos y ciudadanas— del pueblo iraquí y el federalismo; en fin, con las precipitadas elecciones [de diciembre de 2005] y el escándalo de su escrutinio, que ahondaron aún más la división.

Pero la peor de todas las medidas fue la decisión tomada por Paul Bremer, administrador civil de la ocupación, de incluir a las milicias sectarias en las fuerzas de seguridad como una manera de luchar contra la resistencia y a fin de solucionar la proliferación de grupos armados privados. En realidad, los estadounidenses proporcionaron un marco legal para los asesinatos sectarios y los escuadrones de la muerte, al dar a los policías leales a cada milicia —la mayoría de ellas confesionales shiíes— dinero, entrenamiento y armas para azotar al otro sector. Dos años después, el general Petraeus, máximo mando militar estadounidense, aún crearía una nueva milicia: los Consejos del Despetar, formados por sunníes que supuestamente luchan contra Al Qaeda, [aunque] obviamente son una nueva milicia sectaria, si bien esta vez sunní: supuestamente protegen las áreas [de mayoría sunní] de los ataques de milicias radicales [vinculadas al Estado Islámico de Iraq], pero con su creación el general Petraeus sembró más semillas para la guerra civil, esta vez en las propias bases populares de la resistencia [6].


Miembros de los Consejos del Despertar, financiados por EEUU

Faluya

Probablemente el primer ataque obvio contra el tejido social se produjo cuando se utilizó a estas tropas sectarias y étnicas iraquíes para matar a sus conciudadanos en Faluya [en noviembre de 2004] junto con la propaganda que acompañó a aquel ataque. Una de las nuevas cadenas de televisión iraquíes ofreció entonces imágenes de algunas milicias bailando una típica danza local del Kurdistán sobre los cuerpos de familias completas [asesinadas] de Faluya. Refugiados que huían de las bombas contaron cómo los policías sectarios ofendieron sus creencias y los obligaron a blasfemar contra sus símbolos sagrados. Estos hechos provocaron el aumento de las divisiones [sectarias].

Curiosamente, los iraquíes eran completamente conscientes del juego sectario. En las manifestaciones normalmente se coreaban consignas en contra del sectarismo. De hecho, culturalmente los iraquíes consideraban muy poco civilizado o incluso zafio preguntar a alguien por su religión o por su adscripción comunitaria, o hablar de ello. Durante los ataques contra Faluya, pueblos y ciudades shiíes acogieron a familias sunníes cerca de Kárbala, el corazón del shiísmo iraquí. Jóvenes shiíes se alistaron voluntarios junto con los sunníes para luchar contra los estadounidenses en Faluya. En la avalancha humana que se produjo en un puente y en la que murieron miles de shiíes en 2005 [en el barrio bagdadí de Kadimiya], la gente hablaba de un joven sunní, Ozmán, que consiguió salvar a seis shiíes de morir ahogados, tras lo cual él mismo murió ahogado por el agotamiento.

Después de la masacre de Faluya y de las atrocidades cometidas en las cárceles de Abu Graib, [Campo] Bucca y Badush en otras, se estableció el gobierno de transición de al-Yafari (miembro del partido ad-Dawa), que tenía mucho interés en dar la impresión de ser extremadamente sectario e implacable. Bayan Jabr, un mando de la Organización Badr y un cargo importante en el CSRII, fue nombrado ministro del Interior. Purgó el Ministerio de los altos cargos sunníes. Durante 2005 llegaron historias terribles de diferentes zonas de Bagdad y de las cárceles. Las familias hablaban constantemente de decenas de jóvenes uniformados que circulaban en coches del Ministerio del Interior y que asaltaban determinados barrios y detenían a hombres a los que nunca más se volvía a ver. Cuando las familias preguntaban por ellos en el Ministerio del Interior o en las comisarías de policía, los responsables negaban tener nada que ver con los asaltos o saber nada de los desaparecidos [7].

