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Los iraquíes exigen el fin de la ocupación y el desmantelamiento
del régimen sectario
Revolución
bajo ocupación: el levantamiento popular iraquí de 2011
Zainab
Saleh*
Esta deformación de la realidad no es casual. El hecho de
que los medios no mencionen la ocupación y se concentren en la
ausencia de servicios ofrece una imagen positiva de Iraq:
los iraquíes solo están en contra de la corrupción,
la violencia del gobierno y la falta de servicios, por lo tanto su situación
es comparable a la de Egipto y Túnez. Sin embargo, esta imagen
ignora la ocupación y la exigencia de los iraquíes de que
por fin acabe la sangrienta ocupación estadounidense, además
de presentar las elecciones de Iraq como un proceso limpio y una muestra
de que en el país hay democracia y transparencia, algo muy alejado
de la realidad cotidiana de los iraquíes. Las exigencias imperativas
de los iraquíes son la retirada inmediata de las tropas estadounidenses
de ocupación de Iraq y que caiga el régimen basado en cuotas
sectarias.

Despliegue
policial en Bagdad ante la convocatoria de redes sociales iraquíes
del 4 de marzo de 2011
En su cobertura de las protestas en
Iraq [1], la revista The Economist publicó un artículo
titulado Ni siquiera una democracia resulta inmune [2].
El artículo describe Iraq como un país que disfruta de un
gobierno electo, pero que a pesar de ello las manifestaciones se generalizan
por la incapacidad del gobierno para proveer los servicios básicos.
Este artículo no es más que el reflejo de cómo se cubre
la información sobre la situación iraquí en los periódicos
generalistas. Cuando los medios de comunicación cubren las manifestaciones
en Iraq éstas solo se muestran como reivindicaciones contra la incapacidad
del gobierno para proveer electricidad, seguridad y servicios a la ciudadanía.
Esta imagen deforma la verdad esencial de lo que está ocurriendo
en Iraq y sus protestas. Las exigencias imperativas de los iraquíes
son la retirada inmediata de las tropas estadounidenses de ocupación
de Iraq y que caiga el régimen basado en cuotas sectarias.
El discurso predominante
El discurso de The Economist defendiendo la existencia de democracia en
Iraq es coherente con la cobertura informativa que realiza esa revista sobre
Oriente Próximo, la cual refleja el discurso predominante de instaurar
la democracia que defendieron y defienden los gobiernos estadounidenses
como argumento para la invasión y su permanencia en Iraq. También
según The Economist, desde 2003 Iraq tiene democracia y, es más,
es un caso excepcional en la región, pues las manifestaciones y protestas
de los iraquíes ¡son una expresión de esta democracia!
El discurso de la democracia omite la existencia de tropas ocupantes extranjeras
en Iraq durante los últimos ocho años, con todo lo que ello
ha supuesto de número de muertes y terrorismo contra civiles, además
del latrocinio y el saqueo del país. Por todo esto, la situación
de Iraq es distinta a la del resto de la zona. Iraq es un país ocupado
desde hace ocho años, años precedidos de décadas de
dictadura, guerras y un embargo impuesto Naciones Unidas al dictado de Estados
Unidos y Reino Unido.
Este discurso de que en Iraq hay un régimen democrático y
el hecho de que no se mencione la ocupación exculpa al gobierno estadounidense
de toda responsabilidad sobre la destrucción de Iraq, al tiempo que
considera que vivir bajo ocupación es un hecho normal que ni siquiera
merece ser mencionado.
Tras las protestas en Egipto que acabaron con el presidente Hosni Mubarak,
comenzaron las convocatorias de manifestaciones en distintas ciudades iraquíes.
El día 25 de febrero se convirtió en El día de
la rabia iraquí y la plaza Tahrir de Bagdad en su punto neurálgico,
el lugar donde se producen concentraciones y protestas a diario.
