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El proceso preelectoral ha dejado claro que la ocupación de EEUU en Iraq ha fracasado Elecciones
iraquíes 2010: clave para la evolución interna y regional Pedro Rojo Pérez * IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 5 de marzo de 2010 Real Instituto El Cano (www.realinstitutoelcano.org), 5 de marzo de 2010 “Independientemente del resultado
de las elecciones, el proceso preelectoral ha dejado claro que la ocupación
estadounidense en Iraq ha fracasado en la creación de mecanismos que le
aseguren el control del país en la etapa posterior a la ocupación militar,
basada en la dependencia económica, administrativa y militar de
“La ley electoral mantiene los principios básicos impuestos por Paul Bremer, que benefician a los grandes bloques, asumiendo a priori que los 18,9 millones de iraquíes que pueden votar lo harán en términos sectarios (Foto: voto en Nayaf.).” El quinto gobierno desde la caída del régimen de Saddam Husein en 2003 no sólo tendrá que gestionar la retirada de las tropas estadounidenses (el 1 de septiembre de 2010 quedarán 50.000 de las actuales 96.000, y a finales de 2011 tendrán que haber salido de Iraq todas las tropas de combate), sino crear “un Estado que no existe” en palabras del ex primer ministro Iyad Alawi en una entrevista realizada para la televisión iraquí al-Sharquiya el 22 de febrero. Los cuatro gobiernos que han precedido al que se formará tras el 7 de marzo han rivalizado en corrupción, inoperancia y sectarismo. El clima en el que se van a celebrar estas elecciones no invita a ser optimistas. Solo el rechazo al discurso sectario de los votantes de las elecciones provinciales y locales del 31 de enero de 2009 da motivos para el optimismo. Los comicios de 2009 fueron los primeros calificados de “completos”, tras el boicot suní a las elecciones legislativas de 2005. En esas elecciones no hubo un claro ganador, pero el que más rendimiento sacó a sus votos fue la Lista del Estado de Derecho del primer ministro Nuri al-Maliki. La conclusión unánime fue que se produjo un voto de castigo contra los partidos de discurso sectario y federalista. Esta llamada de atención ha provocado la desaparición de estos dos aspectos de la discusión política, cuando hasta esas elecciones habían sido temas centrales, tal y como queda recogido en la Constitución aprobada en 2005. Al-Maliki se dio cuenta a principios de 2008, cuando más baja era su popularidad, de la falta de calado de este concepto en el electorado, y cambió su discurso sectario por uno centralista e integrador, llegando a poner en marcha su propio programa de reconciliación nacional. En base a este programa, creado, según algunos analistas, bajo presión estadounidense, intentó sin éxito acercarse, a mediados de ese año, a algunos sectores del Partido Baaz para escenificar una reconciliación entre todos los sectores de la sociedad iraquí. La fortaleza con Algunos analistas
defienden la teoría de que los atentados de agosto, octubre y enero pasados
(con más de 300 muertos) fueron orquestados por los servicios de inteligencia
iraníes para que al-Maliki perdiese parte de su popularidad, basada en buena
medida en la mejora de la seguridad, y aceptase volver a la Alianza chií. La
reacción de al-Maliki tras los primeros atentados (19 de agosto de 2009 con
100 muertos) fue acusar a Siria de dar cobijo y entrenar a las células de
baazistas que, en connivencia con grupos de al-Qaeda, se habían infiltrado
desde territorio sirio. Desde entonces, El cambio más importante en el campo chií pro-iraní respecto a las elecciones de 2009 es, sin duda, esta concentración de fuerzas en torno a dos listas, así como la vuelta de al-Maliki al sectarismo y a la retórica del miedo. Si bien es cierto que la discusión sobre el federalismo ha desaparecido de la batalla política, al-Maliki tampoco ha mantenido públicamente sus demandas de revisión de la Constitución de cara a otorgar más poder al gobierno central, seguramente con vistas a una posible coalición poselectoral en la que necesite tanto a la lista de al-Hakim como a los partidos kurdos. En el panorama
kurdo, La experiencia,
probada con éxito en las elecciones de 2009, de listas no sectarias, basadas
