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2003-2013: Resistencia iraquí, guerra sucia estadounidense y lo que queda de Oriente Próximo.
Tercera Parte

Dirk Adriaensens*

Tribunal BRussells (www.brussellstribunal.org), 20 de marzo de 2013
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 22 de abril de 2013

Traducido para IraqSolidaridad y Tribunal BRussells por Nadia Hindi
Revisión y edición: Paloma Valverde

“Las fuerzas estadounidenses reclutaron a los sectores más criminales de la población iraquí. Los mercenarios contratados por el Pentágono, como Dyncorp, han contado con la ayuda de las milicias sectarias para aterrorizar y asesinar a iraquíes y provocar una guerra civil en Iraq”

Escuadrones de la muerte

La guerra sucia como estrategia clave para someter al pueblo iraquí [1]

[...] La resistencia en Iraq tienen derecho a intentar expulsar a las tropas estadounidenses del país”, declaró el Comandante General Michael Rose en el programa “Newsnight” de la BBC. También dijo que EEUU y Reino Unido deben “[…] admitir la derrota” y dejar de luchar en “[…] una guerra sin esperanza” en Iraq. Los combatientes iraquíes no cederán, dijo. “[...] No los disculpo por algunas de las cosas terribles que han hecho, pero entiendo por qué resisten”. [2] El 9 de enero de 2006, Rose hizo un llamamiento para que a Tony Blair se le procesara por la invasión de Iraq en 2003, “[...] Ir a una guerra que ha resultado estar fundamentada en motivos falsos es algo de lo que nadie puede quedar impune".

Los ejércitos de Estados Unidos y Reino Unido se enfrentaron a una feroz resistencia, pero sin querer admitir la derrota, cambiaron drásticamente sus tácticas, según describió Seymour Hersh el 15 de diciembre de 2003 en el New Yorker: "[...] Un asesor estadounidense dijo: "La única manera que tenemos de ganar es actuar de manera no convencional. Vamos a tener que jugar a su juego, guerrilla para luchar contra la guerrilla, terrorismo para luchar contra el terrorismo. Tenemos que aterrorizar a los iraquíes hasta que se sometan […] La operación propuesta por un asesor del Pentágono, y denominada ‘cacería humana preventiva’, tiene el potencial de convertirse en otro programa Phoenix (Vietnam) […] Verdaderamente necesitamos una respuesta menos convencional, pero va a ser caótico." [3].

Caótico, seguro, y sin que la prensa occidental informe. EEUU y Reino Unido organizaron “la cacería humana preventiva” y para ello contaron con las fuerzas de Israel, Irán e Iraq para maltratar, encarcelar, torturar y asesinar a millones de iraquíes. Otros millones más fueron expulsados de sus hogares, desplazados dentro de Iraq y conducidos al exilio.

El 6 de noviembre de 2003, el titular del The New York Times decía: “EEUU decide respaldar la milicia iraquí”: ‘[...] Paul Bremer, administrador estadounidense de la Ocupación, ha dado su apoyo condicional a la creación de una fuerza paramilitar dirigida por los iraquíes para localizar a los combatientes de la resistencia que escapan a las tropas estadounidenses; estaría formada por antiguos miembros de los servicios de seguridad y de las milicias de los partidos políticos” [4]

El 1 de enero de 2004, Robert Dreyfuss informó de que el gobierno de EEUU prevé la creación de unidades paramilitares formadas por milicianos iraquíes kurdos y por los grupos de exiliados, incluidos las Brigadas del Badr, el Congreso Nacional Iraquí y el Acuerdo Nacional Iraquí, para emprender una campaña de terror y asesinatos extrajudiciales, similar al programa Phoenix en Vietnam. La campaña de terror y asesinatos que mató a decenas de miles de civiles.

