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Enfrentamientos armados para defender la Plaza de la Dignidad y del Honor de Ramadi.

Nota informativa de la CEOSI

IraqSolidaridad, 30 de diciembre de 2013

Ataque contra Ramadi. Humvee del ejército iraquí destruido hace unos minutos

Ataque contra Ramadi. Vehículo del ejército iraquí destruido hoy

 

En la madrugada de hoy se han producido los primeros enfrentamientos armados de la batalla por Ramadi, capital de las protestas populares iraquíes que se reactivaron hace un año contra el régimen político heredero de la ocupación. Los enfrentamientos se han extendido también a Mosul y áreas de Bagdad y Saladino. 

La nueva escalada de tensión comenzó el sábado pasado cuando el ejército iraquí detuvo al diputado Ahmed al-Aluani, y asesinó a su hermano Ali. Según algunas fuentes, también asesinaron a la esposa de Ahmed y a siete miembros de su guardia personal.

Según informan fuentes sobre el terreno, en el combate que se prolongó durante más de dos horas también murieron al menos 14 miembros del equipo de asalto. El escándalo político por haber violado la inmunidad parlamentaria que al-Aluani posee como diputado de la formación Al Iraquiya la ha solventado el gobierno iraquí acusándolo de fomentar el terrorismo.

Esta detención llegó apenas unas horas después de la advertencia del primer ministro Nuri al Maliki, asegurando que el rezo celebrado el pasado viernes sería el último que se realizaba en la plaza Dignidad y Honor. Ayer domingo, Saad Duleimi, ministro de Defensa en funciones desde la formación del gobierno en 2011, concedió dos días a los jeques de las tribus para levantar el campamento asegurando que si esto no sucede “la situación se irá de las manos”. El anuncio lo hizo público en una rueda de prensa en Ramadi en la que estuvo acompañado por Sabah al Karhut, presidente del Consejo de Gobierno de la provincia de al-Anbar.

A raíz de esta rueda de prensa, diversas fuentes han difundido que en una reunión con los jeques de las tribus en la que se trataron sus peticiones se habría pactado el desalojo de la plaza. Pero la respuesta sobre el terreno a la que ha tenido acceso la CEOSI, ha sido toda la contraria enviando un mensaje claro de que el desalojo de la plaza no se va a producir. La rueda de prensa ha servido para que algunos líderes tribales y el propio gobernador se hayan retratado, después de mantener una postura equívoca tras casi un año de ambigüedad pretendiendo nadar y guardar la ropa.

Durante toda la tarde y la noche de ayer se desplegaron elementos armados de la resistencia y de las tribus por distintos barrios de la ciudad, al tiempo que se producía la llegada de tropas a Ramadi, especialmente vehículos militares tipo humvee y carros de combate del ejército y de las fuerzas especiales.

A este respecto, ayer mismo el Comité de los Jóvenes de la Revolución emitió un comunicado muy duro que se puede considerar prácticamente una declaración de guerra. En él aseguraban que estaban listos para defender la plaza y su revolución. Además, acusaban al Partido Islámico, al que pertenece el gobernador de Al Anbar, y a los líderes tribales que se han posicionado con el ministro de Defensa de traicionar la revolución.

La detención de Aluani, que ya intentaron sin éxito hace unos meses cuando su guardia personal logró repeler el ataque, parece ser que se ha debido —según algunas fuentes— a sus recientes declaraciones contra el líder supremo de la revolución iraní, el ayatolá Ali Hamenei, y contra el líder de Hezbolá, Hasan Nasrala. Sus últimas declaraciones criticando la operación militar que el ejército iraquí desató la semana pasada contra supuestos campamentos de entrenamiento de Al Qaeda en varias provincias no es más que una excusa para poner en práctica los planes de “un país vecino”, en referencia a Irán.

