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Organizaciones amigas

En apoyo al pueblo y la resistencia iraquíes

Solución política a la actual situación de Iraq

Comunicado de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI)

IraqSolidaridad, 31 de julio de 2014

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Su mayor arma es la guerra psicológica a la que dedican gran parte de su estrategia mediática, como la grabación de aberrantes crímenes y el anuncio a bombo y platillo de un califato islámico. Paradójicamente, los gobiernos supuestamente enemigos del Estado Islámico no intervienen sus centros de propaganda en internet, pero sí lanzan ataques contra medios de comunicación, cuentas y páginas webs de las fuerzas patrióticas iraquíes, o simplemente se ignoran

Desde el pasado 10 de junio amplias zonas del norte y centro de Iraq están fuera del control de Bagdad. Los iraquíes en lucha ya están cercando la capital y en sus barrios periféricos ya se están produciendo combates. Los bombardeos de la aviación del primer ministro Nuri al-Maliki sobre la población civil de las zonas liberadas se suceden a diario; las campañas de limpieza étnica contra la población sunní en Bagdad se han recrudecido y el sur, de mayoría chií, está sufriendo campañas de represión contra quien se muestra crítico con el actual sistema político.

La representación de este conflicto como una guerra entre el gobierno iraquí y el grupo terrorista Estado Islámico de Iraq y el Sham (EIIS) el ahora llamado Estado Islámico (EI) o como una guerra sectaria entre radicales sunníes y un gobierno dominado por la chia, falta a la realidad y obvia las reivindicaciones del pueblo iraquí y los motivos que han conducido a este levantamiento popular. El análisis erróneo de la situación hace que parezca imposible dar con las claves para una salida efectiva del conflicto.

Levantamiento popular

Desde 2011 se sucedieron importantes oleadas de protestas pacíficas contra la falta de servicios básicos, el desempleo, las detenciones arbitrarias, las políticas sectarias, etc., resultado de la destrucción del país a manos de la ocupación en 2003 y el proceso político impuesto por la misma.

A finales de diciembre de 2013 la acampada de Ramadi, epicentro de las protestas, fue desalojada con violencia bajo el pretexto de “la lucha contra el terrorismo. Este hecho ha constituido el preludio de una guerra declarada por el régimen sectario de Maliki contra Ramadi y Faluya. Durante los siguientes cinco meses hasta el actual estallido del conflicto, los bombardeos contra la población civil han causado la muerte de centenares de personas y el desplazamiento de más de medio millón de civiles.

En este contexto de violencia, al que se suma el fraude de las últimas elecciones parlamentarias y la falta de confianza en el sistema político, el recurso a la lucha armada como forma de autodefensavino de la mano de los consejos militares, una gran plataforma que aglutina a miles de civiles armados entre los cuales se encuentran los jóvenes de las tribus que forman el amplio tejido social de las provincias iraquíes, las mismas facciones de la resistencia nacional iraquí que se enfrentó a EEUU durante la ocupación, además de los generales del anterior ejército destruido por EEUU.

A mediados de 2013 se crearon estos dos grupos con el objetivo de defender sus zonas. Posteriormente se fueron extendiendo hasta formar más de setenta consejos militares a lo largo de todo territorio iraquí y aglutinan a todos los grupos étnicos y religiosos. La práctica totalidad de las provincias de Nínive, Diyala, al-Anbar y Saladino y gran parte del cinturón de Bagdad están bajo su control.

El portavoz del Consejo General Militar de la Revolución ha dejado claro que no tienen ninguna relación organizativa ni unidad política con el Estado Islámico, que aboga por el sectarismo y el terror en su lucha por abortar cualquier proyecto de unidad nacional. Aunque numéricamente este grupo terrorista esté limitado, el EI cuenta con la financiación y apoyo de fuerzas externas, tienen pequeñas células repartidas por diferentes zonas del territorio liberado y últimamente ha conseguido imponer su dominio en dos ciudades del norte, Mosul y Tal Afar.

Además, su mayor arma es la guerra psicológica a la que dedican gran parte de su estrategia mediática, como la grabación de aberrantes crímenes y el anuncio a bombo y platillo de un califato islámico. Paradójicamente, los gobiernos supuestamente enemigos del Estado Islámico no intervienen sus centros de propaganda en internet, pero sí lanzan ataques contra medios de comunicación, cuentas y páginas webs de las fuerzas patrióticas iraquíes, o simplemente se ignoran.