en un programa político y no en una etnia o confesión, es el aspecto más
novedoso de las elecciones de 2010. Esta fórmula, bien aplicada en Nínive por
el Frente al-Habda, le llevó a lograr el 52% de los votos, convirtiéndose así
en la única lista en alcanzar una mayoría absoluta en las elecciones
provinciales. Este modelo es el que se ha intentado reproducir en el
Movimiento Nacional Iraquí, conocido como al-Iraquiya. Liderada por el laico
de origen chií Iyad Alawi y por el suní Saleh al-Mutlak, también participan
miembros destacados del frente al-Habda, como Osama al-Nuyeifi, hermano del
actual gobernador de Mosul, Izal al-Nuyeifi. A pesar de las negociaciones
auspiciadas por países árabes y EEUU, esta alianza no ha llegado a un acuerdo
para presentarse de forma unificada con el otro gran bloque de semejantes
características: la Alianza por la Unidad de Iraq del ministro del Interior
Yawad al-Bulani (chií) y el jeque Ahmed Abu Risha (suní), presidente de los
Consejos del Sahua (o del Despertar) de Iraq. Un tercer partido que está
ganando importancia en este ámbito es Ahrar, del clérigo chií Ayad
Yamaleddín, que acusa a Irán y a sus partidos de sectarismo chií y aboga por
un Estado laico. Estas listas no sectarias están apoyadas por EEUU y los
países árabes, que las ven como una posibilidad real de hacer frente al
control político y administrativo que actualmente ejerce Irán sobre Iraq.
Este apoyo estadounidense es más frágil que la convicción iraní de que no se
repitan los malos resultados que obtuvieron en las elecciones provinciales de
2009 sus partidos más cercanos (el CSII no gobierna en ninguna provincia de
Iraq), aunque esto signifique poner en duda la transparencia y respeto a los
procedimientos administrativos y judiciales iraquíes. La principal arma usada
para este fin ha sido El escándalo
producido en torno a este proceso de “desbaazificación” de las elecciones ha
eclipsado el episodio de la gestación de la nueva ley electoral. A pesar de
no ser más que una enmienda de la ley que rigió los comicios de 2005, los
parlamentarios han tardado más de cinco meses en redactarla. Cinco meses en
los que se ha visto de todo en el Parlamento iraquí: desde amagos de veto por
parte del vicepresidente suní Tareq al-Hashemi, hasta amagos de boicot por
parte del presidente de La lucha por la
inclusión o exclusión de varios candidatos electorales en base a su posible
filiación al Baaz colocó en primer plano la lucha entre Irán y EEUU en Iraq,
y todos sus recursos de presión sobre la clase política y judicial. El 9 de
enero, la IRJ dio a conocer una primera lista de 458 candidatos y partidos
excluidos de las elecciones. Los más destacados de la lista fueron Saleh
al-Mutlak y Dafer al-Ani, número dos y tres de la lista de al-Iraquiya, o el
Frente al-Habda, que gobierna Nínive. Las acusaciones de los generales
estadounidenses David Petraeus y Ray Odierno señalando a los máximos
responsables de IRJ –Ahmed Chalabi y Ali Feisal al-Lami– de tener estrechos
vínculos con Irán (al-Lami fue detenido en agosto de 2008, acusado de
colaborar con las Brigadas al-Quds iraníes, y pasó un año en las cárceles
estadounidenses) y de falta de imparcialidad (pues ambos son candidatos
electorales por El precio de las elecciones para el pueblo iraquí “¿No tienen derecho
los ciudadanos iraquíes a preguntarse sobre el precio que están pagando por
participar en las elecciones o simplemente por el mero hecho de que se vayan
a celebrar? El panorama, a la espera de este acontecimiento ‘democrático’, es
aterrador”. Estas palabras del reconocido columnista Fáteh Abdelsalam en al-Zamán
fueron escritas el 31 de noviembre de 2009 tras los dos atentados de agosto y
octubre de ese mismo año y ante la previsión de que la situación empeorase,
como así ha sido. El quirúrgico recuento de muertes que a diario hacen medios
como la televisión al-Sharquiya y La mejora de la
seguridad sobre la que al-Maliki respalda su campaña electoral hay que
relativizarla en el contexto iraquí: la situación es mejor que en 2006,
cuando se asesinaba a cerca de 100 personas al día, pero si la situación se
compara con datos internacionales, Iraq sigue siendo, según el Índice de
Riesgo Terrorista que elabora Maplecroft, el país más peligroso del mundo.