Lo que parece cierto es que la política de Maliki de permitir o fomentar la escalada de violencia en el país (más de 8000 muertos en 2013 por violencia según datos de Naciones Unidas) ha dado su fruto, pues ha empezado a recibir armamento estadounidense para apoyar la lucha de su gobierno contra el “terrorismo”. A los 75 misiles aire-tierra Hellfire recibidos la semana pasada se sumarán en marzo 10 drones de reconocimiento ScanEagle. Pero no solo estadounidense, pues ante las continuas excusas estadounidenses para retrasar la entrega de helicópteros Apache al ejército iraquí, Bagdad ha comprado helicópteros de combate rusos MI-35, cuyas primeras cuatro unidades recibieron el mes pasado y está a la espera de recibir otras dos docenas.

La complicada y cambiante lógica de la zona hace que la que fuera una fallida visita de Maliki a Washington hace apenas dos meses, se haya transformado ahora en una renovada, aunque calculadamente limitada, colaboración militar con el fin de lograr objetivos comunes.

Por una parte, tanto Washington como el eje Teherán-Bagdad quieren reducir la presencia sobre el terreno del Estado Islámico de Iraq y de al-Shams (Daesh) puesto que ni a uno ni a otro le interesa un Daesh fuerte, y menos si el acuerdo nuclear iraní puede ser un preludio para un acuerdo también sobre Siria. En cualquier caso, hay que tener en cuenta el interesado sobredimensionamiento por parte tanto de Washington como de Bagdad, del fenómeno Daesh en Iraq para justificar sus propias carencias.

El burdo vínculo que ha hecho el primer ministro iraquí entre Al Qaeda y los manifestantes acampados en diversas plazas de las provincias ‘rebeldes’ iraquíes no ha hecho pestañear al gobierno de Obama, por lo que se entiende que a cambio de la colaboración de Maliki en la lucha contra Al Qaeda los estadounidenses están dispuestos a permitir que se aplaste la acampada de Ramadi, como se hizo en con los manifestantes de Hawiya en abril pasado. La deriva de la situación en Siria hacia una guerra civil sin control donde los principales agentes son el dictador que supuestamente quería derrocar Washington y grupos islamistas ultrarradicales (Daash y Frente al Nusra) o moderadamente radicales (Frente Islámico) no parece el mejor precedente para preocuparse porque desaparezca una revuelta de inciertas consecuencias en Iraq.

A tenor de los avisos y amenazas contra el desmantelamiento por la fuerza del campamento de Ramadi de distintos políticos como el portavoz de la lista Al Iraquiya, Haidar al Mula, del líder chií Muqtada al Sáder, del referente religioso Abdelmalik al Saadi, de la Asociación de Ulemas Musulmanes, líderes de tribus o del citado consejo de los Jóvenes de la Revolución estaba claro que no iba a haber otra salida que el enfrentamiento armado que ha estallado.

Diversas fuentes de la CEOSI han asegurado que se han producido importantes deserciones en el ejército y en la policía local de Al Anbar negándose a participar en el ataque sobre Ramadi. Igualmente fuentes de la CEOSI en sur confirman que varias tribus de esta zona están dando órdenes a sus hijos para que no participen en esta operación.

El toque de queda impuesto no se ha respetado sino que ha sido desafiado por grupos de manifestantes y civiles armados. Según las últimas informaciones recibidas desde el interior, en el rezo del amanecer de esta misma mañana, desde las mezquitas se ha hecho un llamamiento para que la gente se manifieste en Faluya y Ramadi en defensa de la revuelta popular.

El órdago de Maliki no parece tener marcha atrás. El resultado y las consecuencias de esta acción son del todo imprevisibles pues finalmente se verá cual es la capacidad militar real de la resistencia popular iraquí tras diez años de combate y aislamiento internacional como de la preparación y lealtad de las fuerzas de seguridad iraquíes a las órdenes de un primer ministro iraquí es sus horas más bajas acosado por la corrupción y su servilismo hacia Irán.