[...] Parte de los tres mil millones de dólares, ocultos en los nuevos fondos de los 87 mil millones de dólares aprobados por el Congreso de EEUU para Iraq a principios de noviembre de 2003, se destinará a la creación de una unidad paramilitar dirigida por milicianos vinculados a los antiguos grupos de exiliados iraquíes. Los expertos afirman que esto podría derivar en una ola de asesinatos extrajudiciales, no sólo de combatientes armados sino de los nacionalistas, otros opositores a la ocupación de EEUU y de miles de civiles miembros del partido Baaz —hasta 120 mil de los aproximadamente dos millones y medio de antiguos miembros del Partido Baaz en Iraq—. Los tres mil millones de dólares ocultos financiarán operaciones encubiertas disfrazadas de programas secretos de la Fuerza Aérea. Según John Pike, experto en presupuestos militares secretos de Global Security, es muy probable que el dinero en efectivo repartido en tres años esté canalizado directamente a la CIA, aumentando el presupuesto anual de esa agencia, estimado en cuatro mil millones de dólares anuales, en un 25 por ciento. Las operaciones en Iraq obtendrán el grueso del presupuesto, al margen de una suma que iría a Afganistán. El número de agentes de la CIA en Iraq, actualmente 275, se incrementará significativamente, complementado por un gran número de fuerzas de élite de la contrarresistencia de EEUU”. [...] Es hora de ‘no más señor Chico Amable declaró un estratega neoconservador. “[...] ¿Tenemos que matar a toda esa gente que grita ‘¡Abajo Estados Unidos!’ y que baila en la calle cuando atacan a los estadounidenses?” [5]. Durante ese período, apareció la información sobre los escuadrones de la muerte y de la limpieza étnica descrito por la prensa como ‘violencia sectaria’, la nueva narrativa clave de la guerra y la principal justificación para que la ocupación continuara. Parte de la violencia pudo haber sido espontánea, pero hay pruebas abrumadoras de que en su mayoría fue el resultado de los planes descritos por varios expertos estadounidenses en diciembre de 2003.

En un artículo de Alternet del 16 de junio de 2004, titulado “Here come the Death Squad Veterans” [Aquí llegan los veteranos de los escuadrones de la muerte], un oficial de Inteligencia en Kuwait, que solicitó el anonimato, declaró que la empresa “[...] Blackwater USA ha enviado reclutadores a Chile, Perú, Argentina, Colombia y Guatemala, por una sola razón específica [...] Todos estos países han experimentado guerras sucias y sus ejércitos tienen hombres bien entrenados en subversión interna. Están versados en arrancar confesiones de los prisioneros”. A medida que en la primavera de 2004 la situación de seguridad en Iraq se fue deteriorando, se inició un ‘reclutamiento más intenso’. [6]

En junio de 2004, el General David H. Petraeus asumió la tarea de organizar el entrenamiento de todas las fuerzas militares y policiales iraquíes después de su fracaso durante los levantamientos shiíes y sunníes dos meses antes. Durante este período, Petraeus jugó un papel decisivo en la formación de milicias en todo el país, patrocinadas por el gobierno, y que operan como escuadrones de la muerte anti-sunníes y que pretendieron sumir al país en una guerra civil. En el otoño de 2004, Petraeus armó, equipó y financió los comandos especiales de la Policía a quienes llamaba “un caballo por el que apostar” [7].

La ‘Opción El Salvador’

La primera referencia a la ‘Opción El Salvador’, y a la comparación con las atrocidades cometidas por los escuadrones de la muerte en América Latina durante la década de los ochenta, fue realizada por Ghali Hassan el 12 de octubre de 2004 en su artículo “Iraq’s Democracy: The El Salvador Model” (La democracia de Iraq: el modelo de El Salvador), donde afirma: “[...] El núcleo del gobierno interino iraquí, nombrado por EEUU, está formado por el grupo de exiliados de Allawi (Acuerdo Nacional Iraquí), el grupo de exiliados de Ahmed Chalabi (Congreso Nacional Iraquí), los peshmergas de los dos partidos kurdos y las Brigadas del Badr (Consejo Supremo islámico Revolución en Iraq, en la actualidad el partido al-Dawa), en su mayoría de origen iraní. Además, cada grupo tiene sus propios escuadrones de la muerte de estilo mafioso y vínculos con la CIA o con los agentes del Mossad israelí. Desde que entraron en Iraq junto con la invasión estadounidense, los cuatro grupos se han tomado la justicia por su mano y han asesinado a muchos iraquíes inocentes, entre ellos cientos de científicos y dirigentes comunitarios. La Autoridad de la Ocupación nunca investigó sus crímenes; entraron en Iraq montados a lomos de los tanques estadounidenses; sus relaciones con la ocupación son relaciones completamente simbióticas; coexisten con su maestro EEUU en una relación de mutuo beneficio; participan en las próximas elecciones porque quieren que la ocupación continúe.” [8]