Por su parte, en su informe del 17 de noviembre de 2009, Una de las razones del aumento de la violencia en los últimos meses es la reactivación del Ejército del Mahdi, responsable de buena parte de los asesinatos sectarios de los últimos años. A pesar de que teóricamente esta milicia comandada por el clérigo Muqtada al-Sáder, está disuelta o dedicada a obras pías y al estudio del Corán tras su derrota militar de 2008, nunca entregó las armas. La paulatina liberación de los presos custodiados por las tropas estadounidenses ha propiciado la vuelta a las milicias de muchos de sus cabecillas, lo que sumado a la cercanía de las elecciones habría propiciado en los últimos dos meses la reanudación de su actividad, como reconoce Said Husein Kamal, jefe de Inteligencia del Ministerio de Interior iraquí. Otra milicia que ha
vuelto a actuar sin contemplaciones en las zonas en disputa son los peshmergas
kurdos. A pesar de que, tras perder el poder en las elecciones de 2009, la
alcaldía de Mosul y el gobierno provincial de Nínive (provincia colindante
con el Kurdistán), las milicias de Otro foco de violencia es al-Qaeda, que a través de Abu Omar al-Bagdadi, su líder en Iraq, ha amenazado con “impedir la celebración de las elecciones con todos los medios legítimos posibles, principalmente los medios militares”, con lo que ello significa de atentados indiscriminados contra civiles o miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Por su parte, las
distintas facciones de la resistencia armada, aglutinadas en torno a tres
frentes: Frente Yihad, Liberación y Redención Nacional (baazistas), Frente
Yihad y Cambio (islamistas moderados) y el Frente Yihad y Reforma (islamistas
más radicales) rechazan el proceso electoral al considerar que se produce en
una situación de ocupación militar extranjera, lo que viola el artículo 23 de
la Convención de La Haya de 1907 que prohíbe el cambio de ninguna ley
fundamental por parte de una potencia ocupante. Los asesinatos de civiles y
los atentados en clave electoral son condenados contundentemente por los tres
frentes. Todas las facciones de la resistencia iraquí han hecho púbico que su
objetivo son exclusivamente las tropas ocupantes y que no atacan a iraquíes.
Según ellos, los responsables de estas muertes son “los partidos políticos y
sus fuerzas de seguridad […] Dirimen sus diferencias mientras nuestra gente
de Iraq paga el precio de estas disputas”, tal y como se puede leer en un
comunicado del Consejo Político de la Resistencia tras los atentados de
octubre de 2009. Thomas Ricks, veterano
periodista estadounidense y ganador del premio Pulitzer por sus escritos
sobre temas militares, pone en duda la mejora de la seguridad por cuestiones
de fondo: “[…] cuando comenzó la retirada de las tropas [el máximo número de
tropas en Iraq se alcanzó en octubre de 2007 con 166.000 soldados], los
problemas políticos fundamentales a los que se enfrenta Iraq siguen siendo
los mismos que cuando se decidió aumentar el número de soldados. La teoría de
este incremento era que la mejora de la seguridad llevaría a un avance en lo
político. Esto no ha sido así”. Nada ha cambiado en el sistema político
iraquí, marcado, según Yahya al-Kubaisy, profesor invitado del Instituto
Francés de Próximo Oriente (IFPO) en Ammán, por “dar prioridad a la confesión
y la etnia frente a la identidad nacional, construyendo un Estado de
entidades y no de ciudadanos, pues el sistema político –y con él la
construcción del Estado– estará gobernado por un sistema de cuotas
demográficas y no políticas”. Dudas sobre el proceso y el resultado Este ambiente de
incertidumbre quizá explique la reactivación de la campaña de
“desbaazificación” desatada de nuevo en todos los estamentos sociales por los
aparatos del Estado controlados por al-Maliki y los partidos sectarios
chiíes. El fracaso en la consecución de la “libertad y democracia” que
prometió el presidente George W. Bush a los iraquíes en 2003 pone en cuestión
todo el proceso político, que está asociado a la ocupación estadounidense, y
empuja a algunos ciudadanos iraquíes a perder el miedo y defender
abiertamente en televisión que “en tiempos de Saddam se vivía mejor”. Pero a
día de hoy, el debate sobre la realidad inapelable de la presencia del Baaz
en la sociedad iraquí se va a seguir postergando, a pesar de que políticos de
la importancia de Amar al-Hakim, líder del CSII, pidiese en noviembre de 2009
la participación de los baazistas no saddamistas porque “el dossier de
los baazistas debe cerrarse. No debe quedar pendiente de por vida”. Sin
embargo, la contestación fue contundente por parte del resto de los grupos
chiíes: “el Baaz, como pensamiento y como institución, está prohibido
constitucionalmente”. Es evidente que la cuestión del partido Baaz y su
participación en la vida iraquí está cerrada en falso y debido a la actual
campaña en su contra se está produciendo un aumento de su popularidad entre
el pueblo iraquí y de su fuerza como alternativa al actual proceso político.