Estas protestas han aumentado la distancia entre el pueblo iraquí
y su gobierno, así como su determinación de llevar a cabo
una revolución contra un régimen corrupto (tanto en el Kurdistán
iraquí como en el resto del país) que pretende que las tropas
estadounidenses permanezcan en el país. Poca gente esperaba en un
principio que la gente saliera a la calle a manifestarse, al igual que hiciera
el pueblo egipcio y el tunecino. El origen de esta impresión negativa
de que en Iraq es imposible desarrollar ningún tipo de trabajo político
de masas está en la falta de confianza en que los iraquíes
sean capaces de crear un espacio público conjunto dada la situación
actual de reparto étnico-confesional, del control de las ciudades
por parte de las milicias y de los partidos confesionales y la sectarización
del proceso político.
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Concentración
en la plaza de Tahrir en Bagdad el 4 de marzo de 2011
Iraq, escenario de una disputa entre potencias
Las revoluciones árabes de Egipto y Túnez han sido espontáneas
y en su comienzo no hubo ninguna fuerza exterior involucrada. Al principio,
por ejemplo, los egipcios se enfrentaron simplemente al régimen egipcio
hasta que entró en escena una contrarrevolución liderada por
Estados Unidos y Arabia Saudí. Esta situación no es la que
han vivido los iraquíes. El punto de partida de los iraquíes
ha sido complicado pues se hallan en el núcleo de una partida política
internacional. Iraq es escenario de una disputa entre distintas potencias,
pero sobre todo entre Estados Unidos, Irán y Arabia Saudí.
De ahí que el levantamiento popular iraquí haya tenido que
hacer frente desde el principio a los intereses internacionales.
Tras la gran protesta de la plaza Tahrir de Bagdad del 25 de febrero, las
manifestaciones masivas se han generalizado por todas las ciudades iraquíes,
incluido el Kurdistán. La razón de la importancia de las manifestaciones
en el Kurdistán iraquí se debe a que los kurdos están
en la misma situación que el resto de iraquíes: padecen la
falta de servicios, el desempleo, el derroche, la corrupción y el
nepotismo. Las manifestaciones que se han producido en las ciudades kurdas
ponen al descubierto la falacia del éxito del Kurdistán. Los
dos partidos kurdos gobernantes [UPK y PDK], al igual que las autoridades
de Bagdad, no se preocupan de las necesidades del pueblo ni tienen reparos
en utilizar la fuerza indiscriminada contra los manifestantes. El Kurdistán
siempre ha vendido que es un oasis de democracia, que es el único
lugar de Iraq en el que se puede vivir de una forma normal, contrariamente
a lo que sucede en el resto de regiones árabes de Iraq, que siempre
aparecen como si nunca fuesen a estar preparadas para la democracia. Sin
embargo, las demandas de los manifestantes allí y la violencia usada
contra ellos es un reflejo de la miserable situación que vive Iraq.
El Kurdistán ha vuelto a formar parte de Iraq, a pesar de su diferencia
étnica, porque, en general, los kurdos se enfrentan las mismas dificultades
diarias que el resto de iraquíes que viven en otras zonas del país,
iraquíes que viven bajo la misericordia de las milicias y los partidos
[3].
A pesar de la importancia de estas protestas, el camino que se abre ante
los iraquíes es más que complicado. Quizá los acontecimientos
de Bahréin de los dos meses pasados (marcados por la intervención
de las fuerzas saudíes para apoyar a las autoridades bahreiníes
en la represión de su pueblo, con el beneplácito estadounidense)
sea una muestra de la dificultad de conseguir algún cambio real.
Bahréin es un caso en miniatura y más tosco que Iraq. Con
solo echar un vistazo rápido a la historia de Iraq durante las últimas
cuatro décadas se ve claramente el papel que han jugado los intereses
internacionales en su evolución política. Por ejemplo, la
injerencia estadounidense en Iraq se remonta a la época del primer
presidente, Abdelkarim Qasim. El miedo del gobierno estadounidense de que
la fuerza de los comunistas iraquíes creciese en el país les
impulsó a apoyar al partido Baaz a hacerse con el poder en la década
de los sesenta del siglo pasado. Tras la revolución islámica
en Irán Iraq se volvió más importante para EEUU, los
gobiernos occidentales y los países del Golfo. Apoyaron a Iraq durante
la guerra irano-iraquí, sin importarles la represión que sufría
el pueblo. No les preocupó tampoco destruir las infraestructuras
del país, matar civiles, contaminar su medioambiente con uranio empobrecido
y bombardearlo masivamente durante la guerra de 1991 y los bombardeos llevados
a cabo en los noventa dentro de un plan premeditado que acabaría
en la brutal ocupación de 2003 y la instauración de un gobierno
basado en cuotas sectarias, para lo que Estados Unidos y sus aliados se
refugiaron en mentiras y en el discurso de instaurar la democracia. Por
su puesto, los iraquíes no consiguieron más que una sangrienta
ocupación, violencia sectaria, muerte, corrupción y la casi
total desaparición de los servicios públicos.