En enero de 2005, más de un año después de los primeros informes sobre la planificación de asesinatos y operaciones paramilitares del Pentágono, el Newsweek y otros grandes medios de comunicación mencionaron la ‘Opción El Salvador’: El traspaso del terrorismo de Estado a las fuerzas locales aliadas. Esto se consideró un componente clave de una política que había conseguido evitar la derrota total del gobierno de El Salvador, respaldado por Estados Unidos. Según Newsweek, “[...] Una propuesta del Pentágono sería enviar equipos de las fuerzas especiales para asesorar, apoyar y quizás entrenar a los escuadrones iraquíes [...] para atacar a los combatientes sunníes y sus simpatizantes […] La población sunní no está pagando ningún precio por el apoyo que da a los terroristas: Desde su punto de vista este apoyo es gratuito. Tenemos que cambiar esa ecuación”. [9] Desde 1984 a 1986 el Coronel James Steele dirigió el grupo de asesoramiento militar de EEUU en El Salvador, en el que era responsable del desarrollo de las brigadas de las fuerzas especiales de operación en el momento álgido del conflicto. Estas fuerzas, compuestas por los soldados más brutales disponibles, eran una réplica de las operaciones de las unidades pequeñas con las que Steele se familiarizó mientras estuvo en Vietnam. En lugar de centrarse en conquistar terreno, su papel fue el de atacar a los dirigentes de la resistencia, a sus partidarios, y a las fuentes de suministro y campamentos base. En el caso de la Cuarta Brigada, tales tácticas permitieron que una fuerza de 20 hombres fuera la responsable del 60% del total de las muertes causadas por la unidad. [10] Además de su experiencia en El Salvador, Steele estuvo al mando del reciclaje de las fuerzas de seguridad de Panamá tras el derrocamiento del presidente Manuel Noriega [11].

Las fuerzas estadounidenses reclutaron a los sectores más criminales de la población iraquí. Los mercenarios contratados por el Pentágono, como Dyncorp, ayudaron a la creación de las milicias sectarias que se utilizaron para aterrorizar y asesinar iraquíes y para provocar una guerra civil en Iraq.

Esto revela la naturaleza de ‘guerra sucia’, como en América Latina, y los peores excesos de la guerra de Vietnam. El propósito de la guerra sucia no es identificar y luego detener o matar a los combatientes reales de la resistencia; el objetivo de la guerra sucia es la población civil; se trata de una estrategia de terrorismo de Estado y de castigo colectivo contra toda una población con el objetivo de aterrorizarla hasta que se someta; es una estrategia para cortar la relación de la gente con la resistencia y romper el apoyo popular a la guerrilla; las mismas tácticas utilizadas en América Central y en Colombia se exportaron a Iraq. Incluso los arquitectos de estas guerras sucias en El Salvador (Embajador John Negroponte y James Steele) y en Colombia (Steven Casteel) fueron enviados a Iraq para llevar a cabo el mismo trabajo sucio. Reclutaron, entrenaron y desplegaron los famosos Comandos Especiales de la Policía, a los que con posterioridad, ya en 2006 se incorporaron escuadrones de la muerte como las Brigadas del Badr y otras milicias. Las fuerzas estadounidenses establecieron un centro de alta tecnología para las operaciones de los Comandos Especiales de la Policía en un ‘lugar secreto’ en Iraq. Los técnicos norteamericanos instalaron teléfonos satélite y ordenadores con conexión a Internet y a las redes propias de las fuerzas estadounidenses. El centro de mando tenía conexiones directas con el Ministerio del Interior iraquí y con todas y cada una de las bases de operaciones de EEUU que se fueron instalando desde entonces en el país. [12]

Cuando en 2005 las atrocidades cometidas en Iraq por estas fuerzas se convirtieron en noticia, Casteel jugaría un papel clave en culpabilizar de las ejecuciones extrajudiciales a los ‘resistentes’ vestidos con uniformes policiales robados, vehículos y armas. Del mismo modo, él y el General Petraeus afirmaron que los centros de tortura estaban en manos de elementos corruptos del Ministerio del Interior, a pesar de que estaban saliendo a la luz casos de tortura que tenían lugar en los cuarteles generales del Ministerio, donde él y otros estadounidenses trabajaban. Los consejeros estadounidenses del Ministerio del Interior tenían sus oficinas en la octava planta, justo encima de una cárcel en la séptima planta donde se llevaban a cabo las torturas [13].