Días después se encontraban los cuerpos de esos hombres detenidos en lugares lejanos, en vertederos o en la morgue, salvajemente torturados, ejecutados y mutilados. Su sello característico eran los ojos arrancados, huesos y miembros rotos, la cabeza y el pecho llenos de agujeros hechos con taladros, la piel quemada, enfermedades de la piel extendidas por el cuerpo debido a la falta de higiene. Los prisioneros liberados hablaron de unas condiciones atroces dentro de las prisiones superpobladas hasta el punto de  la falta del aire para respirar… Las personalidades sunníes  —especialmente aquellas conocidas por desafiar a la ocupación— eran normalmente el objetivo de las detenciones. Lo que resulta verdaderamente impactante y llama más la atención es que estos miles de crímenes no se hayan investigado nunca y que las fuerzas de ocupación siempre los haya ignorado [8], así como la inmunidad de los policías que comenten los asaltos, los cuales se producen normalmente a altas horas de la madrugada, durante el toque de queda, y en los que participan decenas de vehículos y de hombres que gritan y disparan sin que se sepa qué está ocurriendo.

La Operación Rayo-Trueno se ejecutó [durante el mandato de al-Yafari] en circunstancias similares a la de Faluya y, obviamente, fracasó. Se trataba de una operación conjunta estadounidense-iraquí para imponer seguridad en Bagdad. Lo que llevaron a cabo fue una operación limitada a unas pocas zonas de la capital, de mayoría sunní, para limpiarlas de “terroristas”, mientras que otras zonas de Bagdad, bien conocidas por ser plazas fuertes de las milicias sectarias shiíes, quedaron exentas de todo registro. El resultado [de la operación] fue la detención de seiscientos hombres, la mayoría debido a su afiliación confesional.

El gobierno de al-Maliki y as-Sáder

Cuando al-Maliki —también miembro de ad-Dawa— fue de nuevo nombrado primer ministro [tras las elecciones de diciembre de 2005] tardó cinco meses en establecer un gobierno de coalición en 2006, pero sólo pudo hacerlo gracias al pacto con la milicia de Moqtada as-Sáder. Al-Maliki concedió a as-Sáder seis ministerios de servicios públicos (entre ellos, el de Sanidad) y le dio luz verde para llevar a cabo su plan sectario de limpieza étnica de los barrios mixtos de Bagdad y su periferia, con la total complicidad y el apoyo de la policía. Jauad Bloani, el nuevo ministro del Interior, fomentó la infiltración de las milicias sectarias como nunca antes se había hecho. En palabras del Grupo Internacional de Crisis:

 “Los saderistas controlaron nuevos territorios, atrajeron a nuevos reclutas, acumularon recursos y se infiltraron en la policía [...] estuvieron implicados en espantosos asesinatos sectarios y volvieron a saquear y robar. […] ejecutaron a una cantidad incalculable de sunníes […] únicamente por el hecho de ser sunníes.”

Fuera de Iraq empezaron a conocerse historias atroces de sistemáticas limpiezas sectarias, especialmente después del atentado contra el santuario de Samarra [en febrero de 2006 atribuido a Al-Qaeda]. En 2006-2007 se llevaron a cabo dos operaciones conjuntas más en Bagdad, pero respecto a las milicias shiíes se repitieron los hechos: sus zonas quedaron libres de todo registro.  

En el sur de Iraq, sin embargo, la situación es diferente. La lucha se produce dentro de las milicias shiíes y en muchas ocasiones el conflicto se convierte en abierta lucha armada [9]. La Organización Badr es la más poderosa y ha actuado de manera muy violenta para controlar a la policía en Amara, Diwaniya y Naseriya. Se le acusa de muchos asesinatos de ex-oficiales, académicos y profesionales. Otras milicias quieren su parte de poder, especialmente la milicia de as-Sáder y la del partido Fadhila.