Conseguir un trabajo o realizar cualquier labor diaria, tanto en el Kurdistán
como en el resto de Iraq, está ligado a la pertenencia personal a
un partido o milicia determinada, mientras no hay nadie que ponga freno
a las acciones terroristas que, contra el pueblo iraquí, comenten
las fuerzas extranjeras, las empresas de seguridad y los partidos locales
que llegaron con ellas.
Desde 2003 Iraq se ha convertido en el escenario de una guerra abierta entre
fuerzas internas y externas. Mientras el gobierno estadounidense estaba
preocupado por los contratos de petróleo, en buscar una justificación
para la guerra y en llevar a cabo su plan para cambiar la región,
Irán, Arabia Saudí y Siria se introdujeron en Iraq para defender
sus intereses e intentar que Iraq no fuese cooptado por la órbita
de un país enemigo. Dado que todas las fuerzas políticas en
Iraq dependen de una potencia exterior obsesionada por robar las riquezas
del país es el pueblo iraquí quien paga el precio.
El ejemplo de Túnez y Egipto
A pesar de que desde 2003 los iraquíes se han manifestado contra
el deterioro de la situación, no cabe duda de que lo sucedido en
Egipto y Túnez les ha dado más fuerza para salir a la calle
a manifestarse para exigir el fin de la ocupación y sus derechos
como ciudadanos. La determinación de los pueblos tunecino y egipcio
y la posibilidad de conseguir un cambio es un ejemplo para los iraquíes.
Desde el mes de febrero el pueblo iraquí reta sin tregua a las autoridades
iraquíes que han usado y siguen usando métodos tremendamente
violentos para su represión así como detenciones ilegales
contra los manifestantes pacíficos y desarmados.
En su lucha diaria el pueblo iraquí, al igual que el bahreiní,
tiene que hacer frente a fuerzas locales e internacionales. Al igual que
las tropas saudíes han entrado en Bahréin, con el beneplácito
estadounidense, para reprimir a los manifestantes, los helicópteros
estadounidenses sobrevuelan muy bajo a los manifestantes de la plaza al-Ahrar
(Los libres) de Mosul, lanzándoles basura y con los soldados sentados
con los pies colgados en un gesto muy ofensivo de pisar la cabeza a los
manifestantes. No cabe duda de que este vuelo rasante ayuda a tranquilizar
los ánimos en Bagdad y el Kurdistán: si las autoridades locales
no son capaces de reprimir a los manifestantes ¡las tropas estadounidenses
lo harán!
Notas
de Iraqsolidaridad:
1.
Véase
en IraqSolidaridad:
El
régimen reprime las movilizaciones e impide la cobertura por parte de
los medios iraquíes ,
Iraq:
convocado el “Viernes de la Dignidad” y
Comunicado
de los Jóvenes de la Revolución Iraquí: llamamiento a nuevas movilizaciones
el día 7 de marzo
Sobre
la reciente gira por el Estado español de Udey al-Zeidi, dirigente
de las revueltas de los jóvenes en Iraq, véase: Visita
al Estado Español de Udey al-Zeidi, dirigente de las revueltas
de los jóvenes en Iraq
2.
The
Economist, Even a democracy is not immune. Corruption and poor
services are making people ever angrier, 3 de marzo de 2011:http://www.economist.com/node/18291575
3.
Véase
en árabe:
http://www.alsumarianews.com/ar/1/20373/news-details...
Texto
original en árabe: [Revolutionaries
Under Occupation: The Iraqi Uprising of 2011]
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*Zainab Saleh es
miembro del Centro de Estudios de Oriente Próximo de la Universidad
californiana de Berkeley. Recientemente ha publicado una investigación
antropológica en la Universidad de Columbia titulada Diminishing
Returns: An Anthropological Study of Iraqis in the UK.
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