La actitud acrítica de los medios de comunicación occidentales respecto a la narrativa de los responsables estadounidenses evitaron protestas generalizadas en todo el mundo contra la escalada de la guerra contra la resistencia en Iraq en 2005 y 2006, en consonancia con unos medios de comunicación encubiertos, silenciosos y sin punto de vista, propio de las operaciones contra la resistencia. En enero de 2005, el General Downing, ex jefe de las Fuerzas Especiales estadounidenses, declaró en la cadena NBC: “[...] Esto está bajo control de las fuerzas de EEUU, y del actual gobierno provisional iraquí. No hay necesidad de pensar que vamos a lanzar algún tipo campaña brutal que vaya a mutilar a civiles inocentes”. [14] En cuestión de meses, Iraq fue arrasado precisamente por una campaña de asesinatos que provocó detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones extrajudiciales, y el éxodo en masa y el desplazamiento interno de millones de personas. Miles de iraquíes desaparecieron durante los peores días de la guerra sucia entre 2005 y 2007; a muchos de ellos se los vio en manos de milicias uniformadas [15] y amontonados en camiones; otros simplemente parecen haberse desvanecido. Los escuadrones de la muerte del Ministerio del Interior se movieron sin obstáculos por los controles militares tanto estadounidenses como iraquíes al tiempo que detenían, torturaban y mataban a miles de personas. El gobierno iraquí dio instrucciones a todas las oficinas de seguridad y de sanidad de no informar a los medios sobre el número de muertes. Todos los días en Bagdad se encontraban decenas de cadáveres: “[...] No estamos autorizados a dar ningún número, pero puedo decir que todavía recibimos cadáveres a diario”, declaró un médico de la morgue de Bagdad a IPS el 19 de febrero de 2008 [16]. Durante la época álgida de los asesinatos, se arrojaban a las calles de Bagdad entre 50 y 180 cuerpos diarios y muchos mostraban signos de tortura, tales como perforaciones o quemaduras de cigarrillos. [17]

El 30 de abril de 2006, el Tribunal BRussells informó de que “[...] Después de un recuento exacto y de un trabajo de documentación, la organización iraquí de Seguimiento y Supervisión ha confirmado que el 92% de los 3.498 cadáveres encontrados en diferentes regiones de Iraq habían sido detenidos por funcionarios del Ministerio del Interior. Nada se supo sobre el destino de los detenidos hasta se encontraron sus cuerpos acribillados y con horribles señales de tortura. Es lamentable y vergonzoso que estos crímenes se hayan ignorado y que varios Estados reciban a los responsables gubernamentales que no investigan estos crímenes” [18].

La consecuencia de ignorar la conexión entre EEUU y las milicias del Badr (respaldadas por Irán), la Brigada Lobo (apoyada por EEUU) y otras unidades del Comando especial de la Policía o ignorar el grado de reclutamiento estadounidense, el entrenamiento, el mando y el control de estas unidades [19] distorsionaba la percepción de los acontecimientos en Iraq, lo que creaba una impresión de violencia sin sentido iniciada por los propios iraquíes y ocultaba la mano estadounidense en la planificación y ejecución de las formas más brutales de violencia.

Los editores de noticias jugaron un papel significativo en evitar el escándalo público que podría haber desalentado la escalada de esta campaña si hubieran investigado el alcance exacto de la complicidad de EEUU en los diferentes aspectos y fases de las operaciones de los escuadrones de la muerte, la tortura y las desapariciones [20]. La primera responsabilidad de esta política y de los crímenes que implicaba recae sobre los individuos de la estructura de mando civil y militar del Departamento de Defensa de EEUU, la CIA y la Casa Blanca quienes idearon, aprobaron y pusieron en marcha la política de terror de los programas "Phoenix" o de "El Salvador" en Iraq.

El informe de la Oficina de Derechos Humanos de la UNAMI realizado por John Pace, y publicado el 8 de septiembre de 2005, fue muy explícito y relaciona directamente el Ministerio del Interior, e indirectamente a las fuerzas multinacionales lideradas por EEUU, con la campaña de detenciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales [21]. John Pace, quien salió de Bagdad en enero de 2006, dijo al The Independent que hasta tres cuartas partes de los cadáveres apilados en las morgues de las ciudades mostraban marcas de heridas de bala en la cabeza o lesiones causadas por taladradoras o por cigarrillos encendidos. La mayor parte de los asesinatos -dijo- fueron perpetrados por grupos de musulmanes shiíes bajo el control del Ministerio del Interior. [22]

El informe final de 2006 de Derechos Humanos de Naciones Unidas [23] describe las consecuencias de estas políticas para la población de Bagdad, pero no menciona su origen en la política estadounidense. La violencia sectaria que afectó a Iraq en 2006 y 2007 no fue una consecuencia involuntaria de la invasión y ocupación estadounidense, sino que fue parte integral de la misma. EEUU socavó deliberadamente la estabilidad y la seguridad en Iraq en un intento desesperado de aplicar el ‘divide y vencerás’ y de fabricar nuevas justificaciones para la violencia ilimitada contra los iraquíes que continuaban rechazando la invasión ilegal y la ocupación de su país.

