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El informe de la OMS sobre malformaciones es una vergüenza

Christopher Busby*

Uruknet, 29 de septiembre de 2013
IraqSolidaridad, 21 de diciembre de 2013
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde

 “[…] Y puesto que el resultado se empleará en defender el uso continuado de armas de uranio empobrecido, todos los implicados en este chanchullo tendrían que enfrentarse a la justicia y pagar por lo que han hecho. Sus acciones son responsables del sufrimiento y de la muerte de personas, y no se puede olvidar.”

El informe publicado recientemente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre su estudio de malformaciones congénitas en Iraq no es sino una vergüenza [1].

El número de casos de cánceres infantiles, cánceres adultos y malformaciones congénitas en Iraq ha aumentado. La presión pública y la atención mediática sobre esta catastrófica situación llevaron a la realización de un estudio conjunto realizado por la OMS y el Ministerio de Sanidad iraquí para determinar la prevalencia de las malformaciones congénitas en el país. El estudio se inició en mayo-junio de 2012 y se concluyó a principios de octubre de 2012. Sin embargo, [el resumen] no se ha publicado hasta muy recientemente y tengo que decir que quienes diseñaron y realizaron el estudio eran completamente conscientes de que la metodología escogida podría no dar las respuestas correctas a la cuestión de la tasa de malformaciones congénitas, ya que me consultaron antes de empezar y yo les señalé el motivo por el qué su método era arriesgado e incluso les envié un informe sugiriéndoles un método de trabajo correcto.

En mayo de 2011, la Asociación de Abogados Árabes me pidió que fuera a Ginebra para informar por primera vez ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas sobre los resultados preliminares respecto a las cifras extraordinariamente altas de cáncer y de mortalidad infantil, así como del número de alteraciones en la ratio de sexos al nacimiento en la población de Faluya, datos que se publicaron en el International Journal of Environment and Public Health en 2010 [2]. Me reuní con el presidente del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, así como con el director de Cruz Roja Internacional y dieron las razones para que yo hablara ante el Consejo [3]. 

Se recopiló una enorme cantidad pruebas sobre los daños genéticos provocados por el uso de armas estadounidenses de uranio desde mediados de la década de 1990, y en Faluya a partir de la guerra de 2004, pero nadie realizó ningún estudio. Nosotros conseguimos algún dinero donado por particulares (cerca de 5.000€) y nos pusimos en marcha. Lo que averiguamos se convirtió en portada del The Daily Telegraph, y de Le Monde, y apareció en todos los periódicos del mundo. En ese estudio analizamos la mortalidad infantil más que las malformaciones congénitas por las razones que expusimos en el propio estudio y que aquí volveré sobre ellas.

Después de este trabajo publicamos otros dos estudios de caso basados en datos hospitalarios. En uno [4] analizamos 52 elementos de los padres de los niños con malformaciones congénitas, y en el otro dábamos los datos del tipo y de las tasas de las malformaciones congénitas [5]. Ambos estudios se basaron en la recolección prospectiva de datos realizada por los pediatras del Hospital General de Faluya, de modo que pudiéramos estar seguros de los tipos de malformaciones y su número.

Debo decir que el miedo provocado por estos hallazgos hizo extremadamente difícil la publicación de los resultados. The Lancet rechazó los estudios sin ni siquiera enviarlos para su revisión. Varios individuos atacaron a la revista The International Journal of Environment and Public Health después de que publicara el primer estudio; la revista no quiso dar los nombres de quienes lo hicieron pero no publicarían el segundo estudio, que apareció en Conflict and Health. The Lancet también rechazó el tercer estudio al igual que otras asustadas revistas. Finalmente, el Journal of the Islamic Medical Association of North America [IMANA] lo publicó, pero eso fue después de que yo les preguntara qué pensaría Alá de un comportamiento tan pusilánime. Demasiado para la verdad científica.

Cuando Syed Jaffar Huseín, el representante de la OMS que se puso en contacto conmigo en enero de 2011 para preguntarme si me uniría al proyecto de la OMS, yo le señalé que el tipo de cuestionario para el estudio que la OMS proponía iba a fracasar por dos motivos. El primero y más importante era que los padres carecen del conocimiento suficiente para diagnosticar una malformación congénita en su recién nacido. Si el hospital no interviene (por ejemplo el Hospital de Faluya) el recién nacido simplemente morirá de la causa que los padres consideren que puede ser una neumonía o porque el niño no ha logrado desarrollarse o el niño puede morir sin razón aparente. En las malformaciones congénitas cardiacas, hepáticas o neurológicas no hay signos que puedan observarse, y el tipo de malformaciones monstruosa ―como el ojo cíclope― la falta de brazos y todas las fotos que se ven en internet― son la fracción menor de todas las malformaciones congénitas que provocan la muerte en el nacimiento. Generalmente, la madre no ve a estos bebés y le dicen que han muerto. Las malformaciones congénitas en el corazón son las mayoritarias y esas solo pueden diagnosticarse en las unidades pediátricas.