A medio plazo, esta alternativa es potencialmente peligrosa en caso de que se
planteen abiertamente dudas sobre la legitimidad y la transparencia de los
resultados de las próximas elecciones. Mantener al margen del proceso
político a una fuerza potencialmente importante siempre planteará un
interrogante sobre la legitimidad del mismo y hará imposible saber el apoyo
real que sigue teniendo el Partido Baaz entre los iraquíes. Estas dudas no sólo han sido lanzadas por los grupos políticos o agrupaciones de tribus que han llamado al boicot, sino también por analistas y editorialistas de los principales medios estadounidenses y europeos, además de políticos como el eurodiputado Struan Stevenson, presidente de la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con Iraq, quien ha escrito: “La situación actual es repugnante y ha ensombrecido la legitimidad de todo el proceso electoral […] Los débiles cimientos de la democracia ya están convertidos en polvo, una señal para el lóbrego futuro de Iraq”. El análisis de Reidar Visser, investigador del Instituto Noruego de Relaciones Internacionales de Oslo, no es más positivo: “Es difícil describir estos acontecimientos como algo más que el fallo total del sistema de la nueva democracia iraquí […] Sigue habiendo serios límites para la democracia y para el gobierno del Estado de Derecho en el país”. La previsión
estadounidense de inestabilidad política y aumento de la violencia sectaria
ha sido descrita por el general Kevin Mangum, responsable de las tropas
estadounidenses en el este de Bagdad, como “nuestro mayor temor”. Esta
posibilidad puede llevar a un replanteamiento del calendario de retirada de
las tropas estadounidenses de Iraq, según anunció el 22 de febrero desde el
Pentágono el general Ray Odierno, máximo responsable militar estadounidense
en Iraq. Escenarios poselectorales En este contexto, los resultados de las
elecciones pueden arrojar una amplia gama de escenarios futuros, de los que
destacan tres: 1. Reparto confesional-sectario de los escaños
del nuevo Parlamento. Si se cumplen las previsiones de los análisis
mayoritarios y los iraquíes que acudan a votar lo hacen en clave sectaria y
los no sectarios deciden no acudir a las urnas, entonces la listas
pro-iraníes, junto con 2. Una victoria de las listas no confesionales
apoyadas por EEUU. Este resultado sería sólo una sorpresa relativa, pues esta
fórmula ya consiguió muy buenos resultados en las elecciones de 3. Un reparto similar de escaños entre los partidos chiíes, kurdos y no sectarios y la reedición del actual gobierno de unidad nacional. Esta sería la mejor de las soluciones malas tanto para iraníes como para estadounidenses. Los primeros seguirían controlando el país, mientras que los segundos se aseguran cierta estabilidad a corto plazo para gestionar la retirada según está programado. El gran perdedor de este tercer escenario sería el pueblo iraquí, que continuará cuatro años más siendo rehén de una clase política concentrada en satisfacer proyectos exteriores que profundizarían en la división de la sociedad, al tiempo que trataría de lucrarse a gran velocidad ante un futuro incierto a corto plazo. La resistencia armada: factor clave para el futuro El actual proceso electoral, aunque más plural que el de 2005, sigue siendo incompleto pues no cuenta con la participación de las fuerzas resistentes iraquíes. Si la resistencia armada ha jugado un papel fundamental a la hora de desbaratar el proyecto inicial estadounidense en Iraq, ahora será de nuevo un factor clave. Las organizaciones políticas que representan a los frentes armados vienen trabajando en crear un Consejo de Coordinación política desde 2007. Desde el verano de 2009, cuando varios grupos armados (del Frente Yihad y Cambio) designaron al jeque Harez al-Dari, secretario general de la Asociación de Ulemas Musulmanes, como su representante político, el proceso se ha acelerado y engloba principalmente a los grupos de la órbita del Partido Baaz (Frente Yihad y Liberación) y el Consejo Político de la Resistencia (Frente Yihad y Reforma). En los próximos meses podría darse a conocer un primer comunicado político conjunto en los que se planteen los puntos