¿Cuál es la respuesta de la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos a los campos de muerte en Iraq? ¿Nombraron un relator especial para los Derechos Humanos en Iraq? No, no lo hicieron. Cerraron los ojos y participaron en historia de ficción de una ‘democracia floreciente’ en Iraq, repitiendo los cuentos ficticios de EEUU sobre las mejoras para el pueblo iraquí. Qué puede ser más hipócrita y cínico que esta cita en la página web principal de la Oficina del Alto Comisionado en Iraq: “[...] De 2006 a 2009, la Oficina de Derechos Humanos de la UNAMI llevó a cabo una serie de cursos de formación para el personal del Ministerio de Derechos Humanos, del Ministerio de Justicia, del Ministerio del Interior y del Ministerio de Defensa sobre los estándares de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, y patrocinó varios seminarios de alto nivel sobre la protección de los Derechos Humanos en el marco de las medidas contraterroristas en Iraq. La Oficina de Derechos Humanos de UNAMI y la Oficina del Alto Comisionado de los Derechos Humanos también participaron activamente en el desarrollo de la capacidad del Ministerio de Derechos Humanos y del Ministerio de Justicia, mediante el patrocinio de talleres y cursos de capacitación para su personal en Bagdad y en las provincias en materia de normas de detención y vigilancia de los Derechos Humanos, igualmente han prestado y siguen prestando asistencia al establecimiento del Alto Comisionado de los Derechos Humanos en Iraq, el Centro para Personas Desaparecidas y el Centro Nacional para la Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura" [24]. La comunidad internacional ha abandonado claramente al pueblo iraquí. Los Derechos Humanos no se aplican a ellos.

Incluso la Corte Penal Internacional ha abandonado al pueblo iraquí. “[...] La Fiscalía ha recibido más de 240 comunicaciones sobre la situación en Iraq. [...] La información disponible no aporta indicios razonables de que las fuerzas de la coalición tenían la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal, como se requiere en la definición de genocidio (artículo 6). Asimismo, la información disponible no proporciona indicios razonables de los elementos necesarios para un crimen contra la humanidad, es decir, un ataque generalizado o sistemático contra una población civil. [...] La información disponible no indica ataques intencionales contra la población civil. [...] después de analizar toda la información disponible, se llegó a la conclusión de que existe una base razonable para creer que se cometieron crímenes bajo la jurisdicción de la Corte, concretamente asesinatos premeditados y trato inhumano. [...] La información disponible en este momento admite una base razonable para la existencia aproximada de cuatro a 12 víctimas de homicidio intencionado y un número limitado de víctimas de tratos inhumanos que puede ascender a menos de 20 personas. Incluso cuando existe una base razonable para creer que un crimen ha sido cometido, esto no es suficiente para el inicio de una investigación por la Corte Penal Internacional”. Esta fue la respuesta de Moreno Ocampo, Fiscal Especial, el 9 de febrero de 2006 [25].

La naturaleza y el alcance de la participación de los diferentes individuos y grupos dentro de la estructura de la ocupación de EEUU en operaciones de escuadrones de la muerte sigue siendo un secreto sucio y oscuro, sin embargo, hay múltiples pistas que pueden ser seguidas por cualquier investigación seria, sobre todo por parte de los Relatores Especiales pertinentes de la ACNUDH. Hechos: cada unidad iraquí de la Policía Nacional tenía, en general, al menos dos oficiales estadounidenses vinculados a tales unidades, normalmente pertenecientes a las Fuerzas Especiales estadounidenses [26]. En noviembre de 2005, los asesores estadounidenses vinculados a la Brigada Lobo forman parte del 160 Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, conocido como los 'acosadores nocturnos' [27].

En enero de 2007, el gobierno de EEUU anunció una nueva estrategia, el aumento de tropas de combate estadounidenses en Bagdad y en la provincia de al-Anbar. La mayoría de los iraquíes informaron de que esta escalada de violencia hizo que las condiciones de vida fueran aún peores que antes, ya que sus efectos se han añadieron a la devastación acumulada de cuatro años de guerra y ocupación.

La intensificación de los ataques estadounidenses en 2007, con un incremento cinco veces mayor de los ataques aéreos y el uso de aviones de combate Spectre y de artillería, además del incremento de tropas se planificó como un punto álgido respecto a los últimos cuatro años de guerra y de castigo colectivo infligido al pueblo iraquí. Todas las zonas en poder de la resistencia fueron objeto de un fuego arrasador, principalmente desde el aire, hasta que las fuerzas de tierra de EEUU pudieron construir muros alrededor de lo que quedaba de cada barrio y aislar cada distrito.