El segundo problema que yo conozco, puesto que he diseñado y realizado muchos cuestionarios de estudios epidemiológicos ―desde el primer estudio piloto en Carlingford (Irlanda) en el año 2000― es que la gente [respecto a estos casos] no recuerda más allá de cinco años atrás, así que recordar 15 años es imposible, y en una situación como la de Iraq, donde tener un hijo con una malformación congénita significa que tú mismo estás contaminado y padeces daños, y es probable que tú mueras en breve de cáncer o de una serie de enfermedades provocadas por las mismas causas que han matado a tu bebé. Por este motivo, el cuestionario no podrá recoger casos a medida que nos retrotraigamos en el tiempo. Los resultados de la OMS demuestran claramente esto, ya que las tasas que publican son en realidad más bajas de lo esperado, lo que sugiere que vivir en Iraq es bueno para los nacimientos. Parecieron sorprendidos con esta afirmación.

Por ese motivo, la única forma de realizar este estudio prospectivo es con un hospital base. Y puesto que se trata de un tema político, les dije que la única forma de que yo me implicara en el estudio sería si pudiera tener un papel activo y comprobar los datos. Este fue el fin de nuestra conversación.

El resultado es muy chapucero y no debería tener eco en publicaciones científicas. La OMS dice que epidemiólogos de la London School of Hygiene and Tropical Medicine revisaron tanto el informe como su trabajo, pero si esto es cierto a quienes revisaron el estudio deberían de echarlos. El informe de la OMS es incapaz de hacer referencia a cualquiera de los estudios, como hicimos en nuestro estudio sobre el uranio en el de la revista Conflict and Health[6], y en el de tasas de malformaciones congénitas publicado en IMANA, estudio en el que, por ejemplo, analizamos el contenido de uranio en los mechones de las melenas de las madres de niños con malformaciones congénitas y demostramos que la concentración de uranio aumentaba a medida que nos retrotraíamos en el tiempo hasta el momento en que se produjeron los ataques de Estados Unidos [7].

Resulta muy fácil demostrar que los resultados de la OMS son ridículos. Hay un estudio previo similar realizado durante la época de Saddam para el período 1994-1999, que es de interés. El informe de la OMS no cita este estudio pero nosotros sí lo citamos en nuestro estudio, el cual deben de haber leído.

Nuestro estudio sobre mortalidad [8] infantil iraquí abarcaba 46.956 nacimientos en Iraq desde 1994 hasta 1999. Los resultados se obtuvieron mediante cuestionarios que rellenaron las madres, y los resultados abarcaban a todos los niños de entre 0 y 4 años que habían muerto en Iraq entre 1994 y 1999. Los efectos que se encontraron en este período, si se debieron a agentes medio ambientales serían consecuencia, lógicamente, de la exposición a estos agentes durante y después de la Primera Guerra del Golfo. Con los datos presentados en las tablas de esta publicación es fácil de demostrar que los resultados indicaban un marcado incremento en las muertes producidas en el primer año de vida con una tasa de mortalidad infantil (de 0 a 1 año) del 93 por mil nacimientos. El 56% de las muertes de todos los niños de entre 0 y 5 años ocurrieron en el primer mes de vida, pero puesto que los resultados fueron auto-publicados, fue difícil sacar conclusiones para definir la causa de la muerte excepto en el caso de oncología/hematología. Por ejemplo, la mayor proporción de muertes en los neonatos fue catalogada como “tos/dificultad respiratoria”, lo que puede estar provocado por causas muy diversas. Las bajas tasas de malformaciones congénitas son apenas creíbles. Sin embargo, utilizando los datos publicados en el informe aparece que la tasas de muerte por leucemia y cáncer en todo Iraq en el grupo de edad de 0 a 4 años era de entre tres y cuatro veces las cifras halladas en las poblaciones occidentales para este grupo de edad. Estas tasas eran tres veces más altas en el sur de Iraq ―donde se había utilizado uranio empobrecido en las batallas más importantes con tanques, cerca de la frontera con Kuwait (53 por mil por año)―, que en el Norte (18 por mil por año), donde el uranio empobrecido no se utilizó de forma tan extensiva. Además, las tasas de cáncer y leucemia eran más altas en el grupo de edad de 0 a 1 años, lo que es inusual; el mayor pico en el cáncer infantil se encuentra generalmente a la edad de 4 años.

A pesar de todo lo que se puede decir de la metodología, resulta extremadamente difícil reconciliar los resultados del estudio de la OMS con una tasa general de malformaciones congénitas ―de 23,6― con la tasa de 147 que encontramos en el Hospital General de Faluya, y de la que informamos.