Estado de terror

Recientemente el primer ministro al-Maliki ordenó que todos los iraquíes estuvieran en posesión de su documento de identidad civil, no el personal o profesional, lo cual es una decisión muy extraña y peligrosa ya que en ese documento de identidad civil se menciona el nombre completo de la persona, el nombre de la madre, el de la tribu, la religión y lugar de nacimiento, con lo que prácticamente se dice cuál es su afiliación sectaria, aunque la persona no sea creyente. Es extraño y peligroso porque al-Maliki sabe perfectamente  —y lo ha admitido muchas veces— que las fuerzas de seguridad iraquíes están infiltradas por lo que el llamó elementos criminales, es decir, milicias sectarias que podrían utilizar esta información para matar a personas de otra secta.  Por una parte, al-Maliki también sabe muy bien que en las calles hay falsos controles militares —especialmente en las calles de Bagdad— creados por milicias uniformadas y que éstas podrían utilizar esta información para cometer todos sus crímenes: asesinatos, secuestros, matanzas, etc. La pregunta sigue siendo ¿por qué al-Maliki ofrecería a las milicias semejante ayuda? Por otra parte, según fuentes muy diversas, al menos 18.000 nuevos miembros de la milicia se han unido a las fuerzas de seguridad desde la segunda mitad del año pasado.

Se desconoce la cifra exacta de los detenidos en Iraq, pero, según las organizaciones de derechos humanos, oscilaría entre 160.000 y 180.000 personas [10].

Ahora se sabe con certeza que la guerra en Iraq es también una guerra mercenaria en la que participan docenas de miles de mercenarios extranjeros: 180.000 asesinos a sueldo muy bien pagados (entre 1000 y 1500 dólares al día) por el gobierno estadounidense. Controlados por “expertos” de la CIA, Bremer los eximió de acatar ley alguna, ni la iraquí ni del Pentágono. En Iraq hay decenas de miles de hombres armados que provienen desde América Latina hasta Sudáfrica, desde la Europa del Este hasta Asia, lo que está prohibido por las Convenciones de Ginebra. Además, hay miles de agentes de la inteligencia procedentes de todas partes del mundo, especialmente de Estados Unidos, Reino Unido, Israel e Irán. Todos estos hombres, militarizados no están en Iraq de paseo. Todos ellos sirven a sus propios intereses. Testigos presenciales hablan de vehículos y de gente no identificada vista en las inmediaciones de los lugares en los que, inmediatamente después de su marcha, se ha producido una explosión. Al igual que ocurrió en el santuario de Samarra, por el momento no sabemos quién puso las bombas en el cuartel general de Naciones Unidas [en el Hotel Canal en agosto de 2003], pero sabemos que las autoridades estadounidenses en Iraq impidieron que se conociera el resultado de las investigaciones sobre el ataque a las oficinas de Naciones Unidas [de agosto de 2003]. Conocemos la escandalosa historia de dos espías británicos capturados en Basora vestidos como árabes en medio de la multitud, con sus coches abarrotados de armamento pesado y explosivos. 

Este estado de terror resulta muy útil a los estadounidenses. Muchos testigos presenciales hablan de asaltos llevados a cabo por milicias sectarias a plena luz del día en presencia de las fuerzas estadounidenses e iraquíes, que no mueven un dedo para ayudar a las víctimas. No es lógico que todos estos miles de asesinatos extrajudiciales, desapariciones, asaltos ilegales, puestos de controles militares y policiales donde se secuestra y mata a la gente, así como las horribles torturas relacionadas con las milicias, pasen desapercibidos a los ocupantes y las nuevas autoridades.

Estas milicias argumentan que el objetivo de los “terroristas” sunníes, concretamente de Al Qaeda, son los civiles shiíes o los lugares donde confluye masivamente la población, como los mercados, las estaciones de autobuses, las mezquitas y otros centros religiosos de encuentro. Ciertamente los ataques indiscriminados de unos y las represalias de otros están teniendo un saldo de miles de personas muertas en operaciones incomprensibles en las que sólo mueren iraquíes y que no afectan ni a los ocupantes ni a los partidos políticos ni tampoco a la resistencia. Es tan atroz como misterioso, especialmente porque nadie reivindica estos atentados. Una vez más, no se investigan y ni siquiera se cuestionan. La pregunta sigue siendo ¿a quién favorecen estas matanzas generalizadas? Y la única respuesta lógica que tenemos es: a la propia ocupación estadounidense o a cualquiera de servicios de inteligencia y regímenes extranjeros que se beneficiarían de la destrucción de Iraq como país unificado.