Los informes de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 2007 mencionaban los ataques indiscriminados e ilegales contra civiles y contra zonas civiles y pidieron que se investigaran. Los ataques aéreos continuaron casi a diario hasta agosto de 2008, incluso cuando la llamada ‘violencia sectaria’ y las bajas estadounidenses disminuyeron. En todos los casos documentados hubo civiles, mujeres y niños asesinados. La oficina de prensa de Centcom declaró que las personas asesinadas eran ‘terroristas’, ‘militantes de al-Qaeda’ o ‘escudos humanos involuntarios’. [28]

Las fuerzas involucradas en ‘Operaciones Especiales’

Otro aspecto del incremento de tropas o de la intensificación de la violencia parece haber sido un aumento del uso de los comandos de asesinato de las Fuerzas Especiales estadounidenses. Por ejemplo, en abril de 2008 el presidente Bush declaró: “[...] En estos momentos, todas las noches las Fuerzas Especiales de EEUU ponen en marcha múltiples operaciones para capturar o asesinar a los dirigentes de Al-Qaeda en Iraq” [29]. El 13 de mayo de 2009, The New York Times informaba: “[...] Cuando en 2003 el General Stanley McChrystal asumió el mando del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, heredó una fuerza de comandos aislada y oscura con fama de despreciar las alianzas con otras organizaciones militares y de inteligencia, pero sus compañeros dicen que trabajó duro durante los cinco años siguientes para construir estrechas relaciones íntimas con la CIA y el FBI. [...] En Iraq, donde durante cinco años el general supervisó las operaciones secretas del Comandos, los antiguos oficiales de inteligencia dicen que tenía un conocimiento enciclopédico, incluso obsesivo, de la vida de los terroristas, y que empujó a sus hombres sus filas agresivamente para matar a tantos terroristas como fuera posible. [...] La mayor parte de lo que el General McChrystal hizo durante sus 33 años de carrera permanece clasificado, incluido sus prestación de servicio entre 2003 y 2008 como Comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, una unidad de élite tan clandestina que incluso el Pentágono se negó a reconocer su existencia durante años” [30]. El secreto que rodea a estas operaciones evitó la circulación de más informes, pero como en anteriores operaciones encubiertas de EEUU en Vietnam y América Latina, con el transcurso del tiempo sabremos más sobre estas operaciones.

Un artículo en el Sunday Telegraph [31] señala hacia pruebas claras de que las fuerzas especiales británicas están reclutando y entrenando a terroristas para aumentar las tensiones étnicas. Una élite del SAS, con un sangriento pasado en Irlanda del Norte, opera con inmunidad y proporciona modernos explosivos [32]. De algunos ataques se ha culpado a los iraníes, a los resistentes sunníes o a oscuras células terroristas como Al-Qaeda. Esta unidad está dirigida por el teniente coronel Gordon Kerr, al frente del Regimiento Especial de Reconocimiento (SRR en sus siglas en inglés), una gran fuerza antiterrorista compuesta por ‘activos existentes’ sin nombre de los días de gloria en Irlanda del Norte y en otros lugares. El diario británico The Sunday Telegraph informó de que los soldados estadounidenses en misión secreta están allí con ellos, trabajando codo con codo con sus compañeros británicos en la llamada ‘Fuerza Negra de Trabajo’ [33].

Los equipos SWAT (Armas y Tácticas Especiales) se utilizan de manera extensiva en las operaciones de contrarresistencia. La misión de SWAT es llevar a cabo operaciones de alto riesgo, que están fuera de la capacidad de los agentes de patrulla, para prevenir, disuadir y responder a las actividades terroristas y de la resistencia. Se ha informado de que “[...] La colaboración de la defensa interna extranjera con los soldados de la Coalición establece una relación profesional entre la seguridad iraquí y las fuerzas de la Coalición cuyo entrenamiento crea fuerzas capacitadas. Los soldados de la Coalición trabajan codo con codo con los equipos de SWAT, tanto en los entrenamientos como en las misiones” [34]. El 7 de octubre de 2010, la página web oficial de las fuerzas estadounidenses en Iraq informaba de que “[...] El equipo SWAT de Basora se ha entrenado con varias unidades de las Fuerzas Especiales, incluidos los SEAL de la Marina y el SAS británico. El Primer Batallón del Regimiento 68 del ejército, actualmente bajo control operativo de la División-Sur y la Primera División de Infantería, ha asumido la tarea de formar al equipo SWAT" [35].

Los Servicios de Protección de Instalaciones (FPS en sus siglas en inglés), donde se incorporan los ‘contratistas privados’ o mercenarios, como Blackwater, se utilizan igualmente en las operaciones de contrainsurgencia. El 14 de octubre 2006, Ellen Knickmeyer, del Servicio Exterior de The Washington Post, dijo que los FPS estaba detrás de los escuadrones de la muerte iraquíes [36]. Dahr Jamail y Ali al-Fadhily afirmaron que los FPS, creado después de la invasión de Iraq en 2003, se habían convertido en la base principal de los escuadrones de la muerte en Iraq [37].