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En la tabla 2 [9], copio los resultados tal y como fueron enviados en este estudio sobre malformaciones congénitas. De ella se deduce claramente que las madres no pueden reconocer la mayoría de las situaciones en las que murieron los niños en el momento de su nacimiento o poco después. De los 291 bebés con malformaciones congénitas de nuestro estudio, 113 padecían malformaciones cardiovasculares, 40 digestivas, 9 genitourinarias y 44 cromosómicas, y pocas de ellas pueden ser reconocidas como tales por las madres; se necesitaría un diagnóstico especializado en un hospital con los medios necesarios para su catalogación.

En la tabla se muestra que solo las malformaciones cardiacas duplican la tasa del estudio de la OMS. Una preocupación específica es el resultado de la reunión del “grupo de expertos de control” celebrada durante los días 27 y 28 de julio de 2013, que aparentemente aceptó esta metodología epidemiológica y sus resultados.

He escrito y he dado conferencias sobre esta falsedad científica. La ciencia puede establecer la verdad pero no si es falsa y política, y parece que este estudio y los hechos y decisiones que lo precedieron ―y particularmente la reunión para la revisión del estudio de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, que me recuerda a la utilización de la Royal Society para producir un desgraciado estudio sobre el uranio empobrecido en 2001― lo es. Puesto que los resultados pretenden exonerar a los ejércitos de Estados Unidos y Reino Unido de lo que son efectivamente crímenes de guerra, y puesto que el resultado se empleará en defender el uso continuado de armas de uranio empobrecido, todos los implicados en este chanchullo tendrían que enfrentarse a la justicia y pagar por lo que han hecho. Sus acciones son responsables del sufrimiento y de la muerte de personas, y no se pueden olvidar. Esto es un caso de derechos humanos.

Cuando me invitaron por segunda vez para dar una conferencia en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en septiembre de 2011 retomé el asunto de Faluya. En aquel momento dije que ya era hora de hacer una denuncia y presenté la solicitud que había preparado junto con el Comité Internacional por la Justicia Nuclear. En los próximos seis meses la Campaña de Nivel bajo de Radiación se ocupará de llevarlo a cabo.

Para terminar, no debemos olvidar que en 1959 la OMS firmó un acuerdo con la Agencia de Energía Nuclear para que no se entrometiese en ninguna investigación que estuviera relacionada con radiación o radioactividad. Este acuerdo aún está en vigor y es un asunto altamente preocupante.

Notas de IraqSolidaridad:

1. En realidad solo se ha publicado un resumen del informe que no realizó directamente la OMS sino el Ministerio de Sanidad Iraquí con el apoyo de la OMS. Dicho resumen está disponible en español y en inglés.

2. Busby C, Hamdan M, Ariabi E. “Cancer, Infant Mortality and Birth Sex-Ratio in Fallujah, Iraq 2005-2009”. Int. J. Environ. Res. Public Health 2010; 7 (7), 2828-2837. doi:10.3390/ijerph7072828]. Véase también Patricio Suarez, “¿Existen datos epidemiológicos que apoyen la sospecha del uso de uranio empobrecido por parte del Ejército de Estados Unidos durante la guerra de Iraq?”, IraqSolidaridad, 5 de agosto de 2011.

3. Intervención del Dr. Busby ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en su sede de Ginebra, 29 de mayo de 2011.

4. Samira Alaani, Muhammed Tafash, Christopher Busby, Malak Hamdan y Eleonore Blaurock-Bush, “Uranium and other contaminants in hair from the parents of children with congenital anomalies in Fallujah, Iraq”, Conflict and Health 2011, doi: 10/1186/1752-1505-5-15, 2 de septiembre de 2011.

5. Samira Telfah Alaani, Mohammad A.R. al-Fallouji, Christopher Busby, Malak Hamdan, “Pilot study of congenital anomaly rates at birth in Fallujah, Iraq, 2010”, Journal of the Islamic Medical Association of North America, Vol 44, Nº1. DOI: http://dx.doi.org/10.5915/44-1-10463.

6. Ibídem.

7. Véase nota 4.

8. Busby C, Hamdan M, Ariabi E. “Cancer, Infant Mortality and Birth Sex-Ratio in Fallujah, Iraq 2005-2009”. Int. J. Environ. Res. Public Health 2010; 7 (7), 2828-2837. doi:10.3390/ijerph7072828].

9. Véase tabla al respecto original en inglés aquí.

*El Dr. Busby es un científico experto en contaminación por uranio, empobrecido y enriquecido, coautor de numerosos estudios científicos sobre los efectos del uranio en la salud de las personas. Secretario científico del Comité europeo sobre el riesgo de radiación, es igualmente miembro del equipo científico que ha identificado uranioenriquecido en las armas desplegadas por Estados Unidos y causante de las malformaciones congénitas y el cáncer en Faluya.

Texto original en inglés disponible aquí