En cuanto al sur de Iraq, de mayoría chií, está totalmente fuera del foco de los medios y se da por sentado que es un territorio leal al gobierno por el hecho de pertenecer mayoritariamente a la misma comunidad religiosa.

Sin embargo, desde hace años el sur ha sido testigo de importantes protestas, ya que es la zona más subdesarrollada y pobre de Iraq, pero éstas han estado sujetas a una mayor represión por parte del régimen y de las milicias chiíes, ya que ahí es donde se encuentran las ciudades santas del chiísmo de gran importancia para todos los iraquíes, especialmente para las ambiciones de representación política de los partidos chiíes y de Irán.

Recientemente, mientras el conflicto proseguía en el norte, tres ciudades del sur —Karbala, Nasiriya y Basora— presenciaron enfrentamientos armados entre un sector de la población chií y las fuerzas del gobierno y sus milicias a raíz de la represión que éstas infligieron contra el Instituto religioso de Sayid al-Sarji, uno de los referentes chiíes de la ciudad santa de Karbala, que siempre ha mantenido una postura crítica con la ocupación extranjera, el gobierno de Maliki, el sistema sectario y las interferencias de Irán en la política iraquí. Las milicias asesinaron a cientos de sus seguidores y el propio Sayid al-Sarji se encuentra en paradero desconocido por reconocer públicamente la legitimidad del levantamiento y criticar las políticas sectarias del gobierno de Maliki.

No obstante, este no es el único referente chií crítico contra el gobierno lo que demuestra que no se trata de un conflicto sectario entre la población sino de un levantamiento generalizado contra un sistema de gobierno autoritario y corrupto.

La actual crisis armada no es más que el último recurso de una población que viene exigiendo de forma pacífica sus derechos y que ahora reivindican unasalida política a la situación que garantice el fin del reparto sectario y un proceso político democrático y plural que se encargue de elaborar una constitución que represente a todos los iraquíes. Este es el objetivo que comparten las fuerzas mayoritarias, civiles y armadas, que comprenden la oposición nacional al actual sistema político tal como lo hicieron constar en repetidas ocasiones como en la reunión consultiva iraquí del 11 de junio en Londres y el congreso preparatorio del 16 de julio en Amman, celebrado bajo los auspicios de la monarquía hachemí.

Éstas fuerzas aseguran que la unidad geográfica y administrativa del país es incuestionable y que el respeto al derecho internacional, a los derechos humanos y a los países vecinos bajo el principios de no injerencia es una base fundamental de su política, además insisten en que solo los propios iraquíes desde un gobierno de verdadera unidad nacional podrán estabilizar el país y expulsar a los extremistas que entraron con la ocupación y que actualmente pretenden abortar la revolución.

Cualquier solución que no tenga en cuenta estas aspiraciones ni a estos actores será incapaz de corregir la deriva que ha tomado el país desde su ocupación ni va a posibilitar la reconciliación nacional.Cualquier intento de imposición de una agenda política distinta a aquella del interés común de todos los iraquíes está condenada al fracaso, tal como quedó demostrado con la ocupación de 2003.

Dicho todo lo anterior, la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq pide al gobierno español y a todas las organizaciones sociales, componentes de la sociedad civil y partidos políticos que se pronuncien a favor del pueblo de Iraq haciendo honor a la verdad y a la la justicia:

  1. Distinguir entre los terroristas del EI y las demás fuerzas nacionales.

  2. Reconocer oficialmente como interlocutores del levantamiento popular al Consejo Militar General de la Revolución.

  3. Denunciar toda forma de terrorismo, incluida aquella que ejerce el Estado iraquí y las milicias, contra la población civil, y no solo la que ejerce EI.

  4. Denunciar cualquier intervención militar extranjera pues lo único que conseguirá es aumentar la espiral de violencia y prolongar el sufrimiento de la población civil iraquí.

  5. La comunidad internacional, especialmente Naciones Unidas, EEUU, Reino y Unido y el resto de los países responsables de la ocupación y destrucción de Iraq deben cesar en su apoyo al actual sistema político y no obstaculizar el derecho de los iraquíes a decidir sobre su futuro.

  6. Apoyar una solución política basada en los términos arriba expuestos, cuyas líneas generales son el establecimiento de un gobierno interino de consenso que abra un proceso constitutivo inclusivo y plural, que siente las bases de la reconciliación nacional y de un sistema político democrático que garantice la igualdad y las libertades de todos los ciudadanos y el respeto de los derechos humanos.

  7. Instar a las organizaciones internacionales competentes para que tomen las medidas y acciones pertinentes para defender a los civiles iraquíes desplazados y refugiados.