- Las Fuerzas de Operaciones Especiales de Iraq (ISOF en sus siglas en inglés), probablemente la más numerosa de las fuerzas especiales jamás creadas por EEUU, han quedado libres de muchos de los controles que la mayoría de los gobiernos emplean para contener tales fuerzas letales. El proyecto comenzó en Jordania poco después de que EEUU conquistara Bagdad en abril de 2003, con el fin de crear una unidad de élite mortífera encubierta, totalmente equipada por EEUU, que operaría durante años bajo el mando de EEUU sin rendir cuentas a los ministerios iraquíes ni someterse al control político habitual. Conforme a los registros del Congreso, las ISOF han aumentado en nueve batallones que se extienden a cuatro bases de comandos regionales en todo Iraq. En diciembre de 2009 eran plenamente operativos, cada uno con su propia ‘célula de fusión de inteligencia’, que opera de forma independiente de otras redes de inteligencia iraquíes. Las ISOF cuentan con al menos 4.564 agentes activos, lo que supone aproximadamente el tamaño de las propias Fuerzas Especiales del Ejército de EEUU en Iraq. Los registros del Congreso indican que existían planes para duplicar las ISOF en los ‘próximos años’ [38].

La estrategia del divide y vencerás incluye además a las fuerzas iraquíes y a las milicias. A veces, las fuerzas de ocupación utilizaron a las milicias shiíes para combatir a los grupos de la resistencia ‘sunní’, y cuando éstos se hicieron demasiado fuertes EEUU armó a los grupos sunníes.

Un buen ejemplo son los Consejos Sahwa (Consejos del Despertar) o Hijos de Iraq (SOI en sus siglas en inglés). Los grupos del Despertar surgieron en 2005 cuando las tribus sunníes, que habían luchado previamente contra las fuerzas del gobierno iraquí y el ejército estadounidense, se aliaron con las fuerzas de EEUU y aceptaron armas, dinero y entrenamiento. Se calcula que en 2008 había alrededor de 100 mil combatientes de los Consejos del Despertar en Iraq [39]. Estos combatientes no sólo lucharon contra Al- Qaeda, sino que también suponían un refuerzo para EEUU para quebrar la resistencia iraquí. En octubre de 2008, el gobierno iraquí asumió del ejército estadounidense la responsabilidad de pagar a 54 mil miembros de los Consejos del Despertar. Hasta ese momento, el gobierno iraquí era reacio a integrar a los Consejos del Despertar en las fuerzas de seguridad oficiales. Muchos de los combatientes del Despertar desconfiaban de que el gobierno iraquí fuera a emplearlos. “[...] Considero el traspaso un acto de traición por parte del Ejército de EEUU”, dijo un miembro de los Consejos del Despertar, que añadio: "[...] Como consecuencia, el ejército estadounidense está poniendo en marcha un nuevo cuerpo de trabajo civil de transición para reconvertir a algunos miembros de la seguridad de los Consejos del Despertar de la seguridad a proyectos civiles".

El control sobre los restantes miembros de los Consejos del Despertar en el centro, oeste y centro-norte de Iraq se transfirió de forma gradual.

La conclusión es que la guerra sucia en Iraq continúa. A pesar de que el presidente Barack Obama anunciara el final de la guerra, Estados Unidos se queda en Iraq. Bagdad decidió que entre tres y cinco mil soldados estadounidenses, con capacidad única de entrenamiento, fuese el máximo número que puede tener cabida, sin embargo, la Casa Blanca está aumentando el número de empleados del Departamento de Estado en Iraq desde los 8.000 a la increíble cifra de 16.000, en su mayoría destinados en la colosal embajada nueva de la Zona Verde de Bagdad, en los nuevos consulados estadounidenses de otras ciudades, y en los cargos más importantes de asesoramiento en muchos de los ministerios del régimen, en particular el Ministerio de Petróleo. La mitad del personal del Departamento de Estado, 8.000 personas, se encargará de las tareas de seguridad, junto con otros 5.000 nuevos ‘contratistas privados de seguridad’.

Por lo tanto, EEUU contará con al menos 13.000 hombres armados de sus propias fuerzas de seguridad, y todavía existe la posibilidad de que Bagdad y Washington lleguen a un acuerdo para aumentar el número limitado de instructores militares.