 


Notas de IraqSolidaridad:

1. Según datos oficiales de Naciones Unidas y del gobierno iraquí, 2,7 millones de desplazados internos (cifra de abril de 2008) y 2,2 millones de refugiados en el exterior (dato de noviembre de 2007). Véase en IraqSolidaridad:  Michael Schwartz: La violencia que fuerza al exilio a los iraquíes es de naturaleza social y económica. Iraq bajo ocupación: éxodo en oleadas .
2. Véase en IraqSolidaridad: Mahan Abedin: Badr, Irán y los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes. EEUU ha aceptado a la milicia chií como un componente esencial de la lucha contrainsurgente
3. Véase en IraqSolidaridad:  Carlos Varea: Iraq, Estado de terror. 146.000 iraquíes integran ejércitos privados sin control alguno.
4. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Asesores israelíes entrenan a 'peshmergas' kurdos en Iraq. Alcanzado un acuerdo de transferencia de la seguridad en el Kurdistán iraquí.
5. Al-Maliki ha indicado que la orden de desmantelamiento de las milicias —dirigida en concreto contra el Ejército del Mahdi de as-Sáder— no afecta a los peshmerga.
6. Véase en IraqSolidaridad:  Al Hayat: “Se engaña a sí mismo quién piense que es posible configurar un escenario político en Iraq sin la resistencia”. Entrevista al líder del Ejército Islámico de Iraq.
7. Véase en IraqSolidaridad:  Max Fuller: Tortura y asesinatos extrajudiciales en Iraq.
8. El único proceso abierto en Iraq contra dos responsables del Ministerio de Sanidad vinculado a la corriente de as-Sader por crímenes de civiles fue sobreseído en 2008.   Véase en IraqSolidaridad:  Dan Murphy: La milicia de as-Sáder afianza su dominio sobre la Sanidad. Los servicios públicos, cautivos del sectarismo y la corrupción de los colaboracionistas .
9. Véase en IraqSolidaridad: Robert Dreyfuss: Irán promueve el acuerdo de alto el fuego entre las fuerzas confesionales shiíes enfrentadas Las lecciones de Basora y MK Bhadrakumar: EEUU e Irán reiteran su disposición a reanudar el diálogo bilateral sobre Iraq. Irán desbarata en Basora los planes de EEUU sobre el petróleo iraquí .
10. Véase en IraqSolidaridad: Nota Informativa de CEOSI: El Pentágono reconoce que los centros de detención están saturados de presos. Iraq: 24.000 presos bajo control de EEUU y hasta 400.000 en centros iraquíes .

 

* Emán A. Jamás es exiliada política iraquí, periodista y escritora y ex-presidenta del Observatorio de la Ocupación en Iraq. De ella pueden encontrarse abundantes textos en IraqSolidaridad también como Sabah Ali. En castellano ha sido publicado su libro recopilatorio Crónicas de Iraq

Michael Schwartz: La violencia que fuerza al exilio a los iraquíes es de naturaleza social y económica. Iraq bajo ocupación: éxodo en oleadas

Mahan Abedin: Badr, Irán y los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes. EEUU ha aceptado a la milicia chií como un componente esencial de la lucha contrainsurgente

Carlos Varea: Iraq, Estado de terror. 146.000 iraquíes integran ejércitos privados sin control alguno

Carlos Varea: Asesores israelíes entrenan a 'peshmergas' kurdos en Iraq. Alcanzado un acuerdo de transferencia de la seguridad en el Kurdistán iraquí

Al Hayat: “Se engaña a sí mismo quién piense que es posible configurar un escenario político en Iraq sin la resistencia”. Entrevista al líder del Ejército Islámico de Iraq

Max Fuller: Tortura y asesinatos extrajudiciales en Iraq

Dan Murphy: La milicia de as-Sáder afianza su dominio sobre la Sanidad. Los servicios públicos, cautivos del sectarismo y la corrupción de los colaboracionistas

Robert Dreyfuss: Irán promueve el acuerdo de alto el fuego entre las fuerzas confesionales shiíes enfrentadas Las lecciones de Basora

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Nota Informativa de CEOSI: El Pentágono reconoce que los centros de detención están saturados de presos. Iraq: 24.000 presos bajo control de EEUU y hasta 400.000 en centros iraquíes

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