básicos de su propuesta de futuro para Iraq, y que se basarían en el rechazo a la ocupación, la reconstrucción democrática y soberana del país y el rechazo al terrorismo [1]. Pero el proceso de unificación política que viven las fuerzas resistentes iraquíes debe llevarles a profundizar en este sentido, como expone Jáled al-Maani, director del Centro Independiente de Estudios de Damasco, ya que deben “construir una estrategia posicionándose como una resistencia política [una vez terminada la fase más dura de enfrentamiento militar] para adaptarse a las nuevas amenazas, tales como el dominio iraní directo y, así, poder salir de la marginación del proceso político aprovechando la popularidad lograda por su lucha contra la ocupación militar”. Esta reconversión política pasa por un apoyo discreto pero efectivo a las listas no sectarias, como ya hicieran a pequeña escala en las elecciones de 2009. Esta sería para ellos la solución menos mala de entre todas las posibles. A cambio de este apoyo de la resistencia, en caso de gobernar, estas listas se habrían comprometido a reconstruir los servicios de seguridad sobre bases profesionales, lo cual significaría la vuelta de muchos oficiales del antiguo Ejército, actualmente en la resistencia o en el exilio, y un menor acoso contra sus combatientes. Si, por el contrario, el escenario fuese el primero, es decir, la formación de un gobierno para los cuatro próximos años más cercano aún si cabe a Irán, y una retirada real de las tropas estadounidenses, todo parece indicar que la resistencia rompería su compromiso de no atacar a los iraquíes y empezaría a luchar contra el Ejército iraquí por el control de ciudades. Esta posibilidad podría romper la gélida actitud árabe hacia Iraq, ya que, por una parte, observan con temor cómo Irán se hace fuerte en el país que históricamente ha sido el muro de contención de la influencia persa sobre el mundo árabe, pero al mismo tiempo cumplen las órdenes de Washington de asfixiar económicamente a la resistencia armada. Esta falta de colaboración con grupos que podrían haber frenado el dominio iraní sobre Iraq se debe a dos factores: por un lado el mencionado compromiso con EEUU, pero también la prevención que les causa el éxito de un movimiento insurgente popular cuyo modelo se pueda extender a sus pueblos, ahogados por férreas dictaduras, además de las consecuencias que, para países como Siria y Jordania, podría tener este enfrentamiento en cuanto a la afluencia de nuevos refugiados. Sin embargo, la posibilidad de que EEUU permita a Irán aumentar su dominio sobre Iraq puede hacerles cambiar de opinión y empezar a apoyar a la resistencia como arma para luchar contra Irán, erigido en los últimos años como principal amenaza para los países árabes, para alivio de Israel. Un futuro lúgubre Los resultados
finales de las elecciones del 7 de marzo pueden bien dar lugar a un cambio en
el equilibrio de fuerzas, recuperando poder las facciones laicas apoyadas por
Washington y los países árabes, bien generar un Parlamento controlado
mayoritariamente por los partidos pro-iraníes. Este último escenario
resultaría explosivo, pues podría hacer que el actual cerco árabe sobre la
resistencia armada iraquí se levantase y empezase a recibir fondos y apoyo
exterior para hacer frente al dominio iraní sobre Iraq. Independientemente
del resultado de las elecciones, el proceso preelectoral ha dejado claro que
la ocupación estadounidense en Iraq ha fracasado en la creación de mecanismos
que le aseguren el control del país en la etapa posterior a la ocupación
militar, basada en la dependencia económica, administrativa y militar de Nota de Iraqsolidaridad: 1. Vease en Iraqsolidaridad: Conferencia Internacional de la Resistencia Política Iraquí: Gijón, 18 al 20 de junio |
* Pedro Rojo Pérez, coordinador en la región de la CEOSI, es arabista y director de Boletines de Prensa Árabe www.boletin.org. Este texto ha sido escrito para el Real Instituto El Cano, que lo ha publicado en su página web www.realinstitutoelcano.org el 5 de marzo de 2010.
Conferencia Internacional de la Resistencia Política Iraquí: Gijón, 18 al 20 de junio |
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