La justificación del gobierno de Obama de mantener las tropas después de acabar el año era, aparentemente, para entrenar al ejército iraquí y a la policía, pero hay otras razones. En primer lugar, Washington pretende permanecer en Iraq para vigilar a Bagdad, ya que teme que se forme una alianza entre Iraq y el vecino Irán beneficiosa para ambos, lo que debilitaría la hegemonía estadounidense en el Golfo Pérsico, región rica en petróleo y de importancia estratégica en todo Oriente Próximo África del Norte y, en segundo lugar, EEUU también pretende proteger las lucrativas inversiones económicas en Iraq y los enormes beneficios que las empresas estadounidenses esperan, especialmente con la privatización del sector del petróleo. Además, las fuerzas del Pentágono y la CIA estaban apostadas, y parece ser que siguen apostadas, muy cerca de la frontera occidental de Irán, una posición estratégica para invadir o llevar a cabo un cambio de régimen [40].

Las autoridades estadounidenses han dejado claro que la CIA tiene previsto continuar en el país con los programas dirigidos desde hace años por el Comando Conjunto de Operaciones Especiales y otras organizaciones militares. Estos programas incluyen diferentes actividades, tales como el despliegue de sensores remotos que escanean el espectro inalámbrico de los refugios de los terroristas para hacer indetectables a los comandos antiterroristas estadounidenses e iraquíes [41].

En el punto álgido de la retirada de las tropas, se realizaron detenciones masivas por todo Iraq. Desde principios de 2011 hasta el 25 de junio, la policía arrestó en Basora a cerca de 2.312 personas en búsqueda y captura. La mayoría de los arrestados fueron detenidos por acusaciones criminales, así como por actividades terroristas [42]. Cientos de personas más fueron detenidas en los meses posteriores en diferentes provincias iraquíes. El 31 de octubre, las fuerzas de seguridad del gobierno detuvieron a 115 civiles durante las redadas y registros que se llevaron a cabo en diferentes provincias iraquíes, entre ellas Nínive, Diyala, Bagdad, Saladino, al-Anbar, Vasit y Dhi Qar. También detuvieron a 347 civiles después de redadas y ataques militares similares en otras muchas provincias [43].

¿Qué tiene que decir la resistencia iraquí acerca de la retirada de las tropas de Estados Unidos?

Judair al-Murshidi, portavoz oficial de una de las facciones unificadas de la resistencia iraquí afirma que “[...] el alto mando de la Yihad y la Liberación, señaló que la prevista retirada es consecuencia de la derrota de EEUU a manos de la valiente resistencia iraquí liderada por el partido del Baaz en Iraq junto con todas las fuerzas de la resistencia patriótica, nacional e islámica, y no por los acuerdos de seguridad elaborados por el gobierno traidor de al-Maliki y las fuerzas de ocupación estadounidenses. Es importante comprender que esta es una derrota significativa de la ocupación de EEUU, como han reconocido numerosos estrategas estadounidenses. La retirada es el resultado del alto coste que, tanto en vidas humanas como en pérdidas materiales, ha sufrido EEUU a manos de la resistencia iraquí”.

Notas del autor y de IraqSolidaridad:

1. Este capítulo se basa en varios informes oficiales, artículos de prensa, relatos de testigos de Tribunal BRussells, artículos de Max Fuller sobre la guerra contra la resistencia, y Nicolas J.S. Davies, Blood On Our Hands, The American Invasion And Destruction Of Iraq, Nimble Books LLC, 2010.
2.
Insurgents 'Right to Take on US”, Global Policy Forum, 3 de mayo de 2007.
3. Seymour M. Hersh,Moving Targets: will the counter-insurgency plan in Iraq repeat the mistakes of Vietnam?, The New Yorker, 15 de diciembre de 2003,

4. "US decides to back Iraqi militia force, The New York Times, 6 de noviembre de 2003.
5. Robert Dreyfuss, “Tucked away in the Iraqi appropriation was ·3 bilion for a new paramilitary unit. Vietnam similarities?, BRussells Tribunal, 1 de enero de 2004.
6. Louis Nevaer, “Here Come the Death Squad Veterans, Alternet, 16 de junio de 2004.
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Primera parte
Segunda Parte

Cuarta Parte

Texto original en inglés
Parte I
Parte II
Parte III
Parte IV

*Dirk Adriaensens es coordinador de SOS Iraq y miembro del comité ejecutivo del Tribunal BRussells. Entre 1992 y 2003 encabezó varias delegaciones a Iraq para observar los devastadores efectos de las sanciones impuestas por Naciones Unidas. Fue miembro del Comité Organizador Internacional del Tribunal Mundial sobre Iraq (2003-2005). También es co-coordinador de la Campaña Global contra el Asesinato de Académicos Iraquíes; co-autor de Rendez-Vous in Baghdad, EPO (1994), Cultural Cleansing in Iraq, Pluto Press, London (2010), Beyond Educide, Academia Press, Gante (2012), y suele colaborar con Global Research, Truthout, The International Journal of Contemporary Iraqi Studies y otros medios.

 

 

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